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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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La Iglesia vuelve al Hogar
Por Frank Viola
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Le han preguntado alguna vez: "A qué iglesia va usted?" Esta pregunta es muy común hoy en día, de modo especial entre cristianos. Sin embargo, esta pregunta en sí toca una nota significativa en el propósito de Dios. Considere usted el escenario siguiente:

Supongamos que en el lugar donde usted trabaja, hace poco se contrató a un nuevo empleado. Al hablar con él, usted se entera de que es cristiano. Cuando le pregunta a qué iglesia va, él le responde diciendo:

-Yo asisto a una iglesia que se congrega en una casa.

Al escuchar su respuesta, ¿qué pensamientos recorren la mente de usted? ¿Piensa usted: "Bueno, eso es bastante extraño -este tipo debe ser un desajustado religioso o alguna clase de proscrito emocional." O: "Tal vez forma parte de alguna secta extraña o de algún excéntrico grupo marginal." O: "A éste le debe pasar algo -si no, ¿por qué no va a una iglesia regular?" O: "Seguramente este tipo ha de ser alguna clase de rebelde; probablemente es incapaz de someterse, de lo contrario estaría asistiendo a una iglesia normal -usted sabe, la clase que se congrega en un edificio."

Desafortunadamente, éstos son los pensamientos que pasan por la mente de muchos cristianos modernos, cuando quiera que se les menciona la idea de una “reunión de iglesia de hogar”. Pero aquí está el punto clave: ¡el lugar de reunión de ese nuevo empleado es igual al que tenía todo cristiano mencionado en el Nuevo Testamento! De hecho, durante los primeros tres siglos desde su nacimiento, las iglesias locales se reunían en los hogares de sus miembros. Robert Banks, erudito neotestamentario, hace esta observación:

Sea que consideremos las reuniones menores de tan sólo algunos cristianos en una ciudad o las reuniones mayores que comprendían toda la población cristiana, era en el hogar de uno de los miembros donde se tenía la “ekklesía” -por ejemplo en el “aposento alto”. No es sino después de tres siglos que tenemos evidencia de que se construyeran edificios especiales para las reuniones cristianas (Paul”s Idea of Community /El concepto que Pablo tenía de la comunidad/).

El lugar que los cristianos primitivos usaban normalmente para reunirse no era otro que el hogar. Cualquier otra cosa habría sido la excepción y, con toda seguridad, habría sido vista como que estaba fuera de lo común. Note usted los pasajes siguientes:

...Y (los que habían creído, partían) el pan EN LAS CASAS... (Hechos 2:46)
Y Saulo asolaba la IGLESIA, y entrando CASA por CASA... (Hechos 8:3)
...y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y POR LAS CASAS... (Hechos 20:20)
Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús... Saludad también a la IGLESIA de su CASA... (Romanos 16:3 y 5)
Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la IGLESIA que está en su CASA, os saludan mucho en el Señor. (1 Corintios 16:19)
Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la IGLESIA que está en su CASA. (Colosenses 4:15)
...y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la IGLESIA que está en tu CASA. (Filemón 2)
Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en CASA, ni le digáis: ¡Bienvenido! (2 de Juan 10)

Estos textos bíblicos demuestran ampliamente que, por lo común, la iglesia primitiva se reunía en los hospitalarios hogares de sus miembros (véanse también Hechos 2:2; 9:11; 10:32; 12:12; 16:15, 34 y 40; 17:5; 18:7; 21:8). Por lo tanto, los creyentes del primer siglo no sabían nada respecto de lo que habría de corresponder a un edificio de “iglesia” de hoy. Tampoco sabían nada acerca de casas que fueran convertidas en basílicas, en las que se fijaran al suelo bancas de madera dura, y un púlpito acompañara al mobiliario de la sala. En tanto que tales rarezas existen en el siglo veinte, las mismas eran extrañas para los creyentes del primer siglo. Los cristianos primitivos simplemente se congregaban en casas habitables comunes y corrientes. Así, pues, el Nuevo Testamento no conoce nada respecto de “edificios/iglesias”. Sólo conoce la “iglesia en la casa”.

¿Qué hacía la iglesia primitiva cuando llegaba a ser demasiado grande para congregarse en una sola casa? No erigía un edificio, sino que simplemente se “multiplicaba” y se reunía en varias casas, siguiendo el principio de “en las casas” (Hechos 2:46; 20:20). A este respecto, la erudición neotestamentaria concuerda hoy en que la iglesia primitiva era esencialmente una red de congregaciones basadas en hogares. Por lo tanto, si existe una cosa tal como una iglesia normal, ésa es la iglesia que se reúne en una casa. O como un autor lo expresó: "Si hay una forma neotestamentaria de la iglesia, es la iglesia de hogar."

No obstante, algunos han tratado de argüir diciendo que los cristianos primitivos habrían erigido edificios especializados, si no hubiesen estado bajo persecución; por tanto, se reunían en hogares para esconderse de sus perseguidores. En tanto que esta idea es algo popular, está basada en puras conjeturas y se conforma pobremente con la evidencia histórica. Bill Grimes, en el libro de Steve Atkerson, cristaliza este punto diciendo:

Muchos descartan las iglesias de hogar primitivas como resultado de la persecución. Sin embargo, cualquier libro de texto de historia de la iglesia habrá de revelar que la persecución de antes del año 250 era esporádica, local (no generalizada) y por lo común resultado de la hostilidad del populacho, más bien que de un decreto de un oficial romano. Asimismo este mito de “persecución” choca con las Escrituras. Hechos 2:46, 47 describe las reuniones de hogar en un tiempo cuando la iglesia tenía “favor con todo el pueblo”. Cuando sí estalló la persecución, el reunirse en hogares no detuvo a Saulo de saber exactamente dónde ir para arrestar a los creyentes (Hechos 8:3). Obviamente ellos no tenían en secreto dónde se reunían (Toward a House Church Theology /Hacia una teología de iglesia en el hogar/).


Si leemos el Nuevo Testamento con la intención de entender cómo se relacionaban unos con otros los cristianos del primer siglo, descubriremos que se reunían en hogares por razones que están en armonía con principios espirituales. Como tales, estas razones son aplicables a nosotros hoy con tanta vigencia, como lo eran a los primeros cristianos. Exploremos aquí algunas de ellas.

(1) El hogar es el ambiente natural para tratarse unos a otros

Todas las instrucciones que los apóstoles dieron respecto de la reunión eclesial, encajan mejor para un ambiente de grupo pequeño como el hogar. Las prácticas eclesiales apostólicas normativas, como la participación mutua (Hebreos 10:24, 25); el ejercicio de los dones de cada miembro (1 Corintios 14:26); edificarse juntos los hermanos para ser una comunidad en contacto directo, intencional (Efesios 2:21, 22); la comida comunal (1 Corintios 11); la transparencia y responsabilidad sinceras de los miembros unos hacia otros (Romanos 15:14; Gálatas 6:1, 2; Santiago 5:16, 19, 20); la libertad de preguntar y de tener diálogos interactivos (1 Corintios 14:29-40); y la koinwníiva /koinonía/ (vida compartida) del Espíritu orientada hacia la libertad (2 Corintios 3:17; 13:14), todas operan mejor en un ambiente de grupo pequeño tal como una casa.

En suma, las más de cincuenta exhortaciones de "unos a otros" que hay en el Nuevo Testamento no se pueden obedecer y llevar a la práctica debidamente, sino sólo en un ambiente casero. Por esta razón, la reunión eclesial de hogar conduce eminentemente a la realización del propósito eterno de Dios -un propósito centrado en el "ser juntamente edificados" de un Cuerpo en la semejanza de El Ungido (Efesios 2:19-22).

(2) El hogar representa la sencillez de la vida cristiana

El hogar representa la humildad, naturalidad y sencillez de corazón -las características sobresalientes de la iglesia primitiva (Hechos 2:46; 2 Corintios 11:3). El hogar (hablando típicamente) es un lugar mucho más humilde que los imponentes edificios religiosos de nuestros días, con sus elevadas torres, elegantes decoraciones y espaciosas naves. De este modo, la mayoría de los modernos edificios de “iglesia” parecen reflejar más la ostentación de este mundo, que al manso y humilde Salvador cuyo nombre llevamos.

Por contraste, los cristianos primitivos procuraban atraer la atención a su Señor Resucitado, más bien que a sí mismos o a sus propias realizaciones. Lo que es más, por lo regular los gastos generales de un edificio religioso cuestan mucha pérdida financiera a los hermanos. Cuánto más generosas serían sus manos para sostener obreros apostólicos (misioneros) y para ayudar a los pobres, si no tuvieran que llevar una carga tan pesada.

 (3) El hogar refleja la naturaleza familiar de la iglesia

Hay una afinidad natural entre la reunión de hogar y el motivo familiar de la iglesia que satura los escritos de Pablo. Debido a que el hogar es el ambiente natural de la familia, el mismo le proporciona una atmósfera familiar a la ejkklesíiva /ekklesía/ -esa misma atmósfera que saturaba la vida de los cristianos primitivos. En total contraste, el ambiente artificial que ofrece el edificio eclesiástico promueve un clima impersonal que, a su vez, inhibe la intimidad y la responsabilidad. El edificio eclesiástico convencional produce una cierta rigidez sofocante que es contraria a la grata atmósfera extraoficial de la reunión de hogar. Además, resulta bastante fácil “perderse” en un vasto y complejo edificio. Debido a la naturaleza espaciosa y remota de la iglesia basílica, no es difícil que la gente pase inadvertida -o peor, que se oculte en sus pecados. No así en un hogar. Todas nuestras verrugas aparecen allí -y con razón es así. En la reunión cada uno es reconocido, aceptado, alentado y ayudado.

A más de eso, la manera formal en que se hacen las cosas en una iglesia basílica, tiende a desanimar la correspondencia y espontaneidad mutuas que caracterizaban a las reuniones eclesiales primitivas. Por ejemplo, si usted se esfuerza en interpretar la arquitectura de un típico edificio de iglesia, descubrirá que efectivamente el mismo enseña que la iglesia es pasiva. La estructura interior del edificio no está diseñada para que haya comunicación interpersonal, cohesión social, ministerio mutuo o confraternización. En cambio, está diseñada para una rígida comunicación unidireccional -púlpito a banca, líder a congregación.

A este respecto, el típico edificio de “iglesia” no es diferente de un salón de conferencias o de un cine. La congregación se encuentra cuidadosamente acomodada en bancas (o sillas) para que vea y escuche al pastor (o sacerdote) que habla desde el púlpito. El público fija su atención en un solo punto -el líder clerical y su púlpito. (En las iglesias litúrgicas, la mesa/altar toma el lugar del púlpito como el punto central de referencia.) A más de eso, el sitio donde se sientan el pastor y su junta, normalmente está más alto que los asientos de la congregación. Semejante arreglo no sólo refuerza la sima que hay entre clero y laicado, sino que nutre la mentalidad de “espectador” que aflige a la mayor parte del Cuerpo de El Ungido hoy en día. Con respecto a esto, W.J. Pethybridge observa sagazmente:

En la reunión de un pequeño grupo que tiene lugar en la amistosa unión de un hogar, todos pueden conocerse uno al otro y las relaciones son más reales y menos formales. Siendo un número menor de personas, resulta posible que todos tomen parte activa en la reunión, y así todo el Cuerpo de Cristo presente puede funcionar... Tener un edificio especial para reuniones, casi siempre entraña la idea de una persona especial como ministro, lo que resulta en un “ministerio de un solo hombre” e impide el pleno ejercicio del sacerdocio de todos los creyentes (The Lost Secret of The Early Church /El secreto perdido de la iglesia primitiva/).

Entonces, parece claro que los cristianos primitivos tuvieran sus reuniones en el hogar, para expresar el carácter de la vida de iglesia. Esto es, se reunían en las casas para alentar la dimensión familiar de su adoración, comunión y ministerio mutuo. Las reuniones celebradas en el hogar hacían en forma natural que los santos sintieran que los intereses de la iglesia eran sus intereses. Eso fomentaba un sentido de unión entre ellos mismos y la iglesia, en vez de distanciarlos de ella (como es con tanta frecuencia el caso hoy día -donde los miembros asisten a la iglesia como espectadores remotos, más bien que como participantes activos).

En breve, la reunión eclesial casera proporcionaba tanto la conexión, como las relaciones profundamente arraigadas que han de caracterizar a la ekklesía. El espíritu de la reunión basada en el hogar proporcionaba a los santos una atmósfera de tipo familiar, en la que ocurría el verdadero compañerismo de convivir hombro con hombro, en contacto directo y de completo acuerdo. Producía un clima que fomentaba la sincera comunicación, la cohesión espiritual y la comunión sin reservas -rasgos indispensables para la plena experiencia y florecimiento de la koinwníiva /koinonía/ (comunión compartida) del Espíritu Santo para la cual fuimos destinados. En todas estas formas, la reunión eclesial casera no sólo es fundamentalmente bíblica, sino que difiere vívidamente del servicio religioso moderno de estilo púlpito-banca, donde los creyentes se ven forzados a confraternizar durante una hora o dos con la parte trasera de la cabeza de algunos. En su análisis respecto del lugar de reunión de la iglesia, Watchman Nee hace la siguiente observación:

En nuestras congregaciones de hoy debemos retornar al principio del “aposento alto”. La planta baja es un lugar para negocios, un lugar para que los hombres vengan y vayan; pero hay más de atmósfera de hogar en el aposento alto, y las reuniones de los hijos de Dios son negocios familiares. La Ultima Cena tuvo lugar en un aposento alto, asimismo Pentecostés, y una vez más asimismo la reunión [de Troas]. Dios quiere la intimidad del “aposento alto” para marcar las reuniones de sus hijos, no la rígida formalidad de un imponente edificio público. Es por eso que en la Palabra de Dios encontramos que sus hijos se reúnen en la atmósfera familiar de un hogar privado... debemos tratar de fomentar las reuniones en los hogares de los cristianos... los hogares de los hermanos satisfarán casi siempre las necesidades de las reuniones eclesiales (The Normal Christian Church Life /La vida eclesial cristiana normal/.)

(4) El hogar modela la autenticidad espiritual

Vivimos en un día en que mucha gente, de modo especial la juventud, está buscando autenticidad espiritual. Para mucha de esa gente, las iglesias que se congregan en anfiteatros, en catedrales de cristal y en edificios majestuosos con torres de marfil, parecen superficiales y frívolas. Por contraste, la iglesia que se congrega en un hogar, sirve como un fructífero testimonio de realidad espiritual, en especial a los inconversos que están escépticos respecto de aquellas instituciones religiosas que equiparan edificios encantadores y presupuestos de muchos millones de dólares con el buen éxito.

Muchos inconversos no asistirán a un moderno servicio religioso celebrado en una iglesia basílica, en que se espera que los que asisten, vistan “de etiqueta” para la función. Pero con frecuencia no se sentirán amenazados ni inhibidos al reunirse en la comodidad natural de la casa de alguien, donde pueden ser “ellos mismos”. La atmósfera informal del hogar, en contraste con un edificio eclesiástico, es mucho más atractiva para ellos. Quizá ésta es otra razón de por qué los cristianos primitivos preferían el sencillo ambiente de una casa para adorar a su Señor, más bien que erigir santuarios, capillas y sinagogas, como hacían las demás religiones de su día.

Irónicamente, muchos cristianos modernos creen que si una iglesia no posee un buen edificio, su testimonio al mundo se verá de algún modo inhibido y su crecimiento quedará entorpecido. Pero nada podría estar más lejos de la verdad. Arguyendo sobre la base de que la iglesia primitiva no empezó a construir edificios hasta el tercer siglo, Howard Snyder observa:

...Puede que los edificios sean buenos para cualquier otra cosa, pero no son esenciales ni para el crecimiento numérico ni para alcanzar profundidad espiritual. La iglesia primitiva poseía estas dos cualidades, y hasta tiempos recientes el máximo período de vitalidad y crecimiento de la iglesia fue durante los primeros dos siglos d. de C. Para decirlo con otras palabras, la iglesia creció más rápido que nunca cuando no tuvo la ayuda -o impedimento- de los edificios eclesiásticos (The Problem of Wineskins /El problema de los odres/, usado con permiso del autor).

(5) El hogar atestigua que el pueblo constituye la casa de Dios

Con frecuencia se asocia la noción contemporánea de “iglesia” con un edificio (comúnmente llamado "el santuario"). Sin embargo, según la Biblia, son los creyentes en quienes mora la vida de Dios los que son llamados "la casa de Dios", no los ladrillos y la mezcla. Mientras que en el judaísmo el templo ha sido el lugar de reunión consagrado, en el cristianismo la comunidad de creyentes es la que constituye el templo.

La ubicación espacial de la reunión cristiana primitiva iba directamente contra las costumbres religiosas del primer siglo. Los judíos habían designado edificios para su adoración corporativa (sinagogas), y asimismo hacían los paganos (santuarios). Así, pues, tanto el judaísmo como el paganismo enseñan que debe haber un lugar consagrado para la adoración divina. Pero no es así con el cristianismo. En el primer siglo, la iglesia primitiva era el único grupo religioso que se reunía exclusivamente en hogares. En tanto que habría sido muy natural que ellos siguieran su herencia judía y erigieran edificios que fuesen apropiados para sus necesidades, de intento se abstenían de hacer eso. Quizá los creyentes primitivos conocían la confusión que los edificios consagrados habrían de producir, y por tanto, se abstenían de erigirlos para preservar el testimonio de que el pueblo constituía las piedras vivas que forman la habitación de Dios.

Conclusión

Lo que hemos dicho hasta aquí puede ser reducido a esta simple pero profunda observación: la ubicación social de la reunión eclesial expresa el carácter de la iglesia y, al propio tiempo, ejerce influencia sobre la misma. Por lo tanto, la ubicación espacial de la iglesia tiene un significado teológico. En el típico “santuario” o “capilla”, el púlpito, las bancas (o asientos) y el espacio condensado respiran un aire formal que inhibe la interacción y la afinidad. Por contraste, las características peculiares de un hogar -la baja capacidad para sentarse, la atmósfera casual, el ambiente convival para comidas compartidas, el espacio personalizado de sofás suaves, etc.- contienen un subtexto relacional que beneficia al ministerio mutuo.

Expresado en forma sencilla, la iglesia primitiva se reunía en las casas de sus miembros por razones espiritualmente viables. Y la moderna iglesia basílica socava esas razones. Con respecto a las presentes implicaciones de la reunión eclesial en casas, Howard Snyder observa sagazmente:

Probablemente las iglesias de hogar han sido la forma más común de organización social cristiana de toda la historia de la iglesia... No obstante lo que pudiéramos pensar si simplemente miramos alrededor de nosotros aquí, cientos de miles de iglesias de hogar cristianas existen hoy en Norteamérica, América del Sur, Europa, China, Australia, Europa Oriental, y en muchos otros lugares alrededor del mundo. En cierto sentido, son la iglesia subterránea, y como tal, representan la corriente oculta de la historia de la iglesia. Pero aun cuando están ocultas, y en la mayor parte de los lugares no son la forma culturalmente dominante, probablemente estas iglesias de hogar representan el mayor número de cristianos en todo el mundo...

 El Nuevo Testamento nos enseña que la iglesia es una comunidad en que todos tienen dones y todos tienen un ministerio. Como lo enseñan las Escrituras, la iglesia es una nueva realidad social que modela y encarna el respeto y la solicitud por la gente que vemos en Jesús mismo. Este es nuestro elevado llamamiento. Y sin embargo, a menudo la iglesia, de hecho, traiciona este llamamiento. Las iglesias de hogar constituyen una parte importante para salir de esta traición y esta paradoja. Una comunidad que está en contacto directo unos con otros, engendra mutuo respeto, responsabilidad mutua, sumisión mutua y ministerio mutuo. La sociología de la iglesia de hogar fomenta un sentido de igualdad y de mutua dignidad, aun cuando la misma no la garantiza, como muestra la iglesia corintia...

En el modelo de iglesia de hogar, la igualdad y el ministerio mutuo no son resultado de algún programa ni de un proceso educacional; son inherentes a las formas mismas de la propia iglesia. Porque en la iglesia de hogar todos son apreciados y conocidos -todos tienen un lugar por definición. La iglesia de hogar proporciona un ambiente de solicitud y estímulo mutuos que tiende a fomentar una amplia gama de dones y ministerios. Los principios neotestamentarios del sacerdocio de los creyentes, los dones del Espíritu y el ministerio mutuo se hallan más naturalmente en este contexto informal... Las iglesias de hogar son revolucionarias porque encarnan esta enseñanza radical de que todos tienen dones y todos son ministros. Ofrecen alguna esperanza de sanar el Cuerpo de El Ungido de algunas de sus peores herejías: que algunos creyentes son más valiosos que otros, que sólo algunos cristianos son ministros y que los dones del Espíritu ya no funcionan en nuestra era. Estas herejías no pueden ser sanadas sólo en teoría o en la teología. Deben ser sanadas en la práctica y en la relación en la forma social de la iglesia. (Tomado de una disertación titulada "Why House Churches Today? /¿Para qué iglesias de hogar hoy?/", presentada en el Seminario Teológico Fuller el 24 de febrero de 1996. Usado con permiso del autor.)

En tanto que el lugar de reunión normativo para la iglesia neotestamentaria era claramente el hogar, esto no sugiere que nunca es apropiado que una iglesia se reúna en un local que no sea un hogar. En ocasiones especiales, cuando era necesario que "toda la iglesia" se reuniera, la iglesia de Jerusalén se reunía en predios extensos como los atrios abiertos del templo y el pórtico de Salomón (Hechos 2:46a; 5:12). Pero semejantes reuniones de grupos numerosos no rivalizaban con la ubicación normativa de la reunión eclesial regular, que era la casa (Hechos 2:46b). Ni tampoco sentaron un precedente bíblico para que los cristianos erigieran sus propios edificios. (Los predios del templo y el pórtico de Salomón eran lugares públicos, al aire libre, que ya existían antes que aparecieran los primeros cristianos.)

Esos recintos para grupos grandes simplemente acomodaban a "toda la iglesia" cuando era necesario congregarla para un propósito en particular. En los primeros días de la existencia de la iglesia, los apóstoles los usaban para tener reuniones de enseñanza especiales para el vasto número de creyentes e inconversos en Jerusalén (Hechos 3:11-26; 5:20, 21, 25,42). (Aquellos casos en que encontramos que los apóstoles iban a la sinagoga, no deben confundirse con reuniones de la iglesia. Esas eran reuniones evangelísticas destinadas a predicar el evangelio a los judíos inconversos. En tanto que la reunión eclesial es principalmente para la edificación de los creyentes, la reunión evangelística es principalmente para la salvación de los inconversos.

Tal vez el Espíritu Santo ha guiado y habrá de guiar de vez en cuando a algunos a congregarse en un edificio. Pero el Espíritu sólo hará eso si verdaderamente conviene a los propósitos del Señor y es dirigido por El más bien que por el celo, la energía y la maquinaria publicitaria humanos, como tan a menudo es el caso. Por tanto, debemos guardarnos contra la tendencia carnal de practicar algo simplemente porque puede representar la última moda del día. ¡Que el Señor nos guarde de caer en el peligro de la antigua Israel cuando a la ventura ellos "fueron en pos de las naciones"!

No obstante, ¿no hay algo que hayamos de recoger de la práctica apostólica de reunirse en hogares? ¿No deberían ser las reuniones de la iglesia en el hogar más la regla que la excepción, debido a los beneficios vinculados con ellas? Aunque sólo sea esto, ¿no deberíamos arrepentirnos de nuestra crítica carnal e injustificado temor de esas iglesias que se reúnen exclusivamente en hogares, a las que condenamos inválidamente a una posición subnormal? Que Dios nos libre de adoptar insensatamente el actual complejo de edificio porque es lo convencional que se ha de hacer.

Habiendo examinado la evidencia bíblica, la pregunta que nos queda en la mente con respecto a la ubicación de la reunión eclesial, no debe ser: "¿Por qué algunos se reúnen en hogares?", sino: "¿Por qué muchos no se reúnen en hogares?"

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Tomado del CAPITULO 3 de libro de Frank Viola, Reconsiderando el Odre: UBICACION DE LA REUNION ECLESIAL

Material de estudio de la Iglesia en Palmira.
Para mayor información escribir a: pamoyt@gmail.com

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Comentarios
Usuario
11:59:36 AM 03/04/2012
paz marcela sandoval a dice:
con mucha alegría en mi espíritu hago este comentario dando gracias al Amado Espíritu Santo por confirmar las revelaciones de la iglesia en casa o iglesia apostólica profética, esto fue el 3 -7 - 1997 y desde ese día hablo de la iglesia primitiva en mis predicas , las que me trajeron muchos problemas y persecución, según los pastores de mi país soy hereje, porque Dios no esta revelando nada según ellos , las revelaciones están todas en la Biblia y no hay mas, que ignorancia digo yo hermanos.
les deseo lo mejor para ustedes.
Bendición de un remanente fiel
Usuario
09:36:49 PM 24/09/2013
paz marcela sandoval ambiado dice:
anhelo contacto con los remanentes que se congregan en casa, para compartir experiencias.

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