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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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La Comunión del Cuerpo
Por Watchman Nee
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El cuerpo de Cristo es la base de la comunión de la Iglesia.

Cristo, la Iglesia y el Cuerpo (Ef.5:29-30)


En el Antiguo Testamento Dios nos muestra cómo él tomó una costilla de Adán y formó a Eva. Eva salió de Adán, o, para usar otra expresión, Eva era Adán. De modo similar, si preguntamos qué es la Iglesia, la respuesta será que ella salió de Cristo. Así como Dios formó a Eva con aquello que él tomó de Adán, así él forma la iglesia con lo que es tomado de Cristo. Cristo no nos ha dado sólo de su poder, gracia, naturaleza y voluntad, sino también de su propio cuerpo. Él nos ha dado de sus huesos y de su carne. Él ha dado de sí mismo a nosotros, así como Adán dio su costilla a Eva.


La Biblia nos dice que Cristo es la cabeza de la iglesia, y la iglesia es el cuerpo de Cristo. Individualmente, cada cristiano es un miembro del cuerpo de Cristo, pues cada uno salió de él.


Una cosa que debemos observar de manera especial es que el cuerpo de Cristo está en la tierra, a pesar de no formar parte de ella. Es celestial, aunque está en la tierra. No piense que el cuerpo de Cristo está en el cielo. Cuando Pablo persiguió a la iglesia, el Señor Jesús lo desafió en el camino a Damasco, diciendo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues». La palabra del Señor aquí es realmente maravillosa. Él no dice: «Saulo, Saulo, ¿por qué persigues a mis discípulos?», sino «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Él no preguntó: «Saulo, Saulo, ¿por qué persigues mi pueblo?», o «¿Por qué persigues mi iglesia?» Él simplemente dijo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».


De esa forma le fue revelado a Pablo que la iglesia y Cristo son uno. La unidad entre la iglesia y Cristo es de tal naturaleza que perseguir a la iglesia es perseguir a Cristo. Además de eso, el incidente en la entrada de Damasco indica que el cuerpo de Cristo es algo en la tierra. Si estuviese en el cielo, no podría ser perseguido. Sin embargo hoy, la iglesia en la tierra es el cuerpo de Cristo, por eso Saulo puede perseguir a la iglesia.


Muchos sostienen que la manifestación del cuerpo es un acontecimiento celestial, siendo así, esa manifestación tiene que esperar hasta que todos lleguemos al cielo. Si ese fuese el caso, entonces Saulo no podría haber perseguido al Señor. Todavía el cuerpo de Cristo está en la tierra; por eso Saulo puede perseguirlo.


Ya que la iglesia es el cuerpo de Cristo en la tierra, ella debe ser manifestada aquí. A pesar de que la Cabeza está en el cielo y el cuerpo sobre la tierra, ambos son uno. Tanto el que está en el cielo como la que está en la tierra son uno. Por consiguiente, la persecución a la iglesia es la persecución al Señor; perseguir al cuerpo es perseguir a la Cabeza. La unión es tan perfecta que no puede ser separada.


Las personas pueden preguntar: «¿Cómo podría el cuerpo de Cristo haber estado en la tierra durante la época de Pablo? Durante estos dos mil años, desde aquel tiempo hasta el presente, multitudes han sido salvadas y agregadas al cuerpo de Cristo. ¿Cómo entonces podía ser la Iglesia ser el cuerpo de Cristo en tal período inicial».


J.B. Stoney, un hermano muy espiritual y grandemente usado por Dios en el siglo XIX, tenía una ilustración muy buena. Él decía que la iglesia es como un pequeño pájaro. Cuando él rompe por primera vez la cáscara del huevo, ya es un pájaro, a pesar de que sus plumas tendrán todavía que crecer. Más tarde, cuando el pájaro se torna adulto, todavía es llamado pájaro. No le es negado el nombre de pájaro cuando sus plumas todavía no han crecido. Las plumas crecen lentamente de adentro hacia fuera; ellas no son implantadas desde afuera. Todo el crecimiento viene de adentro hasta que el pequeño pájaro llega a ser adulto. Y esa es la manera como la Iglesia existe en la tierra. A pesar de que en los días de Pablo ella estaba recién comenzando, aun así era el cuerpo de Cristo. Así también, en el día de hoy, ella ha crecido mucho, pero nada externo debe ser agregado a ella. Todo el crecimiento viene de adentro.


A pesar de que el número de los salvados en la iglesia todavía está lejos de ser completado, con todo, la iglesia es perfecta por dentro. Aquello que está dentro de ella necesita ser completamente desarrollado, esto es, Cristo debe ser manifestado desde adentro. Por lo tanto, la iglesia hoy, así como la iglesia de ayer y de mañana, es el cuerpo de Cristo. Dios no salva a las personas y las agrega a la iglesia externamente; antes, el cuerpo de Cristo crece continuamente desde adentro, a partir de la Cabeza.


La iglesia no es nada más sino aquello que procede de Cristo. Ella proviene de la cabeza que está en el cielo, mas ella habita hoy en la tierra. Ella es un cuerpo. Así como un pequeño pájaro, ella necesita crecer hasta que alcance la madurez completa. La iglesia, entonces, es una misma cosa desde el principio hasta el fin.


La Biblia nos muestra que la base de la iglesia es el cuerpo de Cristo. Todo lo que no está fundamentado en el cuerpo de Cristo, no es la iglesia. La Palabra de Dios reconoce sólo una iglesia – el cuerpo de Cristo. No importa por qué razón o cuán aparentemente bíblico pueda parecer, si alguna cosa no está basada en el cuerpo de Cristo, no puede ser reconocida como iglesia. Cuando la influencia del protestantismo llegó a su auge en Europa, además de las iglesias nacionales, muchos grupos divergentes y muchas denominaciones surgieron. Durante aquel período, iglesias establecidas por hombres crecieron como brotes de bambú después de una lluvia fresca en primavera. Ellos escaparon de la esclavitud de la Iglesia Católica Romana y huyeron a la libertad de las iglesias protestantes. Ellos imaginaban que tenían la libertad de establecer iglesias. Pero, ¿realmente aquellas iglesias que establecían estaban fundamentadas en el principio del cuerpo?


Es imperativo que podamos ver con precisión delante de Dios lo que es la iglesia. Ella es el cuerpo de Cristo. Cualquier cosa que sea menor que el cuerpo de Cristo no puede ser usada como base de la iglesia. Por ejemplo, nosotros en Shangai tenemos una iglesia porque hemos aprendido a permanecer en el fundamento del cuerpo y a recibir a todos los miembros del cuerpo de Cristo para la comunión. Solamente tenemos una condición para recibir a los hermanos y hermanas en la iglesia aquí, y ella es que pertenezcan al cuerpo de Cristo, que estén en el cuerpo. Solamente eso justifica que seamos una iglesia.


Una vez que hay una iglesia aquí en Shangai, suponga que llegue el día cuando algunos hermanos disientan de ciertas doctrinas o sientan que algunas verdades sustentadas por la iglesia son erróneas. ¿Tienen ellos derecho de fundar otra iglesia? No, pues no tienen ningún fundamento para eso. La base de la iglesia es el cuerpo de Cristo. Fundar una iglesia a fin de mantener una verdad no es justificación suficiente. Si la iglesia en Shangai no es el cuerpo de Cristo, entonces aquellos hermanos pueden establecer una iglesia. Mas si ella lo fuere, entonces ellos deben continuar y tener comunión allí. No son libres para establecer otra.


Suponga que otros hermanos declaren que no están tan preocupados con las doctrinas bíblicas ni con la interpretación de las mismas, ni siquiera en suplir de alimento espiritual a aquellos que se reúnen. ¿Puede ellos formar otra iglesia en base a esa motivación excelente que es la de proveer alimento espiritual a los hijos de Dios? No, otras sociedades pueden ser establecidas por voluntad humana, pero no una iglesia. Ellos pueden organizar un trabajo cristiano, una escuela dominical o una sociedad santa, pero no pueden instituir una iglesia. El proveer alimento espiritual no es base suficiente para formar una iglesia. Hay solamente una base para que la iglesia pueda ser establecida, y esta es, cuando todos los hijos de Dios son incluidos.


En otras palabras, la iglesia debe tomar el cuerpo de Cristo como su unidad. Si otras personas fallan en reunirse sobre la base de esa unidad; si otras personas fallan en reunirse sobre la base de esa unidad, la responsabilidad es de ellas; pero una iglesia no puede tener otra condición a no ser pertenecer al cuerpo. El cuerpo es, por lo tanto, la única condición. La iglesia debe ser tan amplia como el cuerpo; no puede ser menor que el cuerpo. Todos los que pertenecen a Cristo son del cuerpo y están incluidos en la iglesia, ninguno de ellos puede ser rechazado.


Según la Biblia, la iglesia de Cristo es el cuerpo de Cristo, y el cuerpo de Cristo es la iglesia de Cristo. Ni siquiera la doctrina puede ser usada como justificación para fundar una iglesia. La santidad es importante, pues sin santidad nadie puede ver a Dios. La fe es muy necesaria, pues por la fe somos justificados. Sin embargo, ni la santidad ni la fe pueden servir de motivo para el establecimiento de una iglesia, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo. Ella no es el conjunto de aquellos que creen en la doctrina de la santidad, ni es una asamblea de aquellos que defienden la justificación por la fe.


Ciertamente, la nacionalidad no puede ser la base de la iglesia, como en el caso de la iglesia luterana de Alemania, o de la iglesia anglicana en Inglaterra. Después que Dios reveló a Martín Lutero la verdad de la justificación por la fe, él fue un instrumento para respaldar el movimiento protestante. Sin embargo, eso no le dio a él ni a sus seguidores el derecho de establecer una iglesia nacional. Si hubiera sólo diez cristianos hoy basados en el fundamento del cuerpo de Cristo, ellos tienen el derecho de formar una iglesia. Pero Alemania, con sus millones de cristianos, no puede organizar una iglesia. Sólo por el hecho de tener tan gran número de personas no es motivo suficiente para el establecimiento de una iglesia nacional.


La base de la iglesia, por lo tanto, es el cuerpo de Cristo en la localidad. No está basada en la doctrina o en la nación, en el alimento espiritual o en la interpretación bíblica. Dondequiera que podamos ir, debemos estar claros de esa posición – la iglesia es el cuerpo de Cristo. Si una iglesia local es formada sobre esa base, no es sectaria.


Si algunos hermanos y hermanas tienen visiones e interpretaciones diferentes de las suyas y, por lo tanto, insisten en reunirse separadamente, la base de ellos está equivocada. Por causa de que las suyas son el cuerpo de Cristo, usted tiene el fundamento correcto. Ellos no tienen fundamento, pues el de ellos está basado en visiones e interpretaciones. Entre las así llamadas por el mundo, solamente aquellas que defienden el cuerpo de Cristo son iglesias. El resto no tienen base suficiente para ser consideradas iglesias.


Si los hijos de Dios viesen claramente que el cuerpo es la única base de la iglesia, ellos no se dividirían en sectas. Puede haber una iglesia con solamente tres o cinco personas, pero puede no estar correcto establecer una con cien o mil personas. Estamos convencidos de que la iglesia tiene solamente una base, la de manifestar plenamente el cuerpo de Cristo. No nos reunimos en ninguna otra posición que no sea la del cuerpo de Cristo.


Yo realmente espero que los creyentes puedan ver que dondequiera que un grupo en una cierta localidad excede o está más acá del cuerpo de Cristo, ese grupo no puede ser reconocido como una iglesia. El grupo que excede el cuerpo de Cristo es aquel que recibe personas que no pertenecen al cuerpo; él acepta no creyentes. Tales grupos se tornan una mezcla y pierden la posición de una iglesia. Por otro lado, cualquier grupo que reduce el cuerpo de Cristo es aquel que restringe su comunión. Puede ser un grupo de santidad, o un grupo del séptimo día o un grupo bautista. Tales grupos restringen el cuerpo de Cristo más de lo que deberían; ellos tampoco tienen base suficiente para ser reconocidos como una iglesia.



La unidad de la iglesia en el Espíritu Santo (1 Co. 12:12-13)


Decir que la iglesia procede de Cristo toca la cuestión del origen de la iglesia. Todos los cristianos tienen nueva vida. La vida de Cristo ha sido multiplicada en decenas de millares, y millares de millares de cristianos. El capítulo 12 de Juan nos muestra cómo un grano de trigo cae en tierra, muere y produce muchos granos. Todos los granos participan de la vida del primer grano. Uno se convierte en muchos granos y todos vienen de uno solo.


Hemos visto cómo un grano puede convertirse en muchos granos, pero ¿cómo pueden los muchos granos volver a ser uno? Las Escrituras nos muestran que la formación del cuerpo de Cristo es el trabajo del Espíritu Santo. ¿Cómo es realizada esta obra por el Espíritu Santo? Él lo hace bautizando muchos granos en uno solo. De Cristo proceden decenas de millares y millares de millares de cristianos. Esos millares y millares de cristianos son bautizados en un solo cuerpo en el Espíritu. Tal es la enseñanza básica de 1 Corintios 12:12-13. Usando otra metáfora, podemos decir que todos somos como piedras talladas de una misma roca y cimentadas juntas por el Espíritu Santo formando un todo.


El cuerpo de Cristo posee dos principios básicos: primero, a menos que proceda de Cristo, no es el cuerpo de Cristo. Segundo, a menos que haya obra del Espíritu Santo, no es el cuerpo de Cristo. Debemos ser bautizados en el Espíritu Santo y ser llenos del Espíritu Santo para que así seamos unidos en un cuerpo. Decir que la Iglesia comienza en Pentecostés es correcto; decir que ella comienza en casa de Cornelio, también es correcto; pues tanto judíos como gentiles han sido bautizados en un solo cuerpo. Primero recibimos la vida del Señor, la cual está en el Espíritu Santo, a fin de tornarnos en un solo cuerpo. Cada uno de los que conoce al Señor conoce este cuerpo. Si las personas andan según el Espíritu Santo, están plenamente conscientes de que los hijos de Dios son un cuerpo. El cuerpo físico tiene muchos miembros, pero la cabeza, a través del sistema nervioso, controla todos los miembros. De esta forma, la Cabeza de la Iglesia une los muchos miembros en un solo cuerpo a través del Espíritu Santo.



El cuerpo, la base de la comunión (1ª Co. 12:12)


La iglesia procede de Cristo y por medio de la operación del Espíritu Santo se torna en un cuerpo. Todos los miembros son colocados juntos y coordinados unos con otros en el Espíritu Santo. Así, la comunión o comunicación de los cristianos se produce en el contexto del cuerpo. En otras palabras, la base para la comunión cristiana es el cuerpo.


Somos miembros unos de otros y somos un solo cuerpo. Naturalmente nuestra comunión está basada en el cuerpo de Cristo. No hay otra relación para la comunión fuera de esta verdad de que todos somos miembros del cuerpo de Cristo. Ni todos nosotros somos judíos o griegos, libres o esclavos. No podemos basar nuestra comunión en ninguna de estas relaciones; por eso el cuerpo es la única base de nuestra comunión.


Ninguna otra relación puede ser reconocida como comunión cristiana. Cualquier comunión, reunión o grupo que no esté basada en el cuerpo de Cristo no es aceptable. Hoy hay un gran número de así llamadas «comunidades cristianas», pero ellas pueden no estar fundadas sobre la base de ser miembros unos de otros en el cuerpo. Ellas pueden basar la comunión en un ritual (como la inmersión), en una doctrina (como la justificación por la fe), en una forma de gobierno (como la episcopal), en el nombre de una persona (como los wesleyanos), en un cierto sistema (como el congregacio-nal), o en un cierto movimiento (como el pentecostal).


Muchas de las así llamadas comunidades cristianas no tienen un fundamento correcto delante de Dios. Los hijos de Dios tienen que comprender que la iglesia es el cuerpo de Cristo, y en este cuerpo un miembro es la unidad menor. La comunión de todos los miembros está basada en el cuerpo y nada más. Tal base de comunión identifica un grupo como una comunidad cristiana. Por causa de que usted y yo somos miembros del cuerpo de Cristo, podemos tener comunión. Esta comunión de un miembro con otro es basada en la unidad del cuerpo. Porque compartimos de la misma vida del cuerpo y somos bautizados en el mismo Espíritu Santo, somos capaces de tener comunión unos con otros. Nuestra comunión no puede existir sobre ninguna otra base.


Cualquier comunión que no sea la del cuerpo, es sectaria y divisoria. Si mis brazos y piernas tuviesen que organizar un club de miembros largos y mantuviesen comunión sobre la base de los saludos, ¡tal comunión sería exactamente errónea!


Déjeme repetirlo: la comunión que no está basada en el cuerpo no es una comunión cristiana. No podemos aceptar ninguna comunión que sea diferente de la del cuerpo, y más que eso, debemos rechazarla categóricamente. Mantener nuestra comunión cristiana significa que ella no debe ser menor que el cuerpo de Cristo.


***


Finalmente, reuniendo todos estos pensamientos con respecto al cuerpo de Cristo, es nuestro deseo que se pueda ver delante de Dios que el cuerpo de Cristo es la base de la comunión de la iglesia en esta tierra. Ponga cuidado con cualquier comunión que no sea la del cuerpo. Esta comunión no puede ser mayor que el cuerpo por incluir incrédulos, ni menor que el cuerpo por excluir creyentes. Debemos mantener, en el mundo, el testimonio de que hay un cuerpo. Que el Señor nos muestre su gracia.


***


Fragmento de «El cuerpo de Cristo»,
en Amaos unos a otros.

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