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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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El Candelero
Por Gino Iafrancesco
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EL CANDELERO1

El tabernáculo en la tipología veterotestamentaria


Cuando una iglesia local comienza a tomar conciencia de su posición como iglesia de la localidad, como candelero puesto por Dios en su respectivo municipio, bueno sería que conociera cómo el Señor hace su candelero, y qué va a ir haciendo con el candelero de la localidad. Estudiemos, pues, con la ayuda del Señor, el tema del candelero. Cuando la conciencia de Iglesia se adelanta, es necesario estudiar el candelero. Es necesario que la Iglesia local entienda lo relativo a su propia formación. En Su Palabra el Señor estableció cierta tipología acerca de todas estas cosas, incluyendo el sacerdocio.


“...los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se lo advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (Hebreos 8:5).


“Los cuales”, es decir, los sacerdotes del Antiguo Testamento, sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales. El Espíritu Santo, como Autor de la epístola a los Hebreos en el Nuevo Testamento, nos enseña claramente que cuando el Señor le estaba diciendo a Moisés: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte, estaba queriendo decir que este modelo era para figurar, para dar la sombra de realidades celestiales y espirituales. Por eso dice que las cosas del Antiguo Pacto, el servicio del tabernáculo y todos sus detalles, y lo relativo a la ley, etcétera, sirve como figura y sombra de las cosas celestiales; y eso se lo advirtió a Moisés; o sea, que Moisés estaba advertido de que lo que estaba haciendo era una figura, una sombra, un modelo, una maqueta, un tipo de las cosas celestiales, de las cosas verdaderas. En el Antiguo Testamento, aquellos diseños del servicio en el tabernáculo, eran servicios típicos, pero en el Nuevo Testamento ya no se trata del servicio figurado o típico, sino del real, el servicio espiritual; es decir, que cuando estudiamos el aspecto exterior de la maqueta, nos damos cuenta cómo va a ser el edificio verdadero. El edificio verdadero es la casa de Dios en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento la casa de Dios estaba simbolizada por el tabernáculo; y la incorporación del Señor en Su pueblo estaba significada por el candelero. En el Nuevo Testamento también vemos que los candeleros representan a las iglesias locales; y con eso se refiere la Palabra de Dios a la iglesia de cada localidad, pueblo o municipio.


El misterio de los candeleros.


El Nuevo Testamento menciona varios misterios. Nos habla del misterio de Dios, que es Cristo, y del misterio de Cristo, que es la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. En la Palabra del Señor encontramos el misterio de Dios, el misterio de la piedad, el misterio de Cristo, el misterio de la fe, el misterio del evangelio, el misterio del matrimonio de Cristo con Su Iglesia, el misterio de las siete estrellas en Su diestra y el misterio de los candeleros, además de otros misterios por el lado positivo. Y por el lado negativo encontramos el misterio de la iniquidad, el misterio de Babilonia, el misterio de la mujer y de la bestia que la trae. Todos estos misterios son para ser ministrados a los santos en el tiempo del Nuevo Testamento, o Nuevo Pacto. Entre todos estos misterios, uno de ellos es aquel mencionado en Apocalipsis 1:20:


“El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.


De manera que cada iglesia local está representada por un candelero, pues de acuerdo a la Palabra de Dios, era una en Efeso, otra en Esmirna, otra en Pérgamo, otra en Tiatira, otra en Sardis, otra en Filadelfia y otra en Laodicea. El misterio de los candeleros entre quienes se mueve el Hijo del hombre, significa las siete iglesias locales entre las que se pasea Cristo haciendo Su trabajo. Necesitamos, pues, entender el misterio de las iglesias locales, el misterio de los candeleros. Esto que aparece al final de la Biblia, tiene su comienzo en los primeros libros de la misma. Todas estas cosas que son consumadas en el Apocalipsis tienen su inicio en versículos y pasajes de libros bíblicos anteriores, posiblemente en Génesis, o en el resto del Pentateuco. Luego esta tipología se va desarrollando a lo largo de toda la Palabra, y por fin se consuma en Apocalipsis. Cuando miramos la primera y la última mención de una cuestión, entonces entendemos mejor las partes intermedias. Es como cuando alguien quiere dar en el blanco con una escopeta, la cual tiene dos miras; una más cerca del ojo, y otra más lejana. Si mira a través de las dos poniéndolas en línea, dará en el blanco. Para dar en el blanco de un tema debemos ver las primeras y las últimas menciones, y ver las menciones intermedias en esa misma línea. Si queremos conocer a qué se estaba refiriendo el Señor con el candelero, debemos verlo en su primera mención, en su mención final, y en las intermedias, para poder comprender cuál es el misterio de los candeleros que el Señor ha revelado al final, pero que ya venía introduciendo y preparando de antemano. El Señor nunca está hablando de cosas inconexas, sino que está desarrollando un solo plan. Ese plan se viene desarrollando desde el principio, pasando por las etapas intermedias, rumbo hacia el final.


Aquí vemos el final, en el cual se nos dice claramente que cada candelero es una iglesia local; es decir, la iglesia de un determinado municipio. Es la incorporación del Señor en Su pueblo. En el Antiguo Testamento Su pueblo es Israel; por eso Israel también se presenta con un candelabro, el cual representa al Señor incorporado en Su pueblo. Ese es el trabajo que verdaderamente está realizando el Señor: Su incorporación en Su pueblo, y esa incorporación colegiada o corporativa del Señor en el Nuevo Testamento es la Iglesia que se manifiesta en cada localidad como un candelero; es decir, la iglesia local. Sólo así podemos entender que el candelero se refiere a la incorporación del Señor en Su pueblo; a la formación del Señor en la Iglesia. Porque solamente formándose el Señor en la Iglesia, ésta puede ir creciendo a la medida del Varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo2.


“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Corintios 12:12).


Quizá si nosotros hubiésemos escrito esta carta a los corintios en lugar de Pablo, tal vez hubiéramos dicho: así también la Iglesia, porque el Cuerpo es la Iglesia; y como el cuerpo tiene muchos miembros y todos los miembros son un solo cuerpo, así también la Iglesia. Pero el apóstol Pablo va más allá y dice directamente: así también Cristo. Pablo presenta a un Cristo que tiene muchos miembros, el Cristo corporativo. El Señor Jesús es el único y verdadero Cristo de Dios, pero el Espíritu de Cristo está incorporado en toda Su Iglesia, de la cual somos sus miembros. Dice la Biblia que somos los miembros de Cristo y, por tanto, no podemos hacernos miembros de una ramera3.


Nuestros cuerpos son claramente llamados en la Biblia miembros de Cristo. También dice la Palabra del Señor que somos carne de su carne y hueso de sus huesos4. El Espíritu de Cristo se unió a nuestro espíritu humano y quiere pasar a través de nuestra alma y de nuestro cuerpo mortal, para vivificarlo y convertirlo en Su casa, en vaso para la morada de Dios; pero no sólo en lo individual, sino corporativamente; todos los redimidos juntos como un Cuerpo para la plenitud de Dios. El plan de Dios es incorporarse; que lo que Él es y ha hecho por nosotros sea incorporado dentro de nosotros mismos, de modo a Él contenerse, expresarse y ejercer autoridad desde Su casa, la casa de Dios.


EN ÉXODO


El candelero de oro


Hemos comentado que la iglesia de la localidad está representada por el candelero. Cada candelero es una iglesia local. En los inicios de toma de conciencia de una iglesia local, conviene entender todo el asunto del candelero; las coyunturas de su formación. La Palabra del Señor nos dice cómo debe establecerse el candelero, en qué sitio, qué elementos tiene, qué características, que peripecias han acontecido a los candeleros, cómo han sido recuperados a su forma y posición. Ahora nos podemos introducir, con la ayuda del Señor, en el estudio del candelero. En el libro de Éxodo aparece por primera vez la tipología del candelero.


“31Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo. 32Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado. 33Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; tres copas en forma de flor de almendro, en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero; 34y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores. 35Habrá una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los seis brazos que salen del candelero. 36Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro. 37Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante. 38También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. 39De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios. 40Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte” (Éxodo 25:31-40).


El candelero está dentro del tabernáculo; pues el tabernáculo se refiere al Cuerpo de Cristo en el sentido universal, y el candelero, a su expresión local. ¿Por qué el Espíritu Santo dio instrucciones minuciosas sobre la manera cómo debía hacerse el candelero? Si comparamos dos pasajes de Éxodo relativos a la hechura del candelero, capítulos 25 y 37, notamos una repetición muy minuciosa. Con eso el Señor quiere afirmar y reafirmar que la casa de Dios, Su pueblo, la Iglesia, Su incorporación en Su pueblo, la edificación de la Iglesia que es la edificación de Cristo en ella, en la iglesia de cada localidad, debe hacerse exactamente conforme al plan y diseño de Dios. En las instrucciones divinas constantemente se le dice a Moisés: Mira, hazlo conforme al modelo; no lo hagas de otra manera. Y por eso no le es suficiente al Espíritu Santo con dar meramente la orden en Éxodo 25; también debe darse el ejemplo de minuciosa obediencia, como aparece en Éxodo 37. Si leemos minuciosamente los dos pasajes, comparando verso por verso, nos damos cuenta que se trata prácticamente de una repetición, con la diferencia de que uno es la orden y el otro es la obediencia fiel a esa orden. En nuestros descuidos podemos estar tentados a pensar neciamente que para qué tal repetición; pero el Espíritu Santo piensa muy distinto; a El no le interesa tanto la mera apariencia, o lo desagradable que pudiera ser para algunos tal repetición. Al Espíritu Santo le interesa el trabajo verdadero y de fondo, y por lo tanto presenta estos dos pasajes así, para que veamos cuán importante es que hagamos las cosas como Él las ha dicho, tal cual se hallan en las Sagradas Escrituras.


Dios conoce cómo somos nosotros los seres humanos. Si El no insiste como tiene que insistir, el resultado es que nos tomamos muchas libertades y hacemos las cosas a nuestra manera, y no como Dios quiere; y hasta queremos que Él bendiga nuestros descuidos y desobediencias. Pero Dios le advirtió a Moisés: Mira, hazlo conforme al modelo que te fue mostrado. ¿Por qué? Porque estaba sirviendo de figura de las cosas celestiales. Dios quiere dar la figura, la sombra, el plano, el tipo, la maqueta correcta, para que las cosas se hagan como Él quiere, correctamente. Si a Dios no le interesara que las cosas se hagan como Él quiere, ¿para qué entonces insistir, repetir y volver a decir constantemente lo mismo? Pero si Él manifiesta ese cuidado, es porque no tenemos libertad de hacer las cosas como nosotros queremos. Él es quien sabe para qué quiere la Iglesia, y por lo tanto sabe cómo quiere que ésta sea. Él sabe de qué manera la Iglesia le va a servir mejor. Si las cosas no se hacen de la manera que el Señor las ha determinado, no prestan el servicio que Dios quiere que presten. Al relacionar los dos pasajes de Éxodo relativos al candelero, hacemos notorio la fidelidad a la obediencia al plan de Dios, y por lo cual se dice de Moisés que había sido fiel en toda la casa de Dios. ¿Por qué fue fiel? Porque hizo las cosas conforme al modelo. “Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir” (Hebreos 3:5). La manera cómo debe hacerse el candelero está detallada en Éxodo 25:31-40. El candelero representa la incorporación del Señor en Su pueblo, en Su Cuerpo que es la Iglesia, la plenitud de Aquel que todo lo llena (Efesios 1:23). Ahora pasamos a la lectura del pasaje de Éxodo 37, para percibir la obediencia fiel, la fidelidad.


“17Hizo asimismo el candelero de oro puro, labrado a martillo; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo. 18De sus lados salían seis brazos; tres brazos de un lado del candelero, y otros tres brazos del otro lado del candelero. 19En un brazo, tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor, y en otro brazo tres copas de figura de flor de almendro, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salían del candelero. 20Y en la caña del candelero había cuatro copas en figura de flor de almendro, sus manzanas y sus flores, 21y una manzana debajo de dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, conforme a los seis brazos que salían de él. 22Sus manzanas y sus brazos eran de lo mismo; todo era una pieza labrada a martillo, de oro puro. 23Hizo asimismo sus siete lamparillas, sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. 24De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus utensilios” (Éxodo 37:17-24).


Lo primero que hemos de notar es la parte de Dios mismo en este candelero o candelabro (Hebreos 9:2; Éxodo 40:24).


La Trinidad en el candelero


El Padre. En el candelero está tipificado el Dios Trino: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. ¿Cómo está tipificado el Padre? En el material del candelero, pues era de oro puro. El oro puro, como el metal más precioso, representa a la naturaleza más preciosa, la divina, propia del Padre, y participa al Hijo y al Espíritu Santo. La casa de Dios, que El mismo está construyendo, es una casa espiritual (1 Pedro 2:5), y solamente lo que proviene de la naturaleza divina debe tener parte en el candelero. Ningún otro elemento quiere Dios utilizar para construir el candelero, sino el oro puro; por lo tanto en la iglesia de cada localidad Dios no quiere que se mezclen cosas meramente humanas. Todo lo que proviene de otra fuente diferente a la naturaleza divina representada por el oro puro, no tiene derecho a tener parte en el candelero, en la iglesia de la localidad. No podemos hacer de la iglesia una mezcla de cosas de Dios con las meramente de los hombres. Lo que Dios utiliza de los hombres es lo propio de la nueva creación; mucho menos del diablo. El diablo no debería tener lugar en la iglesia, aunque intente infiltrarla. El candelero es todo, totalmente todo de oro puro y de una sola pieza; por eso en algunos pasajes bíblicos se le llama ‟el candelero puro”, y en otros, usando otra traducción de la misma palabra hebrea, se le llama también ‟el candelero limpio”.


Que el candelero sea de oro puro significa, pues, que Dios construye la Iglesia exclusivamente con el material salido de Sí mismo. Todo lo que no proviene de la naturaleza divina no debe tener parte en la Iglesia. Si se ve algo extraño, para eso está el martillo que golpea y purifica de impurezas. El aporte del Padre lo vemos, pues, en la naturaleza divina representada en el oro del candelero. El Señor Jesús dijo: ‟Todo árbol que no plantó mi Padre celestial, será desarraigado” (Mateo 15:13). Sí, tales árboles no plantados por el Padre celestial tienen un período de desarrollo; de hecho son árboles que hubieron de crecer poco a poco; es decir, que el Señor les permitió crecer hasta ser grandes árboles, pero por el hecho de no haber sido plantados por el Padre celestial, por no haber tenido origen en Dios ni en la naturaleza divina, serán desarraigados. Por haber nacido en un vivero no de Dios, ni conforme al sentir de Dios, ni conforme al plan de Dios, ni conforme a la Palabra de Dios, tienen un origen extraño, el cual trata de distorsionar el plan de Dios y estorbar el programa de Dios. La mano de Dios vendrá sobre todo lo extraño, sobre todo lo que realmente no es de Él. Por eso se dice claramente: ‟Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”. Habrá un momento en que será quitada de raíz. El candelero debe ser todo de oro.


El Hijo
. ¿Cómo está representado el Hijo en el candelero? Si el Padre está representado en el oro puro por la naturaleza divina, el Hijo está representado por la forma que se le da al oro; porque el Hijo es la imagen del Dios invisible5. El Hijo es la incorporación de Dios; es la imagen del Padre.


‟A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).


‟...para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4b).


‟Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Colosenses 1:15).


‟Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9).


‟Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna”
(1 Juan 5:20).


‟...el cual (el Hijo), siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder" (Hebreos 1:3a).


Cristo es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia (hipóstasis). En el candelero el Hijo está representado en la forma, en la imagen; Cristo, además, se incorpora en la Iglesia. Él es la imagen de Dios; o lo que podríamos decir, Dios en imagen. Dios creo al hombre a Su imagen y semejanza, la cual es el Hijo de Dios. Por causa del pecado, el hombre profanó tal imagen, pero ahora en Cristo se restaura esa imagen; y restaurada en Cristo, se forma y aparece en la Iglesia. En la Iglesia debe aparecer Cristo. Ninguna otra cosa quiere Dios que aparezca y se vea en la Iglesia, sino Cristo, que es la incorporación de Su propia naturaleza; por lo tanto El debe irse formando en la Iglesia hasta que lo que se vea, cuando se mire la Iglesia, sea Cristo incorporado en ella, ‟porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Corintios 12:12). Cristo es como un cuerpo que tiene muchos miembros. El candelero representa a Cristo, pero incorporado en Su pueblo, que es, en el tiempo del Nuevo Testamento, la Iglesia.


El Espíritu Santo. Asimismo en el candelero, ¿qué representa el Espíritu Santo? El aceite que enciende las lamparillas para el alumbrado, porque allí surge la luz. Es allí a donde llega el aceite y unge el pábilo para que alumbre. ‟Lámpara de Jehová es el Espíritu del hombre” (Pro. 20:27a). En otros pasajes de la Biblia, Éxodo, Levítico, se nos habla del aceite para el alumbrado, que es lo que representa al Espíritu Santo en el candelero. De modo que tenemos al Dios Trino plenamente representado en el candelero: al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, dispensándose en Su pueblo en naturaleza, imagen y semejanza, vida y luz, para incorporarse y manifestarse a través de él. El Padre a través de la naturaleza, el Hijo a través de la imagen y semejanza, y el Espíritu Santo a través de vida y luz, el aceite del fluir de Dios. Dios mismo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, quiere aparecer en la Iglesia. ¡Maravilloso!


Cuando Jacob por primera vez comenzó a entender lo relativo a la casa de Dios, en su sueño vio una escalera por la que se ascendía a Dios y se descendía desde Dios. La escalera que nos trae a Dios y nos acerca a Él, representa a Cristo. Cristo presenta a Dios entre los hombres, a la vez que acerca los hombres a Dios. La escalera tenía su pie cerca de la piedra sobre la que Jacob descansaba: era la piedra de cabecera. Al despertar Jacob, ungió la piedra con aceite y llamó a aquel lugar Bet-el, casa de Dios; lanzando la exclamación: ‟¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo”6. Allí estaba representada la Iglesia. La tipología siguió avanzando, y en Éxodo ya no se trata de la piedra ungida, sino del tabernáculo ungido y con la gloria de Dios en él. Más adelante, en tiempos de Salomón, se amplió de nuevo la tipología, y ya no se trató del tabernáculo, sino del templo de Dios, también lleno con la gloria de Dios. Ese mismo templo fue el que se restauró en tiempos de Zorobabel y de Josué, hijo de Josadac.


También Ezequiel había tenido la visión de la gloria de Dios en el templo; mas en el Nuevo Testamento llegó la hora del templo verdadero, y se nos dice que nosotros somos el templo, las piedras vivas de la casa espiritual de Dios. Hoy en día algunos le llaman ‟iglesia” al lugar donde la iglesia se reúne; pero aquello es una casa hecha por manos humanas. La verdadera casa que el Señor está edificando es una casa espiritual no hecha por manos de hombre, puesto que Dios es Espíritu y Él quiere morar plenamente en una casa espiritual. Cada uno de nosotros los redimidos somos una piedra viva de esa casa. Lo que hizo Jacob tipológicamente fue poner la ‟primera piedra”, la piedra de cabecera de Bet-el, la casa de Dios. Todo esto, pues, significa la incorporación de Dios mismo en Su casa. Esa incorporación debe aparecer en cada localidad como la iglesia de esa localidad. Como hemos visto, en la Iglesia está el Dios Trino, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo; el Padre representado en la naturaleza divina por el oro, el Hijo representado por la forma que se le da al oro, la imagen de Dios incorporado en Su pueblo, y el Espíritu Santo representado por el aceite del alumbrado de las lamparillas.


La unidad del candelero


‟Harás además un candelero de oro puro”. Un candelero. Fijemos nuestra atención en lo relativo a la unidad del candelero. La intención de Dios es que la iglesia en cada localidad sea solamente una. Tú no encuentras ningún versículo en la Biblia donde en una localidad aparezca más de un candelero. En la ocasión de Éxodo, Dios le dice a Moisés: ‟Harás un candelero”. Pero en vista de que las iglesias locales son varias, pues habrían de multiplicarse, y siguiendo el orden de la tipología, más tarde con ocasión de la construcción del templo de Jerusalén, Salomón ‟hizo asimismo diez candeleros de oro según su forma, los cuales puso en el templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda” (2 Cr. 4:7); sin embargo, cada candelero debe ser de ‟una sola pieza”. Por lo pronto estamos entrando en las primeras menciones de la tipología, antes de introducirnos en su aplicación y desarrollo; enfatizando en la unidad del candelero. Después de haber hablado de todos los detalles del candelero, en Éxodo 25:36 dice: ‟...todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro”. Todo ello, es decir, toda esa edificación, esa labranza a martillo; no labranza de labor, sino de labor a martillo. A pesar de los muchos detalles y de los varios brazos del candelero, es de una sola pieza. Aunque tiene muchas partes y muchos brazos, sin embargo, no están cada parte por su lado. Claro está que hay brazos a la derecha y brazos a la izquierda, pero todos se equilibran mutuamente en un solo candelero. Qué triste es que los hombres, en vez de levantarle al Señor Su candelero equilibrado y de una sola pieza, estamos más bien viendo surgir sectas cristianas; algunas demasiado derechistas, y otras demasiado izquierdistas. Unos hablan del viento de doctrina de la llamada ‟teología de la prosperidad”, y otros, por otro lado, de la llamada ‟teología de la liberación”. Pero el Señor es más equilibrado. ‘Él no es ni derechista ni izquierdista. Él es el Señor de todo y de todos.


Cuando la Palabra dice que el candelero debe hacerse de una sola pieza, significa que ninguna parte legítima del candelero debe ser separada de él. Todas las partes deben ser incluidas como una sola pieza. Asimismo la iglesia de la localidad debe incluir a todos los hijos de Dios en ese municipio. No está bien dividir a la iglesia de la localidad en sectas mutuamente excluyentes. Todos los santos deben tomar la posición de la iglesia de la localidad en unidad. Son aquellos que no quieren tomar esa posición junto con los demás, quienes dividen realmente el Cuerpo de Cristo. Son divisivos al pretender preservar sus sectas y denominaciones, y al impedir la comunión plena de todos los hijos de Dios como un solo Cuerpo. El candelero no debe construirse o labrarse por pedazos, sino como una sola pieza. La casa de Dios se edifica conjuntamente.


“20Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 21en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:20-22).


¿Qué está haciendo el Señor? Edificándonos juntamente con los demás hermanos para ser morada de Dios en el Espíritu. ‟Labrado a martillo se hará el candelero”. Primeramente se nos habla del material, oro puro, la naturaleza divina; luego se nos habla de la manera cómo debe dársele forma a ese material en la vida de la Iglesia. El oro se labra a martillo. El martillo golpea pero esos golpes son conforme a la Palabra de Dios. Todo lo que nos acontece tiene la función de configurarnos a Cristo. El martillo representa la Palabra de Dios. ‟¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jer. 23:29). El Señor compara Su propia Palabra con el martillo. En la Biblia misma está la interpretación de sus figuras. Ella nos dice que el martillo representa la Palabra de Dios. ¡Cómo quebranta la Palabra de Dios! La Palabra es representada de varias maneras, de acuerdo a su función. Por ejemplo, es representada como agua, o como fuego, según el trabajo que haga. Pero a veces la Palabra de Dios es representada como martillo que quebranta la piedra; es decir, la Palabra separa lo que es de Dios de lo que es de la carne, del diablo, del ego, de lo meramente natural. El martillo es el golpe de Dios conforme a Su Palabra, que quita todo lo que le es extraño. Todos tenemos en nuestras vidas cosas extrañas que a veces queremos introducir en la vida de la Iglesia; incluso en la vida religiosa hay muchas cosas que no son de Dios, que no son puras, y a veces uno no se da cuenta de ellas hasta que llega el martillazo de Dios. Llega el martillazo de la Palabra de Dios y quebranta las cosas que sí se pueden quebrar. A veces el vino nuevo de Dios, destruye el odre viejo de nuestras estructuras humanas con las que quisimos apresar a la Iglesia.


Dice, pues, la Escritura, que el candelero, en nuestro caso la iglesia de cada localidad, debe ser labrado a martillo. De modo que no podemos evitar, hermanos, el que de vez en cuando sintamos los martillazos de Dios haciéndonos amoldar a Su Palabra a través de circunstancias dolorosas. El candelero sólo se labra a martillazos; y peor para nosotros si somos demasiado susceptibles, porque nos va a doler más. Habrá dolor, porque todo lo que es extraño al Señor en nuestras vidas y la vida de la Iglesia, será inevitablemente tratado a la luz de la Palabra. Habrá dolor. La carne querrá salirse con la suya, pero tarde o temprano el martillo la alcanzará. Todo lo que no es de Dios va a ser martillado, de modo que el oro de Dios resplandezca sin nuestras impurezas, y manifieste la semejanza de Cristo; es decir, a Cristo mismo.


A veces por nosotros mismos no nos damos cuenta que ciertas cosas no son de Dios, que no se amoldan a la naturaleza divina, pero cuando llega el martillazo es cuando nos enteramos y confesamos: Yo pensaba que esto era de Dios, pero ahora lo veo mejor y me doy cuenta que había muchas cosas del mero hombre mezcladas allí, que distorsionaban lo propio de Cristo. El candelero debe amoldarse a la Palabra; debe ser labrado a martillo. No podemos edificar la Iglesia de la manera que nos parezca. El Señor disciplina y corrige porque nos está dando corporativamente la forma de Cristo; está formando a Cristo en la iglesia de cada localidad. Por eso nuestros sectarismos, maniobras y otras cosas, no quedarán sin su respectivo martillazo.


La forma que Dios está dando a la Iglesia es la de Su propio Hijo, y no quedará satisfecho con menos. Él está configurándonos a la imagen de Su Hijo Jesucristo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos7; de manera que todo lo que en nosotros no representa fielmente el sentir de Cristo, expreso en el espíritu de Su Palabra, va a ser martillado, porque toda deformación debe acomodarse a Cristo y a la Biblia. Todo lo sobrante será martillado, porque el martillo de Dios es el que nos baja los humos y es el que coloca a cada cosa en su respectivo nivel. Es importante que sepamos que Dios está trabajando en serio; a veces tomamos las cosas como en juego. A veces consideramos más serias las cosas del mundo que las del Señor y de la Iglesia. Pero el Padre sí conoce cuáles son sus negocios y cuál es la suprema importancia de ellos. Mas como somos ligeros e informales, entonces necesitamos de su martillo. Dios sí sabe lo que verdaderamente quiere, y es necesario que nos lo enseñe, así sea usando la Palabra que golpea. Dios está edificando su propia casa; un templo para morada de Su plenitud en Espíritu, Su propio porte, Su propia imagen corporativa en la Iglesia.


Cuando los hijos de Dios somos unos bebecitos, nos sentimos como jugando, como en vacaciones; intentamos hacer las cosas que nos gustan y como nos parece. Hacemos o dejamos de hacer según nuestro gusto y gana; nos acercamos o nos alejamos conforme a nuestras emociones; pero llega un momento en que el Señor nos dice con un serio cariño: Hijito, se acabó el tiempo de recreo; ahora requiero soldados valientes y disciplinados. Porque les amo y quiero hacer un trabajo serio con ustedes, se acabó el recreo. Dios quiere que Su semejanza aparezca en nosotros. Por esa razón Moisés salmodiaba, diciendo: ‟Aparezca en tus siervos tu obra” (Salmos 90:16a); y David dice: ‟Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (Sal. 17:15b). La semejanza, pues, de Dios revelada en Cristo, debe aparecer en la Iglesia, para lo cual no faltará el martillo de Dios. Todo nos acontece con la intención de configurarnos a la imagen de Cristo y a la Palabra de Dios, puesto que Cristo es el Verbo de Dios.

Las partes del candelero y la tipología


En la Palabra encontramos que el candelero, no obstante constituir una sola pieza, tiene varias cosas, entre las cuales encontramos ‟su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y flores, serán de lo mismo”; es decir, todo de oro. Son diferentes cosas, pero son todas de Dios. ¿Qué representan el pie, la caña, las copas, las manzanas y las flores? Todo representa algún aspecto de Cristo en la Iglesia.


El pie
El pie es el que sostiene al candelero en su sitio, delimitando el lugar exacto en que fue colocado. No se puede poner el candelero en cualquier sitio; debe estar allí donde Dios determinó que esté. El pie fija al candelero en su lugar exacto. Por una parte, Jesucristo es el fundamento de la Iglesia; por otra parte, la Iglesia, según la Palabra de Dios, pertenece a su respectiva localidad; es la iglesia del Señor en esa localidad respectiva.

La caña

La caña es como la espina dorsal del candelero, la que determina su medida, la que lo mantiene en equilibrio al sostener sus brazos de uno y otro lado. El pie y la caña, con las demás partes del candelero, son una sola pieza. La caña es la medida de Cristo. La Iglesia no debe serle inferior. Cristo debe plantarse en plenitud en cada localidad a través de la iglesia de la respectiva localidad. Caña y pie del candelero determinan su medida y su sitio. La iglesia está en Cristo y en su respectiva localidad, como está escrito: ‟...todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos...”8, o en Cristo Jesús..., en Efeso, etcétera. A veces descuidamos el pie del candelero; pero no tenemos derecho a poner otro fundamento ni a fundar iglesias que no sean estrictamente locales; es decir, en el sitio exacto de su instalación por Dios: la ciudad, el municipio, la población, aldea o localidad.


En cada localidad sólo debe haber un candelero. No hay varios candeleros en una sola localidad, ni candeleros con el pie en varias localidades. El sitio escogido por Dios para poner el pie del candelero es la localidad: Efeso, Esmirna, Pérgamo, etcétera. Cristo debe formarse corporativamente en la iglesia de cada localidad; ese es el sitio específico donde colocar el candelero, el pie suyo. A veces algunos piensan que en vez de pie, un candelero podría tener un trípode, con un pie en Jerusalén, otro en Antioquía y otro en Pérgamo o en Laodicea. Algunas denominaciones, por ejemplo, pretenden ser una ‟iglesia” nacional, o provincial, o distrital, a la vez que no son una sola pieza con otros brazos en cada localidad respectiva. Eso es un monstruo. No es el candelero de Dios. Pero la Biblia habla de un candelero en Efeso, otro en Esmirna, otro en Pérgamo, otro en Tiatira, otro en Sardis, otro en Filadelfia, otro en Laodicea. ¿Cuál es el sitio exacto para poner el pie del candelero? Efeso sí es la iglesia en Efeso, no más ni menos; Esmirna sí es la iglesia en Esmirna, no más ni menos, etcétera. Nunca debe haber un candelero que pise más de una localidad. Tampoco debe haber dos candeleros que pisen en una misma localidad. Puesto que la Iglesia es una sola, no debe aparecer en cada localidad sino una sola iglesia local que incluya a todos los hijos de Dios en esa localidad. En la Biblia claramente encontramos una iglesia en Efeso, una iglesia en Esmirna, una iglesia en Jerusalén, una iglesia en Antioquía, una iglesia en Corinto, una iglesia en Cencrea, etcétera. Dios ha delimitado el lugar donde debe ponerse el pie del candelero; Dios ha establecido un solo fundamento para la Iglesia, el cual es Jesucristo, y una sola jurisdicción para esa iglesia local: su respectiva localidad. He allí el pie del candelero.


Cualquier organización religiosa humana que no tenga a Jesucristo como fundamento ni a su localidad como límite de jurisdicción que incluye en una sola iglesia a todos los hijos de Dios del lugar, no es una iglesia bíblica; no es un candelero de Dios. Si la autoridad y la jurisdicción no son las de Dios, no tenemos allí iglesia conforme a las Sagradas Escrituras. Una vez que Dios ha establecido el fundamento y la jurisdicción, el pie del candelero, éste queda establecido y no puede cambiar. Ningún candelero debe tener más de un pie, ni ningún sitio debe tener más de un candelero. No hay localidad para varios candeleros, ni candelero para varias localidades. Esto debe entenderse bien puesto que Dios está edificando a la Iglesia conforme a Sus propios planes y no parará mientes en cuanto a toda revolución que sea necesario hacer a golpe de Su martillo. El que comenzó, también terminará Su casa según el deseo de Su corazón expreso en las Sagradas Escrituras.

Los brazos
La caña es la que mantiene el equilibrio, y es de donde salen los brazos del candelero. El candelero tiene varios brazos, aunque es todo de una sola pieza. Seis es el número de los brazos; número de hombre. Seis es el número de la humanidad. Dios hizo al hombre en el sexto día. Pero las lamparillas son siete, pues una está sobre la caña central; lo cual significa que lo que completa al hombre, lo que lo realiza y le da su sentido pleno, es Cristo, la caña central, la medida del Varón perfecto. Cristo es quien sostiene a la humanidad y le da su completación. El número seis es el número de hombre, por lo cual, en varios pasajes de la Escritura, cuando Cristo es representado en Su perfecta humanidad, es representado también usándose el número seis, puesto que el Verbo se hizo hombre. A veces aparece el número siete para representar la completación de la obra de Dios con Sus criaturas. El 7 es 3 más 4; es decir, la Deidad operando en la creación. A veces aparece el número 6 combinado con el 7: el 42, por ejemplo. 42 fueron las jornadas en el desierto, 42 las generaciones de la genealogía mesiánica. 7 por 6, 42, puesto que Dios completa en 42 Su obra entre los hombres. Su obra, 7, entre los hombres, 6 = 42. A veces el 6 aparece mezclado con el 3. Cristo, pues, además de ser el Verbo Divino, es también un hombre, el Varón perfecto. Entonces el número seis (6) representa en Cristo a la humanidad. Resulta, pues, notorio que el Cristo corporativo que aparece en la Iglesia (1 Co. 12:12) y que es representado por el candelero, tenga precisamente seis brazos.


Cristo desea formarse en toda clase de hombres, de todas las tribus, pueblos, lenguas, razas y naciones9. En cada localidad debe aparecer el Varón perfecto a través de los distintos brazos del candelero. Algunos brazos están muy a la derecha, y otros muy a la izquierda, pero todos se unen y guardan su equilibrio en la caña central, en la medida de la estatura de Cristo en Su plenitud. En la Iglesia se manifiestan los diversos aspectos de Cristo a través de toda clase de hombres y mujeres en Cristo, sin importar su raza, nación, clase, nivel cultural, sexo, etcétera. Toda clase de hombres es incorporada a Cristo; de ahí el número seis de los brazos del candelero. La izquierda y la derecha encuentran su equilibrio en Cristo, como aparece claramente en Mateo el publicano, a la derecha, y Simón el zelote, a la izquierda. En la iglesia, siendo una sola en la localidad, vemos, sin embargo, distintos brazos, toda clase de hermanos, de diferentes trasfondos, distintas razas, nacionalidades, sexos, clases sociales, niveles culturales, diversos dones, diversos ministerios, diversas operaciones, pero todos los brazos del candelero forman una sola pieza a través de la caña central. Los hermanos que tienden mucho a la derecha, como los que se inclinan por la llamada ‟teología de la prosperidad”, y los hermanos que tienden mucho a la izquierda, como los que se inclinan por la llamada ‟teología de la liberación”, encuentran su equilibrio en Cristo Jesús mismo, la caña central, la medida del Varón perfecto, dentro de la misma iglesia en la misma localidad. Asimismo respecto de otros aspectos que presentan diferentes faces. En la comunión de la única iglesia en la localidad se complementan y equilibran mutuamente.


La caña es la que mantiene el equilibrio de los brazos y eso representa el equilibrio de la Iglesia en Cristo Jesús. La Iglesia debe tener un perfecto equilibrio. No podemos permitir que una iglesia pretenda ser solamente de ricos, o solamente de pobres. A veces los ricos no se sienten cómodos con los pobres, o los pobres no se sienten bien con los ricos. Los cultos no se sienten bien con los incultos, y los incultos no se sienten bien con los cultos. Los blancos muchas veces no se sienten bien con los negros y los negros no se sienten bien con los blancos. Los chinos no se sienten bien con los japoneses y los japoneses no se sienten bien con los chinos. Los nativos no se sienten bien con los extranjeros, y los extranjeros no se sienten bien con los nativos. Esto no debe ser así en la Iglesia. La iglesia de la localidad debe acoger a todos los hijos de Dios en unidad, comunión y complemento; sean ricos, pobres, blancos, negros, chinos, japoneses, mestizos, vikingos, pigmeos, cultos, incultos, hombres, mujeres, niños, ancianos, etc. En la Iglesia cabe toda clase de hijos de Dios, toda clase de dones espirituales, toda clase de ministerios, con tal que todos sean de Dios en Cristo. Por eso está el número 6 en la cantidad de brazos del candelero; porque representa todos los aspectos de la humanidad en Cristo. Pero entiéndase bien, en Cristo, pues todos los brazos son también de oro.

Las copas
‟Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero; y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores” (vv.33-34).


Estas copas no son de vino, sino flores, copas de flor de almendro, corolas. De la corola es de donde salen los pétalos de flor de almendro, pues las flores del candelero son de almendro. ¿Qué representan en la Biblia las flores de almendro con sus respectivas copas? Recordemos la ocasión cuando la autoridad que Dios había dado a Aarón fue puesta en tela de juicio por otros del pueblo de Dios. Ellos protestaban porque Aarón estaba sobre ellos, y ellos pretendían ocupar el mismo lugar de Aarón; entonces se llenó el ambiente de murmuraciones y habladurías, comparaciones y pretensiones, de modo que el Señor tuvo que vindicar a Su escogido10. Él vindicó a Su autoridad delegada, por medio del florecimiento de su vara de almendro, mientras que la vara de los demás no floreció durante la noche en la presencia de Dios. Cada uno había traído su vara seca, representando nuestra condición natural, seca y muerta; pues, ¿qué tenemos nosotros mismos? Nada. Somos en lo natural como una mera vara seca. Y una vara seca, ¿cómo va a brotar flores por sí misma? ¿Qué podemos pretender nosotros mismos a menos que el Señor soberanamente intervenga y nos dé vida?


Una vara seca es algo muerto; si da flores es porque la vida de resurrección le ha dado vida, de lo contrario se queda muerta. Si una vara seca florece es porque operó en ella la savia de la vida, la resurrección, la intervención soberana de Dios en gracia para apresurar su obra. Precisamente a Jeremías le mostró Dios una vara de almendro significando su intervención para apresurar su Palabra y ponerla por obra; es decir, la operación de Dios por la energía de Dios, la resurrección (Jeremías 1:11,12). Cuando Jacob envió por medio de sus hijos un presente a José en Egipto con ocasión de la llevada de Benjamín, los presentes fueron bálsamo, miel, aromas, mirra, nueces y almendras11. José representa a Cristo que, aunque fue dado por muerto después de vendido por unas monedas de plata, apareció a la diestra del poder después de subir de la cisterna en que fue puesto. Bálsamo y miel son presentes para el camino, para el dolor y la debilidad. Aromas y mirra son fragancias para la muerte; pero nueces y almendras representan la resurrección. Cristo vivió como un varón de dolores (Isaías 53:3) y se alimentó de miel (Isaías 7:15) en su vivir humano, santificándose para santificarnos. Por eso para Él es el bálsamo y la miel. Pero también murió por nosotros, y por eso las aromas y la mirra; pero, puesto que resucitó, entonces nueces y almendras.


Las flores de almendro con sus copas y corolas representan, pues, la resurrección; la vida resurrecta de Cristo Jesús, de donde proviene la legítima autoridad espiritual. En tiempos de Aarón todos presentaron sus varas secas, Aarón igualmente; pero Dios había dicho: ‟Florecerá la vara del varón que yo escoja, y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros” (Núm. 17:5); es decir, que cuando hay discusión por causa del ministerio, el Señor señala a quiénes Él ha escogido, haciéndoles florecer su vara de almendro. ¿Cómo? Dándoles el fluir de vida en Cristo Jesús.


Puesto que todos estamos muertos por nosotros mismos, sólo la gracia de Dios hace fluir la vida de resurrección para que florezca la autoridad espiritual después de la noche de la prueba. Pasado el tiempo difícil y oscuro de la prueba, se verá realmente qué es lo que floreció, pues la vida y la verdad de Dios siempre prevalecerán. Si el asunto es meramente de hombres, se apagará, pero si es de Dios no lo podrán detener (Hechos 5:38,39). La autoridad espiritual en el Cuerpo de Cristo proviene de la resurrección, del fluir de vida en Cristo Jesús; y la vida tiene luz, la luz de la vida, la revelación. Sólo aquello que proviene de la resurrección tiene legítima autoridad espiritual en el Cuerpo de Cristo. A veces el hombre quiere introducir en la Iglesia cosas proveniente de lo viejo y de lo meramente natural, pero la Iglesia no debe admitir sino lo que proviene legítimamente de Dios. Esa es la razón por la cual todos los brazos del candelero, al igual que su caña central, están llenos de flores de almendro con sus copas; es decir, reverdecidos por la vida de resurrección en Cristo Jesús. Sólo lo proveniente del fluir de la vida nueva debe tener parte en el candelero, en la iglesia de cada localidad. El candelero está lleno por todas partes de copas y flores de almendro. ¿Cuántas son las flores de almendro? Son 22, pues en cada brazo había 3, y siendo seis brazos, por lo tanto son 6 por 3, igual 18, más 4 de la caña central, total 22. Asimismo 22 son las letras del alefato hebreo, significando completación de toda escritura, la plena vida de resurrección en Cristo dentro de la Iglesia. Tenemos también 7 por 3 igual 21; 3 veces 7 es la completación de Dios. Ocho (8) es después de 7, y es el número de la resurrección. 22 es después de 21; es decir, después de 3 veces 7. El 22 es, pues, como 8, la resurrección. El 3 es el número de Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Al tercer día resucitó Cristo. En cada brazo hay tres copas de flores de almendro; es decir, la resurrección. El domingo es el octavo día, y es el primer y nuevo día después de los 7 de la semana. El 8 es, pues, resurrección, lo mismo que el 22.


La Iglesia no es algo meramente natural. La Iglesia pertenece a la Nueva Creación que proviene de la resurrección. La Iglesia no es un conjunto de dispares y excluyentes organizaciones muertas, sino el organismo vivo del Dios vivo que fluye por sus pámpanos mediante el Espíritu de vida. La Iglesia no es de este mundo, sino la obra maestra de Dios en lugares celestiales ante principados y potestades (Efesios 3:10). La Iglesia es una creación nueva. Todo lo referente a la Iglesia debe provenir de la resurrección. Dios se hace cargo de todo lo que proviene de lo viejo y de lo meramente natural, mediante Su martillo labrador. Todo lo que en los santos pertenece a la naturaleza carnal, adámica, será martillado y purificado por Dios; será cortado. Siempre llega el momento para cada uno de nosotros en que lo que no proviene del Espíritu en resurrección, será señalado y tratado por Dios. Las cosas naturales, las ideas naturales, los planes naturales, los estatutos naturales, todo lo que no proviene de la resurrección, será corregido por Dios. Cuántas veces hemos querido introducir en la Iglesia cosas y planes naturales, meramente humanos, arreglos, estatutos, intereses sólo del hombre, sin poner la mira verdaderamente en las cosas de Dios.


Por eso todo el candelero debe ser de oro puro, de una sola pieza y con flores de almendro de la resurrección; la plena y rebosante resurrección. De ahí el número 22 después del 21, que es pleno; entonces el 22 rebosante; es el deseo de Dios para cada iglesia local. La resurrección es lo que Dios quiere que aparezca en la Iglesia; primero por el Espíritu como arras, y más tarde también en nuestros cuerpos mortales en la glorificación. Participamos de la mesa del Señor para alimentar el cuerpo de resurrección. En la caña central lleva cuatro flores de almendro, puesto que el 4 es el número de la creación. Dios se representa por el 3, y después de Dios viene la creación; después del 3 viene el 4, por eso hay 4 flores en la caña central, representando la nueva creación, la liberación del resto de la creación con la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Romanos 8:21). En el candelero, pues, en la Iglesia, tenemos la plena incorporación del Dios Trino gracias al Espíritu por la resurrección de Cristo.

Manzanas y flores
Hemos visto lo que representan las flores o copas de almendro: la vida de resurrección. En la Biblia las flores en general representan la vida. El candelero adornado de flores representa a la Iglesia resumante de vida, la belleza del Señor. Las manzanas son el fruto del manzano, y el manzano es Cristo.


‟3Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes; bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar. 4Me llevó a la casa del banquete, y su bandera sobre mí fue amor. 5Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas; porque estoy enferma de amor” (Cantares 2:3-5).


En este pasaje habla la amada del Amado, la esposa del Esposo, el alma del creyente de la Iglesia y su Salvador. El Amado es Cristo, y Él es el manzano. En el poema inspirado, la sulamita representa a la Iglesia, y Salomón, el hijo de David, a Jesucristo. Salomón, como el hijo de David, fue el edificador del templo, pues Dios había dicho del hijo de David que él le edificaría casa a Dios. Cristo es el verdadero Hijo de David tipificado en Salomón. Salomón significa ‟pacífico”, y Jesucristo es el Rey de paz. Ahora bien, si Cristo es representado por el manzano, entonces las manzanas que brotan desde su savia, como fruto del manzano representan el fruto del Espíritu. La savia del manzano es el Espíritu de vida en Cristo Jesús, quien es el que produce las manzanas, el fruto del Espíritu. En el candelero las manzanas son 9; una en cada brazo, y tres en la caña central; y puesto que los brazos son 6, entonces 3 más 6 = 9. Las nueve manzanas representan el fruto del Espíritu: 1. Amor, 2. Gozo, 3. Paz, 4. Paciencia, 5. Benignidad, 6. Bondad, 7. Fe, 8. Mansedumbre, y 9. Templanza (Gálatas 5:22,23).


La esposa, como leíamos en Cantares 2:5, pide ser sustentada, sostenida con pasas y manzanas. Las pasas son las uvas conservadas. Las uvas también representan el fruto del Espíritu, puesto que son fruto de la vid, la cual es Cristo (Juan 15:1). Las uvas ya pasas, representan el fruto del Espíritu mantenido por largo tiempo, pero no es algo permanente en nosotros; pero cuando se logra la madurez, el fruto se conserva, se mantiene, por lo cual está representado por las pasas. Jesucristo dijo que Él es la vid y nosotros los pámpanos. Las pasas representan el fruto recogido y conservado por largo tiempo. Lo que sustenta a la Iglesia es el fruto conservado y permanente. La Iglesia difícilmente se sustenta con los fracasos. Los fracasos más bien causan tropiezo, pero el fruto mantenido, las pasas, sí sustentan, al igual que las manzanas, fruto de Cristo. En el candelero son precisamente las manzanas de la caña las que sustentan a los brazos y los mantienen unidos como una sola pieza.


‟32Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado. 33Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero” (Éxodo 25:32-33).


Esto representa el equilibrio de la Iglesia. Vinos que en el Cuerpo de Cristo hay personas de toda clase de procedencia, y que además en la Iglesia tienen diferentes funciones; sin embargo, todos, a pesar de la diversidad en muchos aspectos, son perfectamente coordinados por un mismo Espíritu, el Espíritu de Cristo. Todo en el candelero es resurrección. El 3, como lo hemos explicado, es el número de Dios y de la resurrección. La perfección de la vida apareciendo en cada brazo del candelero y manteniendo los diversos brazos unidos en el candelero, como una sola pieza. De la mismísima Trinidad provienen las obras de resurrección en la Iglesia. Del Padre provienen diversas operaciones; del Hijo diversos ministerios, y del Espíritu Santo diversos dones (1 Corintios 12:4-6); sin embargo, Dios es uno, el Señor es uno y el Espíritu uno. El Padre opera por Cristo (Juan 14:10; 5:36; 9:4; 10:25,32), quien constituye el ministerio (Efesios 4:11), repartiendo el Espíritu a cada uno como Él quiere (1 Corintios 12:11). El Dios Trino se dispensa en la Iglesia. El Hijo es el coordinador (Efesios 2:21) que mediante el fruto del Espíritu mantiene a la Iglesia en cohesión y equilibrio. Por eso cada brazo del candelero tiene copas de flor de almendro, una manzana y una flor, mostrando que está vivo con la vida de resurrección, a la vez que está unido a todo el candelero por las manzanas de la caña central. Aunque la Iglesia realiza diferentes trabajos, pues los miembros tienen diferentes funciones y cada miembro tiene su actividad propia, no obstante, por venir todo del Espíritu de vida en resurrección, está estrechamente unido y profundamente coordinado como la manifestación de la vida misma, del Espíritu mismo. La plenitud de las funciones provenientes de las multiformes riquezas de la gracia de Dios en Cristo, se hallan todas en la Iglesia.


‟34...y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores”
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La caña del candelero es su columna sustentaria, el Cristo resurrecto que libera a Su creación de la esclavitud de corrupción y muerte, sosteniéndola en novedad de vida. Juntos, la caña y los seis brazos, Cristo en la Iglesia, portan las siete lamparillas para la plena luz. Cristo es la luz (Juan 8:12), y asimismo la Iglesia (Mateo 5:14). Los brazos sin la caña serían solamente seis, pero con la caña son siete, el número de completación, puesto que lo que completa y realiza al hombre es Cristo. Cristo en la Iglesia es la luz del mundo. Por eso son siete las lamparillas. El hombre no es completo en sí mismo; necesita ser sostenido y completado por Cristo. El Nuevo Hombre, que es la Iglesia, tiene su sustento y realización en Cristo.


‟35Habrá una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los seis brazos que salen del candelero”.


Los brazos que van a diferentes lados se unen con el candelero como una sola pieza gracias a las manzanas de la caña central. Las manzanas del amor, la paz, la paciencia, hacen que la relación de comunión entre las diversas partes del Cuerpo mantengan la unidad del Espíritu en la Iglesia. Las manzanas, al representar el fruto del Espíritu de vida en Cristo Jesús, representan también el medio de la comunión en el Cuerpo de Cristo, puesto que la comunión legítima del Cuerpo es la comunión del Espíritu Santo. Esta comunión significa un tipo de relaciones ungidas, delicadas, oportunas; por eso dice también la Palabra en Proverbios 25:11: ‟Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene”. Los brazos del candelero se relacionan entre sí a través de las manzanas. Y la Palabra dicha como conviene es resultado del fruto del Espíritu. La Palabra dicha como conviene implica el amor, la templanza, la verdad, la paciencia, el equilibrio, la justicia. La Palabra dicha como conviene a veces consuela, a veces amonesta con propiedad; siempre restaura, siempre edifica. Eso representan, pues, las manzanas. En Proverbios dice que tal manzana tiene figuras de plata. La plata representa la redención; y las figuras de plata representan el trabajo de la redención. De modo que si las manzanas de oro son el fruto del Espíritu, obviamente llevan en sí el trabajo de la redención; es decir, son manzanas de oro con figuras de plata, como lo dice Proverbios. Dios nos da Su naturaleza y realiza en nosotros un trabajo acabado de plena redención. En el candelero mismo de Éxodo 25 no aparece la plata; sin embargo, lo que ésta significa en Proverbios sí aparece, puesto que la Palabra dicha como conviene, lo cual es las relaciones en la comunión del Espíritu, están representadas en la unión de los brazos por las manzanas de la caña central.


Decir la Palabra como conviene significa expresar a Cristo en nuestras relaciones. Para eso necesitamos la obra de la redención. El Señor está labrando Su candelero a martillo, como una incorporación de Sí mismo en Su pueblo, en Sus relaciones corporativas. La Palabra dicha como conviene implica también la formación del carácter de Cristo en la persona. El carácter de Cristo es el que hace que en la Iglesia se mantenga la cohesión, la coordinación y la unidad. Si los diversos brazos del candelero no se mantienen unidos mediante el Espíritu que nos da la Palabra como conviene, entonces cada uno se iría por su propio lado, y el candelero no sería de una sola pieza tal como Dios lo quiere, sino que serían pedazos dispersos e incompletos que no son útiles para llevar la plena luz de Dios.


Por eso es que la división del pueblo del Señor es condenada por la Palabra de Dios, ya que descuartiza el Cuerpo, no permitiendo que la plena luz de Dios sea dada coordinadamente. Eso hace que el mundo no entienda, ni vea, ni crea. La dispersión hace que cada cual tenga sus pocas cosas por su lado, pero es incompleto y desequilibrado en otras cosas. Solamente la unidad y la coordinación permiten la plena luz y el equilibrio. A veces los hermanos no dicen las cosas como conviene, y si dicen lo que no conviene, hay el peligro que se abran las puertas de la división de la Iglesia. Para que la Iglesia se mantenga como un candelero de una sola pieza en cada localidad, es necesario que todo sea de Dios, que cada uno renuncie a sus propios intereses particulares, que se hable como conviene, en Cristo, conforme al carácter de Cristo. Que El se forme en nuestras relaciones de modo que podamos conservar el equilibrio y la unidad y la plenitud de la luz. Todo esto solamente es fruto del Espíritu. De manera que todo lo relacionado a la vida en el Espíritu es fundamental para la Iglesia. El equilibrio implica aceptar el aporte de los distintos miembros del Cuerpo y de los diferentes ministerios, una vez que sean realmente de oro, de Dios. Nos necesitamos todos en el Señor mutuamente, pero a la vez debe martillarse todo lo extraño y deforme. Si Cristo se forma en nuestras relaciones, la Iglesia podrá mantener su equilibrio. Si no andamos en el Espíritu ni en la vida de resurrección, se perderá el equilibrio y se romperá la unidad manifiesta. La dispersión produce desequilibrio, exageraciones, fanatismo, discordancia, rivalidad. Todo eso se verá en el pueblo de Dios si no se está en el Espíritu.


‟36Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro”.


Este verso lo mencionamos con respecto a la unidad. Para el Señor no están completos sólo los brazos de la derecha ni sólo los brazos de la izquierda. Tampoco son completos los adornos separados del contexto entero del candelero. Dios requiere la plenitud de los aspectos. Por eso la iglesia de la localidad no debe dividirse por doctrinas menores. En ella cabe toda clase de hijos legítimos de Dios. Decíamos que el número seis en sus brazos representa a toda la humanidad; es decir, a toda clase de hombres y mujeres regenerados en Cristo Jesús. El martillo de Dios se encarga de labrar como una sola pieza de oro puro al candelero.

Las lamparillas

‟37Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante”.


Son siete lamparillas. El siete en la Biblia es el número de completación, de plenitud. Dios completa Su obra en siete. Por ejemplo: 7 sellos, 7 trompetas, 7 copas, 7 plagas; asimismo 7 estrellas, 7 candeleros, etcétera. El siete es número de Dios, que representa plenitud. Ahora bien, se nos dice ‟siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante”. Las lamparillas en la Biblia representan el espíritu del hombre, donde el Espíritu de Dios mora y alumbra. Proverbios 20:27, dice: ‟Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón”. Que el candelero tenga siete lamparillas, significa que la luz séptuple de Cristo debe alumbrar en la Iglesia, la cual, para facilitarlo, debe vivir en el Espíritu. Debemos aprender a distinguir lo que es del Espíritu de lo que es de la carne, de lo que es meramente del alma humana o de nuestra sola personalidad. También lo que es del mundo o del diablo debe ser bien diferenciado por la Iglesia. Lo que alumbra en el candelero son las lamparillas. La plenitud séptuple de las lamparillas significa que todos los hermanos en la Iglesia deben estar en el Espíritu, de manera que sea la luz de Dios la que verdaderamente alumbre. ‟Las cuales encenderás”; es decir, que el aceite divino, el aceite para el alumbrado, el Espíritu Santo, debe encender nuestros espíritus humanos y hacerlos fervientes y sensibles. Por eso no debemos permitir que nuestro espíritu humano se apague, ni debemos contristar al Espíritu Santo (1 Tes. 5:19; Efesios 4:30). El espíritu humano debe ser encendido por el Espíritu divino. Es el Espíritu de Dios el que da testimonio a nuestro espíritu humano de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16). El Espíritu de Dios debe guiarnos desde nuestro espíritu humano conforme a la Palabra de Dios.


Para la vida de la Iglesia es fundamental todo lo relativo a la vida en el Espíritu, al espíritu del hombre, al mover de Dios en el espíritu humano. Si no comprendemos lo que es del Espíritu, y si no andamos conforme al Espíritu, habrá problemas en la Iglesia. No debemos descuidar el andar en el Espíritu de Cristo, conforme a Su mover en nuestro espíritu humano, según la Palabra viva de Dios desde las Escrituras iluminadas. No podemos seguir andando conforme a nuestras ocurrencias, según nuestra gana, conforme a nuestras meras emociones, o a nuestra propia luz. A veces los santos no distinguen siquiera doctrinalmente, menos experimentalmente, lo que es del espíritu. A veces algunos no distinguen lo que es del espíritu de lo que es del ego. A veces se falla en discernir lo que es meramente emoción o pensamiento sin espíritu. La Iglesia debe ser alimentada con la Palabra viva desde el espíritu humano con el Espíritu divino, pues lo que vivifica es el Espíritu. Las Palabras de Cristo son espíritu y vida, y así deben ser transmitidas a la Iglesia. Eso es lo que representan las siete lamparillas en el candelero. El Señor Jesús dijo: ‟Vosotros sois la luz; una lámpara, un candelero, la luz no se pone debajo del almud sino de tal modo que alumbre a todos en la casa”. Primero el Señor había dicho que Él era la luz, pero ahora dice a los suyos que ellos, la Iglesia, son la luz del mundo. Dios ha puesto, pues, Su Espíritu en nuestro espíritu, por medio de la fe en Jesucristo.


‟14Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).


Como alumbra la luz sobre el candelero, así debe alumbrar nuestra luz delante de los hombres para la gloria de Dios. La intención de Dios es que la Iglesia, diseñada como el candelero de Dios en cada localidad, sea la portadora de la luz. La luz está, pues, en la Iglesia. El mundo tiene que ver la luz de Dios en la Iglesia, en la comunión de la Iglesia, en el servicio de la Iglesia, en el testimonio de la Iglesia. No se pone la luz debajo del almud, sino sobre el candelero. ¿En dónde debe hallarse la luz? En la Iglesia. ¿En cuál Iglesia? Pues en la iglesia de cada localidad, en la comunión de todos los santos en Cristo Jesús que están en nuestra polis o ciudad, o municipio, o aldea; es decir, en nuestra localidad. Una sola es la iglesia de cada localidad, y abarca a todos los legítimos hijos de Dios, los cuales, como un candelero de una sola pieza, deben dar testimonio de la luz de Cristo siendo Su Cuerpo el único vehículo por medio del cual Su Espíritu se canaliza. En donde realmente está la Iglesia, allí se pone la luz. La plenitud de las lamparillas encendidas está sobre la caña central y sus brazos a lado y lado como una sola pieza. La plenitud de la vida en Espíritu, se debe hallar en la Iglesia. Allí aparece la luz del Señor, que hace que la Iglesia sea en Él la luz del mundo. Entonces el mundo podrá creer y ver. La Iglesia es responsable ante Dios y ante el mundo.

Las despabiladeras

‟38También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro”.


Las despabiladeras son aquellos instrumentos con los que se cortan los pabilos que humean cuando la mecha está sin aceite. Para que la mecha o pabilo de la lamparilla no eche humo es necesario que esté empapada de aceite, y que se le corten las partes que por secas se quemaron y humearon. Cuando no estamos en el Espíritu, estamos secos, y es cuando humeamos oscureciendo el ambiente y enrareciendo el aire. Cuando eso ocurre, es necesario que, sin apagar el pábilo, con las despabiladeras se corte la parte que humea, además de añadir aceite a la lamparilla. Esa es tarea del sacerdote, y es lo que hace Cristo con cada uno de nosotros y con la Iglesia como una unidad. Las despabiladeras representan, pues, ese tratamiento cuidadoso y misericordioso de Dios con Su pueblo y con nuestro espíritu. El Señor entrena nuestro espíritu para hacerlo sensible y brillante. Pero para eso debe cortar la parte seca, quemada e inútil, que humea oscureciendo y enrareciendo.


Mucho me consoló el Señor cuando una vez, desalentado por causa de mí mismo, me habló a través de Mateo 12:17-21. Me sentía desanimado por causa de tanta falla, de tal manera que hasta llegué a pensar que el Señor ya no quería nada conmigo. Mis fracasos y mis errores me impedían tener ánimo para servirle. Pero el Señor me consoló diciéndome que El no apagaba el pabilo que humeare. Que por más que yo pensara que ya no podía más, Él, sin embargo, no me desecharía, no me apagaría, no terminaría conmigo. En cuanto a Él, no apagaría el pábilo que humeare. Entonces me llenó de confianza y me restauró. Aunque a veces pensamos que ya hemos llegado al final, y que ya no podemos seguir alumbrando más, y pensamos que el Señor nos va a desechar por reprobados, Él, sin embargo, como fiel Sumo Sacerdote, añade aceite a la lamparilla y corta con las despabiladeras sin apagar el pábilo que humea.


‟17Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías12, cuando dijo: 18He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio. 19No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz. 20La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. 21Y en su nombre esperarán los gentiles” (Mateo 12:17-21).


La caña cascada es aquella que está rajada, como por partirse. El no la quebrará. Nosotros los hombres decimos: éste ya se quebró del todo; con éste no hay ya más esperanza. Si apenas está cascada la caña, nosotros los humanos la acabamos de partir. Cuando alguno resbala no lo dejamos levantarse sino que lo hundimos más, pero el Señor no es así con nosotros, sino que El no quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humea. El más bien alargará Su misericordia con esperanza y longanimidad. El Señor sí se atreve a contar con aquellos con los que el hombre ya no cuenta. El Señor quitará el sobrante seco y muerto, quemado, y añadirá aceite para renovar el pábilo, despertando nuestro espíritu y restaurándonos. Cuando Su pueblo estaba vencido en Babilonia, el Señor despertó el espíritu de Zorobabel y de otros con él y los restauró de nuevo a su tierra y a su casa. Eso es lo que representan las despabiladeras de oro. El trabajo sacerdotal de Cristo como Sumo Sacerdote, el Hijo del Hombre en medio de los candeleros, es precisamente tratar con sus iglesias locales, renovándolas.


En Apocalipsis, el Hijo del Hombre se mueve entre los candeleros, paseándose entre las iglesias locales, observando cómo está su luz, su aceite, sus pábilos. En Sus mensajes a las siete iglesias, por una parte amonesta cortando con las despabiladeras, y por otra parte anima añadiendo aceite, encendiendo los espíritus. ¡Cuán bueno es el Señor, aleluya! Aunque a veces sentimos que estamos quebrados, o cascados, El no nos termina de quebrar. A quienes el diablo ha cascado, Jesucristo no quiebra. La caña cascada no quebrará, ni apagará el pábilo que humea, hasta que saque a victoria la justicia. Este ‟hasta” de Dios es precioso. Hasta que saque a victoria la justicia. Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, ha tomado sobre Sus hombros ese trabajo. Por eso se nos dice en la epístola a los Hebreos 8:1: ‟Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos”, que lo tenemos a nuestro favor y que se muestra compasivo con los ignorantes y extraviados; ahora está intercediendo por nosotros. Claro está que despabilar significa cortar, pero gracias a Dios, no apagar; por el contrario, se corta para facilitar que el pábilo alumbre sin obstáculos. Cuando se nos pide que no apaguemos el Espíritu, es porque cuando no andamos en Él, estamos dispuestos a deslizarnos, pues la carne es siempre débil. Sin aceite nos secaremos y entonces humearemos oscureciéndolo todo y enrareciendo el ambiente. Si hubiéramos estado en el Espíritu, no nos habrían acontecido tales fracasos. Pero ahora que hemos sido perdonados, limpiados y renovados por medio del aceite de Su Espíritu, alumbremos en la Iglesia, que es el candelero delante del mundo en la presencia de Dios. El pabilo ha sido restaurado por el trabajo del que intercede por nosotros.

Los platillos de oro
Junto con las despabiladeras se mencionan también los platillos de oro. Cuando se corta el pabilo que humea para restaurarlo, la parte cortada no se deja en cualquier parte, pues para eso están los platillos. Tales platillos también son de oro y representan la delicadeza del Señor al tratar con nuestros problemas en la Iglesia. No se permitía que los restos de basura estuvieran circulando por cualquier parte, sino que debían caer delicadamente en los platillos. Esa es la razón por la que dice en Gálatas 6:1: ‟Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”. Con cuánto cariño y misericordia el Señor trata las cosas. Para eso son los platillos. Gálatas nos muestra en ese pasaje el trabajo misericordioso, cariñoso, comprensivo y a la vez cortante, con fidelidad para sanar. La basura no debe alimentar el chisme. Por eso dice también el Señor: ‟Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez” (Apocalipsis 3:18). La intención de Dios no es avergonzarnos sino vestirnos. He allí los santos platillos del candelero.

La medida de peso

‟39De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios”.


El candelero debe ser hecho con la medida exacta de peso material. No puede ser menor la medida, ni mayor, sino la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13; 3:18). La Iglesia es el misterio del Cristo corporativo (1 Corintios 12:12; Efesios 3:4-6). No se puede hacer el candelero con tres talentos, porque nadie puede superar a Cristo; pero tampoco debe hacerse con medio talento, pues la intención de Dios es llenar con Su plenitud en Cristo a la Iglesia. Un talento es la medida exacta de material de oro. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento existen las medidas llamadas ‟talento”. Como estamos desglosando la Palabra en Éxodo, tomamos entonces el talento del Antiguo Testamento. En la tabla de pesos y medidas nos damos cuenta que un talento equivale a casi 34 kilos; es decir, cerca de 33.5 kilos. Tal número representa la humanidad perfecta de Cristo. En el Antiguo testamento la mayoría de edad era a los treinta años, y apenas a tal edad se podía entrar plenamente en el ministerio (Números 4:3,23,30,35,38,43,47). Por esa razón el Señor comenzó su ministerio a la edad de treinta años (Lucas 3:23); y lo desarrolló por cerca de tres años y medio; por lo tanto, 33.5 representa la medida plena del Varón perfecto, la cual está representada por el talento del que debe hacerse el candelero de oro. La Iglesia, pues, se construye exclusivamente con el material de la naturaleza divina, hasta la medida de la estatura del Varón perfecto; con un talento, pues, de oro fino.

Conforme al modelo

“40Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte”.


Esto nos recuerda la solemne responsabilidad de hacer las cosas conforme a la voluntad perfecta de Dios. No podemos pretender edificar la Iglesia como a nosotros nos parece, según un diseño basado en nuestros intereses humanos, con material meramente natural. La Iglesia está destinada a ser el testimonio de Cristo en cada localidad, Su expresión, incorporación, formación, configuración. Sí, la configuración corporativa de Cristo en cada localidad. Por lo tanto ninguna cosa extraña a la naturaleza divina y al plano de la Palabra de Dios en las Sagradas Escrituras, podrá prevalecer. Desde ahora mismo debe ser juzgada por nosotros; de otra manera Dios mismo la juzgará. El martillo de Dios confirmará lo que es realmente del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en la Iglesia. El Señor no está contento con un nivel inferior. No podemos pretender presentar al Señor algo que El no querrá aprobar. El solamente estará contento con la formación de Cristo en la iglesia de cada localidad. Lo que Dios quiere es que Su Hijo aparezca en la Iglesia por el Espíritu, de modo que Su luz alumbre a través de la Iglesia. Muchas veces somos livianos con las cosas de Dios y nos atrevemos a jugar con ellas. Estamos centrados en nosotros mismos y aun las cosas de Dios las tomamos en función de nuestros propios intereses; y aunque quizá le dediquemos al Señor un pedacito de nuestro corazón, sin embargo, no percibimos que el negocio más importante del universo es el negocio del Padre.


El negocio del Padre es la incorporación de Su plenitud en la Iglesia, de modo a contenerse y expresarse corporativamente en Su gloria, habiendo tratado con Su enemigo. Esa es la explicación de Sus tratos en función de derribar y construir. Pidámosle a Dios que nos libere de la informalidad y la tibieza; de la liviandad. Que nos libre de superficialidad y que nos haga partícipes de Su obra más profunda. Que el Señor establezca en nosotros lo que es sólido y consistente, lo que es verdadero. Que realice en nosotros Su obra profunda, tanto en lo individual como en lo corporativo; y que aparezca Su obra delante del mundo para que éste crea y conozca que el Padre nos ha amado a nosotros, la Iglesia, también como a Su Hijo Jesucristo (Juan 17:23). Que la iglesia de cada localidad se encomiende sinceramente en Sus manos para que Él logre en ella lo que ha deseado en Su corazón desde antes de la fundación del mundo.


El candelero devuelto a su lugar


En Tesalónica se encontraba la iglesia. Si alguien viene a Usaquén, puede encontrar la iglesia en Usaquén. ¿Por qué hemos estado estudiando el tema relativo al candelero? Porque la iglesia en Usaquén está comenzando a asentarse, a establecerse en su posición normal, bíblica, de iglesia en la localidad; ya no se puede decir que en esta localidad no existe la iglesia. Hay muchos hermanos, pero el testimonio que ellos han estado dando no es el de ser la iglesia en Usaquén, sino que algunos dicen que son tal cosa, otros otra cosa, y los que dicen que son tal cosa, dicen que no son la otra, y los que son aquella cosa, no son ésta; de lo cual se deriva que son testimonios sectarios y divisivos los que se han estado dando, pero no se refieren al candelero mismo.


Cuando uno llegaba a Tesalónica encontraba la iglesia en Tesalónica, y si alguien viene a Usaquén, puede encontrar la iglesia en Usaquén, porque se está asentando; no importa si es grande, si es pequeña, si es nueva, si es antigua. Pero sí existe, y lo importante es que siga existiendo, porque se da el caso de que por la misma infidelidad de la iglesia, el candelero es quitado.


En la historia de la Iglesia varios candeleros fueron quitados. A Efeso le fue advertido que si no se arrepentía, su candelero sería quitado, y hemos visto que hoy en día la ciudad de Efeso, habiendo sido una ciudad cristiana, y nada menos que en un período centro de la obra en tiempos de Pablo, sin embargo, hoy es una ciudad musulmana, no cristiana, pues prevalecieron los musulmanes sobre los cristianos, en una ciudad donde estuvieron primero los cristianos. Sin duda hubo algún descuido y el candelero fue quitado. Existe, pues, el peligro de que un candelero pueda ser quitado, y es bueno entender que en donde la Palabra del Señor nos habla del misterio de los candeleros, de la iglesia en cada localidad, registra algunas narraciones de las vicisitudes del candelero.


Y hemos visto en Éxodo cómo es hecho el candelero, cómo es hecha la iglesia local, de qué material, en qué forma, con qué equilibrio es hecho. Ahora estudiaremos las posibilidades de que haya problemas, y en caso de haberlos, debemos sortearlos, y que de hecho este es el tiempo de salir del problema; es decir, no había candelero debiendo haberlo, y eso era porque había sido llevado fuera de su lugar.


Al estudiar la línea de la historia del candelero, vemos que esa historia no se refiere sólo al candelero; es también la historia de la casa de Dios y de otros utensilios de la casa de Dios, como es también la historia del pueblo de Dios en general. Pero estamos hablando del candelero, que es la iglesia de la localidad, debido a las circunstancias específicas de Usaquén. Pero cuando se estudia los pasajes relativos al candelero, vemos que los mismos sirven asimismo para tratar otros aspectos, porque en la historia de la Iglesia no sólo se ha perdido lo relativo al candelero, sino también otras cosas, y que al igual que el candelero, deben ser devueltas a su lugar, pues deben ser traídas y tratadas en su debido momento.

Aceite para las lámparas

“20Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas. 21En el tabernáculo de reunión, afuera del velo que está delante del testimonio, las pondrá en orden Aarón y sus hijos para que ardan delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Israel por sus generaciones” (Éx. 27:20-21).


El aceite sirve para que alumbren continuamente las lámparas, porque el candelero por sí solo no alumbra. Ese aceite debe venir del depósito, el cual contiene el aceite, lo pasa al candelero, y éste alumbra gracias a ese aceite. El Señor dice: ‛manda a los hijos del pueblo de Dios que traigan aceite para el candelero’; es decir, se necesita que el Espíritu de Dios se mueva continuamente en nuestros espíritus para que el candelero pueda alumbrar. El testimonio eran las tablas del pacto, las cuales reposaban dentro del arca en el Lugar Santísimo, en la parte más íntima del tabernáculo de reunión. Pero la parte más visible es afuera. Por ejemplo, el candelero es lo que se ve; desde el atrio se podía mirar, pero no se veía el arca, pues estaba ubicada dentro, detrás del velo. Asimismo la gente no ve al Señor directamente pero va a ver el candelero, a la iglesia. La iglesia se encuentra del velo para fuera, y el mundo ve lo que está del velo para fuera; el Señor sí ve lo que está adentro. Si la gente que está afuera mira, sólo va a ver el candelero, afuera, pero no puede ver el arca, adentro. Dios coloca al candelero del velo para fuera, pues tiene una colocación de parte de Dios, y no fue colocado en el Lugar Santísimo. Por eso el Señor dice:


“14Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).


Si el mundo no ve a la Iglesia, no ve que los santos son uno en Cristo y que sirven a Dios en comunión, no va a creer. Debido a eso el Señor oraba: ‟(ruego) para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste (Juan 17:21). Por una parte para que el mundo vea, y por la otra para que crea; es decir, que la función de la Iglesia es del velo para fuera, para que el mundo vea a la Iglesia; el mundo debe ver la vida de la Iglesia.


El sumo sacerdote Aarón simboliza a Cristo, Sumo Sacerdote, quien es el que pone en orden las lámparas; es el que se mueve, como lo hace en el capítulo primero de Apocalipsis, entre los siete candeleros. ‟Y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre” (Apocalipsis 1:13a); es decir, que el Señor se mueve entre las iglesias, y dondequiera que alguno esté echando humo, con las despabiladeras le quita la partecita seca de la mecha, sin aceite, y que por no tener aceite despide ese humo. Existe lo que se llama las despabiladeras, con unas tijeritas para quitar las partes que no tienen aceite. ¿Qué significa eso? Todo lo que en nosotros no esté ungido echa humo, oscurece todas las cosas y oscurece el aire. Por eso necesitamos estar empapados del Espíritu, para ser la luz del mundo. Se necesita de ese aceite para hacer arder continuamente las lámparas en el tabernáculo de reunión, afuera del velo que está delante del testimonio; para que ardan desde la tarde hasta la mañana. No cuando es de día, sino cuando es de noche; es decir, cuando se pone el sol de la tarde, y cuando sale el sol llega la mañana. Cuando el Señor, el sol de justicia, venga, no va a hacer falta que la Iglesia esté; es ahora, porque ahora es el tiempo de la Iglesia. Las personas pueden decir: Bueno, sí, tenemos que ser uno, y vivir la vida de la Iglesia; pero será cuando venga el Señor, cuando ya haya salido el sol, en el milenio; aquí seguimos divididos, no importa; total en el cielo vamos a ser uno.


Pero el interés del Señor es que seamos uno en la tierra. El candelero debe alumbrar mientras es de noche, y es ahora cuando el Señor quiere un candelero en cada localidad. El no quiere que ninguna localidad esté sin Su testimonio, pero el testimonio de Él está incorporado en la Iglesia, y la expresión válida, legítima del Cuerpo de Cristo es la iglesia en cada localidad. Esa es la que el Señor quiere que sea Su manifestación a esa localidad, la de Su luz, la de Su Espíritu, la de Su naturaleza, la de Su Palabra, la de Su gracia incorporada en la iglesia, en el candelero de esa localidad. Dios quiere que la Iglesia universal se encuentre en cada iglesia local, porque la iglesia local es la expresión del Cuerpo de Cristo. ¿La Iglesia universal está ahí porque los miembros de la iglesia local son unos, y los miembros de la Iglesia universal son otros? No. ¿Quiénes son los miembros de la Iglesia universal? Pues son los miembros de las iglesias locales; es decir, todos los que pertenecen a la Iglesia universal que están en una localidad, deben conformar la iglesia de esa localidad, y ser el candelero, y dar el testimonio correcto, el cual debe empezar a darse por los que empiezan a ver, no pretendiendo que ellos son todos, pero sí son la iglesia, y están ahí en nombre de la Iglesia, y están incluyendo a todos, aunque otros estén diciendo otra cosa. Alguien pregunta, ¿cuál es aquí la familia tal? Ahí está una niñita de la familia, pero no sabe qué es lo que pregunta ese hombre; pero los mayorcitos sí saben y responden, diciendo, ésta es la familia tal, e incluyen a la niña, aunque ella sola no se incluye, pero los otros sí lo hacen, pues ella también es de la familia. Ella no sabe lo que es familia, ni lo que es Iglesia, ni lo que es cuerpo, pero nació de papá y mamá, y es de la familia. Los santos de la localidad que saben que la iglesia en la localidad debe ser una, y que el deseo del Señor es dar testimonio como un candelero de gente que actúa, que trabaja en esa localidad ahora en este tiempo; no para el futuro. Dios quiere que sea ahora.


EN LEVÍTICOS Y NÚMEROS


El candelero y el servicio para el Señor


‟1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Manda a los hijos de Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para hacer arder las lámparas continuamente. 3Fuera del velo del testimonio, en el tabernáculo de reunión, las dispondrá Aarón desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová; es estatuto perpetuo por vuestras generaciones. 4Sobre el candelero limpio pondrá siempre en orden las lámparas delante de Jehová” (Levítico 24:1-4).


Aquí encontramos lo mismo pero con algunos detallitos complementarios; esa es la razón por la cual lo repite. Las olivas son las aceitunas, y deben ser machacadas, debido a que Cristo fue machacado para que pudiéramos recibir el Espíritu Santo. El candelero está en el tabernáculo; esto es muy interesante, porque el tabernáculo representa a la Iglesia en su aspecto universal, y el candelero la representa en su aspecto local, porque en la Biblia se habla en dos sentidos de la Iglesia: la universal, ‟y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mt. 16:18), y la local, ‟Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mt. 18:17). La epístola de Pablo a los Efesios nos habla de la doctrina de la Iglesia universal; la primera carta a los Corintios trata los problemas prácticos de la iglesia local; Colosenses habla del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y Hechos de los Apóstoles nos muestra la práctica de la Iglesia y de las iglesias locales, que son aspectos diferentes.


La cita de Levítico dice: ‟las dispondrá Aarón desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová”. Todo lo que la Iglesia hace, lo hace delante de Dios, no delante de los hombres; los hombres no van a querer que haya Iglesia, pero Dios quiere que la haya para estos hombres, y que estén delante de Él, y todo lo que la Iglesia hace, lo hace para el Señor. Si desde el principio no entendemos esa frase, “delante de Dios”, entonces vamos a hacer las cosas como para los hombres, y vamos a convertir la Iglesia en un negocio cualquiera, como una fuente de trabajo. Si me pagan hago esto, y si no me pagan no lo hago. Así es el mundo; se trabaja para una empresa si se recibe pago; pero aquí la empresa es del Señor; si le pagan o no le pagan, si le ayudan o no le ayudan, si le reconocen o no. El bien que cada uno hiciere, ese recibirá del Señor, porque todo se hace como dice: ‟Hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31b). Si la Iglesia entiende eso va a barrer para el Señor; no se dieron cuenta que barrieron y volvieron a ensuciar; no importa, lo va a hacer para el Señor. Todos los santos hacen algo. ¡Te puedes imaginar que en la iglesia se haga algo sólo cuando alguien lo reconozca, y pueda pagar! No, se hace para el Señor. Regala para el Señor, sirve para el Señor. El que puede dar algo material, lo da; el que no puede dar algo material sino un servicio material, un servicio espiritual o un servicio físico, que puede ser mecanografiar, transcribir una grabación. Alguien puede pensar: El hermano Gino no me paga por transcribir los casetes. Si pudiera le pagaba, contrataba a alguien que transcribiera los casetes. Pero si los hermanos dicen: Bueno, esto puede ser útil, vamos a hacerlo. Y lo hace para el Señor, y el Señor es quien le va a pagar.


El candelero está delante de Jehová. Todo lo que se hace en la Iglesia es ante el Señor. Si ese sentimiento no se mantiene, todo se corrompe y la gente deja de hacer las cosas; desde el momento que decaiga el espíritu de abnegación, de servicio al Señor, de vivir para Él y delante de Él, desde ese momento la vida de la Iglesia se pierde; todo se vuelve desagradable. Las cosas hay que hacerlas para el Señor, aveces hasta en secreto; puede que se enteren, puede que no, pero el Señor sí se entera. Eso es lo que quiere el Señor, que le sirvamos a Él en Su casa. Algunos vasos que eran para servir en la casa, se los llevaron de la casa para servir en Babilonia, y allí los usaron; pero el Señor dice: No, no es en Babilonia donde eso tiene que funcionar; tiene que funcionar aquí en Jerusalén, en su sitio, en la casa de Dios. En la iglesia de la localidad es donde debe ejercerse todos los ministerios en servicio, pues a veces los ejercitamos afuera.


‟Sobre el candelero limpio pondrá siempre en orden las lámparas delante de Jehová”. En algunas partes se habla del candelero puro, del candelero limpio labrado a martillo. Mantener siempre limpio y funcionando el candelero. Vemos la tarea del sumo sacerdote. Imagínate la tarea de Cristo a la diestra del Padre. El Señor está a la diestra del Padre, porque el Padre le está poniendo al Hijo todas las cosas bajo Sus pies, pero el Hijo está esperando que todo le sea puesto bajo Sus pies, y el vehículo a través del cual las cosas son sujetas a Cristo, es la Iglesia; por eso dice que Cristo es la Cabeza sobre todas las cosas dado a la iglesia13. En un pueblo hacían lo que querían, pero de pronto uno se convirtió, después dos, luego tres, después cinco, después diez, de tal manera que se le empezó a abrir un agujero al diablo en ese pueblo, y eso lo hizo la Iglesia; antes el diablo reinaba, pero ahora empezó a reinar el Señor sobre uno, sobre dos, sobre diez, sobre 20, sobre 30, la ciudad, la localidad va siendo tomada, sacándole la gente al diablo y sometiéndoles al reino del Señor; un candelero limpio. El Señor está siempre delante de Dios; el Hijo del Hombre velando que la Iglesia de esa localidad se someta al Reino ella misma, ella primero, para que luego ayude al resto de su localidad a entender al Reino de Dios. ¡Qué maravilla! Era un solo hombre, pero después había doce con él, después setenta, después 120, después 500 y llenaron a Jerusalén, llenaron Judea, y después hasta lo último de la tierra. El Señor recuperando lo que el usurpador quitó a Dios. El Señor vino a buscar lo que estaba perdido, y ese trabajo lo tiene que hacer la Iglesia, pues el trabajo es con nosotros. El diablo hace de las suyas para impedirlo, pero el Señor prevalecerá, porque está con nosotros.


“1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a Aarón y dile: Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán hacia delante del candelero. 3Y Aarón lo hizo así; encendió hacia la parte anterior del candelero sus lámparas, como Jehová lo mandó a Moisés. 4Y esta era la hechura del candelero, de oro labrado a martillo; desde su pie hasta sus flores era labrado a martillo; conforme al modelo que Jehová mostró a Moisés, así hizo el candelero” (Nm. 8:1-4).


Respecto del modelo, como lo hemos enfatizado, la Iglesia no puede ser edificada como a uno la parezca sino conforme al modelo; por eso Dios mostró el modelo, y el candelero, que representa la Iglesia, como dice Apocalipsis que los siete candeleros son las siete iglesias, tiene que ser conforme al modelo. El candelero tiene una parte anterior; debe estar delante de Dios y es para que alumbre hacia delante. Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo; todo debe ser en honor de Dios; por eso es que el candelero tenía una parte hacia delante y otra parte hacia atrás. Dice que en los brazos tenía unas manzanas y unas flores. Las flores van colocadas en la parte de adelante. El candelero tiene una parte delantera y otra posterior. La Iglesia existe para Dios, para que sea un testimonio de Dios, y que delante de Dios alumbre a los que están en casa. La Iglesia no vive para el mundo sino para Dios; ella tiene que mirar a Dios y representarlo ante el mundo, pues no tiene que mirar al mundo; porque es que a veces la Iglesia no está delante de Dios sino delante del mundo, y se convierte la Iglesia en un club o en una institución de beneficencia, o en alguna otra cosa, perdiendo así su propósito. La Iglesia es primeramente para Dios, y Dios hace que el beneficio de la vida de la Iglesia alumbre a todos los que están en casa. ¿Para qué? ¿Para qué quiere Dios que alumbre? Para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre; lo importante es el Padre; lo importante es el Padre: lo importante es que la Iglesia esté delante de Dios, que esté pendiente de Él y que esté en nombre de Él representándolo ahí. Muchas veces quieren manipular a la Iglesia; los países comunistas querían manipular a la Iglesia y utilizarla para sus fines políticos. Los capitalistas querían hacer lo mismo y usarla para el anticomunismo y para respaldar al capitalismo; a veces utilizan la organización de la Iglesia incluso para enseñar sobre anticonceptivos; y muchos, como ven que la Iglesia organiza a la gente y que la gente le cree a la Iglesia, entonces quieren usar a la Iglesia para las cosas del mundo; por eso el Señor enfatiza que la Iglesia debe estar delante de Dios.


La Iglesia no está para ser manipulada por los nazis, los comunistas, los capitalistas, el Concilio Mundial, el anticristo, el ocultismo; todos ellos han querido y quieren manipular la Iglesia, incluyendo los gobiernos, pero la Iglesia está delante de Dios, representando el sentir de Dios, y así decírselo incluso a los reyes de la tierra. La Iglesia no puede cambiarse a favor del mundo, sino cambiar el mundo para la gloria de Dios; eso la Iglesia tiene que entenderlo muy bien.

La torta no volteada


Muchas cosas deben ser recuperadas, no sólo el asunto del candelero, sino otras como cuando en la casa de Dios debe ser trasladado el tabernáculo; muchas cosas deben ser trasladadas y entre ellas también el candelero; es decir, que la Iglesia, el pueblo de Dios, está en un peregrinaje; no siempre estamos en el mismo lugar. A veces estamos aquí un tiempo; aprendemos algo, y ya cuando aprendimos esta lección, cuando estamos cocinados por este lado de la torta, entonces el Señor la voltea para que se cocine del otro lado; esa es Palabra del Señor. ‟Efraín se ha mezclado con los demás pueblos; Efraín fue torta no volteada” (Oseas 7:9). ¿Qué es una torta no volteada? Que está demasiado en lo mismo, y está quemada por un lado, pero en otras cosas está cruda. El Señor no quiere que Su pueblo sea como Efraín, como una torta no volteada; es decir, el Señor nos hace madurar en ciertas cosas, las aprendemos, pues no se puede aprender todo de golpe, sino que es como el ejemplo de los pollos. Los pollos se cocinan en el asadero dando vueltas y vueltas, subiendo y bajando, por arriba, por abajo, por delante, por detrás, por todos los lados para que se vayan cocinando parejito, de lo contrario se achicharran por un lado y quedan crudos por el otro. Eso fue precisamente lo que el Señor dijo respecto de Efraín, que era una torta no volteada; en algunas cosas ya estaba ‟refrito”, y en otras estaba crudo. El Señor quiere que seamos equilibrados, y eso significa que en las jornadas del pueblo del Señor, el Señor sigue a Su pueblo hasta determinado punto. Tenemos el ejemplo que aparece en Éxodo 40:36-38, que dice:


“36Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; 37pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. 38Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el Tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas”.


Ese es el mismo proceso de la Iglesia, pues no siempre las cosas han sido iguales, sino que existen cambios y movimientos, pasándose de una cosa a otra. ¿Qué es eso? Que así como los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas cuando la nube se alzaba del tabernáculo, así se debe mover la Iglesia, al compás de la voluntad de Dios. Los Israelitas tuvieron 42 jornadas y cada una de ellas muy significativa; en una parte se aprendió el asunto de las codornices, en otra parte lo de la vara de Aarón, en otra parte lo del agua de la roca; en cada parte, en cada lugar, les tenía Dios una lección que aprender, a veces dolorosa, porque se aprende una cosa y eso no significa que ya lo aprendimos todo. Cuando aprendimos esto, falta que aprendamos aquello, y luego que aprendamos aquello otro.


“15El día que el tabernáculo fue erigido, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo una apariencia de fuego, hasta la mañana. 16Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego. 17Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; y en el lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel. 18Al mandato de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehová acampaban; todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados. 19Cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, entonces los hijos de Israel guardaban la ordenanza de Jehová, y no partían” (Núm. 9:15-19).


Mientras la nube estuviera sobre el tabernáculo, quiere decir el Señor, porque ahí estaba su trabajo, entonces los hijos de Israel permanecían acampados, pues cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, ellos guardaban la ordenanza de Jehová y no partían. ¿Cuál era la señal para quedarse ahí? La nube detenida. El Señor estaba enseñando a Su pueblo que ellos como iglesia debían seguir la nube, a la cual hay que seguir; no es la nube la que tiene que seguir a la Iglesia donde ésta quiera ir, sino la Iglesia a la nube, donde está la gloria de Dios y va Su Espíritu. La Iglesia sigue, no está siempre en un solo lugar. A veces nos parece como si se haya ido la gloria, y estamos inquietos como que falta algo; sí, hay que mirar por donde va e ir detrás de la gloria; y eso no de cualquier manera.


“21Y cuando la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, o cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían; o si había estado un día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían. 22O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel permanecían acampados, y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían . 23Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés” (Números 9:21-23).


En la ruta del camino del pueblo del Señor hay muchas jornadas, muchas estaciones, no siempre estamos en la misma cosa, porque a veces estamos crudos en algo y el Señor nos deja divertir un rato con algo, y estamos felices hasta que se cocina eso, y cuando eso ya ocurre, ya se va a orar, se va a otra parte, la nube se levanta y se va a otra parte, pues el Señor se adelanta y acampa en otra parte, y la Iglesia debe estar atenta a la nube del Señor, a la presencia del Señor; si el Señor se mueve debemos seguir la nube; pero el seguir la nube no es de cualquier manera.


“5Cuando haya de mudarse el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio; 6y pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones, y extenderán encima un paño todo de azul, y le pondrán sus varas.” (Núm. 4:5-6).


A veces la Iglesia, el pueblo de Dios estuvo en algo, y de pronto llegó la hora que hay que mudarse; a todos nos llega una hora de mudarnos; no pensemos que siempre vamos a estar en lo mismo; el Señor está siempre mudándose, cocinando el pollo. Hoy nos sentimos muy bien, y el Señor nos ayudó mucho, pero de pronto surge otra cosa que tenemos que aprender y debemos de ser cocinados en otra área de la torta donde estamos crudos. Así trabaja el Señor, de jornada en jornada; es bueno comprender esto porque de esa manera entendemos mejor nuestra propia historia cristiana. Notemos que hay una orden de mudanza; no se puede mudar las cosas en cualquier orden, sino obedeciendo un orden, pues hay cosas que son primero y otras que vienen después. Primero son los asuntos del arca antes que los del resto, porque el arca es lo central, es lo primero, el arca es Cristo mismo, y lo primero que hay que ver es el misterio de Cristo, el misterio de la piedad, la obra del Señor y quién es Su persona; qué ha hecho el Señor en la cruz y en la resurrección. Las cosas interiores son las principales porque el centro no es la Iglesia misma, pues Cristo es el centro y después sí la Iglesia. Debido a eso en lo primero en que se avanza es respecto a lo más interior, a lo fundamental que es Cristo, representado en el arca. Los tejones eran unos animalitos del desierto a los cuales se les quitaban sus pieles y con ellas se hacían las cortinas.

El candelero, tipo de la iglesia local; el arca, tipo de Cristo


Del Señor Jesús, al ser descrito en Isaías 53, se dice que ‟no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos”. Él no vino con pompa como pensaban que iba a venir; no, Él vino como raíz de tierra seca, humilde; también dice ‟fue menospreciado, y no lo estimamos”, pero el Señor cubrió el arca y el tabernáculo con pieles de tejones, como dice San Juan respecto del tabernáculo, ‟por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él”14. El mundo ve lo de afuera y por fuera, ¿qué ve? Animales comunes y corrientes, pieles de tejones, y por dentro el arca. En el pasaje que estamos analizando aparecen varios paños, algunos de ellos van a aparecer de color azul, que representa lo celestial; otros aparecen de color carmesí o rojo, que representa la redención; otros de color púrpura, que representa la realeza, el reino, y otros que son los de pieles de tejón; pero los paños no se colocan en todas partes en el mismo orden, sino que se diferencian en orden, como en el caso de Cristo, que es el del arca. Primero van las pieles de tejones y encima va el paño de azul; en cambio en el caso nuestro es al revés, primero van las telas y después por fuera van las pieles de tejones. ¿Por qué es así? Porque Cristo ya fue el precursor y entró al cielo como precursor, y ya está vestido de celestial glorificado; en cambio nosotros todavía no; tenemos lo celestial adentro pero por fuera aún tenemos las pieles de tejón; por eso es un orden distinto. En el caso de Cristo, primero fue el arca cubierta de pieles de tejones, pero Él fue glorificado y va adelante como precursor, entonces Él es el primero que se traslada, es el arca que va adelante; ella se defiende sola. Se la roban los filisteos, se la llevan para un pueblo y como consecuencia hay mortandad en ese pueblo; no saben qué hacer con el arca, la mandan para otro pueblo, y de nuevo hay problemas en ese pueblo. El arca se defiende sola hasta que la devuelven otra vez, porque Él es el precursor, el Señor es el que abre brechas, y debido a eso es que sobre las pieles de tejones se coloca el paño azul, lo cual es diferente a otro caso, cuando dice:


“7Sobre la mesa de la proposición extenderán un paño azul, y pondrán sobre ella las escudillas, las cucharas, las copas y los tazones para libar; y el pan continuo estará sobre ella. 8Y extenderán sobre ella un paño carmesí, y lo cubrirán con la cubierta de pieles de tejones; y le pondrán sus varas” (Nm. 4:7-8).


Estos son los instrumentos para el servicio del Señor y habla del servicio del Señor y del ministerio de cada cual en el tabernáculo de reunión ante el Señor. Sobre el Señor no se necesita poner un paño carmesí, porque el arca no necesita ser redimida, por cuanto Cristo es el Redentor y Él no necesita ser redimido; en cambio nosotros los que servimos sí necesitamos ser redimidos, y es por eso que todo nuestro servicio cuando va siendo trasladado, avanzando en sus jornadas, tiene que ser cubierto por un paño carmesí, de la sangre de Cristo, porque nosotros fallamos cuando servimos. Las varas sirven para llevarlo al ser trasladado. Hay tazas, garfios y otras muchas clases de cosas, porque todos nosotros somos instrumentos diferentes; no todos somos instrumentos iguales. Entonces primero va el Señor, nos abre la brecha, y después va cada uno de nosotros. Cuando el candelero es llevado en cautiverio a Babilonia, lo desbaratan, y por ese motivo de Babilonia no regresa el candelero completo sino lo que habían desbaratado; y eso es precisamente lo que está sucediendo hoy en día. Cada uno tiene vasitos, platicos, cositas para prestar nuestro servicio personal, pero el servicio de candelero es algo más que el servicio personal. Tú puedes servir personalmente, pero servir como candelero es lo que Dios quiere; Él no quiere que le sirvamos individualmente, sino como la Iglesia de la localidad; es por eso que viene primero el Señor, después los servicios de cada cual cubiertos por carmesí, y después sí viene la Iglesia.


Los vasitos sirven para la libación. Libar es tomar el vino y derramarlo. San Pablo dice: ‟Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio de vuestra fe...” (Fil. 2:17); es decir, Pablo se gastó en su servicio al Señor y a los hermanos. Eso significa libar, derramar el vino. Pablo usa los ejemplos del Antiguo Testamento, o sea que en el Antiguo Testamento era la figura, hoy es la verdad; ser derramado en libación es servir hasta gastarse; la vida de Pablo se gastó, se derramó en libación ante el Señor, sirviendo al pueblo del Señor, y eso era lo que representaban esos vasitos de la libación dentro de los distintos instrumentos del servicio de Dios.


“9Tomarán un paño azul y cubrirán el candelero del alumbrado, sus lamparillas, sus despabiladeras, sus platillos, y todos sus utensilios del aceite con que se sirve; 10y lo pondrán con todos sus utensilios en una cubierta de pieles de tejones, y lo colocarán sobre unas parihuelas” (Números 4:9-10).


Todo tiene su orden. Esa es la manera de trasladar el candelero; no se puede hacer de cualquier manera; debe ser cubierto por el Señor mismo, y la cubierta exterior es de pieles de tejones, pero lo que va adentro es el candelero, y lo que hay entre el candelero y las pieles de tejones es el paño azul, que representa lo celestial. Hay que recordar que el Señor, para que su pueblo se acordara que no era terrenal sino que era un pueblo peregrino, les hizo poner una cinta azul en los vestidos, para que cada vez que vieran el color azul en los vestidos se acordaran del cielo, para que no pongan la vista en las cosas terrenales sino en las de Dios; eso es lo que representa el azul y por eso hay que cubrir las cosas de azul. Eso de cubrir también nos enseña que las cosas se tienen que hacer con mucho respeto, y sin mucho apresuramiento. Hay prioridades aun en las cosas de la Iglesia, incluyendo todo el proceso que comienza entre los santos. Cuando se empieza a tener conciencia que tiene que haber un candelero, o sea, que comienza un proceso para que el candelero se coloque donde tiene que estar, y colocarlo porque no estaba allí, entonces ese proceso se traduce en un movimiento; hablar, ir, venir, conversar, charlar, trasladar las cosas a su lugar. Se trata de un traslado porque no estaba allí; pero ahora va a estar ahí, mas antes de que esté ahí hay un proceso, el cual está siendo realizado aquí, en el traslado del candelero; es decir, el candelero no estaba donde debía de estar, por lo tanto debe ser llevado y debe ser puesto. Ese es un proceso. Todas las demás cosas tampoco estaban donde deben estar y se tienen que llegar a poner; pero entre ellas una es el candelero.


“15Y cuando acaben Aarón y sus hijos de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya de mudarse el campamento, vendrán después de ello los hijos de Coat para llevarlos; pero no tocarán cosa santa, no sea que mueran. Estas serán las cargas de los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión. 16Pero a cargo de Eleazar hijo del sacerdote Aarón estará el aceite del alumbrado, el incienso aromático, la ofrenda continua y el aceite de la unción; el cargo de todo el tabernáculo y de todo lo que está en él, del santuario y de sus utensilios”
(Núm. 4:15-16).


El aceite del alumbrado estará a cargo del sumo sacerdote, porque el Señor es el que derrama el Espíritu; asimismo el incienso aromático, porque el Señor es la vida de la oración, la ofrenda continua, o sea, el sacrificio de Cristo como una expresión permanente para limpiar nuestros pecados, y el aceite de la unción.


El cargo de todo el tabernáculo y de todo lo que está en él del santuario de sus utensilios, es decir, todo está a cargo del sumo sacerdote, o sea, de Cristo y Él a su vez va distribuyendo, delegando funciones a los coatitas la primera parte, a los gersonitas la segunda parte cuando los primeros hayan terminado la suya, y cuando éstos hayan realizado su parte, vienen los meraritas y hacen la otra parte; es decir, los siervos del Señor tienen distintos trabajos, pero el Sumo Sacerdote, que es el Señor, está a cargo de todo, y a su vez manda distintas cosas; a unos que hagan esto, otros que hagan aquello, éstos las tablas, aquellos las estacas, éstos trasladan aquí, aquellos cuidan allá. Es un trabajo corporativo, colegiado, de todos los siervos en un solo tabernáculo, en una sola Iglesia que es el Cuerpo de Cristo expresado en cada localidad como un candelero.



EN REYES Y CRÓNICAS


Los enseres y la multiplicación del candelero


“48Entonces hizo Salomón todos los enseres que pertenecían a la casa de Jehová; un altar de oro, y una mesa también de oro, sobre la cual estaban los panes de la proposición; 49cinco candeleros de oro purísimo a la mano derecha, y otros cinco a la izquierda, frente al lugar santísimo; con las flores, las lámparas y tenazas de oro. 50Asimismo los cántaros, despabiladeras, tazas, cucharillas e incensarios, de oro purísimo; también de oro los quiciales de las puertas de la casa de adentro, del lugar santísimo, y los de las puertas del templo. 51Así se terminó la obra que dispuso hacer el rey Salomón para la casa de Jehová. Y metió Salomón lo que su padre David había dedicado, plata, oro y utensilios; y depositó todo en las tesorerías de la casa de Jehová” (1 Reyes 7:48-51).


Este pasaje se vuelve a repetir. Es interesante ver cómo hay ciertas cosas que el Señor no quiere narrar en la Biblia una sola vez, sino varias; razón tendrá el Espíritu Santo para hacerlo. Él dice: ‟Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto”15. Esa es una razón para que en 2 Crónicas 4:19-5:1 aparezca un pasaje paralelo del anterior de 1 Reyes, el cual dice así:


“19Así hizo Salomón todos los utensilios para la casa de Dios, y el altar de oro, y las mesas sobre las cuales se ponían los panes de la proposición; 20asimismo los candeleros y sus lámparas, de oro puro, para que las encendiesen delante del lugar santísimo conforme a la ordenanza. 21Las flores, lamparillas y tenazas se hicieron de oro, de oro finísimo; 22también las despabiladeras, los lebrillos, las cucharas y los incensarios eran de oro puro. Y de oro también la entrada de la casa, sus puertas interiores para el lugar santísimo, y las puertas de la casa del templo. 1Acabada toda la obra que hizo Salomón para la casa de Jehová, metió Salomón las cosas que David su padre había dedicado; y puso la plata, y el oro, y todos los utensilios, en los tesoros de la casa de Dios”.


Muy similar al pasaje descrito en el primer libro de Reyes, encontramos en este mismo capítulo 4 del libro segundo de Crónicas, el verso 7, que dice: “Hizo asimismo diez candeleros de oro según su forma, los cuales puso en el templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda”. Al leer estos dos pasajes nos damos cuenta que la casa de Dios tenía muchos utensilios, aunque no hemos leído todos los pasajes relacionados con eso, pues nuestro interés se centra en comentar los pasajes inmediatos al candelero, que es nuestro tema central; no obstante se podría tratar lo relativo al altar, pues tiene que ver con la consagración; lo relativo a las mesas de los panes de la proposición, que tiene que ver con el servicio a Dios; lo relacionado con los candeleros, que tiene que ver con la iglesia de la localidad; lo relativo al incensario, que tiene que ver con las oraciones y las alabanzas, y otras cuestiones todas simbolizando distintos aspectos, y, además, todos forman parte del servicio a Dios en Su casa, y tenemos que tenerlos en cuenta a todos en su momento apropiado.


Hay algo curioso que es importante tener en cuenta. Cuando se estableció por primera vez el candelero en el tabernáculo, era solamente un candelero; pero ahora encontramos diez candeleros en el templo de Salomón, o sea, que surge una ampliación. El número diez representa en la Biblia las naciones. Por ejemplo, cuando Nabucodonosor tuvo aquel sueño, aparecen los diez dedos de los pies simbolizando a diez naciones. Más tarde, cuando aparece la coronación de todo el desarrollo de la civilización humana, tanto en Daniel como en Apocalipsis, aparece la bestia final con diez cuernos, reflejando la misma simbología16.


Cuando el Señor está hablando de las vírgenes que van a esperarlo al final en su venida, habla también de diez vírgenes. Eso nos muestra que hay una intención de Dios cuando primeramente muestra un solo candelero y después muestra diez; eso nos indica que la intención del Señor es que los candeleros se multipliquen, que no se quede uno solo. Hay cosas que no se multiplican, que siempre permanecen siendo una sola. Por ejemplo, el arca siempre es una sola. En el tabernáculo el arca era una; en el templo el arca es una, y siempre será una. Cuando vemos Apocalipsis, dice que se abrió el cielo y vio un arca (otra vez singular); el arca del pacto, el arca de Dios estaba en Su templo; el arca no se multiplica. ¿Por qué? Porque el arca representa a Cristo mismo, y el Señor es un solo Cristo; no hay sino el Señor Jesucristo que está representado en el arca; por lo tanto no está bien en la tipología que haya más de una sola arca. Toda la historia del arca, las vicisitudes del arca aparecen en la Palabra, en el libro de Samuel, y más tarde en los libros de Reyes y Crónicas; sin embargo, siempre, solamente se trata de un arca. No así los candeleros, pues Dios quiere mostrar que se deben multiplicar en todas las naciones.


El candelero empieza como uno, así como cuando la casa de Dios empezó en Jerusalén solamente era una, y la Iglesia también empezó en Jerusalén, y la profecía en Miqueas decía que de Jerusalén saldría la ley17, y justamente fue en Jerusalén donde el Señor les dijo a sus discípulos que esperaran allí hasta que fueran investidos del poder del Espíritu Santo; pero luego les dijo que ese evangelio, después de ser predicado en Jerusalén debía ser predicado también en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra18; por lo tanto, la iglesia de Jerusalén no iba a ser la única iglesia sobre la tierra, sino que otras iglesias iban a haber en Judea y muchos otros lugares. Por eso se habla de las iglesias en Judea, de las iglesias en Samaria, de las iglesias de los gentiles representadas en el número diez de las naciones; y por eso el Señor en la tipología multiplicó los candeleros. Los candeleros sí se multiplican.

Tipología de la casa de Dios


Bet-el. Toda la tipología relativa a la casa de Dios se va cumpliendo con el tiempo. Al principio la casa de Dios en la tipología era solamente una piedra con aceite. El lugar que luego se llamó Bet-el antes se llamaba Luz, lo cual está relacionado justamente con el candelero; y fue el lugar donde Jacob tuvo el sueño y donde Dios se le reveló, en el cual él vio una escalera que descendía desde el cielo y llegaba hasta la tierra. En la ciudad de Luz fue donde Jacob se dio cuenta lo terrible que era ese lugar.


“10Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. 11Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. 12Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella” (Génesis 28:10-12).


Esto es muy interesante. A veces uno también camina como Jacob. Dios también se identificó asimismo como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; es decir, que cuando Dios dice que es el Dios de Abraham, significa que Dios intervino en la vida de Abraham de manera que llegó a ser su Dios, asimismo en la de Isaac y en la de Jacob. Por eso los creyentes seguimos las pisadas de Abraham19, como dice la epístola a los Romanos, que nosotros seguimos las pisadas de Abraham, pues hay algo que aprender de Dios en la vida de Abraham, algo que aprender de Dios de lo que Él hizo con Jacob, y las etapas de Abraham, Isaac y Jacob son las que se van cumpliendo en nosotros los creyentes del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Entre esas etapas vemos una de Jacob cuando llegó a un cierto lugar. Él era ya un escogido de Dios; ya lo había sido antes Abraham su abuelo e Isaac su padre; ya había tenido la primogenitura y ya había realizado sus cosas, pero ahora estaba huyendo, pero resulta que antes de irse, Dios le muestra el plan que se había propuesto tener en ese lugar donde él se encontraba. Vio ángeles que subían y descendían. Después cuando Salomón construyó el templo, pone querubines en las paredes, en el techo, en el velo, en distintas partes, porque los ángeles son los que ministran, los que levantan las oraciones delante de Dios y las traen. Es como una dimensión superpuesta. La casa de Dios es visitada constantemente por ángeles que suben y descienden.


El Señor Jesús, que era la verdadera primera piedra, le dijo a Natanael: “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre” (Juan 1:51); es decir, lo mismo que había visto Jacob en el sueño pero en forma simbólica, sobre una piedra asimismo simbólica, con aceite simbólico que él le puso. La verdadera primera piedra, que fue la de Jacob en la figura, en la realidad fue el Señor Jesús, y por esa razón Jesús dijo que también sobre Él subían y descendían ángeles, pero no sólo sobre Él, sino también sobre nosotros. Por ejemplo, al final del capítulo 10 y comienzos del 11 del libro de Daniel narra que un ángel del Señor estaba cerca de Darío el medo para animarlo y fortalecerlo20; quiere decir que nosotros los que estamos acá también tenemos ángeles alrededor de nosotros, que suben y descienden. El Señor dijo: ‟Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 18:10); es decir, que la casa de Dios es visitada constantemente por ángeles que suben y descienden, y algunas veces nosotros no nos damos cuenta; pero cuando sentimos esa fortaleza que nos da el Espíritu, es porque los ángeles mismos están ministrando. Personalmente he tenido experiencias con los ángeles, y muchos otros hermanos también las han tenido. Para ilustrar podemos contar alguna anécdota al respecto.


Una vez el hermano Orwille Swindoll, apóstol del Señor que vive en Argentina, decía que él estaba predicando, y en ciertos momentos sentía mucha alegría y gritaba aleluyas y glorias a Dios; y dice que había una ancianita que estaba mirando desde atrás, y al terminar la predicación y el culto, la ancianita se le acercó y le dijo: Hermano Swindoll, había un ángel grandísimo que estaba parado detrás de usted; yo lo vi, y cada vez que ponía la mano sobre su hombro, usted decía: ¡Aleluya, gloria al Señor! Eso significa que el Señor le ministraba en su espíritu utilizando a los ángeles; y eso mismo es lo que dice Daniel, que el ángel estaba cerca de Darío para animarlo y fortalecerlo, y por eso fue que Salomón cuando construyó la casa de Dios, el templo en Jerusalén, colocó querubines en ciertos lugares. ¿Por qué? Porque la casa de Dios es visitada por seres angélicos. En el sueño de Jacob aparece una escalera. Es el Señor Jesús. Él es el puente, el pontífice; de ahí viene la palabra pontífice, que hace puente entre los hombres y Dios, entre el cielo y la tierra y entre la tierra y el cielo.


“13Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por donde quiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Gé. 28:13-15).


Jacob se estaba yendo de la tierra, huyendo de Esaú a raíz de la trampa que le había hecho al comprarle la primogenitura, desplazándolo y quitándole la bendición que le pertenecía, porque el otro se la vendió; entonces se enojó Esaú, y Jacob tuvo que escapar. Pero el plan de Dios era allí en esa tierra, y como él se estaba yendo de ella, Dios obró como diciéndole: esa es la tierra que he destinado para hacer un trabajo contigo y tu descendencia. A Jacob le ocurrió lo mismo que le había sucedido a Abraham. Abraham también llegó hasta Bet-el, pero hubo una prueba, la prueba del hambre; entonces por causa del hambre se tuvo que ir de Bet-el a Egipto, y en Egipto falló porque mintió y expuso a su esposa a que casi se la llevara un rey. Regresó de nuevo a Bet-el donde había estado su tienda.


Algunas veces en el camino del Señor llegamos a cierto lugar de entender lo que es la casa de Dios, de tener la visión de lo que es la casa de Dios, pero algunas pruebas como la que tuvo Jacob, nos hace alejarnos por algún tiempo; pero después Él nos hace regresar otra vez. Cuando Jacob se estaba yendo, el Señor le dijo, te haré regresar acá, y lo mismo le había pasado a Abraham, pues también se quiso ir de Bet-el y tuvo que volver a Bet-el. Siempre hay que regresar a Bet-el. A un lado estaba Bet-el y al otro lado estaba Hai. Bet-el significa ‟casa de Dios”, y Hai quiere decir ‟ruinas”. Abraham tenía que escoger para dónde caminaba, si para Bet-el o para Hai; si para la casa de Dios o para las ruinas. Si servimos a la casa de Dios o servimos a las ruinas. El propósito de Dios es con Su casa. Esto es una cosa seria. No se puede uno escapar de la dirección por donde hay que pasar. Abraham fue edificando varios altares, y cada altar representa una consagración más profunda. Un altar en Betesda, pero de allí se alejó, pues lo hizo volver Dios; y lo mismo le pasó a su nieto Jacob; se estaba yendo, pero antes de que se fuera, el Señor le mostró la visión, y le dijo: te volveré a traer a este lugar, porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.


“16Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. 17Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. 18Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella. Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero” (Génesis 28:16-18).


Es la piedra de cabecera, la primera piedra. Esta es la primera mención de la casa de Dios; por eso aparece una sola piedra, que se llama la piedra de cabecera; siempre se pone una primera piedra para decir: aquí se va a construir tal cosa; pues Dios quiere construir algo, Su propia casa, una morada para Su plenitud, pues lo que hizo en esa ocasión fue poner la primera piedra, pero en figura; pero la verdadera primera piedra, el verdadero Bet-el fue el Señor Jesús; por eso usa las mismas palabras cuando se dirige a Natanael: ‟Veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”; como diciéndole, recuerda lo que vio Jacob, esa primera piedra que puso de cabecera y derramó aceite sobre ella, llamándole Bet-el. Bueno, eso es la figura, pero esto es la realidad. La primera piedra, luego un tabernáculo, después un templo; pero ahora primero es Jesucristo y después la Iglesia. Hay una coincidencia entre los nombres Bet-el y Luz, porque la casa de Dios es para ser luz. En el Nuevo Testamento dice: ‟14Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (Mt. 5:14-15). Lo que aparece en el Antiguo Testamento eran figuras. El Señor ahora lo toma y dice la realidad: Ustedes son la verdadera casa y la verdadera luz, el espíritu de ustedes es la verdadera lámpara; ustedes son las piedras vivas.

El Tabernáculo en el desierto

La casa no es hecha por mano de hombres, pues es una casa espiritual. Entonces las cosas del Antiguo Testamento son el tipo, y las del Nuevo Testamento son la realidad. En Éxodo vemos que las cosas son más amplias; allí el Señor tiene siempre la iniciativa, y vemos que después de poner la primera piedra, continúa el proceso.


“1Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. 3Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, 4azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelos de cabras, 5pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 6aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 7piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. 8Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. 9Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis”
(Éxodo 25:1-9).


Todo esto representa aspecto de Cristo, del Espíritu y de la obra de Dios. Lo que el Señor quiere es que se le haga a El un santuario; por esa razón empieza a mostrarle a Moisés el primer santuario. El arca, que es la parte central; le muestra cómo hacerla; luego la mesa, el candelero, el tabernáculo; es decir, comienza desde el lugar santísimo, avanzando hasta afuera, al atrio del tabernáculo. ¿Qué hay en el atrio? El altar de bronce. Luego se ocupa del aceite para las lámparas, las vestiduras sacerdotales, su consagración, sus ofrendas y el altar del incienso, etcétera. Entonces lo que comenzó como Bet-el, la primera piedra, la piedra de cabecera ungida con aceite, en el primer libro bíblico, en el segundo, en Éxodo, ya es un tabernáculo, y ese tabernáculo, así como Bet-el fue ungido con aceite, al final también es ungido.


“40Finalmente erigió el atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Así acabó Moisés la obra. 34Entonces (es decir, cuando se terminó el tabernáculo, como cuando Jacob alzó la piedra de cabecera por señal) una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo. 35Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba”
(Éxodo 40:33-35).


Lo que al principio de la tipología era alzar la piedra y ungirla con aceite, ahora es erigir el tabernáculo y poner la gloria de Dios sobre él. En la primera tipología era apenas la primera piedra, era sencilla; luego Dios amplió la tipología con más detalles en el tabernáculo.

El Templo de Jerusalén

Pero cuando la tipología se va ampliando, al llegar al libro de Crónicas, la encontramos aun más ampliada. Es cuando Salomón edifica el templo. Es una progresión: de una piedra con aceite, a un tabernáculo con la gloria de Dios, y ahora de un tabernáculo con la nube de gloria, al templo con la nube de gloria; después vemos al Señor Jesús con la nube de gloria también. Él estaba en el monte de la transfiguración y vino una nube y lo cubrió, y fue transfigurado, y dijo el Padre: ‟Este es mi Hijo amado; a él oíd”21. Eso sucedió con la primera piedra, y la Palabra del Señor dice que nosotros también seremos transformados a la imagen de Su gloria, y que este cuerpo de la humillación nuestra será semejante al cuerpo de la gloria Suya22, y el cuerpo resucitado de la gloria Suya se había manifestado desde la transfiguración. Primero era en figura, pero ahora es en verdad; una piedra, un tabernáculo y el templo; después el templo más ampliado y restaurado; y lo mismo ocurre ahora con la Iglesia. Primero es la primera piedra, la piedra angular, la piedra de cabecera, el Señor Jesús, pero el resto de la casa es la Iglesia; por eso es que cuando Simón, que significa ‟espiga”, conoció quién era el Señor Jesús, le dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”; entonces el Señor le dijo: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro”, o sea, que eres una piedra, “y sobre esta roca (lo que tú has confesado, que Dios te ha revelado sobre quién soy Yo) edificaré (y usa el verbo edificar porque todo es una edificación de Dios) mi iglesia” (Mt. 16:16-18). El Señor le llamó Pedro, que quiere decir, una piedra; y luego dice el mismo Pedro en su primera epístola, que no sólo él es piedra, sino que:


“4Acercándoos (nosotros, los santos) a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, pero para Dios escogida y preciosa, 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:4-5).


Es la misma cosa en el Nuevo Testamento; la edificación de la Iglesia es como levantar o erigir la piedra y ungirla con aceite; o como erigir el tabernáculo y llenarlo con la gloria de Dios; o como construir o edificar el templo en Jerusalén y colocar el arca en el lugar santísimo y que sea lleno. En el capítulo 3 del segundo libro de Crónicas, habla de la edificación del templo por parte de Salomón, de las columnas, del mobiliario del templo, entre los cuales está el candelero; pero nos trasladamos al capítulo 5, que dice:


“2Entonces Salomón reunió en Jerusalén a los ancianos de Israel y a todos los príncipes de las tribus, los jefes de las familias de los hijos de Israel, para que trajesen el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, que es Sión. 3Y se congregaron con el rey todos los varones de Israel, para la fiesta solemne del mes séptimo. 4Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel, y los levitas tomaron el arca; 5y llevaron el arca, y el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios del santuario que estaban en el tabernáculo; los sacerdotes y los levitas los llevaron. 6Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido con él delante del arca, sacrificaron ovejas y bueyes, que por ser tantos no se pudieron contar ni numerar (o sea, que eso representa el gran valor del sacrificio de Cristo). 7Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines; 8pues los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca, y los querubines cubrían por encima así el arca como sus barras. 9E hicieron salir las barras, de modo que se viesen las cabezas de las barras del arca delante del lugar santísimo, mas no se veían desde fuera; y allí están hasta hoy. 10En el arca no había más que las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb, con las cuales Jehová había hecho pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto. 11Y cuando los sacerdotes salieron del santuario (porque todos los sacerdotes que se hallaron habían sido santificados, y no guardaban sus turnos; 12y los levitas cantores, todos los de Asaf, los de Heman y los de Jedutún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas), 13cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová, y a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Jehová diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre; entonces la casa se llenó de una nube, la casa de Jehová. 14Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (2 Cr. 5:2-14).


El número de los ciento veinte sacerdotes coincide con los discípulos del Señor que esperaban el día de Pentecostés, pues se trata de una figura; en el día de Pentecostés había ciento veinte hermanos y vino el Espíritu Santo y llenó la casa de Dios que es la Iglesia, y ellos empezaron a magnificar a Dios; es decir, sacerdotes con trompetas anunciando la gloria de Dios, asunto que fue simbolizado en el texto de Crónicas que estamos analizando.


Ese hecho aún no había sido simbolizado en el tabernáculo, y mucho menos en el Bet-el de Jacob, pero aquí ese tipo se va haciendo cada vez más complejo. Dios no complica las cosas desde el principio, sino que las presenta sencillas y luego las va complicando un poquito más para que las podamos entender cada vez mejor; eso significa la ampliación de la edificación de Dios. Debido a la nube de la gloria de Dios, los sacerdotes no podían estar allí para ministrar.


Lo mismo sucedió con Moisés en el tiempo del Tabernáculo; y así es en la Iglesia. Primero los sacerdotes ayudan a poner las cosas, pero cuando ya se puso todo, no funcionaron más los sacerdotes porque la nube sola funciona, porque el nuevo pacto consiste en la vida de Dios en nosotros; ya ninguno enseñará a su hermano sino que serán todos enseñados por Dios23. Al principio, se puede colaborar un poco, pero cuando madura la edificación, el Señor mismo llena la casa.

División del Reino


Vemos aquí la primera parte de la tipología, la ampliación de la casa de Dios. Dentro de todas esas cuestiones relativas a la casa de Dios está el asunto del candelero, la doctrina eclesiológica en lo local; no es lo único, pero vemos así cómo la casa se multiplica y se extiende; así también los candeleros se multiplican. Antes no aparecía el candelero sino el nombre de la ciudad que se llama Luz y más tarde Bet-el. Donde antes estaba la Luz se puso Bet-el, y ahora es lo mismo. No es que la casa quede en una parte y la luz en otra, sino que la luz está en la casa y la casa está donde está la luz. Se multiplicó, pues las cosas no terminaron allí. Si todo hubiera permanecido así, no habría habido divisiones. Dios había establecido un santuario único en Jerusalén, pero a la muerte de Salomón, Jeroboam dividió el reino y multiplicó los santuarios en el norte. Salomón, el hijo de David, representa a Cristo, y cuando las personas están ausentes del Hijo de David, cuando las personas ya no están en Espíritu, empiezan a dividirse. Roboam por su lado y Jeroboam por el otro; empezaron los celos y los de Jeroboam no querían que la gente se fuera al lado de Roboam; y el triste resultado fue la rebelión de Israel y la división del reino. El capítulo 12 del primer libro de Reyes trata este asunto centrándose más que todo en la línea de Israel, reino del norte, en tanto que el capítulo 10 del segundo libro de Crónicas se centra fundamentalmente en la línea de Judá. Vamos a ver algunas vicisitudes de la casa que ha sido también la historia de la Iglesia, pero que primero sucedió en la tipología y después en la realidad.


“25Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel. 26Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, 27si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su Señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá. 28Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. 29Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. 30Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan” (1 Reyes 12:25-30).


Este texto nos revela el proceder de muchas personas aun en la actualidad; y eso es un gran pecado, porque el celo religioso es la causa de la división y causa destrucción de la casa de Dios. Jeroboam quería gobernar él sólo y temía que el pueblo volviese a la línea legítima de autoridad; pero él quería mandar, no queriendo que fuera la línea de Dios; temía que fueran a Jerusalén a adorar, para que el reino no se volviera a David; estaba lleno de celo religioso y político. Estos dos becerros representan la idolatría y la obra humana. En la distribución de la tierra a las tribus, Dan es la más lejana de la casa de Dios, pues su ubicación es en el puro norte, en cambio Jerusalén estaba en la parte central. La casa de Dios estaba rodeada por los sumos sacerdotes de la línea de Sadoc, por los levitas y por el príncipe; al norte por la ciudad, al sur por los levitas y por las tribus de Judá y Benjamín, y luego por las tribus más cercanas. La más lejana era Dan en el extremo norte, en donde Jeroboam puso uno de los becerros. Dios había dicho que la persona, la familia o la tribu que adorase ídolos, su nombre sería borrado de debajo del cielo, y por esta causa el nombre de Dan fue borrado. En el capítulo 7 del libro de Apocalipsis, al tratar lo de los 144.000 sellados de las tribus de Israel, 12.000 de cada tribu, no se encuentra la de Dan; son mencionadas las demás, pero Dan no aparece. Dios cumplió y todo comenzó con un celo, un celo sobre quien maneja las cosas; ahí empezó el problema.


“31Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. 32Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado”
(1 Reyes 12:31-32). Jeroboam constituyó otros lugares rivales; es decir, que en vez de adorar juntos y celebrar juntos la pascua la mesa del Señor en el santuario único, unos iban a un lugar alto, otros a otro, como está sucediendo hoy, y por eso es que el Señor se molesta tanto y dice: “Pero hizo lo malo a los ojos de Dios porque no quitaron los lugares altos”. ¿Qué eran los lugares altos? Eran los altares rivales donde se reunían grupos en división, y que no eran reuniones en la única casa de Dios, que es el Cuerpo de Cristo; no en la comunión del Cuerpo sino en algo dividido; y tampoco eran reuniones dirigidas por personas escogidas por Dios, sino que ellos mismos se hicieron sacerdotes que no eran de la línea de Leví. Respecto de la fiesta instituida, uno pensaría que aparentemente, exteriormente, también hay fiesta, también hay altar; inclusive hay más gente con ellos porque con Jeroboam había diez tribus, en cambio con Roboam y el remanente sólo había dos tribus, la de Judá y la de Benjamín; pero el Señor Jesús cuando habló con la samaritana, ella todavía discutía, refiriéndose todavía a la tradición, y le decía: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí” (Juan 4:9); porque Samaria llegó a ser el reino de Jeroboam. Con el tiempo se llamó Sebaste, Samaria, el reino de Israel, el reino del norte. Ella le insistía aludiendo a esa tradición religiosa, y le decía: “Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros (los judíos) decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros (los judíos) adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos” (vv.20-22). El Señor le mostró a la Samaritana esa línea, que aunque eran más poquitos, sin embargo, eran la línea de Dios; ahí estaban Judá y Benjamín nada más; en cambio el reino del norte tenía diez tribus, pero esas diez tribus se quedaron en el cautiverio, en Asiria, y el trabajo de Dios, la edificación de Dios, solamente se realizó con el remanente que volvió de Babilonia a Jerusalén, los cuales reedificaron la casa.


Dice el Nuevo Testamento que estas cosas se escribieron para amonestarnos a nosotros los que hemos alcanzado los fines de los siglos24: “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron”. No son solamente historias del pasado, sino ejemplos; y no se escribieron sólo para saber el pasado, sino para amonestarnos en los últimos tiempos.

La edificación de las dos ciudades


Dios tiene un plan de edificar algo, y el diablo pretende edificar otra cosa. Cuando Dios estaba tratando con Enoc y estaba tratando con Noé, por el otro lado estaba Caín, quien había edificado la ciudad de Enoc, y luego Lamec quería ser siete veces mayor que Caín.25 Luego por una parte estaba Abraham con la tienda y por la otra estaba Nimrod edificando a Babel; o sea, que Babel es la edificación rival de la tienda de Dios, pero Dios no estaba en la gran edificación de Babel sino en la tienda con Abraham. No nos debemos guiar por las apariencias; fácilmente se puede llegar a pensar que los católicos son millones y lo llenan todo, como en la ocasión cuando llegó el papa de Roma y llenaron el parque Simón Bolívar, pero miremos lo que dice Lucas: “1En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilatos, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinea, 2y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto” (Lucas 3:1-2). En el contexto habla de un imperio, una gran edificación que ya se había levantado, porque la Palabra dice que la serpiente pelearía con la mujer, y luego la serpiente aparece peleando con la mujer en Apocalipsis. Primero en Génesis 3:15 se nota que en el desarrollo de la profecía y de la historia, habría una continua pelea entre dos corrientes: la línea de la serpiente y la línea de la mujer; luego en Apocalipsis 12 aparece el final de esa lucha y aparecen de nuevo la serpiente y la mujer; pero la serpiente aparece en Apocalipsis muy desarrollada, como un dragón con muchas cabezas, que son las mismas cabezas de la bestia; y cada vez representa todo un imperio; toda esa edificación de la línea de la serpiente es todo un imperio, y una de esas cabezas es el imperio romano citado por Lucas; constituye una de las cabezas de la edificación de la serpiente.


Es tremenda la edificación de la línea de la serpiente; pero la edificación de la línea de la mujer es superior. La gran edificación diabólica era muy visible, muy sólida, aparentemente muy grande al ojo natural, pero ahí no estaba Dios; ahí no estaba el propósito de Dios, ni el Espíritu de Dios, ni el plan de Dios. Ahí estaba Pilato, estaba Tiberio César, estaba Anás, Caifás, que eran los grandes líderes religiosos y políticos, pero la Palabra de Dios no vino a ellos sino a Juan en el desierto, porque por ahí iba la línea de la mujer; por el otro lado iba la línea de la serpiente. Siempre hay edificaciones rivales. Aquí vemos la edificación del Señor por la línea de Judá, y la edificación rival por la línea de Jeroboam. Este también instituyó fiesta en la misma fecha de la de Judá. Es la imitación de Satanás, pero no conforme al Espíritu ni a la Palabra, y sacrificó sobre el altar, y así hizo en Bet-el, ordenando asimismo sacerdotes para los lugares altos que él había hecho; es decir, que en vez de ser el Bet-el legítimo, erigió lugares altos en Bet-el. Es interesante ver la falsificación del diablo. Hay una Jerusalén celeste, que es la esposa del Cordero, pero también hay una misteriosa Babilonia y hay muchos hijos de Dios en esa Babilonia, que tienen que salir y volver a Jerusalén,26 como Zorobabel, Josué y los demás salieron, y el Señor despertó espíritu para reedificar la casa de Dios en su sitio en Jerusalén.


“Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso” (1 Re. 12:33). Hay muchas cosas que se inventan los hombres dizque para servir a Dios; porque, ¿para qué era un altar? ¿no era dizque para servir a Dios? Pues aparentemente la gente exteriormente está sirviendo a Dios; pero, ¿realmente era conforme a la Palabra de Dios? No lo era; era un invento de ellos, y estaban prestando un servicio según sus propias ideas, no según la Palabra de Dios. Todo ese ritual religioso parecía igual al legítimo, incluso más, debido a que eran más tribus las que los practicaban. Pero Dios no estaba ahí; y ahí comenzó la división; y toda la historia del resto del segundo libro de Reyes y el segundo de Crónicas, nos muestra cómo empezaron a surgir más problemas. Pero si tú ves la línea de Judá, notas que siempre mantuvo la línea fiel, y se sucedían en el trono de padres a hijos. En cambio, cuando estudias en el libro de Reyes la línea de Israel, ves cuando uno destrona al otro, los abandonan, se pelean unos con otros por el trono, hay muchos asesinatos políticos, debido a que no respetaron la legítima línea de Dios; y eso tuvo lugar en Samaria, y por esa causa es que hasta el día de hoy se habla de las tribus perdidas de Israel, el reino del norte. Debido a eso, antes se llamaban israelitas, y ahora simplemente se llaman judíos; Judá prevaleció, porque estaba profetizado que el centro de Judá no sería quebrado, y por eso Jesús es el León de la Tribu de Judá, de la línea de David. Él mismo dijo que la salvación viene por los judíos. Esa fue la línea de la que Él habló. Era un poco más humilde, más sencilla, pero por ahí era. Eso nos debe enseñar muchas cosas para no desviarnos de lo legítimo de Dios, y no vivir de apariencias; porque es que hay muchos que se mueven por las apariencias; muchos no miran la Palabra, ni miran en Espíritu, sino las apariencias.



EN JEREMÍAS, DANIEL, ZACARÍAS Y ESDRAS


El candelero cautivo en Babilonia


Jeremías profetizó en el tiempo en que los judíos, el reino del sur, fueron llevados cautivos a Babilonia, quienes aunque siguieron la línea trazada por Dios, sin embargo, se llenaron de inmoralidad y perversidad, aunque hubo reyes que hicieron lo recto delante de Dios, como Asa, Josafat, Ezequías, Josías, pero seguían esclavos de aquella situación y no quisieron volverse a Dios, y amaron mucho a Babilonia; entonces Dios determinó que serían llevados en cautiverio a Babilonia, pues eso era lo que amaban, pues que sean llevados allá y que se queden 70 años. En ese tiempo fue cuando profetizó Jeremías. El profeta Daniel fue uno de los deportados a Babilonia; aun cautivo en Babilonia, su corazón estaba en Jerusalén, y le rogaba al Señor, diciéndole: Señor, ya se acerca el tiempo para que se cumpla lo predicho por Jeremías, y vuelva Tu pueblo a Jerusalén.27 Y aunque estaba amenazado de muerte, abría las ventanas y oraba hacia Jerusalén, pidiéndole al Señor que quitase el oprobio sobre su pueblo y permitiera la restauración del santuario, pero para eso hay que salir de Babilonia. En el capítulo 52 de Jeremías, encontramos lo que sucedió con el candelero cuando fue a dar a Babilonia. Ya no estaba más el candelero en Jerusalén, y por eso el principio de un candelero por localidad, de una sola iglesia local por cada municipio, se perdió en la historia de la Iglesia, y se perdió porque estaba previsto que el candelero iba a ser llevado durante un tiempo a Babilonia, y eso es lo que ha pasado. Pero gracias a Dios que la historia no termina en Babilonia.


“12Y en el mes quinto, a los diez días del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán capitán de la guardia, que solía estar delante del rey de Babilonia. 13Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y destruyó con fuego todo edificio grande. 14Y todo el ejército de los caldeos, que venía con el capitán de la guardia, destruyó todos los muros en derredor de Jerusalén. 15E hizo transportar Nabuzaradán capitán de la guardia a los pobres del pueblo, y a toda la otra gente del pueblo que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia, y todo el resto de la multitud del pueblo. 16Mas de los pobres del país dejó Nabuzaradán capitán de la guardia para viñadores y labradores. 17Y los caldeos quebraron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová, y llevaron todo el bronce a Babilonia. 18Se llevaron también los calderos, las palas, las despabiladeras, los tazones, las cucharas, y todos los utensilios de bronce con que se ministraba, 19y los incensarios, tazones, copas, ollas, candeleros, escudillas y tazas; lo de oro por oro, y lo de plata por plata, se llevó el capitán de la guardia” (Jeremías 52:12-19).


Nabucodonosor, el rey de Babilonia, era nada menos que una de esas cabezas de la serpiente, del dragón; es decir, que la edificación falsa estaba peleando con la casa del Señor; en cambio el celo del Señor es por la casa de Dios; por eso cuando convirtieron en mercado la casa de Dios, Él dijo: “Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Lucas 19:46). Nunca se había enojado tanto el Señor como por Su casa. También dijo: “Porque me consumió el celo de tu casa” (Salmos 69:9). A los ojos de Dios, Su casa es algo muy importante; por eso aparece en Bet-el, en el tabernáculo, en el templo, durante el cautiverio en la visión del templo de Ezequiel, y luego Cristo, luego la Iglesia, y por último la Nueva Jerusalén descendiendo del cielo. Esa es la línea central del programa divino a lo largo de toda la Biblia, y ahí es donde va la corriente del Espíritu de Dios, por el camino de la Palabra. A los caldeos no les interesaba la forma del candelero, o si había que derretirlo y hacer un lingote, pues lo que les interesaba era el oro. Lo de oro por oro, no por candelero; el utensilio no por utensilio, sino que si el garfio era de bronce, lo que les interesaba era el bronce para hacer lo que ellos querían; es decir, utilizaban los materiales para otros menesteres. Dios había hecho cada utensilio para ser usado en la casa de Dios. Cada ministerio debe ejercerse en la casa de Dios. Todo es para ser usado y ejercerse en la casa de Dios, pero se lo llevaban a Babilonia y se usaba en Babilonia durante un buen tiempo; pero la intención de Dios no es que se siga usando en Babilonia, porque las cosas de Dios no son para ponerlas al servicio y usarlas en los lugares altos, dizque para usar en Babilonia; eso es grave, pues son para volverlas a la casa de Dios. Existen unos Salmos que se llaman ‟Cánticos graduales”; sólo del 120 al 134 cada salmo lleva este subtítulo. ¿Por qué se llamaba Cántico Gradual? Porque se iba cantando en las gradas cuando volvían a la casa de Dios, e iban dejando sus lugares, porque el Señor quería que Su pueblo se reuniera sólo en la casa de Dios. Entonces ellos dejaban sus lugares e iban viniendo y cantaban al Señor. Cuando llegaban a una grada cantaban un salmo, cuando llegaban a otra grada cantaban otro salmo, y cada vez que se iban acercando más a la casa de Dios, iban cantando otro salmo, y por eso estos salmos se llaman “cánticos graduales”. Si tú lees y estudias la serie de los cánticos graduales, verás que los primeros están como muy lejos, como añorando la casa, como queriendo volver; pero en el último ya están en la casa. Por ejemplo, para comparar leamos el 120 y el 134.


“1A Jehová clamé estando en angustia, y él me respondió. 2Libra mi alma, oh Jehová, del labio mentiroso, y de la lengua fraudulenta. 3¿Qué te dará, o qué te aprovechará, oh lengua engañosa? 4Agudas saetas de valiente, con brasas de enebro. 5¡Ay de mí, que moro en Mesec, y habito entre las tiendas de Cedar! 6Mucho tiempo ha morado mi alma con los que aborrecen la paz. 7Yo soy pacífico; mas ellos, así que hablo, me hacen guerra”
(Salmo 120).


“1Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? 2Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. 3No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. 4He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. 5Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. 6El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. 7Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma. 8Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Salmo 121).


Con este Salmo comienza la salida; como quien dice, voy a salir de Mesec, voy a ir saliendo, y Dios me va a ir cuidando. El 120 nos dice dónde estaban, el 121 nos dice que Dios querrá cuidar su salida y su entrada, o sea, que van a salir de un lugar y van a entrar a otro, y el 122 nos dice cuál es el lugar, cuando nos dice: “1Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos; (es decir, que ya sabemos de dónde salen y para dónde se dirigen) 2nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas, oh Jerusalén. 3Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. 4Y allá subieron las tribus, las tribus de Jah, conforme al testimonio dado a Israel, para alabar el nombre de Jehová. 5Porque allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David. 6Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman. 7Sea la paz dentro de tus muros, y el descanso dentro de tus palacios. 8Por amor de mis hermanos y mis compañeros diré yo: La paz sea contigo. 9Por amor a la casa de Jehová nuestro Dios buscaré tu bien” (Sal. 122).


“1Mirad, bendecid a Jehová, vosotros todos los siervos de Jehová, los que en la casa de Jehová estáis por las noches. 2Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová. 3Desde Sión te bendiga Jehová, el cual ha hecho los cielos y la tierra”
(Salmo 134).


En el 120 está angustiado, pero ahora, en el 134, está en la casa de Dios, por esas expresiones jubilosas con que pide que se alabe a Jehová. Cuando cantamos estos Salmos a la luz del programa divino, resulta muy bonito y diferente. ¡Bendito Dios! Al volver a mirar en Jeremías 52 lo que se llevaron a Babilonia los caldeos, seguimos leyendo en el verso 20: “Las dos columnas, un mar, y los doce bueyes de bronce que estaban debajo de las basas, que había hecho el rey Salomón en la casa de Jehová; el peso del bronce de todo esto era incalculable”. Y continúa contando los detalles de cómo era cada cosa de lo que se llevaba el diablo.

La restauración del candelero


En el capítulo 4 del libro del profeta Zacarías también se nos presenta una visión de Dios respecto del candelero. Inicialmente habíamos visto cómo el Señor en los libros de Éxodo, Levítico y Números nos presenta el candelero. Primero es uno solo; pero luego en el libro de Reyes, cuando ya se extiende la tipología, aparecen diez candeleros, porque la intención de Dios es que los candeleros se multipliquen, que la Iglesia se multiplique en candeleros por toda la tierra. El candelero tuvo sus vicisitudes. Cuando el pueblo del Señor fue infiel, la Palabra de Dios nos dice que el Señor permitió que fueran llevados cautivos a Babilonia; y el profeta Jeremías narra que aun el mismo candelero fue llevado a Babilonia, como también los utensilios; y fueron llevados no por su forma o su significado o uso, sino por el oro; lo que era oro fue llevado por el oro, lo que era de plata fue llevado por la plata; pues a ellos no les interesaba si era una vasija o si se trataba de un garfio de un candelero; lo que les interesaba era el oro; es decir, en Babilonia se perdió la forma. Con motivo de la cautividad, las cosas fueron llevadas a Babilonia, y llegaron a estar en otro lugar diferente del apropiado, no en el sitio escogido por Dios.


Así también muchas de las cosas de Dios han sido llevadas a Babilonia. También existe una Babilonia en el Nuevo Testamento. La Palabra del Señor nos habla en Apocalipsis de una misteriosa Babilonia. La Iglesia debe conocer los misterios de Dios, revelados en Su Palabra. Algunos de esos misterios se refieren a las cosas de Dios, entre los cuales tenemos los misterios del reino de Dios, el misterio de la piedad, el misterio del evangelio, el misterio de las siete estrellas y de los siete candeleros de oro, etcétera; pero hay otros que se refieren al trabajo del diablo, como el misterio de iniquidad, el misterio de Babilonia, el misterio de la mujer y de la bestia que la trae. Son misterios que revelan de parte de Dios las cosas negativas. Entre esos misterios negativos existe también una misteriosa Babilonia, rival de la Jerusalén de Dios. Siempre el diablo ha sido rival de Dios, y ha pretendido imitar las cosas de Dios, erigir construcciones rivales a la construcción de Dios.


Así como en el Antiguo Testamento hubo una Babilonia a la cual fue llevado cautivo el pueblo de Dios, asimismo en el Nuevo Testamento, concretamente en los capítulos 17 y 18 de Apocalipsis, aparece una misteriosa Babilonia, y asimismo el pueblo de Dios del Nuevo Testamento aparece cautivo en esa misteriosa Babilonia. Por eso el Señor en el Nuevo Testamento le dice a Su pueblo: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Ap. 18:4); o sea, que el Señor claramente reconoce como pueblo suyo a algunos en Babilonia; no los rechaza como si no fueran Su pueblo por el hecho de estar en Babilonia; los reconoce como suyos, porque creen en Él, pero a la vez que los reconoce como Suyos, les dice que salgan de ella. El pueblo del Señor debe salir de Babilonia para no participar de los pecados de Babilonia. Debemos recordar que en Babilonia, en pleno banquete blasfemo de Belsasar, a la luz del candelero se vio la mano de Dios juzgando a Babilonia. Hermanos, es a la luz del candelero que Dios juzga a Babilonia, como consta claramente en el libro de Dn. 5:3-5: “3Entones fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. 4Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra. 5En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía”.


Así como en el Antiguo Testamento, entre las muchas cosas de la casa de Dios y de los utensilios del servicio a Dios fueron llevados a Babilonia, asimismo hay cosas que debieran estar sirviendo a Dios en la unidad del Cuerpo de Cristo, y ahora están pretendiendo servir a Dios en Roma, en sectas, en denominaciones, en grupos que son diferentes y menores que la realidad del Cuerpo de Cristo. El Cuerpo de Cristo incluye a todos los hijos de Dios. En principio el Cuerpo de Cristo requiere que todos los hijos de Dios sean incluidos en Su comunión. Entonces, ¿qué sucede? Que también llegó el día en que el principio del candelero que representa a la iglesia local se perdió. Al comenzar Apocalipsis, la Palabra de Dios insiste y proclama sobre lo del candelero; los siete candeleros son las siete iglesias; las siete iglesias están representadas por siete candeleros; y como en el Antiguo Testamento los candeleros fueron llevados a Babilonia, asimismo el principio de una iglesia por localidad cayó en la confusión religiosa en el Nuevo Testamento, en la historia de la Iglesia. Son los principios que encontramos en Hechos de los Apóstoles, en las epístolas del apóstol Pablo, en Apocalipsis. Dios quiere y está trabajando para que esos principios sean recuperados plenamente, así como lo hizo en la recuperación del candelero en Jerusalén en tiempos del profeta Zacarías, a la vuelta del cautiverio babilónico. El propósito de Dios con Zacarías es alentar al pueblo para que se continúe la obra de reedificación del Templo en tiempos de Josué y Zorobabel.


“1Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño. 2Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él; 3y junto a él dos olivos, el uno a la derecha del depósito, y el otro a su izquierda. 4Proseguí y hablé, diciendo a aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es esto, señor mío? 5Y el ángel que hablaba conmigo respondió y me dijo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: No, señor mío. 6Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. 7¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella. 8Vino palabra de Jehová a mí, diciendo: 9Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros. 10Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra. 11Hablé más y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos a la derecha del candelero y a su izquierda? 12Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro? 13Y me respondió diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no. 14Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra” (Zacarías 4:1-14). Muchas cosas deben ser recuperadas; no sólo el asunto del candelero. El profeta Zacarías junto con el profeta Hageo, fueron enviados por el Señor cuando la casa de Dios estaba siendo restaurada. Al regreso de Babilonia, el Señor despertó el espíritu de Zorobabel, hijo de Salatiel, y el de Josué, hijo de Josadac, y del resto del pueblo para que salieran de Babilonia y regresaran a Jerusalén y reedificaran el altar que había sido derruido y la casa de Dios que había sido destruida. Durante ese proceso de restauración del candelero, no faltaron opositores por parte del diablo y enemigos humanos, que se levantaron contra la restauración de la casa de Dios, pero Dios mandó a los profetas para reanimar en el nombre de Dios. Dios toma la iniciativa y muestra una visión de lo que El realmente quiere hacer. Es necesario ver de parte de Dios la visión de Dios. La visión era un candelero todo de oro, con su depósito, sus siete lámparas, y siete tubos para las lámparas para transmitir el contenido del depósito. Cuando Dios quiere la restauración de Su casa, y ellos, por causa de sus enemigos, habían parado esa recuperación, entonces Dios envía a Zacarías, y le muestra el candelero. Lo que Dios quiere tener es un candelero formado por todo Su pueblo; que en cada localidad exista un candelero que tenga la luz completa.


Finalmente podemos ver que en el tiempo de la restauración Dios providenció con Esdras que las cosas y enseres volviesen a su lugar, como está escrito en la carta de Artajerjes a Esdras: “Y lo que a ti y a tus hermanos os parezca hacer de la otra plata y oro, hacedlo conforme a la voluntad de vuestro Dios. Los utensilios que te son entregados para el servicio de la casa de tu Dios, los restituirás delante de Dios en Jerusalén. Y todo lo que se requiere para la casa de tu Dios, que te sea necesario dar, lo darás de la casa de los tesoros del rey” (Esdras 7:18-20).


1Enseñanza a la iglesia en la localidad de Usaquén, Santafé de Bogotá, D.C., Colombia, en mayo 24, junio 7 y 14 y julio 5 de 1992. Transcripción: Emilita de Rodas.
2Referencia a Efesios 4:13
3Referencia a 1 Corintios 6:15
4Efesios 5:30
5Ver las siguientes citas bíblicas: Colosenses 1:15; Juan 1:18; 2 Corintios 4:4; Hebreos 1:3; 1 Juan 5:20
6Referencia a Génesis 28:10-22

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