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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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Los Ancianos nombrados por los Apóstoles
Por Watchman Nee
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“Ancianos” es una designación cuyo origen está en el Antiguo Testamento. Encontramos que se hace referencia en el Antiguo Testamento a los ancianos de Israel y también a los ancianos de diferentes ciudades. En los Evangelios encontramos el término nuevamente, pero todavía en relación con los israelitas. Aun los ancianos mencionados en la primera parte de Hechos son del orden del Antiguo Testamento (4:5,8,23; 6:12).


¿Cuándo fueron instituidos primeramente los ancianos en la Iglesia? Hechos ll:30 se refiere a ellos en relación con la iglesia en Jerusalén, y esta es la primera vez que se refiere a ancianos en relación con cualquier iglesia; pero, aunque se menciona su existencia, nada se dice de su  origen. No es sino hasta Hechos 14: 23, cuando leemos que Pablo y Bernabé regresaban de su primer viaje misionero, que descubrimos quiénes son, cómo fueron nombrados, y por quién. “Y constituyeron ancianos en cada Iglesia, v habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor...”


El nombramiento
Hemos visto que los apóstoles mismos no podían quedarse con los nuevos creyentes para pastorearlos y cargar con la responsabilidad del trabajo local. Entonces, ¿cómo eran cuidados los nuevos convertidos y cómo se efectuaba obra? Los apóstoles no pidieron que se enviaran hombres desde Antioquía, ni se quedó uno de ellos para llevar la carga de las iglesias locales. Lo que pasó fue esto sencillamente: “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (versículo 23). En dondequiera que fundaron una iglesia en su viaje de ida, nombraron ancianos en su viaje de regreso.


En ningún caso los apóstoles fijaron residencia y aceptaron la responsabilidad de la iglesia local, pero en cada iglesia que fundaron escogieron de entre los creyentes locales a personas fieles a quienes se les pudiera confiar tal responsabilidad. Cuando hubieron escogido ancianos en cada iglesia, les encomendaron al Señor con oración y ayuno. Si esta entrega de los ancianos al Señor ha de tener valor espiritual, y no ser una simple ceremonia oficial, se necesitará un conocimiento vital del Señor de parte de los apóstoles. Necesitamos conocer a Cristo como la Cabeza de Su Iglesia, y no en una mera forma intelectual, si es que hemos de dejar que toda su administración pase de nuestras manos desde el mismo principio. Solamente una absoluta desconfianza de sí mismos, y una confianza viviente en Dios, pudo capacitar a los apóstoles primitivos para entregar los asuntos de cada iglesia local en las manos de personas de esa localidad, quienes apenas recientemente habían llegado al conocimiento del Señor. Todos los que están ocupados en la obra apostólica y están tratando de seguir el ejemplo de los primeros apóstoles de dejar el manejo de las iglesias a los ancianos locales, deben estar equipados espiritualmente para la tarea; porque si las cosas salen de las manos humanas y no están entregadas en fe en las manos divinas, el resultado será un desastre. ¡Oh, cómo necesitamos una fe viviente y un conocimiento viviente del Dios vivo!


La Palabra de Dios deja aclarado el punto de que la dirección de una iglesia no es tarea de los apóstoles, sino de los ancianos Aunque Pablo se detuvo en Corinto por más de un año, en Roma por dos, y en Efeso por tres años, con todo, en ninguno de esos lugares asumió él la responsabilidad por la obra de la iglesia local. En las Escrituras leemos de los ancianos de Efeso pero nunca de los apóstoles de Efeso. No encontramos mención alguna de los apóstoles de Filipos. Los apóstoles son responsables de su propio ministerio, pero no de las iglesias que son el fruto de su ministerio. Todo el fruto de la obra de los apóstoles tiene
que ser entregado al cuidado de los ancianos.


En el plan de Dios se ha hecho provisión para la edificación de las iglesias locales, y en ese plan los pastores tienen un lugar, pero nunca fue Su idea que los apóstoles tomaran el papel de pastores. Su propósito era que los apóstoles fueran responsables del trabajo en diferentes lugares, mientras que los ancianos tendrían la responsabilidad de un lugar. La característica de un apóstol es la ida; la característica de un anciano es la permanencia. No es necesario que los ancianos renuncien a sus profesiones ordinarias y se entreguen exclusivamente a sus deberes relacionados con la iglesia. Sencillamente, son hombres locales, siguiendo sus ocupaciones cotidianas y llevando al mismo tiempo responsabilidades especiales en la iglesia. Si llegaren a aumentar los asuntos locales, pueden dedicarse por completo al trabajo espiritual, pero la característica de un anciano no es que sea "un obrero cristiano de todo el tiempo". Simplemente, como un hermano local, tiene responsabilidad en la iglesia local.


De conformidad con la concepción usual de las cosas, uno pensaría que sería necesario un periodo considerable de tiempo que pasara entre la fundación de una iglesia y el nombramiento de ancianos, pero eso no está de acuerdo con la pauta de Dios. La primera gira misionera de los apóstoles se llevó menos de dos años, y durante ese tiempo los apóstoles predicaron el evangelio, condujeron a pecadores al Señor, formaron iglesias y nombraron ancianos dondequiera que se había formado una iglesia. Los ancianos fueron escogidos en el viaje de regreso de los apóstoles, no en su primera visita a cualquier lugar, pero el intervalo entre ambas visitas nunca fue largo; cuando mucho, cuestión de meses. Nombraron ancianos "en cada iglesia". Algunos podrán preguntar, si todos los miembros de una iglesia están en una pobre condición espiritual, ¿cómo es posible nombrar ancianos entre ellos? Se podría solucionar el problema de muchos si consideran la implicación del vocablo "anciano". La existencia de un “anciano” supone la existencia de uno menor o más joven. La palabra "anciano" es relativa, no absoluta. Entre un grupo de hombres de setenta y nueve años se necesita a un hombre de ochenta para que sea su “anciano” o "mayor de edad",
pero sólo se necesita a un niño de ocho años para que sea “anciano” o "mayor en edad" a un grupo de niños de siete años. Aun entre los que carecen de madurez espiritual, forzosamente se encuentran aquellos que, en comparación con los inmaduros, tienen más madurez y posibilidades espirituales, que es todo el requisito que se exige para ser "anciano" de ellos.


Una iglesia puede estar muy lejos del ideal, pero no por eso podemos quitarle su estado de iglesia. Nuestra responsabilidad es ministrarle y así buscar acercarla al ideal. Aun las personas comparadamente más avanzadas en una localidad, quizá no lleguen al ideal de ancianos, pero no por eso podemos privarlos de su condición de ancianos. Debemos recordar que el puesto de un anciano, conforme a las Escrituras, está limitado a una localidad. El ser anciano en Nanking no capacita a una persona para que ser anciano en Shanghai; pero, aun cuando su estado espiritual diste mucho de lo que debiera ser, siempre que sobresalga de sus compañeros en la fe en la misma iglesia, está capacitado para ser un anciano allí.

El nombramiento de hermanos comparativamente espirituales para ser ancianos es un principio sustentado en la Palabra de Dios, aun cuando sea contrario al concepto moderno de las cosas. Pero aunque reconozcamos este principio, no debemos intentar aplicarlo en forma legal alguna. Eso significaría la muerte. No debemos forzar nada, sino estar continuamente dispuestos a seguir la dirección el Espíritu. Él indicará el momento oportuno para el nombramiento de ancianos en cualquier iglesia. Si no hubiera dirección del Espíritu Santo, y las circunstancias no permitieran un nombramiento inmediato de ancianos en la segunda visita de los apóstoles, entonces se podría dejar a un Tito para que se encargara posteriormente de su nombramiento. Este es el primer asunto tratado en la epístola a Tito, y es uno de suma importancia. Pablo le da instrucciones categóricas a Tito para que "estableciese" ancianos en toda ciudad en Creta (Tito 1:5).


En el señalamiento de ancianos, los apóstoles no siguieron sus preferencias personales; ellos nombraron solamente a aquéllos que ya habían sido escogidos por Dios. Por eso es que Pablo podía decir a los ancianos de Efeso: "El Espíritu Santo os ha puesto por obispos" (Hechos 20:28). Los apóstoles no tomaron la iniciativa en el asunto. Ellos simplemente establecieron como ancianos a aquellos a quienes el Espíritu Santo ya había hecho sobreveedores en la iglesia. En una organización humana el nombramiento de un individuo a un puesto, lo faculta para ocuparlo, pero no es así en la Iglesia de Dios. Allí todo está sobre una base espiritual, y es exclusivamente el nombramiento divino el que capacita a un hombre para ocupar un puesto. Si el Espíritu Santo no hace a los hombres obispos, entonces nunca podrá hacerlo ningún nombramiento apostólico. En la Iglesia de Dios todo está bajo la soberanía del Espíritu; el hombre queda eliminado. Los ancianos no son hombres que se creen capaces de controlar los asuntos eclesiásticos, u hombres a quienes los apóstoles consideren apropiados, sino hombres a quienes el Espíritu Santo ha puesto para ser sobreveedores en la Iglesia.


Apóstoles y ancianos
Los ancianos eran hombres locales nombrados para supervisar los asuntos en la iglesia local. Su esfera de influencia estaba limitada por la localidad. Un anciano en Efeso no era un anciano en Esmirna, y un anciano en Esmirna no era un anciano en Efeso. En las Escrituras no hay apóstoles locales, ni tampoco ancianos extra-locales. Todos los ancianos son locales, y todos los apóstoles son extra-locales. En ningún punto habla la Palabra de Dios de que los apóstoles atendían los negocios de una iglesia local, y en ningún lado nos dice que los ancianos estaban manejando los asuntos de varias iglesias locales. Los apóstoles eran los ministros de todas las iglesias, pero no controlaban ninguna. Los ancianos estaban circunscritos a una iglesia y ellos controlaban los negocios en ella. El deber de los apóstoles era la de fundar iglesias. Una vez que era establecida una iglesia, toda la responsabilidad era entregada a los ancianos locales, y desde ese día los apóstoles no ejercían control alguno en sus asuntos. Toda la administración estaba en manos de los ancianos, y, si lo creían correcto, hasta podían rehusarle entrada a un
apóstol a su iglesia.


¿Cómo trató Pablo con el creyente adúltero en Corinto? El no notificó simplemente a la iglesia que él había excomulgado al hombre. Lo más que podía hacer era instruir a sus miembros con relación a la gravedad de la situación y tratar de amonestarlos para que quitaran al hombre malvado de en medio de ellos (l Corintios 5:13). Si la iglesia estaba sana espiritualmente, ellos le pondrían atención a Pablo; pero si ellos hubieren hecho caso omiso de sus exhortaciones, aunque ellos hubiesen estado andando mal espiritualmente, hubieran estado legalmente correctos.


Un apóstol puede enfrentarse a los desórdenes en una iglesia, siempre que se busque su consejo y ayuda, como fue en el caso de Pablo y la Iglesia en Corinto. Fue debido a sus preguntas que él podía decirles: “Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere” (l Corintios 11:34). Pero lo importante aquí es que "las demás cosas" que Pablo trataría de poner en orden a su llegada a Corinto, serían atendidas en la misma forma que las que había ordenado en su epístola, y ellas habían sido tratadas doctrinalmente. De la misma manera que él los había instruido en relación con ciertos asuntos allá, los instruiría sobre los asuntos restante a su arribo; pero serían los mismos corintios, y no Pablo, quienes tendrían que atenderse con la situación.


Puesto que Pedro y Juan eran apóstoles, ¿cómo sucedió que ellos eran ancianos de la iglesia en Jerusalén? (l Pedro 5:1; 2 Juan 1; 3 Juan 1). Ellos eran ancianos lo mismo que apóstoles porque no solamente eran responsables de la obra en diferentes lugares, sino que también eran responsables de la iglesia en su propio lugar. Cuando salían, ministraban en la capacidad de apóstoles, llevando la responsabilidad del trabajo en otras partes. Cuando regresaban a casa, ejecutaban las tareas de ancianos, cargando con la responsabilidad de la iglesia local. No era sobre le base de que eran apóstoles que eran ancianos en Jerusalén; ellos eran ancianos allí exclusivamente sobre el fundamento de que eran hombres locales de mayor madurez espiritual que sus hermanos.


Pablo fue enviado de Antioquía y fundó una iglesia en Efeso. Sabemos que no ocupó el puesto de anciano en ninguna iglesia, pero le hubiera sido posible ser anciano en Antioquía, no en Efeso. Él estuvo tres años en Efeso, pero allí laboró en su capacidad de apóstol, no como anciano; es decir, no asumió responsabilidad alguna y no ejerció autoridad alguna en cuestiones locales, sino que, sencillamente, se entregó a su ministerio apostólico. Fijémonos cuidadosamente en el hecho de que no hay ancianos en la Iglesia universal y no hay apóstoles en la iglesia local.


Sus responsabilidades
La responsabilidad de todo hombre salvo es la de servir al Señor de acuerdo con su capacidad y en su propia esfera. Dios no nombró a los ancianos para desarrollar el trabajo a nombre de sus hermanos. Después del nombramiento de los ancianos, así como antes, todavía es el deber y el privilegio de los hermanos de servir al Señor. Los ancianos también son llamados "obispos" (Hechos 20:28; Tito l:5,7). El vocablo “anciano" se refiere a su persona; el término “obispo" a su tarea. "Obispo" significa "sobreveedor", y un sobreveedor no es uno que trabaja en lugar de otros, sino uno que supervisa a otros conforme ellos laboran. Dios quería que cada cristiano fuera un "obrero cristiano", y Él nombró a algunos para que se encargaran de la supervisión de la obra para que se ejecutara eficazmente. Nunca fue Su pensamiento que la mayoría de los creyentes se dedicaran exclusivamente a asuntos seculares y dejaran los negocios de la iglesia en manos de un grupo de especialistas espirituales. Este punto nunca puede enfatizarse demasiado. Los ancianos no son un grupo de hombres que firman contratos para realizar la obra de la iglesia a nombre de sus miembros; ellos únicamente son los jefes que supervisan los asuntos. Su negocio es el de alentar a los tímidos y de sujetar a los más atrevidos, nunca haciendo el trabajo en lugar de ellos, sino simplemente dirigiéndolos en su ejecución.


La responsabilidad de un anciano se relaciona con los asuntos temporales y espirituales. Ellos son nombrados para “gobernar", y también para "instruir" y "pastorear". “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar" (1 Timoteo 5:17). "Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey" (1 Pedro 5:2-3).


La Palabra de Dios usa el término “gobernar” en conexión con las responsabilidades de un anciano. El ordenamiento del gobierno de la iglesia, la administración de los negocios, y el cuidado de las cosas materiales, están todas bajo su control. Pero debemos recordar que una iglesia bíblica no consiste en dos grupos de hermanos, uno activo y otro pasivo, el primero controlando al segundo, y el segundo simplemente sometiéndose a su control, o el primero llevando toda la carga mientras que el segundo se sienta con toda comodidad a gozar de los beneficios del trabajo del primero. “Que los miembros todos se preocupen los unos por los otros” (l Corintios 12:25), es el propósito de Dios para Su Iglesia. Toda iglesia conforme al corazón mismo de Dios, tiene la estampa de “los unos por los otros" sobre toda su vida y actividad. La mutualidad es su característica sobresaliente. Si los ancianos pierden de vista eso, entonces su gobierno de la iglesia pronto cambiará a señorío sobre la iglesia. Ellos no fueron nombrados a ser “señores" de sus hermanos, sino “dechados de la grey”. ¿Qué es un dechado o ejemplo? Es un modelo para que lo sigan otros. Para que los ancianos sean un patrón para los hermanos, da a sobreentender que los hermanos trabajaban y que los ancianos también trabajaban. Implicaba que los ancianos laboraban con diligencia y cuidado especial, para que los hermanos tuvieran un buen ejemplo a seguir. Así es el concepto escriturario del gobierno de los ancianos.


Pero su responsabilidad no se refiere solamente al lado material de los asuntos eclesiásticos. Si Dios los ha equipado con dones espirituales, entonces ellos también deberían cargar con responsabilidad espiritual. Pablo escribió a Timoteo: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar" (l Timoteo 5:17). Es la responsabilidad de todos los ancianos el controlar los asuntos de la iglesia, pero aquéllos que tienen dones especiales (como el de profecía o enseñanza) están libres para ejercitarlos para la edificación espiritual de la iglesia. Pablo escribió a Tito que un anciano debe poder “exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen" (Tito l:9). La predicación y la 1 Referencia a 3 Juan instrucción en la iglesia local no es el negocio de los apóstoles, sino de los hermanos locales que están en el ministerio, especialmente si son
ancianos.


Del lado espiritual de la obra, los ancianos ayudan a edificar la iglesia, no solamente por medio de la enseñanza y predicación sino por el trabajo pastoral. El pastorear al rebaño es peculiarmente la tarea de los ancianos. Pablo dijo a los ancianos de Efeso: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor" (Hecho 20: 28). Y Pedro escribió en el mismo tono a los ancianos entre los santos de la dispersión: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros” (1 Pedro 5:2). El concepto actual de pastores está muy lejos del pensamiento de Dios. El pensamiento de Dios era que hombres escogidos de entre los hermanos locales pastorearan al rebaño, no hombres que, viniendo de otras partes, predicaran el evangelio, fundaran iglesias, y luego sentaran residencia para cuidar esas iglesias.


La pluralidad de los ancianos
Este trabajo de gobernar, enseñar, y pastorear la grey, que hemos visto, es el deber especial de los ancianos, no recae sobre un hombre solamente en cualquier parte. En la Escritura hemos visto que siempre hay más de un anciano u obispo en una iglesia local. Si la administración de toda la iglesia recae sobre un hombre, cuán fácil es que él se envanezca, estimándose sobre medida y suprimiendo a los otros hermanos1. Dios ha ordenado que varios ancianos juntamente compartan el trabajo de la iglesia, a fin de que no pueda una sola persona manejar las cosas a su propio placer, tratando a la iglesia como su propiedad especial particular y dejando impresa su personalidad sobre toda la vida y obra de esa iglesia. El poner la responsabilidad en las manos de varios hermanos en vez de en las manos de un individuo, es la manera de Dios de salvaguardar Su Iglesia contra los males que resultan de la dominación de una fuerte personalidad. Dios ha propuesto que varios hermanos mancomunadamente lleven la responsabilidad en la iglesia, para que, aun en el control de sus asuntos, ellos tengan que depender el uno del otro y someterse el uno al otro. Así, en una forma experimental, ellos tendrán la oportunidad de darle expresión práctica a la verdad del Cuerpo de Cristo. Según ellos honren el uno al otro y confíen el uno al otro a la dirección del Espíritu, ninguno ocupando el lugar de la Cabeza, sino cada cual teniendo a los otros como miembros-compañeros, el elemento de “mutualidad”, que es la característica peculiar de la Iglesia, será conservado.

 

Tomado del libro La Iglesia Normal. Escrito por Watchman Nee.

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