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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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El Movimiento Pentecostal
Por John Walker & Otros
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El movimiento pentecostal del siglo XX no comenzó en un galpón, ¡sino en una mansión! Al estilo de un castillo inglés, esa construcción de piedra bermeja y blanca poseía dos cúpulas, un domo atrás en un observatorio elevado, al cual se subía por escaleras en forma de espiral. En octubre de 1900, Carlos Parham arrendó esa “Mansión de Piedra”, como era conocida, en Topeka, Kansas, para establecer una escuela bíblica llamada Betel. Cerca de 40 estudiantes (algunos ya habían estudiado en otros institutos bíblicos) ingresaron en la escuela para su primer y único año, atraídos por el siguiente propósito -descubrir el poder que los capacitaría para enfrentar el desafío del nuevo siglo. Era una escuela de fe -no se cobraba ninguna suma para residencia y alimentación. Ellos confiaban en Dios para cada necesidad “y tenían todo en común”.


La idea completa era un período de entrenamiento intensivo en la Palabra, oración y evangelismo. Se esperaba que Dios haría una “obra repentina” en sus corazones que los volvería testigos eficaces de Cristo hasta los confines de la tierra. De acuerdo con las palabras de Parham, todos aquellos que “quisiesen entregarse al ministerio de la Palabra y oración” eran libres de participar. Fue establecida una “Torre de Oración” en una de las cúpulas que los estudiantes mantuviesen un período de oración de tres horas cada uno. Algunos
pasaban noches enteras en intercesión en la torre.1


El método de estudio era escoger un asunto, consultar y estudiar todas las citas bíblicas sobre ello, y presentarlo a la clase en forma de sabatinaa oral, orando para que la unción del Espíritu estuviese sobre el mensaje, trayendo convicción. Parham también enseñaba a través de conferencias.


Hasta diciembre de 1900 ellos ya habían estudiado acerca de arrepentimiento, conversión, consagración, santificación, sanidad y la inminente venida del Señor. Para el 25 de diciembre, Carlos Parham, se iría a ausentar por algunos días, habiendo dejado la siguiente instrucción para ellos: “Nosotros nos topamos en nuestro estudios con un problema. ¿Qué sobre el segundo capítulo de Hechos? Hemos oído de tantas entidades religiosas que han defendido diferentes razones como la evidencia del recibimiento del bautismo pentecostal, y quiero que ustedes como alumnos estudien diligentemente cuál es la evidencia bíblica del bautismo en el Espíritu, para que podamos presentar al mundo alguna cosa indudable que esté de acuerdo en forma absoluta con la Palabra”.


Tres días después, al presentar el resultado de sus trabajos, todos los alumnos tenían la misma historia -aunque diferentes cosas hubiesen ocurrido cuando cayó la bendición pentecostal, la prueba irrefutable en cada ocasión era que ellos habían hablado en otras lenguas. Entonces las lenguas eran la evidencia o señal del bautismo en el Espíritu en los tiempos apostólicos. Fue este descubrimiento lo que hizo que surgiese el Movimiento Pentecostal del siglo XX.1


El primer día de enero de 1901 (considerado por algunas autoridades como el primer día del siglo XX) los alumnos estaban orando, y una estudiante de 18 años, Agnes N. Ozman, resolvió hacer una petición. He aquí su testimonio:


“Nosotros estudiábamos la Biblia durante el día y hacíamos muchos trabajos por la noche en el centro de la ciudad... La oración era ofrecida noche y día, continuamente, en un cenáculo especial separado como una torre de oración. Tuve muchas horas de oración bendecida en ese cenáculo durante las vigilias de la noche... Como algunos otros, yo pensaba que había recibido el bautismo en el Espíritu Santo en cierto tiempo de consagración, pero, cuando aprendí que el Espíritu Santo estaba para ser derramado en mayor plenitud, mi corazón se volvió hambriento por el Consolador prometido, y comencé a clamar por un revestimiento de poder de lo alto. A veces más por la venida del Espíritu Santo que por mi comida diaria. Por la noche tenía un deseo mayor por Él que por dormir... 1


“Durante el primer día de 1901, la presencia de Dios estaba con nosotros de manera marcada, llevando los corazones a esperar en Él para cosas mayores. El espíritu de oración estaba sobre nosotros por la noche. Eran casi las once cuando sentí en mi corazón el deseo de pedir que fuesen impuestas sobre mí las manos para que yo pudiese recibir el don del Espíritu Santo. Luego que las manos fueron colocadas sobre mi cabeza, el Espíritu Santo cayó sobre mí y comencé a hablar en lenguas, glorificando a Dios. Hablé varias lenguas. Era como si ríos de agua viva fluyesen de mi interior”.1


Parham también testificó sobre la experiencia de Ozman:


“Impuse las manos sobre ella y oré. Apenas había pronunciado tres docenas de freces, cuando una gloria descendió sobre ella; una aureola parecía envolver su cabeza y rostro, y ella comenzó a hablar en lengua china y quedó imposibilitada para hablar en inglés por tres
días”.4


Las clases fueron suspendidas y toda la escuela esperó delante de Dios. Durante lla segunda noche, Ozman recibió la lengua bohemia, confirmada por un checo que estaba presente, y en pocos días Parham y lla mayoría de los otros estudiantes recibieron la experiencia pentecostal. Uno tras otro comenzaron a hablar en lenguas y algunos recibieron el don de interpretación. Por cinco años Parham y su grupo de estudiantes viajaron a través de los estados del sudeste americano proclamando el evangelio de la “Fe Apostólica”, como él llamaba a su movimiento, pero se negó a alentar todo tipo de organización eclesiástica. A pesar de haber provocado varios avivamientos locales, Parham y sus estudiantes no consiguieron captar el interés de la nación hacia el nuevo bautismo autenticado por las lenguas. En verdad, el fuego sólo comenzó a avivarse en 1906 con los acontecimientos de la Calle Azusa, en los Ángeles.


En 1905, Parham se mudó a Houston, Texas, donde organizó otra escuela bíblica. Fue allá donde recibió como Alumno a William J. Seymour, un negro, tuerto y humilde. A pesar del prejuicio racial del Sur, Seymour participó en la escuela y aprendió sobre la “evidencia inicial” del Bautismo en el Espíritu. Predicaba sobre esto en otras iglesias, pero él mismo aún no había recibido el bautismo en el Espíritu con lenguas.


Seymour fue invitado por una señora que le oyó predicar en Texas, para que predicase en Los Ángeles en una iglesia de negros Holiness, y así se volvió en uno de los instrumentos de Dios para hacer explosionar una de los más importantes avivamientos de la historia de la Iglesia.


Su primer sermón, basado en Hechos 2:4, dejó a la pastora furiosa con la implicación de que ella no hablara en lenguas como los primeros discípulos, aún no ha recibido la plenitud del Espíritu. En su segunda noche de predicación, Seymour encontró la puerta de la iglesia cerrada por orden de la pastora, que no quería oír más su mensaje. Siendo así, él y siete personas más se reunieron en un hogar para buscar al Señor, y en aquella noche del nueve de abril de 1906, todos fueron bautizados en el Espíritu y hablaron en lenguas -menos Seymour. Los gritos eran tan fervorosos -y tan altos-, que una multitud se reunió al lado de afuera preguntando: “¿Qué significa esto?” Luego fue propagado por la ciudad que Dios estaba derramando Su Espíritu. Personas blancas se unieron a las personas de color y también fueron llenas del Espíritu. El día 12 de abril, el propio Seymour tuvo su experiencia pentecostal con lenguas.


EL INICIO DE LA MISIÓN AZUSA


Frank Bartleman era un evangelista Holiness que recibió noticias del avivamiento en Gales ocurrido en 1904, y desde entonces dedicó su vida a orar y publicar literatura, invitando a otros a orar y buscar avivamiento para Los Ángeles. Él entró en contacto con Seymour, que, por falta de espacio, alquilara un viejo cobertizo en la Calle Azusa, y entonces el fuego se avivó. Él se volvió una persona clave para esparcir las noticias del avivamiento s través de folletos y publicaciones. A continuación (hasta la página 26), damos la impresionante descripción del comienzo del avivamiento en las palabras del propio Bartleman, extraída de su libro “La Historia del Avivamiento Azusa”: 5

Después de un período de oración, el Señor me mostró que debería volver a la reunión que había sido transferida de la calle Bonnie Brae a la Calle Azusa, 312. Habían arrendado una vieja casa de madera que fuera antes un templo metodista, en el centro de la ciudad, y que durante mucho tiempo no fue usada para reuniones. Se había convertido en un depósito de madera vieja y cemento, pero ahora le habían limpiado la basura acumulada lo suficiente como para colocar unas tablas en el medio, encima de unos viejos barriles. De esta forma, había espacio para cerca de treinta personas, si recuerdo correctamente. Se sentaban formando un cuadrado, mirándose unos a los otros.


Sentí tremenda presión interior para ir a la reunión de aquella noche. Era mi primera visita a la Misión Azusa. Mamá Wheaton, que estaba viviendo con nosotros en aquella época, iría con nosotros. Ella andaba tan despacio que yo difícilmente conseguía esperarla. Finalmente llegamos, y encontré cerca de doce hermanos, algunos blancos y otros negros. El hermano Seymour estaba dirigiendo. En Azusa, el “arca del Señor” se comenzó a mover lentamente, pero con firmeza.


Al principio era cargada en los hombros de los sacerdotes indicados por Él mismo. En aquellos días, no teníamos ninguna “carrosa nueva” para agradar a las multitudes mixtas y carnales. Teníamos que combatir contra Satanás, pero el “arca” no era tirada por bueyes (bestias ignorantes).


Los sacerdotes estaban “vivos para Dios”, a través de mucha preparación y oración. El discernimiento no era perfecto, y el enemigo obtuvo algún provecho de esto, y causó algunas críticas al trabajo, pero los hermanos aprendieron entonces a “apartar lo precioso de lo vil”.


Al principio, todas las fuerzas del infierno estaban combinadas contra nosotros. No todo era bendición. En realidad, la lucha fue terrible. Como siempre, Satanás procuraba espíritus imperfectos para, si era posible, destruir el trabajo. Mas el fuego no podía ser apagado. Con la ayuda del Señor, se habían congregado hermanos fuertes. Pronto se levantó una onda de victoria. Pero todo esto vino de un pequeño comienzo, una pequeñita llama.


En mi primera reunión en Azusa prediqué un mensaje. Dos hermanos hablaron en lengua. Muchas bendiciones parecían acompañar estas bendiciones. En breve muchos ya sabían que el Señor estaba obrando en la Calle Azusa, y personas de todas las clases comenzaron a venir a las reuniones. Muchos sólo se mostraban curiosos y no creían, pero otros tenían hambre de la presencia de Dios. Los periódicos comenzaron a ridiculizar y hablar mal de las reuniones, ofreciéndonos de esta manera mucha publicidad gratuita. Esto atrajo a las multitudes. El diablo se levantó otra vez. Las persecuciones externas nunca le hacen daño a la obra.


Teníamos que preocuparnos más de los espíritus malignos que trabajaban dentro de la obra. Hasta espiritistas e hipnotizadores vinieron a investigar lo que hacíamos, e intentaron influir sobre nosotros. Aparecieron entonces todos los descontentos religiosos y charlatanes procurando un lugar para trabajar. Esto es lo que nos causaba más temor, por cuanto siempre constituyen peligro para todos los trabajos que están siendo iniciados, y no encuentran guarida en otros lugares. Esta situación lanzó tal miedo sobre muchas personas, que fue casi insuperable, e impidió mucho la acción del Espíritu. Varios temían buscar a Dios por pensar que el diablo podría oponérseles.


Luego del comienzo, descubrimos que cuando intentábamos sostener el arca (1 Cr. 13:9), el Señor paraba de trabajar. No nos atrevíamos a llamar mucho la atención del pueblo hacia lo que el maligno intentaba realizar, pues el resultado sería miedo. Sólo podíamos orar. Entonces Dios nos dio la victoria. Teníamos la presencia de Dios a través de la oración; podíamos contar con ella. Los líderes tenían una experiencia bastante limitada, y la gran maravilla es que el trabajo había sobrevivido contra sus poderosos adversarios. Mas era de Dios. Este era el secreto.


EXPERIENCIAS CON EL ESPÍRITU EN AZUSA


En los primeros días de la Misión Azusa, tanto el cielo como el infierno parecían haber llegado a la ciudad. Los hombres estaban a punto de estallar, y había una poderosa convicción sobre el pueblo en general. Las personas parecían caer hechas añicos aun en la calle, sin que nada lo provocara. Había como especie de una cerca alrededor de la Misión Azusa hecha por el Espíritu. Cuando el pueblo la atravesaba, a dos o tres manzanas de distancia, era tomado por la convicción de sus pecados.


El trabajo era cada vez más evidente y fuerte en Azusa. Dios obraba poderosamente. Parecía que todos debían ir a Azusa. Había misioneros venidos de África, India e islas oceánicas. Predicadores y obreros atravesaban el continente, y venían de islas distantes, motivados por una atracción irresistible por Los Ángeles. “Juntadme mis santos” (Salmos 50:1-7). Habían sido llamados para asistir al Pentecostés, aunque no lo supieran. Era el llamado de Dios. Por falta de asistencia, comenzaron a cerrar las reuniones independientes, en carpas y misiones. Sus miembros estaban todos en Azusa. El hermano y la hermana Garr cerraron el auditorio “Zarza Ardiente” y vinieron a Azusa para ser bautizados en el Espíritu, y después se fueron a la India a difundir la llama.


Hubo mucha persecución, principalmente por parte de la prensa. Escribían cosas increíbles, pero eso sólo hacía que más gente viniese. Muchos dieron al movimiento seis meses de vida. En poco tiempo había reuniones noche y día sin interrupción. Todas las noches la casa estaba llena. Todo el predio por encima y por debajo había sido desocupado y estaba siendo utilizado. Había mucho más blancos que personas de color frecuentando las reuniones. La segregación racial fue extinguida por la sangre de Jesús. A. S. Worrell, traductor del Nuevo Testamento, declaró que el trabajo de Azusa había descubierto la sangre de Jesús a la Iglesia en aquella época. Se daba gran énfasis a la sangre como elemento purificador. Se colocaban patrones morales elevados para quien quería tener una vida limpia. El amor divino se manifestaba maravillosamente en estas reuniones. No se permitía ni siquiera una palabra indelicada contra los enemigos u otras iglesias. El mensaje era el amor de Dios. Era como si el primer amor de la iglesia primitiva hubiese retornado. El bautismo, como lo recibíamos al principio, no permitía que pensásemos, hablásemos u oyésemos mal en contra de cualquier criatura. El Espíritu era muy sensible como una delicada paloma. La paloma no tiene hiel. Sabíamos inmediatamente cuándo heríamos al Espíritu a través de un pensamiento o de una palabra. Parecíamos vivir en un mar de puro amor divino. El Señor luchaba  por nosotros en aquellos días. Nos sometíamos a Su juicio en todos los asuntos, jamás buscando defender nuestro trabajo o nuestra persona. Vivíamos en Su maravillosa y real presencia. Y nada contrario a Su puro Espíritu era permitido.


Lo falso era separado de lo verdadero por el Espíritu de Dios. La propia palabra de Dios era la que resolvía todos los asuntos. El corazón del pueblo, tanto en acción como en motivación, era descubierto hasta el meollo más profundo. No era ningún juego convertirse en miembro del grupo. “Ninguno se atrevía a juntarse con ellos” (Hechos 5:13), a no ser que tomase las cosas en serio, y quisiese ir hasta el fin. En aquel tiempo, para recibir el bautismo era necesario pasar por la muerte y por el proceso de purificación. Teníamos una sala especial arriba para aquellos que buscaban con más ardor el bautismo, aunque muchos fuesen bautizados también en plena reunión. Muchas veces eran bautizados mientras estaban sentados. En la pared de la sala especial estaba escrito: “Está prohibido hablar alto; apenas susurre”. En aquella época no sabíamos nada respecto de “conquistar por la gritería”.


El Espíritu obraba profundamente. Una persona inquieta o que hablase sin pensar, enseguida era reprendida por el Espíritu. Estábamos en tierra santa. Esta atmósfera era insoportable para los carnales. Generalmente pasaban bien lejos de aquella sala, a no ser que ya hubiesen sido subyugados y sometidos por el Espíritu. Sólo venían los que verdaderamente buscaban a Dios, los que se enseriaban con Él. Este no era un lugar para manifestaciones emotivas ni para desmayos o el fluir de sentimientos negativos. Los hombres no gritaban en aquel tiempo. Ellos buscaban la misericordia del Señor, delante de Su trono. Su actitud era la de quien se quitaba los zapatos por estar en tierra santa.


LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU EN LA MÚSICA


El viernes 15 de junio, en Azusa, el Espíritu derramó el coro celestial dentro de mi alma. De repente me encontré uniéndome a los demás que ya habían recibido este don sobrenatural. Era una manifestación espontánea y de tal arrebatamiento, que ninguna lengua humana podría describir. Al comienzo esta manifestación era maravillosamente pura y poderosa. Temíamos reproducirla, como también con las lenguas extrañas. Hoy en día, muchos parecen no tener ningún constreñimiento de imitar todos esos dones. Es por eso que han perdido gran parte de su poder e influencia.


Nadie podía comprender ese don de cánticos espirituales a no ser aquellos a través de quienes se manifestaba. Era realmente un nuevo cántico en el Espíritu. Cuando lo escuché por primera vez en una reunión, entró en mi alma un gran deseo de recibirlo. Pensaba que expresaría muy bien todos mis sentimientos reprimidos. Yo aún no hablaba en lenguas. La nueva canción, entretanto, me conquistó. Era un don de Dios de alto nivel, y apareció entre nosotros en seguida que comenzó la obra en Azusa. Nadie había predicado sobre eso. El Señor lo había derramado soberanamente junto con el derramamiento del “resto del aceite”, el bautismo en el Espíritu de la lluvia tardía. Se manifestaba a medida que el Espíritu impulsaba a las personas que tenían el don, individualmente o en grupo. A veces era sin palabras, otras veces en lenguas. El efecto sobre el pueblo era maravilloso. Había una atmósfera celestial
como si los mismos ángeles estuviesen presentes y se hubiesen unido a nosotros. Probablemente esto era lo que ocurría. Parecía hacer cesar toda crítica y oposición, y era difícil hasta para los impíos negarlo o ridiculizarlo.


Algunos condenaban esos cánticos nuevos sin palabras. Pero, ¿no fue el sonido dado antes del lenguaje? ¿Quién compuso la primera música? ¿hemos de seguir siempre la composición de algún hombre que vino antes de nosotros? Somos por demás adoradores de la tradición. Hablar en lenguas no está de acuerdo con la sabiduría o el conocimiento humano. ¿Y por qué no un don de cánticos espirituales? De hecho, éstos son un desafío a los cánticos religiosos de ritmo moderno que usamos hoy. Y probablemente fueron dados con este propósito. Sin embargo, algunos de los viejos himnos también son muy buenos para cantar, y no deben ser despreciados. Alguien dijo que cada nuevo avivamiento trae su propia himnología. Y esto realmente aconteció con nosotros.


Al principio, en Azusa, no teníamos instrumentos musicales. En realidad, no sentíamos necesidad de ellos. No había lugar para ellos en nuestra alabanza. Todo era espontáneo. Ni siquiera usábamos himnarios para cantar. Todos los himnos antiguos eran cantados de memoria, vivificados por el Espíritu de Dios. “Vino el Consolador” era probablemente el más cantado. Cantábamos con corazones llenos de esa experiencia nueva y poderosa. ¡Oh, cómo nos llenaba y nos conmovía el poder de Dios! Los himnos sobre la “sangre” también eran muy populares. “La vida está en la sangre”. Las experiencias del Sinaí, Calvario y Pentecostés, todas tenían sus lugares verdaderos en la obra de Azusa. Sin embargo, las nuevas canciones eran totalmente diferentes, pues no eran de composición humana, y no podían ser falsificadas con éxito. El cuervo no puede imitar a la paloma.


Más tarde comenzaron a despreciar este don cuando el alma humana se impuso otra vez. Lo marginaron con el uso del himnario e himnos seleccionados por los líderes. Era como asesinar al Espíritu, y esto entristecía mucho a algunos de nosotros; sin embargo, la corriente contraria era demasiado fuerte. Hoy en día los himnarios son en gran parte una producción comercial, y no perderíamos mucho si no los tuviésemos. Los viejos himnos son transgredidos por los cambios, y procuran producir nuevos estilos todos los años, a fin de que haya más lucro. Hay muy poco espíritu de adoración en ellos. ¡Se mueven con los pies, mas no con los corazones de los hombres!


Los cánticos espirituales dados por Dios, al comienzo, eran semejantes a una arpa eólica,b por su espontaneidad y ternura. En realidad, era el propio soplo de Dios tocando en las cuerdas de los corazones humanos o en las cuerdas vocales humanas. Las notas eran maravillosamente dulces tanto en el volumen como en la duración. En forma simultánea eran imposibles humanamente. Era el cantar en el Espíritu.


EL LIDERAZGO DE LAS REUNIONES EN AZUSA


El hermano Seymour fue aceptado como el líder nominal. Pero no había papa o hierarquía. Todos eramos hermanos. No teníamos programas humanos. El Señor mismo lideraba. No había una clase sacerdotal, ni acciones sacerdotales. Estas cosas surgieron después, a medida que el movimiento apostató. Al principio no teníamos ni plataforma, ni púlpito. Todos estábamos en el mismo nivel.


Los ministros eran siervos en la verdadera acepción de la Palabra. No homenajeaban a los hombres porque tuvieran más recursos o instrucción, sino por los dones que Dios les diera. Él colocaba a los miembros en el lugar correcto de Su cuerpo. Ahora “30cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; 31los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?” (Jer. 5:30,31).


El hermano Seymour generalmente quedaba sentado detrás de dos cajas vacías, una encima de la otra. Durante el culto, usualmente mantenía la cabeza dentro de una de ellas, en oración. Aquí no había orgullo. Los cultos eran casi que continuos. Amas sedientas podían ser encontradas bajo el poder de Dios casi a cualquier hora de día o de la noche. El local nunca estaba cerrado o vacío. El pueblo venía a encontrarse con Dios. Él estaba allí. Por eso la reunión era continua y no carecía de liderazgo humano.


La presencia de Dios se volvía más y más maravillosa. En aquel viejo predio de techo bajo y piso descubierto, Dios volvía pedazos a hombres y mujeres fuertes y los volvía a juntar otra vez para Su gloria. Era un formidable proceso de desmontaje y revisión general. El orgullo y la auto-estimación, la auto-importancia y la autoestima, no podían sobrevivir allí. El ego religioso predicaba rápidamente su propio sermón de entierro.


Ningún asunto o predicación era anunciado de antemano, y ningún predicador especial había para esa hora. Ninguno sabía lo que iría a acontecer, ni lo que Dios haría. Todo era espontáneo, comandado por el Espíritu. Queríamos oír a Dios a través de quien Él hablase. No hacíamos acepción de personas. Los ricos y cultos eran iguales a los pobres e ignorantes, y era mucho más difícil para aquellos morir. Sólo reconocíamos a Dios. Todos eran iguales. Ninguna carne podía gloriarse en Su presencia, y Él no podía usar a quien tuviese opiniones propias. Eran reuniones del Espíritu Santo, guiadas por el Señor.


El avivamiento tenía que comenzar en un ambiente humilde para que el elemento egoísta y humano no entrase. Todos caían a sus pies con humildad. Todos se asemejaban y tenían todo en común, por lo menos en este sentido. El techo era bajo, y por eso las personas altas debía doblarse. Al llegar a Azusa ya se habían humillado y estaban preparadas para las bendiciones. El forraje estaba preparado para las ovejas, no para las jirafas. Todos podían alcanzarlo.


Allí mismo fuimos liberados de las hierarquías eclesiásticas y de sus abusos. Queríamos a Dios. Cuando llegábamos a la reunión, al máximo posible evitábamos cumplimentar y conversar unos con otros. Primero queríamos llegar a Dios. Colocábamos la cabeza en oración por debajo de algún banco, y entrábamos en contacto con los hombres sólo en el Espíritu; no nos conocíamos más en la carne. Las reuniones comenzaban espontáneamente con testimonios, alabanza y adoración. Los testimonios nunca eran estimulados por la agitación del hombre. No teníamos un programa pre-establecido que tuviera que ser impulsado de cualquier manera.


Nuestro tiempo pertenecía a Dios. Teníamos verdaderos testimonios venidos directamente de corazones vibrantes por las experiencias. Si no fuese así, cuanto menos fuesen los testimonios,
mejor sería. A veces una docena de personas estaban de pie temblando bajo el poder de Dios. No precisábamos que un líder nos indicase lo que debíamos hacer, pues asimismo no había desorden. Estábamos absortos en Dios en las reuniones, a través de la oración. Nuestras mentes estaban ocupadas exclusivamente en Él, y todos le obedecían con mansedumbre y humidad. En cuanto a honra, nos preferíamos los unos a los otros (Romanos 12:10). El Señor podía irrumpir a través de cualquiera. Orábamos por eso continuamente. Finalmente alguien quedaba de pie, ungido con el mensaje. Todos reconocían eso, y permitían que aconteciese. Podía ser un niño, un hombre o una mujer. Podía ser de la banca de atrás o de la del frente. No había diferencia. Nos regocijábamos en la obra del Señor. Ninguno quería figurar. Sólo pensábamos en obedecer al Señor. En verdad, había tal atmósfera divina, que sólo un tonto se colocaría de pie sin verdadera unción. Y asimismo no duraría mucho. Las reuniones eran controladas por el Espíritu directamente desde el trono de la gracia. Verdaderamente fueron días maravillosos. Yo muchas veces dije que preferiría vivir seis meses en aquella época, que cincuenta años en una vida normal. Pero Dios aún es el mismo hoy. Sólo nosotros somos los que cambiamos.


Alguien podía estar hablando. Repentinamente, el Espíritu caía sobre toda la congregación. Dios mismo hacía los llamamientos. Los hombres caían por toda la casa como muertos en una batalla, o corrían al altar en masa buscando a Dios. Muchas veces la cena parecía una floresta llena de árboles caídos. Una cena así no podía ser imitada. No recuerdo haber visto siquiera un llamado en aquellos días. Dios mismo los llamaba. Y el predicador sabía cuándo parar.

 
Cuando Dios hablaba, todos obedecíamos. Parecía algo temerario impedir la operación del Espíritu o entristecerlo. El local todo estaba lleno de oraciones. Dios estaba en Su santo  templo. La humanidad debía quedar en silencio. La gloria de la Shekinahc estaba allí. Por el contrario, algunos decían haber visto la gloria del Señor cubriendo el predio durante a noche. Yo no lo dudo. Más de una vez paré al aproximarme a este local y oré pidiendo fuerzas antes de atreverme a continuar. La presencia del Señor era muy real.


DIOS TRATA CON LA CARNE POR EL BAUTISMO


A veces aparecían en nuestro medio hombres presuntuosos. Especialmente predicadores que intentaban divulgar sus propias ideas y auto-promoverse. Sus esfuerzos, sin embargo, duraban poco. Quedaban sin aliento. Sus mentes vagaban, sus cerebros parecían girar. Todo quedaba oscuro delante de sus ojos. No podían continuar. Jamás vi a ninguno que hubiese sido suceso en aquellos días; pues estaban luchando contra el propio Dios. No era necesario interrumpir a ninguno. Simplemente orábamos y el Espíritu Santo hacía el resto. Queríamos que el Espíritu controlase todo. Él los confundía luego. Espiritualmente hablando, eran sacados muertos. Generalmente se humillaban hasta el polvo, pasando por el mismo proceso por el que pasábamos. En otras palabras, eran vaciados de sí mismos; después se veían con todas sus flaquezas, y con humildad de niños confesaban todo; entonces Dios los tomaba y los transformaba poderosamente a través del bautismo en el Espíritu. “El viejo hombre moría” con todo su orgullo, arrogancia y buenas obras. En mi caso, llegué a no soportarme. Supliqué a Dios que colocase una cortina entre mí y mi pasado, de tal forma que desvaneciese hasta mis últimas acciones. El Señor me ordenó que olvidara cada buena acción como si jamás hubiese ocurrido, así como fuese realizada; y que prosiguiese adelante como si nunca hubiese hecho nada para Él, para que mis buenas obras no se convirtiesen en una trampa vuelta contra mí mismo.


Veíamos cosas maravillosas en aquellos días. Hasta hombres muy buenos llegaron a despreciarse cuando se vieron en la luz más clara de Dios. A los predicadores les costaba entregarse. Tenían mucho para entregar a la muerte. ¡Tanta fama y buenas obras! Sin embargo, cuando Dios finalizaba Su obra en ellos, con alegría volteaban una página y comenzaban otro capítulo. Por lo tanto, había una razón para que ellos lucharan tanto. La muerte no es una experiencia agradable, y a los hombres fuertes les cuesta morir. El hermano Ansel Post, un predicador bautista, estaba sentado en una silla en medio de la sala en una reunión nocturna. De repente vio sobre él al Espíritu. Dio un salto y comenzó a alabar a Dios en lenguas y a correr de un lado para otro, abrazando a todos los hermanos que podía. Estaba lleno del amor de Dios. Más tarde se fue a Egipto como misionero.


CARACTERÍSTICAS DEL AVIVAMIENTO:
IMPERFECCIÓN, OPOSICIÓN Y DOMINIO DEL ESPÍRITU


Escribí en “Way of Faith”,d el primero de agosto de 1906: “El Pentecostés llegó a Los Ángeles, la Jerusalén americana. Toda secta, credo o doctrina debajo del cielo son encontrados en Los

Ángeles, así como todas las naciones son representadas allí. Muchas veces fui tentado a dudar que mis fuerzas que mis fuerzas resistiesen hasta el final. El peso de la oración ha sido muy grande. Pero desde la primavera de 1905, cuando tuve la primera visión y recibí la carga para sustentar en oración, nunca tuve duda en cuanto al resultado final. Los hombres en todos los lugares están con sus almas perturbadas y el avivamiento con sus fenómenos sobrenaturales y el asunto del día. Gran oposición también se manifiesta. Los diarios son muy venenosos, injustos y no verídicos en sus pronunciamientos. Los pseudo-sistemas religiosos  también están luchando fuertemente, pero el “granizo barrerá el refugio de la mentira” (Is. 28:17). Sus escondrijos están siendo descubiertos. Un riachuelo purificador está pasando por en medio de la ciudad. La Palabra de Dios prevalece.”


“Todas las falsas religiones debajo del cielo se encontraban representadas aquí. A no ser la antigua Jerusalén, no hay nada igual en el mundo. (Queda al lado opuesto del mundo, con condiciones naturales muy semejantes.) Todas las naciones están representadas como en Jerusalén. Millares venidos de toda parte del país y de muchos lugares del mundo, mandados por Dios para estar en el Pentecostés, llevarán el fuego alrededor del mundo. El celo misionero está tocando su temperatura máxima. Los dones del Espíritu están siendo derramados, la armadura de la Iglesia restaurada. Verdaderamente estamos en los días de restauración, los “últimos días”; son días maravillosos, días gloriosos, mas días horribles para los que continúan resistiendo. Son días de privilegio, responsabilidad y peligro”.


“Los demonios están siendo expulsados, los enfermos curados, muchos bendecidos con salvación, restaurados y bautizados con el Espíritu Santo y poder. Los hombres fuertes están siendo descubiertos, los débiles fortaleciéndose en el Señor. Los corazones humanos están siendo revestidos como por una vela encendida. Es una época de gran penetración no sólo de acciones, sino también de motivos interiores secretos. Nada puede escapar a los ojos del Señor que a todo escrutan. Jesús está siendo levantado, la ‘sangre’ magnificada, y el Espíritu Santo homenajeado más de una vez. Se manifiesta mucho poder para postrar a las personas. Es la principal causa de resistencia por parte de aquellos que se rehúsan a obedecer. El trabajo es para servir. Dios está con nosotros con gran autenticidad. No nos atrevemos a pensar en niñerías. Los hombres fuertes quedan durante horas postrados bajo el poder de Dios, cortados como grama. Sin duda el avivamiento será mundial”.


EL FUTURO DE ESTE AVIVAMIENTO


Escribí lo siguiente para otro periódico religioso, en 1906: “Acongojados con la maldita incredulidad, proseguimos a la cima con la mayor dificultad, luchando por la restauración de la gloriosa luz y poder de la Iglesia, antes derramados con tanta abundancia, pero ahora hay muchos perdidos. Hemos estado por tanto tiempo en la oscuridad del escepticismo causado por la caída de la Iglesia, que nuestra tendencia es resistir a la luz, pues nuestros ojos están débiles.


Tanto cayó la Iglesia que, cuando Lutero intentó restaurar la verdad de la justificación por la fe, la iglesia de su tiempo resistió y luchó contra eso como si fuese la peor herejía; algunos pagaron por eso con sus propias vidas. Ocurrió lo mismo en la época de Wesley. Pero ahora tenemos la propia restauración de la experiencia de Pentecostés con las lluvias tardías, una restauración del poder, y de mayor gloria, a fin de acabar la obra que fue iniciada. Seremos elevados al nivel primitivo de la Iglesia para que terminemos su trabajo, partiendo del punto donde nuestros antecesores pararon cuando el fracaso los conquistó, y rápidamente cumplir la última gran comisión para abrir el camino para el regreso de Cristo”.


“Debemos interrumpir los siglos de fracaso de la Iglesia, y la larga, sombría edad oscura, y agarrando el tiempo, ser totalmente restaurados al poder, a la victoria y la gloria primitivos. Procuremos salir, por la gracia de Dios, de un cristianismo corrupto, retrógrado y espúreo. Las sinagogas de una iglesia orgullosa e hipócrita están volcadas contra nosotros para desacreditarnos. Los mercenarios claman por nuestra sangre. Los escribas y los fariseos, los sumos sacerdotes, los principales de las sinagogas están todos contra nosotros y contra Cristo”.

“Los Ángeles parece ser el lugar y esta la ocasión, en el plan de Dios, para la restauración de la Iglesia a su lugar, favor y poder primitivos. Llegó la hora de la completa restauración de la Iglesia. Dios habló con sus siervos en todas las partes del mundo, y todas las naciones, como antiguamente, vinieran al Pentecostés, para después salir y llevar las buenas nuevas de salvación. La base de operación para el último Pentecostés se mudó de la antigua Jerusalén a Los Ángeles. Por todas partes Dios ha creado una fuerte ansiedad por esa experiencia.


El País de Gales fue designado apenas como los comienzos para esta restauración mundial del poder de Dios”.


EL FUEGO SE EXPANDE


A partir de Azusa, el fuego del avivamiento se expandió por todo Estados Unidos. A través de toda la nación centenas de congregaciones independientes eran formadas de la noche a la mañana, disponiendo la base para lo que más tarde serían las Iglesias Asambleas de Dios.


La Alianza Cristiana y Misionera, una obra liderada en la época por su fundador A. B. Simpson, que establecía institutos bíblicos y enviaba misioneros a varios lugares del mundo, también fue grandemente tocada por el avivamiento. Ellos creían que la iglesia estaba pronta a recibir la lluvia tardía, y cuando oyeron sobre el derramamiento del Espíritu en Los Ángeles, quedaron alegres pero cautelosos, pues no estaban interesados en fanatismo.


A partir de mayo de 1907, hubo extraordinarias visitaciones del Espíritu en sus campamentos y convenciones. Sus estudiantes, ministros y misioneros eran inundados por el Espíritu con manifestaciones de lenguas y señales. En una de esas reuniones, un joven estudiante, David McDowell, estaba tan lleno de fuego del Espíritu, que permaneció con las manos erguidas por más de una hora alabando al Señor. ¡Cuando él las bajó, inesperadamente cayeron sobre las cabezas de las esposas de los líderes de la Alianza, que instantáneamente rompieron en lenguas!


Pero cuando descubrió que el nuevo movimiento enseñaba que el bautismo en el Espíritu era siempre acompañado de lenguas, Simpson tomó una posición que hizo que el fuego se apagase en una división ocurrida dentro de la Alianza Misionera. Él publicó un manifiesto declarando firmemente que renunciaba a la doctrina de que todos deberían hablar en lenguas, y que éstas eran apenas una de esas evidencias del bautismo en el Espíritu.


Con esta posición, que fue conocida como la “posición de la Alianza”, ellos perdieron muchos hombres prominentes en la sociedad, y en algunas ciudades, congregaciones enteras pasaron al otro lado del Movimiento Pentecostal. La Alianza Misionera hubiera podido haber equilibrado el Movimiento Pentecostal y evitado numerosos errores, pero, al rechazarlo, falló en acompañar el mover de la restauración del siglo XX. Se cuenta que en los últimos días de
su vida, Simpson habría dicho a McDowell: “David, hice lo que pensé que era mejor, pero temo que haya fallado”.


Muchos misioneros vinieron de varios continentes para experimentar su propio pentecostés y llevar el avivamiento a sus países. Otros fueron influidos por grupos de otros lugares de los Estados Unidos que habían tenido contacto con Azusa. Por ejemplo, dos inmigrantes suecos, Daniel Berg y Gunnar Vingren, participaron en Chicago de una reunión de oración con algunos amigos llenos del Espíritu. Ahí recibieron una profecía de que serían enviados a algún lugar en el mundo llamado Pará. Después indagaron y descubrieron que se trataba de un estado del Brasil, a donde fueron enviados milagrosamente en 1910, donde fundaron la Iglesia Asambleas de Dios, cuatro años antes que las Iglesias Asambleas de Dios de los Estados Unidos fuesen organizadas.


Thomas Ball Barratt, un ministro metodista en Noruega, fue conocido como el “apóstol de pentecostés” para Europa. En un viaje a los Estados Unidos, en la ciudad de Nueva York, oyó sobre el avivamiento Azusa y pensó que habría de ir a Los Ángeles para recibir el bautismo. Mientras esperaba para viajar, decidió buscar la experiencia, orando hasta 12 horas al día, y recibió el bautismo en el Espíritu allí mismo en Nueva York, en octubre de 1906.


“Fui inundado de luz y de tal poder, que comencé a gritar lo más alto que podía en una lengua extraña. Debo haber hablado siete u ocho lenguas, basado en los distintos sonidos y modos de hablar usados... el momento más maravilloso fue cuando estallé en un lindo solo barítono, usando una de las lenguas más puras y deleitosas que oyera.”4


En diciembre de 1906, Barratt retornó a Oslo, Noruega, donde arrendó un gimnasio con 2.000 puestos para realizar las primeras reuniones pentecostales de Europa.4


“Personas de todas las denominaciones están siendo impelidas hacia las reuniones. Muchos han recibido su pentecostés y están hablando en lenguas... Personas que han participado de las reuniones están llevando el fuego con ellos hacia las ciudades de alrededor”.4


En poco tiempo, Barrat se estableció como el profeta del pentecostalismo europeo. Visitándolo y recibiendo su propio bautismo en el Espíritu, estuvieron pastores de Suecia, Inglaterra y Alemania.4


DECLINACIÓN Y CRISTIANIZACIÓN DEL
MOVIMIENTO P ENTECOSTAL


Y en el primer año, el avivamiento demostró señales de declinación. En agosto de 1906, Seymour escribió a Parham a fin de que viniese a ayudarlo a discernir algunas manifestaciones extrañas que estaban aconteciendo. Parham no tuvo orientación para ir inmediatamente, y cuando estuvo presente no fue bien aceptado. Se separaron, y lo mismo aconteció con Seymour y Bartleman.


Bartleman era totalmente contrario a la organización e institucionalización del movimiento, y cuando Seymour mandó a escribir en la pared del predio de la Calle Azusa “Misión Fe Apostólica”, él se retiró, y en agosto de 1906 abrió otra obra también famosa, “Calle Eigth con Maple” (así designada como punto de referencia) cuya profundidad y poder se igualaron a Azusa.


El énfasis del Movimiento Pentecostal eran lenguas como evidencia del bautismo en el Espíritu, y poder para predicar el evangelio al mundo entero, pues creían en el inminente regreso de Jesús. Por eso desde el comienzo los líderes no veían la necesidad de formar organización eclesiástica alguna, pues ellos mismos ya se habían decepcionado y sido perseguidos por las denominaciones que rechazaron el mover del Espíritu. Pero con el pasar de los años, el movimiento entró en peligro de caos con muchas divisiones sobre doctrinas (y hasta herejías) y deshonestidad financiera.


La solución bíblica para establecer orden y purificar el movimiento serían apóstoles y profetas, mas como no tenían esos fundamentos, fue casi inevitable su organización. Eso aconteció en 1914 con un llamado general (a pesar de muchas protestas) para realizar una gran convención en Hot Springs, Arkansas, que reunió de 200 a 300 líderes de 20 estados de los Estados Unidos y de varios lugares del mundo. Allí el Movimiento Pentecostal se organizó con el nombre de Iglesias Asambleas de Dios.


Una gran polémica que estremeció las recién organizadas Iglesias Asambleas de Dios, fue generada por la doctrina de la unidad de la Divinidad. Esta doctrina surgió en 1913 con la revelación de un hombre sobre el nombre de Jesús, y sus defensores que el verdadero bautismo debería ser en el nombre de Jesús solamente y no de la Trinidad, y los que no fuesen así bautizados, deberían ser rebautizados. El resultado de esta doctrina fue la negación de la existencia de la Trinidad; y cuando el Consejo General, después de muchos debates y discusiones, condenó esta doctrina, un cuarto de los 585 ministros de las Asambleas de Dios dejó la iglesia en 1916.


Durante los años 20 y 30, a pesar del enfriamiento del Movimiento Pentecostal, Dios continuó obrando, y fueron levantados ministerios poderosos. Entre ellos están Aimee Semple MacPherson (fundadora de la Iglesia del Evangelio Cuadrangular), Smith Wigglesworth (el “Apóstol de la Fe”) y Charles Price (un conocido pastor tradicional convertido en una campaña de Aimee Semple MacPherson, que se convirtió en un famoso predicador pentecostal  con un ministerio profético y de sanidad).


aSabatina es el ejercicio literario que hacían los sábados los estudiantes.


bArpa eólica, debe referirse a la que funciona o da el sonido con el viento. N. del T.


cPalabra hebrea que significa “habitación de Dios”, y fue usada por algunos escritores para referirse a la manifestación sensible de la presencia de Dios en el tabernáculo y en el templo, generalmente en una nube (Éx. 40:34; y Re. 8:10,11; 2Cr. 5:14; Ap. 15:8).


dCamino de Fe.


Tomado del La Iglesia del Siglo XX, LA HISTORIA QUE NO FUE CONTADA. John Walker & Otros - 1996.

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