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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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Situación espiritual al final del siglo XIX
Por John Walker & Otros
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Prefacio

REFORMA Y AVIVAMIENTO


La inspiración para hacer este libro surgió con un curso ministrado por Harold Walker en un seminario para obreros en agosto de 1989, en Jundiaí, São Paulo. No tiene el propósito de ser una historia exhaustiva de la Iglesia en el siglo XX, sino el de resaltar algunos de los acontecimientos relevantes en el proceso de la restauración de la Iglesia en este siglo. Creemos que el conocimiento de aquello que Dios ya hizo en la historia reciente de la Iglesia es imprescindible para obtener una visión profética de aquello que Él aún hará en los próximos años.


No obstante ser un asunto muy importante para las reflexiones de todos aquellos que desean enfrentar este giro del siglo de una forma sobria y apercibida, no existen libros disponibles que abarquen el tema en forma global. Sólo existe la historia de una u otra iglesia o de un movimiento aislado. Al constatar la carencia de ese tipo de material y el sentimiento de la urgencia de tenerlo para la formación de una visión profética en la Iglesia, nos motivaron a elaborar y publicar este libro.


Existe una fuerte tendencia en la naturaleza humana a irse a los extremos y a obrar motivados por concepciones preconcebidas. Siempre es más fácil llegar a un consenso sobre lo que Dios hizo en el distante pasado que recordar sobre lo que Él hizo en el pasado reciente. Las personas tienden a tachar de herético a ciertos movimientos sin al menos conocerlos. Por otro lado, muchos son ingenuos al punto de tragar entero ciertas doctrinas y prácticas viii nuevas, cuando debieran examinar todo y retener sólo lo que es bueno.


Nuestro deseo al presentar este libro a la iglesia brasilera es contribuir de alguna forma a su madurez, llevándola a una comprensión equilibrada de todo escenario espiritual producido por los tremendos acontecimientos de este siglo. Nos gustaría ver a pastores, líderes, obreros y laicos estudiando y discutiendo estos asuntos, dejando de lado sus preconceptos y ampliando sus horizontes a fin de ver el plano global de Dios. Por un lado, necesitamos reconocer la preciosidad de la obra de Dios en segmentos de la Iglesia que, por ser tan diferentes de nosotros, hemos descartado sin el debido conocimiento y aprecio. Por otro lado, necesitamos ser “vacunados” contra novedades perniciosas por medio de conocer los efectos nefastos que semejantes ideas y doctrinas ya produjeron en la historia de la Iglesia.


El estudio de los diversos movimientos que surgieron en el siglo XX tiende a producir dos reacciones: Un sentido de admiración ante las repetidas y poderosas visitaciones del Espíritu Santo, y un sentido de perplejidad ante las grandes divergencias y aparente desarmonía entre los diversos segmentos del Cuerpo de Cristo. En medio de toda la confusión humana, sin embargo, el Espíritu de Dios está trabajando con una finalidad específica -la restauración de la Iglesia a fin de que sea la novia inmaculada de Cristo en Su segunda venida. A medida que el lector estudia la restauración de la Iglesia en el siglo XX, queremos llamar su atención en torno a la existencia de dos temas distintos pero relacionados entre sí: avivamiento y reforma. Dios no quiere sólo renovar el mover de Su Espíritu en la Iglesia. Él también desea restaurar la revelación clara y pura de Su Palabra, produciendo de este modo cambios radicales en nuestra fe y en nuestras estructuras. De esta forma, uniendo una estructura reformada con el poder de Su Espíritu derramado, Él pretende formar una casa adecuada para Su habitación permanente.


Esta obra es fruto del trabajo en equipo. Los capítulos del 1 al 8, 10 y 11 fueron escritos por Elenir Eller Cordeiro, y los capítulos 9 y del 12 al 16 fueron escritos por John Walker en inglés, y traducidos por Elenir. Ambos usaron como fuente de investigación ix varios libros y revistas inglesas y americanas, e incluyeron en el texto muchos fragmentos de los mismos. El capítulo 17 fue escrito por Ruth Walker a partir de dos mensajes grabados de Bob Mumford, y traducido y adaptado por Christopher Walker. John y Harold Walker supervisaron el proyecto. Sergio Abraham hizo una revisión, y la última revisión del portugués fue hecha por Rubens Castilho.


Deseamos que sus meditaciones sobre estos asuntos sean iluminadas por el Espíritu Santo a tal punto de llevarlo a tener una visión y una expectativa más claras de aquello que Dios aún hará en los años venideros a fin de consumar la restauración de Su Iglesia.


Harold Walker



SITUACIÓN ESPIRITUAL AL FINAL DEL SIGLO XIX


Antes de enfocar directamente el primer mover de Dios del siglo XX, sería provechosa una breve descripción de la situación espiritual y de las expectativas al final del siglo XIX, a fin de levantar un plano de fondo del Movimiento Pentecostal ocurrido justo a comienzos del siglo XX.


La situación de las iglesias en general era de apostasía y frialdad. El protestantismo americanoa era rico, culto e influyente, pero, con excepción de unos pocos grupos conservadores, su estado espiritual era de decadencia. Imperaban el liberalismo, el formalismo, la mundanalidad, el profesionalismo ministerial, conciencia de clases, ausencia de experiencia con Dios, etc. Instituciones teológicas y académicas que habían sido levantadas para preservar la fe, se habían vuelto al origen del darwinismo y del escepticismo en vez de a la inspiración de la Biblia. El nacimiento físico, en vez del nacimiento espiritual, se convirtió en la base para pertenecer a una iglesia, a tal punto de que los términos “nacer de nuevo” o “conversión repentina” se volvieron arcaicos. El conocimiento de las doctrinas sustituía la experiencia personal con Dios. “Separación del mundo” se volvió un término tan en desuso en el vocabulario cristiano, que para los protestantes en general esto sólo tenía un significado -¡muerte física! Los predicadores pioneros que recibieron con fervor el “llamado de Dios” para predicar el evangelio, fueron sustituidos por hombres que consideraban el ministerio una profesión y que se enorgullecían de su posición. Denominaciones que en otros tiempos fueron conocidas como “iglesias de los pobres”, gradualmente se volvieron la élite de la sociedad.


Sin embargo, paralelamente a esa apostasía y frialdad espiritual, también había algunas señales de avivamiento, indicando que no todos se habían arrodillado ante Baal. Un llamado al arrepentimiento, oración e intercesión estaba sonando, y un texto muy usado en los últimos años del siglo XIX era Jeremías 33:3: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. Otra señal era la búsqueda y pesquisa de las Escrituras resumidas en la pregunta: “¿Qué dicen las Escrituras sobre esto?” Convenciones bíblicas especiales eran realizadas, y ministros y misioneros se reunían para estudiar la Palabra, a fin de averiguar el pensamiento de Dios para el final de la era de la Iglesia.1


Había también una expectativa por la “Lluvia Tardía”. Ese era un tópico enfatizado en las conferencias bíblicas basado en las promesas de Dios en Joel de derramar Su Espíritu en los últimos días. Una buena explicación de esta expectativa puede ser encontrada en el siguiente trozo de un famoso comentario bíblico respecto de Santiago 5:7:


“El recibimiento de las primeras y últimas lluvias no debe ser entendido como el objetivo de su esperanza (del labrador), sino la cosecha para la cual esas lluvias son preliminares y necesarias. Las primeras lluvias caen en el tiempo de la siembra, aproximadamente en noviembre o diciembre; las últimas lluvias caen aproximadamente en marzo o abril, para endurecer el grano para la cosecha. La lluvia tardía que precederá a la cosecha espiritual que está por venir, será probablemente otra efusión del Espíritu Santo como la de Pentecostés.”2


Pastores, profesores de institutos bíblicos y líderes de iglesias exhortaban a todos “a pedir lluvia en la estación lluvia tardía” (Zc.10:1). Se enseñaba que el día de Pentecostés no agotó el cumplimiento de la profecía de Joel, pues una parte de las profecías consiste de referencias obvias a eventos ligados a la venida del Señor. Consecuentemente, con la expectativa universal del inminente regreso del Señor, había una ávida anticipación por los “tiempos de refrigerio de la presencia del Señor” (Hch. 3:19).1


EL CONCEPTO DEL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU


En el proceso de restauración de la Iglesia, los días de Lutero trajeron a la luz la verdad de la justificación por la fe. Algunos siglos más tarde surgió Juan Wesley predicando la santificación por la obra del Espíritu Santo. Más tarde esta experiencia fue conocida como “segunda obra de la gracia” o “bautismo en el Espíritu”. Sin embargo, al final del siglo XIX surgió un entendimiento del bautismo en el Espíritu como si se tratase de un revestimiento de poder para evangelizar el mundo (Hechos 1:8). Ellos creían y enseñaban que si el mundo estaba para ser alcanzado por Cristo, este revestimiento de poder era una necesidad vital, y que el mismo Dios que obró y suplió las necesidades durante la era apostólica, deseaba revestir a todos los creyentes. Pero un grupo de cristianos que identificaba el bautismo en el Espíritu con la “segunda obra de la gracia”, comenzó a entender que hay diferencia entre “santidad” y “poder”. Por eso, elaboraron una “tercera obra de gracia” que sería el “Bautismo en fuego” para alcanzar este poder para evangelizar. Lo importante en todo esto fue que, al establecerse la naturaleza del bautismo en el Espíritu Santo, como un revestimiento de poder después de la conversión, se hizo una preparación para el gran mover de Dios que vendría al comenzar el siglo XX.


LA RESTAURACIÓN DE LO SOBRENATURAL


El movimiento pentecostal no fue el inventor del elemento milagroso ni de la enseñanza bíblica sobre milagros. Es verdad que a través de los siglos pocos osaron creer que era la voluntad  de Dios sanar a los enfermos. Pero fue cerca del fin del siglo XIX que la visión bíblica sobre sanidad divina fue presentada en forma sistemática. Entre los precursores en este campo están A. J. Gordon, A. B. Simpson (fundador de la Alianza Cristiana y Misionera), Andrew Murray y John Alexander Dowie, un notable defensor de lla sanidad divina establecido en Illinois -algunos de sus seguidores se convirtieron en los primeros líderes pentecostales.1


Son muchos los relatos de sanidades extraordinarias antes del siglo XX: Por ejemplo, una sanidad notable aconteció con Mary Reynolds, de Indianápolis, en 1872 después de siete años de tratamientos especializados y a la proximidad de la muerte, ella fue incentivada a creer en su sanidad basada en Santiago 5:16. En una mañana, un hombre de Dios oró específicamente por ella, ungiéndola con aceite en el nombre del Señor. Ella dejó la casa sin que se viera algún cambio apartente, a no ser una profunda paz y certeza que invadieron el corazón de la mujer. A las tres de la tarde, de repente onda tras onda de gloria inundó su alma, y un poder como de electricidad envió vibraciones a las partes más remotas de su cuerpo. Ella saltó sobre sus pies completamente curada. Toda dolencia y enfermedad desaparecieron. El Espíritu llenó completamente su ser. La enfermera quedó aturdida al verla salir de su cuarto en un ímpetu y unirse a varios vecinos que estaban allí para verificar su estado de salud. Ella se hincó de rodillas delante de ellos y se derramó en un torrente de acciones de gracias a Dios. Luego llegó la hora de comer y ella fue a la mesa y comenzó una comida normal, la primera después de siete años. Ella tenía unos 35 años cuando fue curada, y después de esto vivió cuarenta años más. Como resultado de su sanidad y testimonio, muchos fueron salvos, inclusive su esposo e hijos. Sus dos hijas mayores se fueron a servir
a Dios en China.1


Otro ejemplo fue la sanidad de John Easton, en 1900, en la misión de Dowie en Toronto, Canadá. Él tenía la espalda rota, y por seis años vivió en una moldura de yeso con un equipo en sus hombros, en el cual colgaban unas pesas. Dormía en un vagón en el que durante el día vendía pequeñas mercaderías. Por la noche dirigía su caballo y el vagón a un galpón donde vivía con su esposa e hijos. Sus piernas eran tan insensibles, que una aguja podía ser atravesada en su carne sin que le causara reacción de dolor. Sus calcañares eran sostenidos haciendo que los pies fuesen una continuación de las piernas, imposibilitándolo totalmente para andar.1


Todos los viernes por la noche, durante más de un año, se realizaron reuniones de oración, motivadas hacia su salvación y sanidad. En el día de su curación, Easton tuvo la certeza de que sería curado, y pidió que su esposa proveyese ropas y zapatos para él.1


Hubo un sentimiento de expectativa desde el comienzo de la reunión hasta el momento en que el líder, con la ayuda de otros, aserró la moldura. Bajo la orden “En el nombre de Jesús”, ¡John Easton se sentó! Sus pies y piernas colgaron sobre los lados del vagón como dos sacos. En una segunda orden, él cayó sobre sus pies, que se volvieron inmediatamente normales. Él agarró al líder en sus brazos, y después se volvió para brazar a su esposa. Al oír el bullicio de regocijo, los vecinos y después los periodistas comenzaron a llegar. Toda la noche se movió y alabó al Señor, hasta que por la mañana la tierna carne de sus “nuevos” pies estaba cubierta de ampollas.1


HABLANDO EN OTRAS LENGUAS


Estas dos sanidades son apenas ejemplos de muchos milagros ocurridos en este período. Con el avivamiento de sanidad vino el interés por otras señales y dones mencionados en el Nuevo Testamento. Los hijos de Dios comenzaron a creer en la restauración de los dones como un todo. Esto también fue verdad en relación con hablar en otras lenguas. A pesar de que el mover del Espíritu con lenguas y dones sólo fue rasgado al comienzo del siglo XX con el Movimiento Pentecostal, hubo experiencias singulares de hablar en otras lenguas antes de ese movimiento. R. B. Swan, un pastor en Providence, Rhode Island, en un panfleto describió un derramamiento del Espíritu cerca de su ciudad: “Entre los años 1874 y 1875, mientras estábamos buscando al Señor, se unieron a nosotros varios que habían recibido el bautismo en el Espíritu y el don de lenguas algunos años antes de esto, y ellos fueron una buena ayuda para nosotros. En 1875, nuestro Señor comenzó a derramar su Espíritu sobre nosotros; mi esposa y yo, con algunos otros, comenzamos a proferir unas pocas palabras en una ‘lengua desconocida’.”1


Marie Woodworth-Etter, cuyo ministerio llegó a tornarse una bendición para el incipiente Movimiento Pentecostal, entró al ministerio en 1876 en la Iglesia de los Hermanos Unidos. Ella testificó:


“Casi desde el comienzo de mi ministerio algunos hablaron en lenguas extrañas. Pero yo no entendía esto, y como yo era la única líder, no tuve mucho tiempo para investigar y explicar esto; pero yo sabía que era de Dios”.


Un derramamiento del Espíritu en la Iglesia Misionera Sueca, en Minnesota, ocurrió durante el ministerio de John Thompson:


“Ese avivamiento espiritual comenzó en 1892 y continuó por muchos años. Hubo muchas sanidades notables, y muchas veces, mientras el pastor Thompson estaba predicando, el poder de Dios caía y personas se postraban en el suelo y hablaban en otras lenguas como el Espíritu les concedía que hablasen. Una hermana en particular, Augusta Johnson, recibió un poderoso bautismo en el Espíritu Santo, habló en otras lenguas, profetizó y tuvo muchas visiones maravillosas. El Señor le hizo un llamado definido para África, donde ella trabajó por más de treinta años. No sólo en Moorehead fue derramado el Espíritu en aquellos días, sino también en Lake Eunice, Evansville y Torkenskjolld.”1


El pastor C. M. Hanson de Dalton, Minnesota, testificó:


“En 1895, mientras realizaba reuniones y predicaciones del evangelio completo, una persona rompió toda resistencia y habló en lenguas como en Hechos 2:4. Dos años más tarde oré por otra persona por el bautismo en el Espíritu Santo. Poco tiempo después, el Espíritu vino sobre ella y ella saltó, gritó, alabó a Dios, cantó, profetizó y habló en otras lenguas. Dos años después de esto, fui llevado a estar en oración e intimidad con el Señor. De repente, como un viento poderoso e impetuoso, la atmósfera espiritual fue clareada y todo mi interior iluminado. La sangre expiatoria de Cristo, justificándome delante de Dios, se volvieron claras todas las cosas. Entonces el Espíritu Santo, como una persona, tomó posesión de Su templo, hablando en otras lenguas, mientras yo me veía a mí mismo como un oyente e instrumento en las manos del Todopoderoso”.1


LA HISTORIA DE LA FAMILIA SHAKARIAN


Es sorprendente la historia de los ascendientes del armenio Demos Shakarian Junior, fundador de la Asociación de Hombres de Negocios del Evangelio Completo, que relata la manifestación de lenguas y dones en el siglo XIX en la antigua Rusia Armenia.


En 1855, un chico ruso de once años de edad que vivía en Armenia, recibió una visitación sobrenatural y maravillosa. Por siete días y siete noches él estuvo bajo el poder de Dios escribiendo profecías sobre cosas venideras. No obstante ser analfabeto, escribió con buena letra, y diseñó figuras, mapas y gráficos. Él profetizó que la paz sería eliminada de la tierra, y que Armenia sería devastada por los turcos, y los cristianos armenios serían masacrados, a menos que se fuesen para una tierra al otro lado del océano, la cual las figuras, mapas y gráficos, mostraron ser América. Dios prometió bendecir y hacer prosperar todo aquel que estuviese atento a su aviso y se fuese al país donde serían libres de la persecución.3


La profecía quedó guardada por décadas esperando su cumplimiento. Cuando el derramamiento pentecostal llegó a Armenia, uno de los primeros en recibir el bautismo en el Espíritu fue la familia de Demos Shakarian Senior, presbiteriano. Él tenía cinco hijas, y en aquellos días se consideraba una vergüenza que una mujer no diera a luz un hijo. Pero en 1891, su esposa, como Sara, recibió una profecía de que dentro de un año daría a luz un niño. Esto se cumplió el 25 de mayo de 1892, y le dieron el nombre de Isaac.


Cuando Isaac tenía 7 años, un grupo de cristianos pentecostales rusos vino a la aldea Kara Kala para tener comunión con los pentecostales armenios. Como hablaba con fluidez el ruso, Demos Shakarian fue escogido para acomodar a los cristianos rusos en varias casas de la aldea, y también cedió su hogar para las reuniones por las noches por una semana. Como preparativos para recibir a los visitantes, él salió a seleccionar entre su ganado el mejor novillo para ser ofrecido al Señor. A pesar de saber por las Escrituras que debería escoger un animal sin defecto, escogió uno que era el más gordo pero sólo con un ojo. Lo sacrificó, le cortó rápidamente la cabeza y, por no tener tiempo de enterrarla, la colocó en un saco y la escondió en un rincón de un granero debajo de una gran pila de trigo en granos. Después preparó la carne.


Aquella noche, como era de costumbre, Demos y toda su familia  pasaron al frente y se arrodillaron para recibir la bendición de uno de los líderes rusos mientras uno de los profetas permanecía a su lado. Después de esta bendición, la carne ofrecida debería ser bendecida, y entonces vendría la fiesta y la noche de adoración. De repente, sin decir una palabra, el profeta cruzó la sala y salió. El líder no quiso continuar sin la presencia del profeta y pidió que cantasen un himno hasta que él volviese.3


Cuando el profeta volvió, trajo el saco que estaba escondido y lo abrió frente a la familia Shakarian arrodillada, descubriendo la cabeza del novillo con el ojo defectuoso. Él dijo que el Señor le había revelado todo mientras se preparaban para pedir la bendición de Dios sobre la familia y su ofrenda.3


Demos Shakarian confesó que había errado y pidió perdón. Esto le fue concedido por la congregación en nombre del Señor. Tan impresionante fue este incidente, que no sólo los Shakarian, sino también otras familias armenias y rusas determinaron que de aquel día en adelante ofrecerían a Dios sólo el servicio y la ofrenda que Dios exigiese de ellos, igualmente lo que pudiese parecer en una época un sustituto, como en el caso del novillo defectuoso que era el más gordo, sirviese mejor para el propósito.3


Pasaron cuarenta y cinco años desde que la profecía fuera recibida por el niño que ahora tenía 56 años. Aparentemente, ya casi podía ser considerado un falso profeta, pero después de todos esos años el Señor lo instruyó a fin de que avisase a los armenios que ¡había llegado el tiempo de dejar el país! La palabra se expandió rápidamente entre los armenios, y en 1900, bajo la burla de muchos, el éxodo de familias armenias y también de familias rusas comenzó rumbo a América. La familia Shakarian llegó a Nueva York en 1905 y se estableció en Los Ángeles con sus cinco hijas y el hijo, Isaac, ahora con trece años. La última familia salió en 1912 y dos años después comenzó la Primera Guerra Mundial, y en un ataque violento los turcos invadieron a Armenia y barrieron del mapa la aldea de Kara Kala, matando a todos los habitantes.3


Casi inmediatamente después de la llegada de los Shakarian a Los Ángeles, el derramamiento del Espíritu comenzó en la Calle Azusa, en 1906. Demos, su cuñado y otro armenio se aproximaron a la Calle Azusa, y cuál no sería su sorpresa al oír sonidos de gritos y cánticos en el Espíritu semejantes a los que estaban acostumbrados en Armenia y en la iglesia establecida por ellos en Los Ángeles en la casa de Demos Shakarian. Al llegar al galpón que se había transformado en una Misión, descubrieron a varios hablando en lenguas. Ellos regresaron a casa con noticias emocionantes, el mismo Dios que se había movido en la iglesia primitiva en Jerusalén, en Armenia y en Rusia, estaba comenzando a moverse en América.3


Entonces, el derramamiento del Espíritu ocurrido en Rusia y en Armenia a finales del siglo XIX con manifestaciones de lenguas y dones, precedió al derramamiento pentecostal a  comienzos del siglo XX. Cuando Demos Shakarian Senior falleció en 1908, su hijo Isaac tenía 16 años. En 1913, ya casado, la esposa de Isaac dio a luz a Demos Shakarian Junior, que vino a ser a comienzos de los años 50, el fundador de la famosa Asociación de Hombres de Negocios del Evangelio Completo.


aEn la presente obra es usada la palabra América y americano para referirse a los Estados Unidos de América y a lo perteneciente a esa nación.


Tomado del La Iglesia del Siglo XX, LA HISTORIA QUE NO FUE CONTADA. John Walker & Otros - 1996.

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