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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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La Centralidad y Universalidad de la Cruz
Por T. Austin-Sparks
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Si la cruz está en el centro de la Casa de Dios – la iglesia – todo lo demás está en orden.

En Ezequiel 43: 13 al 27 tenemos el gran altar y su servicio. No leeremos la sección entera, sino sólo el primer versículo: «Estas son las medidas del altar por codos (el codo de a codo y palmo menor). La base, de un codo, y de un codo el ancho; y su remate por su borde alrededor, de un palmo. Este será el zócalo del altar». Luego se dan más detalles sobre las dimensiones y sobre el servicio.


Todos entendemos que el altar en el Antiguo Testamento es siempre un tipo de la cruz. Este altar es el lugar de la ofrenda enteramente quemada, y tiene relación con Hebreos 10, donde el Señor Jesús es descrito como la ofrenda completa y perfecta. Así que vamos a meditar acerca de la centralidad y la universalidad de la cruz.


Hemos visto que toda el área del templo era cuadrada. Si trazamos las diagonales desde cada esquina, esas líneas se cruzan en el lugar donde estaba el gran altar. El lugar central en toda el área era el altar. Vemos que esto es diferente del tabernáculo en el desierto. La superficie del tabernáculo no era cuadrada, y el altar de las ofrendas quemadas estaba a la derecha de la puerta; pero en este templo, el altar está justo en el centro del cuadrado. Es importante comprender eso. Todas las líneas confluyen al altar, y todas las líneas salen del altar. El foco central de todo es el altar.


El altar lo gobernaba todo. Gobernaba todo lo relativo a la casa; es decir, todo lo que estaba en el templo era gobernado por el altar. Gobernaba todo lo que estaba inmediatamente en torno de la casa. Si usted tuviera un plano general de esta casa, con el trazado definido y la superficie completa, vería que todas las cámaras de los sacerdotes estaban a su alrededor; y los lugares donde eran preparadas las ofrendas estaban también a su alrededor. Todo se reunía en torno a la casa, pero todo en la casa y en el área entera era presidido por el altar.


Así, todo el servicio de la casa era gobernado por el altar. Podríamos decir que no había ningún servicio que no se relacionase con el altar; y entonces más allá de la casa, y más allá del área inmediata, aun la tierra entera, todo, era gobernado por el altar. Veremos esto cuando constatemos que el río, que bajaba a través de la tierra entera, venía por la vía del altar. Pero volvamos primeramente al interior de la casa.


La cruz en su lugar


Aquí tenemos una verdad muy importante y vital. Cuando la cruz está en su lugar en su plena dimensión, todo lo demás estará en orden, todo lo demás cobrará su significado y su valor. Siento que no puedo decir esto lo suficientemente fuerte. Nosotros estamos a menudo muy preocupados con el entorno de las cosas, con el orden de la casa del Señor, con el ministerio, con las personas relacionadas con la casa del Señor. Siempre estamos empezando por lo externo. Estamos intentando disponer un orden de la casa de Dios. Estamos tratando de poner al pueblo en la casa correcta. Nos preocupamos muchísimo por los ministros y los ministerios.


Pero si la cruz realmente estuviera en su lugar en su real dimensión, todo eso se daría por añadidura. El pueblo estaría bien si la cruz estuviese en su lugar. Los ministerios estarían bien si la cruz estuviera en su lugar. El orden de la casa sería correcto si la cruz estuviera en su lugar. Funciona de esa forma. Si la cruz está precisamente en el centro, en su plena medida –nótese que es un gran altar–, entonces todo lo demás entrará en su lugar correcto, y en una relación de vida.


Aunque aquí no se dice, pienso que es correcto concluir que el altar era de bronce. El altar en el tabernáculo era de bronce, el altar en el templo de Salomón era de bronce, y pienso que podemos asumir que éste también lo era. Nosotros ya nos hemos encontrado con el bronce. Nos hemos encontrado con el bronce en el varón que estaba en la puerta (Ez. 40:3), y hemos visto que con su caña él midió todo según lo que él era. El bronce es el tipo de los justos juicios de Dios. Este gran altar representa la plenitud de los justos juicios de Dios. Este altar de bronce es medido por el varón de bronce, para que este altar represente los pensamientos de Dios en el juicio.


En este altar de la ofrenda totalmente quemada, el hombre injusto es completamente removido. El altar de bronce ve a un hombre traído a las cenizas. Las cenizas son tomadas de aquí y vaciadas en el suelo junto al altar. Ese es un cuadro del pensamiento de Dios sobre el hombre injusto, o el hombre natural. Él es consumido en el fuego del juicio de Dios, reducido a cenizas, y arrojado al suelo. Tal es el pensamiento de Dios sobre el hombre natural.


Por otra parte, sólo el hombre justo puede permanecer de pie en la presencia de este altar. Naturalmente, esos son los dos aspectos de la persona y la obra del Señor Jesús. Por una parte, él fue hecho pecado por nosotros, y en esa forma fue totalmente consumido y hecho cenizas. Cuando él clamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?», era el lamento de las cenizas. Él fue convertido en cenizas y arrojado al suelo.


Pero está también el otro lado de la cruz: «Él no conoció pecado». ¡En él mismo no había ninguna injusticia, y, por consiguiente, pudo pasar por el altar, pudo vivir después del fuego! «No permitirás que tu Santo vea corrupción». Porque en él no hubo pecado, la muerte no le pudo retener. Su naturaleza santa podía superar todos los justos juicios de Dios. Éste es el significado del gran altar: un hombre es llevado a su fin, y otro Hombre es levantado en su lugar. Todo ha sido juzgado en el altar. Todo es juzgado en la cruz.


Nosotros hemos sido juzgados en la cruz del Señor Jesús, y hemos sido llevados al fin. Todo lo natural ha sido juzgado y llevado a su fin en la cruz del Señor Jesús. Es muy importante reconocer eso. Vea usted, eso lo hace todo posible. Por eso he dicho que si la cruz está en su lugar, todo lo demás será correcto. La casa será correcta; es decir, la iglesia será correcta. El servicio será correcto. El orden será correcto. Usted no tendrá que esforzarse intentando provocar un orden correcto. Este brota espontáneamente de la obra de la cruz.


Espero que esté registrando eso en su mente. Usted puede encontrar desórdenes en la casa de Dios. Puede encontrar al hombre natural en la casa de Dios. Puede encontrar condiciones que son del todo inaceptables en la casa de Dios. ¿Cómo tratar con ellas? Sólo se puede tratar con ellas por el principio de la cruz. Usted no puede tratar con las personas mismas, no puede tratar con las cosas mismas; pero si sólo puede traer la cruz a esa situación, usted ha resuelto todo el problema. Es así. No empezamos de fuera. No empezamos con las personas, no empezamos con el orden de la casa del Señor, no empezamos con el ministerio: Empezamos con la cruz. Y si sólo el pueblo viese la cruz, todo lo demás se pondría en su lugar. Todo es juzgado por la cruz.


La cruz en las epístolas


La carta a los Romanos es el mensaje de la cruz en su total dimensión. En esa carta, vemos la gran medida de la cruz. Allí la cruz abarca todas las cosas. Trae a toda la raza de Adán a un final, y empieza una raza completamente nueva en Cristo resucitado. Nos impresiona que la primera de las cartas del Nuevo Testamento ponga la cruz allí en su plena medida. Todos ustedes saben que Romanos no fue la primera carta escrita por Pablo, pero el Espíritu Santo la puso al comienzo. Pienso que el Espíritu Santo tuvo algo que ver con la disposición de los libros en el Nuevo Testamento, y en su arreglo soberano de este libro, puso el altar en su total plenitud al principio. Por supuesto, tenemos que evocar todo lo que sabemos sobre Romanos para ver eso.


En la primera carta a los Corintios, la cruz es aplicada al hombre natural y carnal dentro de la iglesia. El hombre natural y el hombre carnal han entrado allí donde no tienen ningún derecho a permanecer. Este hombre injusto se ha colado por la puerta, así que el apóstol trae a Cristo crucificado contra el hombre natural y el hombre carnal. La cruz en 1ª a los Corintios tenía que ver con ese hombre, no fuera de la iglesia como en Romanos, sino al interior de ella.
La segunda carta a los Corintios pone a la cruz en relación con el servicio. Esa carta nos muestra que el ministerio fluye fuera de un vaso quebrantado y humillado. Yo sólo puedo mencionar estas cosas y omito la explicación detallada de ellas.


En la carta a los Gálatas, la cruz se deja caer sobre los que quieren transformar a la cristiandad en otro sistema legal, y traer a los cristianos a esclavitud. Cuán enérgico es el apóstol en esa carta, pero veamos cómo él usa la cruz. La usa tremendamente contra ese esfuerzo por introducir a la cristiandad en un sistema legal, y por traer de nuevo a los creyentes a servidumbre.


En la carta a los Efesios, la obra de la cruz es poner a la iglesia en el terreno celestial. La cruz en Efesios quita a la iglesia completamente fuera de toda base terrenal. Pone a la iglesia fuera del tiempo. Pone la iglesia fuera del mundo.


En la carta a los Filipenses, la cruz es aplicada a aquello que está estropeando la armonía del pueblo del Señor. Hay un quiebre doloroso dentro de la iglesia. Hay un punto donde las cosas están mal, y eso es debido al interés personal y al orgullo. Algunas personas no renunciarán a su interés personal. Otros no abandonarán su orgullo. Ellos han sido ofendidos, y no van a perdonar. Así que el apóstol introduce allí la cruz en contra de esta discordia, y dislocación; y les señala que si sólo la cruz estuviera en sus vidas, todo sería resuelto.


La carta a los Colosenses muestra que la cruz liberta de toda falsa espiritualidad. La cruz separa todo lo que es mero misticismo, y todo lo que haría a Cristo menos de lo que él es.
Luego tenemos las cartas a los Tesalonicenses. Aquí la cruz es la fortaleza para sufrir, una inspiración hacia la venida del Señor. No se dice mucho expresamente sobre la cruz, pero el principio de estas cartas es el principio de la cruz. El pueblo estaba sufriendo por la causa de Cristo. Estaban sufriendo la pérdida de todas las cosas, y ellos pensaban que el Señor había de venir a liberarlos, pero estaba tardando su venida. Así que el apóstol les dice que los sufrimientos de ellos redundarán en la venida del Señor de gloria. Los padecimientos por la causa de Cristo. Ellos están sufriendo por la causa de Cristo: es compañerismo en la cruz, pero los sufrimientos redundarán en gloria. El Señor ya viene, y entonces todo estará bien. La cruz tiene un mensaje muy real para los creyentes que sufren.


Y entonces concluimos con la carta a los Hebreos. En ella, la cruz muestra cómo todo es llevado a su plenitud y a su culminación. Todo esto se relaciona con la casa en su interior. Se refiere a la conducta. Se refiere al carácter. Se refiere al orden. Se refiere al servicio. Si la cruz está en su lugar, todo será efectivo.


Bien, yo no les he dado sólo una enseñanza bíblica. La cruz es la clave de todo. Así, lo que es verdad en el interior también lo es en lo exterior. La cruz afecta a todo el ámbito de influencia de la iglesia. El río viene por la vía de la cruz, es decir, la influencia que sale del santuario a la tierra entera. Es la cruz lo que da efectividad al servicio al mundo entero. Así que los apóstoles predicaron por todas partes a Cristo crucificado.


La cruz, defensa contra el mundo


Y entonces notamos otra cosa: el altar era la gran defensa contra el enemigo. Si usted lee Esdras 3:3, encuentra esto: «Y colocaron el altar sobre su base, porque tenían miedo de los pueblos de las tierras...». Porque el miedo de los pueblos de las tierras estaba en ellos, pusieron el altar en su lugar. La cruz es un gran baluarte, la cruz nos defiende del mundo. El mundo es el gran enemigo de la iglesia. El espíritu del mundo siempre ha sido el gran enemigo de la Iglesia. Satanás siempre ha intentado introducir al mundo en la iglesia y así arruinarla a ella y a su ministerio, para destruir la influencia de la iglesia en el mundo. Es un movimiento muy hábil y sutil del enemigo para destruir la influencia de la iglesia en el mundo trayendo al mundo dentro de la iglesia. Porque Pablo dijo: «Pero lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo» (Gál. 6:14).


Un pueblo verdaderamente crucificado nunca está en peligro del mundo. Sólo cuando la cruz no ha hecho su obra, el mundo tiene un lugar. El mundo no tiene ningún lugar con un hombre o una mujer crucificados, o con una compañía de creyentes crucificados. La cruz es una gran defensa contra el mundo. Si usted quiere dejar fuera al mundo, ponga la cruz en su lugar. Si la cruz está de verdad en su lugar en plenitud, entonces todo lo demás será ordenado. La cruz es la gran defensa contra el mundo. La cruz es la gran defensa contra los poderes malignos. La cruz lo asegura todo; lo asegura todo para el Señor.


Vean ustedes, el Señor quiere comprometerse. Él quiere confiarse a su pueblo, pero si la cruz no está allí obrando, el Señor no puede confiarse a ellos. El Señor dice: «No es seguro para mí darme allí, o me vería involucrado en su condición no crucificada». La cruz hace todo seguro para el Señor, y la cruz hace todo seguro para la iglesia. Si la cruz realmente está obrando en todos nosotros, podemos confiar unos en otros. Es bastante seguro para usted confiar en un hombre o en una mujer crucificados.


Concluyo enfatizando que la cruz no es una doctrina para ser enseñada. No es un tema para ser predicado. Por supuesto, será enseñada, y será predicada. Pero, en primera instancia, no es un tema para ser enseñado. No es sólo una doctrina. La cruz es poder. La cruz es una experiencia. La cruz es un acontecimiento en nuestras vidas. La cruz es una crisis. La cruz es una revolución. La cruz es un terremoto. Hubo un terremoto cuando Jesús fue crucificado. Si la cruz entra en nuestra vida, habrá un terremoto. Todo se agitará, todo se trastornará. La cruz es un terremoto. Es algo tremendo. La cruz no es sólo una teoría, no sólo una doctrina: La cruz lo gobierna todo. Bien, ese es nuestro mensaje sobre la centralidad y universalidad de la cruz.


El Señor nos conceda a todos ser hombres y mujeres crucificados. Que nuestras asambleas puedan ser asambleas crucificadas. El Señor permita que su iglesia entera pueda ver y comprobar el significado de la cruz.


***
Tomado de "El persistente propósito de Dios".
Traducción del inglés: Mario Contreras T.

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