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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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Roma en la Profecía de Daniel (4)
Por Gino Iafrancesco
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UN REY ALTIVO Y ENIGMÁTICO

Visión del carnero y del macho cabrío

La maravillosa profecía de Daniel capítulo 7 le fue confirmada al profeta dos años después mediante una visión a orillas del río Ulai, la cual le fue interpretada por el ángel Gabriel, y que está consignada en el capítulo 8 del libro de Daniel.  De manera que sobre el panorama trazado en los capítulos 2 y 7, podemos añadirle los detalles y la confirmación del capítulo 8.


"3Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después. 4Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad y se engrandecía".


En el versículo 20, Gabriel interpreta la visión de este carnero, así: "En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia". El cuerno más alto y que creció después, era Persia, que vino tras los medos, quienes tomaron Babilonia; esa es la razón por la que también en el capítulo 7 la segunda bestia, aquella semejante al oso, se alzaba de un costado más que del otro. En la alianza medo persa, los persas fueron más fuertes; por eso se alzaba su costado y su cuerno, aunque creció después en el carnero, sin embargo era más alto. Se Corresponden, pues, los brazos y pechos de plata, la segunda bestia que se asemejaba a un oso, y este carnero de dos cuernos. Se trata del Imperio Medo Persa.
 
"5Mientras yo consideraba esto (en pleno poderío medo persa), he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente (occidente) sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos. 6Y vino hasta el carnero de dos cuernos, que yo había visto en la ribera del río, y corrió contra él con la furia de su fuerza. 7Y lo vi que llegó junto al carnero, y se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por tanto, en tierra, y lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder. 8Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo".


A este respecto interpreta el ángel Gabriel en el mismo capítulo 8. "21El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero.  22Y en cuanto al cuerno que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la fuerza de él".


Este macho cabrío es, pues, el imperio Griego, cuyo gran emperador fue Alejandro Magno, su rey primero. Derrotó a los persas y subyugó a muchos pueblos, pero al morir, su reino fue dividido entre sus generales Lisímaco, Casandro, Antígono y Ptolomeo; de manera que la gran nación se repartió en Grecia, Macedonia, Siria y Egipto. Éstos lucharon entre sí haciéndose prominentes las dinastías Seléucidas en Siria y Ptolemaicas en Egipto. Estos cuatro cuernos que sucedieron al primero del macho cabrío, corresponden a las cuatro alas y cuatro cabezas del leopardo, la tercera bestia del capítulo 7, el reino de bronce del vientre y muslos de la imagen del capítulo 2. Se trata, pues, del imperio Griego y su historia posterior.

El cuerno pequeño

Llegamos entonces a unos versos importantísimos, los versículos 9 12:

"9Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa.  10Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las pisoteó.  11Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra.  12Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso y prosperó".
 
Gabriel, tras interpretar acerca de Grecia y los reinos que se levantarían de esa nación, continúa ahora su interpretación:  "23Y al fin del reinado de éstos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas. 24Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos.  25Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana".


Los versos, pues, 9 12 y 23 25 del capítulo 8, nos hablan de este cuerno que se engrandece contra el Príncipe de los príncipes, un rey altivo y enigmático. La clave para colocar identificadamente en la corriente de la historia a este rey, nos la da Gabriel en sus palabras a Daniel en el versículo 17b del capítulo 8: "Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin"; y en el versículo 19 dice: "He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin". En el versículo 26b, vuelve a decir Gabriel:  "Y tú guarda la visión, porque es para muchos días". Puesto que Daniel tuvo esta visión en el año tercero del rey Belsasar (8:1), estaba aún en apogeo el reino de Babilonia. La visión abarca, pues, verdaderamente "muchos días", pues va desde el tiempo del Imperio Medo Persa (el carnero con dos cuernos) hasta el mismísimo "tiempo del fin".


De modo que habiendo ya llegado en nuestra exégesis a considerar la historia universal hasta Grecia y sus últimas divisiones, llegamos a la consideración de este rey altivo y enigmático que aparece en escena, y que según las palabras del ángel Gabriel, tiene que forzosamente llenar el espacio histórico entre las posteridades del Imperio Griego y el "tiempo del fin". Este rey no es, pues, solamente una persona, sino un rey, un puesto de prominencia ocupado por varias personas en la etapa final de la historia universal hasta el fin. Sus características son la altivez, el enigma y la sagacidad.
 
El cumplimiento típico de esta última porción de la profecía de esta visión con Antioco Epífanes no agota todas sus posibilidades. Es caracterís¬tico en el método didáctico de Dios, como se comprueba también en las Sagradas Escrituras, el hacer uso de historias típicas que sirvan como figura, sombra, ejemplo y alegoría. En cierta medida, no completa, la persona de Antíoco Epífanes, de la dinastía de los Antíocos de Siria, uno de los cuatro cuernos de Grecia, cumple en parte esta porción profética que consideramos, pero no satisface la medida completa ni llega al tiempo del fin, sino que es apenas un cumplimiento típico en miras del cumplimiento perfecto posterior. Que esto sea así no es de extrañar en los métodos de Dios, pues al contrario, esto es lo que nos enseña la misma Palabra. Nos dice, por ejemplo, Eclesiastés 3:14,15: "14He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres. 15Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó". Nos había dicho el capítulo 1, versículos 9,10 del mismo libro de Salomón:  "9¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. 10¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido". De manera que lo que será manifiesto en el tiempo del fin, ya tuvo su momento típico en la historia; y esto lo hace Dios para nosotros; como está escrito por Pablo: "Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron" ( Rom.15:4); y como él mismo dice en otro lugar: "Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Cor. 10:11). Es esta también una de las razones por las cuales al tratarse de la bestia en Apocalipsis 17:8, se dice de ésta: "La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición”; es decir, que aquélla realmente era, pero no aún en su forma definitiva, pues en verdad, así, todavía no lo es, pero lo será.


Todo esto se aplica precisamente aquí en la visión en que nos ocupamos, como también en la de los capítulos l0, 11 y 12. 0bservando el cumplimiento típico, Antíoco Epífanes prefigura (es y no es) el cuerno que de las posteridades griegas crece al sur, al oriente y hacia la tierra gloriosa: Egipto, Siria, Persia e Israel. Citemos aquí como de especial interés el capítulo 1, versículos 1 10 y 16 24 del libro I de los Macabeos. Aunque considerado apócrifo por el protestantismo y por varios en la edad patrística, sin embargo es útil en lo histórico. Nos dice así I Macabeos 1:1 10, 16 24:
 
"1Todo comenzó con las victorias del macedonio Alejan¬dro I, hijo de Filipo, el cual saliendo de Grecia, derrotó a Darío rey de los persas y de los medos, y reinó en su lugar. Este fue el primer soberano del mundo griego. 2Después de muchas batallas y de asaltar fortalezas y dar muerte a los reyes de esas naciones, 3llegó hasta los confines de la tierra, recogiendo los despojos de muchos pueblos. Y cuando el mundo se quedó callado y sometido a su poder, se puso muy orgulloso. 4Reunió un ejército muy poderoso y ejerció mando sobre provincias, naciones y príncipes que le pagaban tributo. 5Después cayó enfermo y comprendió que iba a morir. 6Hizo llamar a sus generales y a los más nobles que con él se habían criado desde su juventud; y en vida repartió entre ellos su reino. 7Alejandro había reinado doce años cuando murió. 8Entonces sus generales tomaron el poder, cada uno en el sector que le correspondía; 9en cuanto él murió se ciñeron la corona, y sus hijos después de ellos, durante muchos años, llenando la tierra de males. 10De su descendencia brotó aquel retoño impío, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antioco, que estuvo en Roma como rehén. Llegó a ser rey el año ciento treinta y siete de la era de los griegos.  16Cuando Antíoco se sintió seguro de su poder, proyectó apoderarse también de Egipto para reinar en las dos naciones. 17Entró en Egipto con un poderoso ejército, con carros de guerra, elefantes, caballos y una gran armada. 18Atacó a Ptolomeo, rey de Egipto, que se retiró ante él y fue derrotado, muriendo muchos de los suyos. 19Se apoderaron de las ciudades fuertes de Egipto y recogió los despojos del país. 20El año ciento cuarenta y tres, Antíoco volvió después de haber derrotado a Egipto, y pasando por Israel, subió a Jerusalén con un poderoso ejército. 21Entró con insolencia en el santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro de la luz con todos los accesorios, 22la mesa de los panes ofrecidos, los vasos, las copas, los incensarios de oro, la cortina y las coronas, y arrancó todo el decorado, las molduras de oro que cubrían la entrada del templo. 23Se adueñó también de plata, oro, objetos de valor y cuantos tesoros ocultos pudo encontrar. 24Tomándolo todo, partió para su patria, después de haber derramado mucha sangre y de hacer declaraciones insolentes".

Cumplimiento típico
Y con respecto al hecho de que por este rey altivo y enigmático sería quitado el continuo sacrificio, I Macabeos 1:41 50 nos muestra el cumplimiento típico:
 
"41Antioco hizo aplicar en todo su reino un decreto. Todos los pueblos de su imperio debían 42abandonar sus costum¬bres particulares, para formar un único pueblo. Los paganos acataron el decreto y en Israel mismo muchos acataron sus órdenes. 43Sacrificaron a los ídolos y ya no respetaron el sábado. 44El decreto que imponía costumbres extranjeras llegó a Jerusalén y a toda Judea. 45Según él, se suprimían las victimas consumidas por el fuego, los sacrificios y otras ofrendas en el santuario. Se debía tener por días ordinarios no sólo los sábados, sino también las fiestas sagradas. 46Ya no debían tener por sagrado el santuario y sus ministros, sino que debían dedicarse altares, recintos sagrados y templos a los ídolos. 47Tenían que sacrificar cerdos y animales impuros; 48y no debían hacer a sus hijos el rito de la circuncisión. En resumen, tenían que mancharse con toda clase de impurezas y profanaciones, 49de tal modo que olvidaron la ley y cambiaron todas sus costumbres. 50Al final, el decreto decía: El que no cumpla la orden del rey, morirá".


Ahora bien, he aquí enumeradas algunas de las razones por las cuales aplicamos a Antioco Epífanes meramente el cumplimiento típico y no el final y definitivo:
1. El Santuario fue profanado, pero no derribado según la profecía.
2. El tiempo de Antíoco no es el tiempo del fin, y mucho menos relacionándolo con el lenguaje de las demás profecías conocidas ya en aquel tiempo.
3. El "quitar el continuo sacrificio" está relacionado en otras profecías paralelas a la colocación de la "abominación desoladora", de lo cual también nos habla I Macabeos relacionado a Antíoco Epífanes; sin embargo, cuando el Señor Jesucristo, según Mateo 24:15 y Marcos 13:14, se refirió a la "abominación desoladora de que habló el profeta Daniel", se refirió como en futuro, como a algo que aún estaba por venir. Por lo tanto el cumplimiento en Antíoco Epífanes antes de Cristo apenas puede ser típico, pues el cumplimiento definitivo está reservado a una época posterior a la primera venida del Señor Jesucristo.
  4. Daniel 8:23 dice que el rey altivo y enigmático se levantaría al final de los reinos de esa nación; literalmente dice: "al final del reinado de éstos". Los "éstos" a que aquí se refiere son los reinos que surgieron a fines del imperio griego, y Antíoco Epífanes es descendiente de uno de esos reyes, de la dinastía que dominaba Siria, y siguieron siéndolo sus sucesores.  De manera que en lo general, es decir, según el panorama universal, Antíoco Epífanes es ingrediente apenas de una de las cuatro alas, o cabezas, o cuernos, que se levantarían de Grecia.


Pero una cosa sí podemos decir: que así como antes de entrar el cuerpo verdadero a la escena, entra primero su sombra si la luz lo anuncia desde atrás, así también, antes de presentarse el cumplimiento final y definitivo de la profecía acerca de un rey altivo y enigmático en el tiempo del fin, se presenta anticipadamente en la escena la sombra, que es el cumplimiento típico. Es por esa razón que no podemos agotar el estudio de la visión de Daniel 8 con Antíoco Epífanes.


El rey altivo y enigmático, el cuerno que se levanta contra el Príncipe de los príncipes, representa más bien y en forma más definitiva, a lo acontecido desde que el imperio Griego sale de la escena, y entrado el imperio Romano, éste continúa hasta el tiempo del fin. Se trata, pues, de un reinado que se prolongará hasta el fin de la historia, mantenido a lo largo de los siglos por diversos personajes para que al fin de los tiempos llene la medida definitiva. Así que habiendo visto en Antíoco Epífanes a la sombra, levantemos los ojos para ver lo que se acerca con éste y tras éste.


Tras el imperio Griego, el imperio Romano tomó el poder. Incluso, Antíoco Epífanes fue detenido por el príncipe de Roma. De manera que vemos a Roma como este rey altivo y enigmático. Incluimos, pues, aquí a los césares, al papado y al anticristo final. Recién entonces se llena la medida del tiempo del fin, y el fin de la ira. Hemos hecho constar ya que los césares fueron divinizados y el papa osó dejarse llamar en cierta época: "Nuestro Señor Dios el Papa".  Aún hoy en día pretende "infalibilidad", y el lugar del Espíritu Santo cual Vicario de Cristo pretende ser usurpado por él. Daniel nos decía que este cuerno "se engrandeció contra el Príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio y el lugar de su santuario fue echado por tierra". Cuando Roma estaba en el poder siendo emperador Tiberio, y gobernador de Judea Poncio Pilatos, "el Príncipe de los príncipes" quien es también "el Príncipe de los ejércitos”, fue crucificado. La soldadesca romana se abatió sobre Él. El Señor Jesucristo padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, delegado del poder de Roma.
 
Fue también el ejército romano el que sitió a Jerusalén, el lugar del Santuario, y causó grandes ruinas en el año setenta después de Cristo. Los judíos fueron esparcidos y los sacrificios judaicos en el templo suprimidos. Esto lo hizo Roma, el rey altivo y enigmático, quien además destruyó a los fuertes y al "pueblo de los santos". El espíritu satánico se ha ensañado siempre contra el pueblo portador de la revelación. El concepto ju¬deo cristiano del mundo, ha sido el blanco de sus ataques, y sigue siéndolo. Los judíos sufrieron bajo Antíoco Epífanes a menos que apostataran; igualmente aconteció bajo el imperio romano. Pero "el pueblo de los santos" está compuesto también de los cristianos. Sí, como dice Pablo, somos “conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19). Los emperadores romanos a partir de Nerón desencadena¬ron horribles matanzas y crueles persecuciones contra los cristianos. Otro tanto hizo el romano papismo con la Inquisición.

Cumplimiento final
Una de las características del rey altivo y enigmático es la sagacidad. Dícese de él: "Y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó" (Daniel 8:12), y más adelante: "25Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano". Es interesante ver a las naciones embriagadas por el cáliz de fornicaciones de la gran ramera que cabalga sobre la bestia y fornica con los reyes de la tierra, reinando sobre ellos, y la cual, según el Apocalipsis (17:18) es Roma. “23 ...pues por tus hechice¬rías fueron engañadas las naciones. 24Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra" (Ap.18:23,24). Roma, pues, prosperaría por medio del engaño. ¿No comenzó acaso a sostenerse también el papado en los siglos medios por medio de las falsas decretales pseudo Isidorianas y otros documentos semejantes? ¿Y cuántos otros engaños han sido hallados en él?  Pues, de la manera como sobre la Jerusalén terrenal y el Israel carnal se asentó la abominación idolátrica que pretendía sustituir el culto a Dios, así también, cuando el uso exagerado de la alegoría se extendió en la Iglesia, la Jerusalén de arriba y el pueblo espiritual de Dios, se vio ésta invadida por un rey romano que pretendía sentarse en el templo espiritual de Dios; tal rey es el papado, ante quien doblan las rodillas y a quien, desobedeciendo a Cristo, llaman «santísimo padre» (Mateo 23:9).

 
Quitado el continuo sacrificio
El "continuo sacrificio" en Israel, representaba el verdadero precio de la redención, pero cuando se desplaza de su lugar al sacrificio de Cristo como precio suficiente de redención, y se colocan en su lugar abominacio¬nes idolátricas, se ha consumado la iniquidad. Tenemos que reconocer que el romano papismo quitó de la vista de los hombres la suficiencia del sacrificio de Cristo recibido por fe para salvación. De manera que los seres humanos bajo la influencia romano papista tienen generalmente su confianza puesta en otra cosa. Lo que está detrás de todo hecho que persiga "quitar el continuo sacrificio", es un intento por evitar el verdadero acercamiento y culto a Dios, y sustituirlo por otro camino y otro objeto de culto. Esa es la intención diabólica de la rebelión de Lucifer en el cielo, y es la misma que en principio manifiesta a través de sus diversos agentes humanos. El hecho de "quitar el continuo sacrificio” manifiesta la intención original satánica puesta en práctica en cada ocasión propicia de la historia, con distinto ropaje, pero el mismo principio. El "continuo sacrificio" representaba a Cristo, y Él es el único camino al Padre.  Satanás quiere sustituir esto con la idolatría de sí mismo. Esto es lo que ha perseguido el diablo a todo lo largo de la historia del hombre; y conseguirá al fin de los siglos gobernar al mundo por poco tiempo, según el permiso de Dios, para que manifieste su insensatez. El dragón arrastró con su cola la tercera parte de las estrellas del cielo; es decir, un tercio de los ángeles de Dios, que llegaron a ser ángeles caídos o demonios, los cuales son los gobernadores de las tinieblas de este mundo, y manifiestan su naturaleza en la historia de los hombres.


Este rey altivo y enigmático es, pues, la última manifestación satánica en el reino de los hombres de este mundo que está bajo el maligno. Así como detrás del rey de Babilonia vemos a Lucifer (Is.14), y detrás del rey de Tiro al mismo querubín (Ezq. 28), así, detrás de este rey altivo y enigmático está el dragón.  Por eso se dice de él que "parte del ejército y de las estrellas del cielo echó por tierra". Pero, como está escrito: "25Será quebrantado, aunque no por mano humana".  El anticristo final, el inicuo de Satanás, quien es la última forma del rey altivo y enigmático, será arruinado y destruido hasta el fin, como decía Daniel 7:26. El Señor Jesucristo en Su segunda venida, con gloria y majestad, destruirá a esta encarnación suprema de la iniquidad, mediante el Espíritu de Su boca y el resplandor de Su venida. Entonces se cumplirá definitivamente la profecía: "Será quebrantado, mas no por mano humana".
 
No sólo en la primera venida de Cristo se levantó Roma para crucificar¬le, sino que la bestia reunirá a los reyes de la tierra y a sus ejércitos para pelear contra el Verbo de Dios (Apocalipsis 19:19), quien volverá en gloria y majestad.  El Altísimo se reirá de ellos (Salmo 2).  Las alianzas militares actuales desembocarán allí. ¿Contra quién están enrolando a nuestros hijos? La Palabra de Dios nos dice que son juntados para pelear contra el Cordero. Pero además dice: "Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si a1guno mata a espada, a espada debe ser muerto" (Apo. 13:10).


La visión del capítulo 8 contiene también la siguiente revelación: "13Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados?  14Y él dijo: Hasta dos mil trecientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado. 26La visión de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días”.

Recuperación del lugar del Santuario
Aplicando a Antíoco Epífanes el cumplimiento típico, hallaríamos que 2.300 tardes y mañanas corresponden a 2.300 sacrificios, los que al hacerse .dos veces por día significarían 1.150 días. C. O. Gillis ve aproximarse esta cuenta al tiempo de dominación siríaca en Palestina, durante la cual fue quitado el continuo sacrificio desde el 15 de Kisleu de 168 a. C. a 25 del mismo mes de 165 a. C.
 
No obstante, como antes hemos dicho, la profecía tiene un cumplimien¬to repetido, ya que claramente apunta hacia el tiempo del fin y para muchos días, y Antíoco Epífanes apenas es un tipo.  Según el cálculo de Ch. Deloach, la visión que comienza presentando al imperio Medo Persa siendo derribado por el imperio Griego, contabiliza desde la fecha 334 a.C., cuando Alejandro Magno derrotó por primera vez a los persas en el río Gránico, de manera que restándole a 2.300 la cifra de 334, nos daría 1966.  Si se toma, según Génesis, una tarde y una mañana por un día, y a cada día por un año según equivalente profético en algunas Escrituras, se tendrían 1966 años después de Cristo, a los cuales debe sumárseles un año, pues del año 1 a. C. al 1 d. C. hay realmente dos años y no uno como calculó Dionisio el Exiguo.  De manera que tenemos: 1966 + 1 = 1967.  En esta fecha, 1.967 d. C., el lugar del Santuario, que es Jerusalén, fue recuperada del dominio gentil en la llamada Guerra de los Seis Días.


Ahora bien, durante el período de la gran tribulación, cuando el anticristo esté gobernando, habrá también un período relacionado a la supresión del continuo sacrificio en Israel en el templo restaurado, para colocar en su lugar la definitiva abominación desoladora. Por lo tanto, en ese caso, el cumplimiento final quedaría aún futuro, permaneciendo la profecía como sellada hasta el tiempo del cumplimiento. Y como dijo Gabriel, la visión de las dos mil trecientas tardes y mañanas es verdadera.


Tomado del libro Roma en la Profecia de Daniel, por Gino Iafrancesco.

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