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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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El Movimiento Carismático
Por John Walker & Otros
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Vimos que los pentecostales clásicos de comienzos del siglo XX al principio no creían en denominacionalismo. Ellos creían que el derramamiento del Espíritu en la época era para unir a la Iglesia y promover una evangelización mundial, con la mira en el inminente regreso del Señor Jesucristo. Pero, en poco tiempo, ellos se organizaron como denominación para proteger el movimiento de herejías y confusión. Así surgieron las Asambleas de Dios y otras denominaciones pentecostales con sus escuelas e institutos bíblicos para entrenar a sus líderes y defender sus doctrinas básicas.


Con el nuevo derramamiento del Espíritu a la mitad del siglo, los participantes de este movimiento, conocido como “Lluvia Tardía”, se levantaron más fuertemente aun contra el denominacionalismo. De hecho, ellos tuvieron gran éxito en cuanto a no formar otra denominación, no obstante cayeron en muchas herejías y desequilibrios.   Fueron tan lejos en sus “revelaciones”, que muchos historiadores de la Iglesia del siglo XX, como Vinson Synan, no lo mencionan, como si fuese algo totalmente falso.

Ya el Movimiento Carismático de los años 60 y 70, considerado por sus participantes la “segunda ola” del Espíritu, se caracterizó por la valoración y fortalecimiento de las denominaciones. Ellos no pensaron salir de las mismas, antes querían el mover del Espíritu infiltrando las principales denominaciones y, así, tener una Iglesia renovada por el Espíritu. Al comienzo se auto-denominaron neopentecostales para diferir de los pentecostales clásicos más ruidosos, pero después fueron conocidos como carismáticos.


El Movimiento Carismático puede ser considerado la más extensa y difundida manifestación del Espíritu, el cumplimiento más completo hasta hoy de la profecía de Joel. Alcanzó a las más antiguas denominaciones tradicionales, y después, de modo espectacular, a la propia Iglesia Católica en 1967 -el mismo año de la toma de Jerusalén por Israel. Sin embargo, al analizar la historia de la Iglesia del siglo XX podemos notar claramente que, mientras que el Movimiento Lluvia Tardía representa más el aspecto “Reforma” (pues fueron restauradas en aquella época grandes verdades de la Palabra), el Movimiento Carismático representa el aspecto “Avivamiento”, pues fue una extensión de la visitación del Espíritu iniciada al comienzo del siglo, sólo que dentro de las denominaciones.


Más recientemente, en los años 80 surgieron algunos líderes hablando de una “tercera ola” del Espíritu que sucedería a las primeras dos, el Movimiento Pentecostal Clásico y el Movimiento Carismático. Un fuerte promulgador de esta tercera ola es Peter Wagner, profesor del Seminario Teológico Fuller, en Pasadena, California, que habla en lenguas pero se rehúsa a ser llamado pentecostal o carismático. La “tercera ola” sería una obra sobrenatural del Espíritu en las principales denominaciones tradicionales llevando a las personas a ejercer los dones del Espíritu, pero sin aceptar rótulos, sin volverse carismáticos o pentecostales. Hay dos motivos básicos para esta posición. Primero, los defensores de la “tercera ola” no quieren cambiar su teología evangélica por una dudosa teología pentecostal. En segundo lugar, quieren sólo integrar los dones del Espíritu como una práctica normal de la vida de la Iglesia.

Entonces, mientras los pentecostales salían de las denominaciones existentes en la época y formaban una nueva iglesia y una nueva teología, los carismáticos no salieron sino que formaron un nuevo movimiento dentro de alguna denominación. Los carismáticos se convirtieron en un departamento dentro de la iglesia. Entonces los   promulgadores de la “tercera ola” no quisieron salir ni ser un departamento, sino que quisieron impregnar a toda la Iglesia con la normalidad de la práctica de los dones del Espíritu. Para un mejor entendimiento del Movimiento Carismático, vamos a tratarlo en varios aspectos:

- ASOCIACIÓN DE HOMBRES DE NEGOCIOS DEL EVANGELIO COMPLETO. La “Asociación de Hombres de Negocios del Evangelio Completo” fue fundada por Demos Shakarian, un hombre de negocios pentecostal de origen armenio, en 1952, con ayuda de Oral Roberts. Tenía como propósito alcanzar hombres de negocios con el evangelio que incluía bautismo en el Espíritu. De ahí el nombre “Evangelio Completo”.


Esa organización ejerció importante papel en la diseminación de la experiencia pentecostal entre millares de personas de iglesias tradicionales, que tal vez nunca tuviesen interés en asistir a las reuniones de una iglesia pentecostal. Hasta entonces, la experiencia pentecostal se había difundido principalmente en medio de personas sencillas, de clase media y baja, pero con su técnica de organizar banquetes para hombres de negocios, donde un invitado lleno del Espíritu daba su testimonio, fueron también llenas del Espíritu   personas ricas e influyentes. Walter Hollenweger, autor de lla obra “Los Pentecostales”, declaró que esta organización contribuyó mucho a la propagación de las ideas pentecostales por el mundo, a pesar de la “enseñanza incomprensible de que la persona que es llena del Espíritu tendrá más éxito en los negocios, hará mejores tractores y automóviles que sus competidores, vivirá en una casa más confortable y, si fuere jugador de fútbol, marcará más goles que una persona que no es convertida o no es bautizada en el Espíritu”.4


2 - DAVID DU PLESSIS. David du Plessis era natural de África del Sur, convertido en una iglesia pentecostal llamada Misión Fe Apostólica (fundada por John G. Lake, que estuvo asociada con la Misión de la Calle Azusa, en los Ángeles). Tuvo contacto con el famoso evangelista Smith Wigglesworth, que profetizó sobre él en 1936 sobre la obra mundial que Dios haría a través de su vida. A seguir, tenemos un resumen de su experiencia relatada por el propio du Plessis, extraído del libro “Perdón”:10


En 1936, como secretario general de la Misión Fe Apostólica en África del Sur, fui responsable de invitar al evangelista Smith Wigglesworth, de Inglaterra, a que viniera a nuestro país. Nuestros espíritu combinaron inmediatamente y yo lo acompañé lo máximo posible como su intérprete. Al final de su estadía, él permaneció en mi casa durante unos quince días a fin de ministrar en aquella región.


Cierto día (conforme me contó posteriormente mi esposa), él entró en la cocina a las seis de la mañana y simplemente dijo:


“¿Dónde está David?”


Yo tenía la costumbre de levantarme a las cinco de la mañana, por tanto, en esta hora yo estaba en mi escritorio. Entonces ella le dijo: “Hermano Wigglesworth, él está en su oficina”.


Yo estaba sentado en mi escritorio, leyendo la correspondencia que acababa de llegar, cuando de repente ¡la puerta se abrió de una vez! Sin ninguna señal de aviso, sin golpear antes, la puerta simplemente fue abierta. Y el hermano Wigglesworth entró como quien está con una desesperada prisa. Mirando hacia mí con una expresión un tanto feroz, dijo: “¡Salga de ahí. Venga acá afuera!”


Me levanté de detrás del escritorio y anduve hacia donde él estaba. Colocó las manos sobre mi hombro, me empujó hacia la pared, miró directamente a mis ojos y dijo: “¡Dios dice que usted ha permanecido lo suficiente en Jerusalén! Él lo va a enviar a los confines de la tierra. ¡Él va a obrar a través de usted y permitir que usted presencie el mayor mover del Espíritu en la historia de la Iglesia!” Y así él continuó profetizando: “Así dice el Señor: He de vivificar los cadáveres. A través de las iglesias tradicionales vendrá un avivamiento que transtornará al mundo entero”.


Bien, yo no creía en nada de eso. Estas eran las “cosas nuevas” (Isaías 48:6). Yo no podía comprender y me pregunté a mí mismo: “¿Qué aconteció con el viejo?” (Él tenía setenta y tantos años en nuestra época).


“Yo quisiera tener veinte años menos”, me dijo él, “para que yo pudiese ver el comienzo de su cumplimiento. Mas cuando comience, ya no estaré aquí. Por tanto no se preocupe. Mientras yo esté vivo, nada va a acontecer. Sólo después que yo muera”.


En seguida, él inclinó su cabeza y oró pidiendo al Señor que me bendijera. Después salió y cerró la puerta.


Fui a sentarme. Estaba confuso y perplejo. Yo dije: “Señor, sea cual fuere el significado de todo esto, acepto la advertencia. Tú no me hablaste nada respecto de todas estas cosas. ¡Yo nunca pensé que las iglesias fuesen recuperadas de su muerte!“


Y entonces oí que alguien tocaba suavemente la puerta. “¡Entre!” dije. La puerta se abrió y quien entró fue el hermano Wiggleswoth.


“Buenos días, hermano David. ¿Cómo está usted en esta mañana?”

“Muy bien”, respondí, “pero terriblemente confuso”.
Él preguntó: “¿por qué?”


“¿No sabe usted que estuvo aquí hace pocos minutos? Usted no me saludó, y me entregó un mensaje que me estremeció”.


“Ah, sí”, me respondió. “Yo no he saludado a nadie hoy en la mañana. ¿Usted no sabe lo que le aconteció al profeta que saludó a las personas por el camino?”


“Él entró en serios problemas”, le dije.


“¡Y no tenía ninguna intención de entrar en problemas!”


¡Él aceptaba la Palabra literalmente! ¡Jamás conocí un hombre que encontrase la verdad en la Palabra de una manera tan literal! (1Reyes 13; Lucas 10:4).


“Ahora”, dijo él, “ya entregué el mensaje y podemos conversar. No saludé a su esposa y no le saludé a usted. Yo tenía que entregar el mensaje. A las cuatro de la mañana, tuve una visión. ¡Vi cosas tan extraordinarias que yo mismo tengo dificultad para creer! Después Dios habló conmigo para que me levantase y le contase la visión a usted. ¡Y usted estará vivo cuando todo esto acontezca!”


Y ahí él dio mayores detalles. Pero esto no ayudó, porque estaba todo engañado. Mi pasado, mi formación, nuestra manera de predicar, de creer, nuestras tradiciones - ¡todo era diferente! Era lo opuesto de lo que él estaba diciendo.


Le dije: “Bien, hermano Wigglesworth, yo no sé lo que usted crea que debo hacer. Recuerde aquello que usted dijo, pero no voy a actuar hasta que el Señor hable conmigo. No importa quién es el profeta que trajo la palabra, yo creo que el Señor va a hablar conmigo y a confirmar la Palabra en mi corazón”.


“Óptimo”, respondió. “Recuerde, sin embargo, que Dios me dijo que la condición es que usted permanezca fiel y humilde. No es difícil recordar esto. Sólo dos cosas: Fidelidad y humildad. Fidelidad para oír y humildad cuando Él lo bendiga”.


Y entonces me preguntó: “¿Se marea usted cuando viaja en barco?”
“Nunca he viajado por el mar”, respondí.
“¿Y en avión?”
“Tampoco he viajado en avión”.
Me dijo: “¡Entonces venga acá!”


Una vez más me empujó contra la pared y oró. ¡Y doy gracias a Dios por aquella oración! Él dijo: “Señor, tú me mostraste que este joven va viajar más que otras personas. No es bueno enfermar en casa, pero es peor enfermar lejos de casa. Por favor no permitas que él jamás se enferme cuando esté viajando a tu servicio”.


La profecía y la visión de Wigglesworth permanecieron sin cumplimiento por diez años, mas poco antes de su muerte él le dijo a David du Plessís: “Mi hermano David, no recibí más nada del Señor sobre el asunto. Pero tengo la absoluta certeza del cumplimiento de aquello que él reveló en África del Sur, y que usted es el hombre que será usado”.


En 1948, du Plessís quedó postrado en un hospital por causa de un desastre de su carro en un tren, y Dios comenzó a hablar con él: 10


“Llegó la hora de cumplir la profecía dada a ti por Smith Wiglesworth. Es hora de comenzar. Quiero que vayas a los líderes del Consejo Mundial de Iglesias”.


Respondí en tono de argumento: “Señor, pero ¿qué le puedo decir a aquellas iglesias muertas?”


“¡Yo resucito los muertos!” La respuesta vino con una simplicidad chocante.


“Pero, Señor, ¡ellos son nuestros enemigos!” Yo estaba casi lloroso.


“Sí, pero yo ya te dije que debes amar a tus enemigos”.


Ignorando la verdad de las Escrituras en mi frustración, continué argumentando. “¿Cómo puedo amar a personas así? No estoy de acuerdo ni con sus doctrinas ni con sus prácticas”.


“Bien, –el Señor respondió firmemente en mi interior–, tendrás que perdonarlos”.


“Mi Señor” -ahora estaba llorando de verdad- “¿cómo puedo perdonarlos si no puedo justificarlos?”


“Nunca te di autoridad para justificar a persona alguna. Sólo te di autoridad para perdonar. Y si los perdonas, los vas a amar. Y si los amas, vas a querer perdonar. Ahora puedes escoger”.


La conversación estaba terminada. Pero la batalla apenas había iniciado. Una pequeña luz había irradiado, suficiente para mostrarme cuán poco conocía yo respecto del perdón a los ojos del Señor. En los días venideros yo tendría que luchar con el Señor, aprender, sufrir los dolores internos de una genuina revolución. Un nuevo rey habría de dominar aquella parte de mi vida.


Mientras meditaba allí, durante la noche, con las luces apagadas, vi el tamaño de mi error. Yo estaba esperando que Jesús me usase como un pentecostal para estremecer las iglesias. Pensaba que podría forzar a las personas a que entendieran la verdad, diciéndoles dónde estaban erradas y sacudiéndolas en justa indignación. Pero el Señor dijo que este no es el camino. “El avivamiento vendrá si tú perdonas. ¡Si vas a luchar - no acontecerá nada!”


Entonces la revelación básica que Dios dio a du Plessis fue de perdón a los tradicionales y sus prácticas. Su primer contacto ecuménico fue en 1951 con John A. Mackay, presidente del Seminario Teológico de Princeton, quien se mostró muy amable e interesado del Movimiento Pentecostal. Pocos días después, por primera vez, un pentecostal entró en la oficina central del Consejo Mundial de Iglesias en Nueva York, en 5a. Avenida, y fue bien recibido. En 1952 participó en el Consejo Misionero Internacional realizado en Alemania, donde pudo compartir su experiencia pentecostal. Fue alllí donde fue llamado por primera vez “Señor
Pentecostés”.


En 1954 participó en la Segunda Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias como representante de las Iglesias Pentecostales, lo que causó muchas críticas por parte de los líderes pentecostales que habían denunciado al Consejo Mundial como la principal fuerza de la iglesia apóstata de los últimos días. En 1956, hablando a un grupo de líderes ecuménicos, entregó uno de sus más famosos mensajes. Comparando la verdad del evangelio con un bistec, declaró que las iglesias tradicionales tenían la verdad “congelada” mientras los pentecostales tenían la misma verdad “en el fuego”. Explicó que los apóstoles “tenían una experiencia y ninguna doctrina”, mientras que la mayoría de las iglesias modernas “tenían doctrina sin ninguna experiencia”. Este mensaje resonó por el mundo, después de ese encuentro.11


En aquella época varios pastores y ministros tradicionales recibieron lenguas y otros dones y fueron aconsejados por du Plessis a “permanecer en sus iglesias y florecer donde fueron plantados”.


Seis años antes del advenimiento de la renovación carismática católica, du Plessis hizo su primer contacto con líderes católicos. Cuando de su participación en el Consejo Mundial de Iglesias en Nueva Deli fue invitado a visitar el Vaticano para que explicase el pentecostalismo a varios teólogos e historiadores que estaban haciendo un estudio detallado del movimiento. En el camino de regreso de la India se encontró en el Vaticano con el Cardenal Bea, jefe de la Secretaría para la Promoción de la Unidad Cristiana, a quien dijo: “Todo lo que quiero decir es esto: Hagan que la Biblia esté disponible a todo católico en el mundo en su propia lengua. Si los católicos leyeren la Biblia, el Espíritu Santo vivificará el libro, y esto transformará sus vidas. Y con católicos transformados habrá renovación de la Iglesia”. Sobre el bautismo en el Espíritu Santo él dijo: “No, esto no viene por sucesión apostólica -aunque trae el suceso apostólico. Usted ha de recibir esto del Señor Jesús. Él es el único bautizador en el Espíritu”.


Cuando este diálogo fue reportado al Papa Juan XXIII, él afirmó que las palabras de du Plessis fueron “una revelación de Dios” a la cual los católicos “deberían estar atentos”. Si la relación de du Plessis con líderes tradicionales ya causaba críticas y rechazo de los líderes pentecostales, la visita al Vaticano causó furor. Las Asambleas de Dios americanas, a las cuales él transfirió su ordenación en 1955, revocaron sus credenciales de ministro, lo que significó para él no tener ningún nexo oficial con grupo pentecostal alguno. Aun así prosiguió con determinación.11


Aunque despreciado por los pentecostales, líderes de las iglesias tradicionales y católicos romanos continuaron cercanos a él. En 1964 fue convidado por el Cardenal Bea a que fuese el único observador pentecostal del Concilio Vaticano II. En esta histórica asamblea de cardenales, du Plessis ofreció perdón a los católicos y vio esperanza hacia la renovación. Solamente dos años después de terminado el Vaticano II, comenzó la renovación carismática entre católicos romanos en Pittsburgh, Pensilvania. 11


Du Plessis dirigió el equipo pentecostal en los diálogos entre católicos y pentecostales en 1972 a 1982. Él también participó de la Conferencia Carismática Católica en Roma, en 1976, cuando oyó al Papa Pablo VI pronunciar sus bendiciones sobre la renovación carismática.


Du Plessis ejerció un papel profético y se convirtió en figura clave para lanzar el fuego del movimiento carismático en las iglesias tradicionales. Su trabajo como presidente del equipo pentecostal en los diálogos entre pentecostales y católicos romanos y como principal predicador en centenares de encuentros carismáticos-pentecostales alrededor del mundo, le confirmaron el título no oficial de “Señor Pentecostés”. En 1974 un grupo de reporteros de la revista “Time” nombraron a Du Plessis como uno de los once “principales teólogos del siglo XX”. También, por su trabajo en el diálogo y otras contribuciones al Movimiento Carismático Católico, recibió del Papa Juan Pablo II la medalla de oro “Benemérito” por excelente “servicio a toda la Cristiandad”. Es la más alta honra que un Papa puede conferir, y Du Plessis fue el primer protestante en recibirla. En 1979 su ministerio fue generosamente reconocido por los pentecosta- les cuando las Asambleas de Dios restauraron totalmente sus papeles de ordenación.4


Aunque su trabajo a veces haya causado controversias, Du Plessis es sin duda una de las más importantes figuras pentecostales en la historia. Él falleció el 2 de febrero de 1987, cinco días antes de cumplir 82 años.


3 - DENNIS BENNETT. Dennis Bennett se volvió un precursor del movimiento carismático (también llamado Movimiento Neo-Pentecostal) en América. Al final de la década de los 50, el Padre Bennett era rector de la elegante y moderna Parroquia Episcopal de San Marcos en Van Nuys, California. Graduado en la Universidad de Chicago y en la Escuela de Divinidad de Chicago, era la personificación del clero sofisticado, respetable y levemente mundano de su iglesia. Al rededor de 1959 San Marcos creció al punto de incluir 2.600 miembros en un equipo de cuatro ministros, cuando él oyó sobre el bautismo en el Espíritu a través de un colega clérigo episcopal.


Después de observar algunos laicos en su iglesia que exhibían un alto grado de compromiso y espiritualidad, Bennett comenzó a buscar respuestas sobre sus experiencias pentecostales. Después de una verdadera investigación, se convenció de la realidad del bautismo en el Espíritu, aunque tendiese a ver el hablar en lenguas como algo casi   innecesario. Sin embargo, ansiaba por una realidad más profunda en su experiencia cristiana. A medida que estudió el asunto, quedó sorprendido al ver tantas referencias al Espíritu Santo en el Nuevo Testamento, en el “Libro de Oración Común”, en los escritos de los llamados padres de la iglesia primitiva, en los libros-textos de teología, en los libros de historia de la Iglesia, “y hasta en los himnarios”.4


A comienzos de 1959, Bennett finalmente comenzó a buscar el bautismo en el Espíritu con la ayuda de un colega sacerdote episcopal y de una joven pareja de la iglesia que ya había recibido la experiencia a través de otro matrimonio de las Asambleas de Dios. En una reunión de oración en el hogar de la pareja, fueron impuestas manos sobre Bennett mientras sus amigos oraban por él.


He aquí un aparte de su experiencia extraída de su libro “Nine o’clock in the Morningi”: 12


Había cuatro personas presentes: un amigo que era sacerdote episcopal en nuestra diócesis, Juan y Juana (la pareja que ya había recibido el bautismo) y yo. Estábamos sentados en la sala de estar del matrimonio, nuestros hospedadores en el escritorio debajo de la ventana, yo en una silla tapizada al otro lado de la sala y el clérigo a mi derecha... Yo estaba consciente de mí mismo, ¡y determinado a no perder mi dignidad!


“¡Qué hago?” les pregunté nuevamente.


“Pida a Jesús que lo bautice en el Espíritu Santo”, dijo Juan.
“Nosotros oraremos con usted, y usted sólo orará y alabará al Señor”.


Yo dije: “Recuerden ahora, yo quiero esta proximidad a Dios que ustedes tienen, sólo eso; ¡no estoy interesado en hablar en lenguas!”


“Bien,” dijeron ellos, “todo lo que podemos decir a usted sobre esto es que ¡viene junto con el paquete!”


Juan atravesó la sala e impuso las manos primero en mi cabeza, y después en la de mi amigo. Él comenzó a orar, muy calmadamente, y yo reconocí... que él estaba hablando en una lengua que yo no entendía, y hablando con fluidez. Él no estaba nada agitado por esto. Entonces oró en inglés, pidiendo a Jesús que me bautizara en el Espíritu.


Comencé a orar, como él me dijo, y oré muy calmadamente también. ¡ Yo no tenía la intención de quedar un poco excitado! Simplemente estaba siguiendo las instrucciones. Creo que debo haber orado por unos veinte minutos -por lo menos esto parece un tiempo largo- y estaba para desistir cuando aconteció algo muy extraño. Mi lengua tropezó, así como cuando usted está tentado a recitar un trabalenguas, y ¡comencé a hablar en una nueva lengua!


En la misma hora reconocí varias cosas: primero, no era alguna especie de truco o compulsión psicológica. No había nada de compulsivo en esto. Yo estaba permitiendo que estas nuevas palabras vinieran a mis labios y estaba hablándolas de mi propia voluntad, sin que de alguna forma fuese forzado a hacer eso. Yo no estaba “arrebatado” del mundo en ningún sentido, sino que estaba totalmente en posesión de mi juicio y fuerza de voluntad. Hablé la nueva lengua porque era interesante hablar una lengua que yo nunca había aprendido, a pesar de no saber lo que estaba hablando... En segundo lugar, era una lengua real, no algún tipo de conversación de bebé. La misma tenía gramática y sintaxis; tenía inflexión y expresión -¡y hasta era bonita!


En poco tiempo, varios miembros de la parroquia también recibieron la misma experiencia. En su alegría y contentamiento comenzaron a usar expresiones típicas pentecostales como “Alabado sea el Señor” y “Aleluya” en la oficina de la iglesia y en la casa parroquial. A medida que la noticia se expandió entre los miembros de la iglesia sobre la nueva y extraña experiencia del pastor, algunos miembros del consejo parroquial comenzaron a acusarlo de fanático.4


A fin de calmar falsos rumores y responder a las preguntas que estaban circulando en la congregación, Bennett sintió luego que era necesario hablar a su iglesia sobre su experiencia de hablar en otras lenguas. Así, el 3 de abril de 1960, compartió su testimonio en los tres cultos matinales de su iglesia.


La reacción en la primera reunión fue “abierta y afable”, de acuerdo con Bennett, pero en la segunda reunión “la cosa explotó”. Ultrajado, el párroco auxiliar arrancó sus vestimentas, las lanzó en el altar y salió pisando fuerte y gritando: “No puedo más trabajar con este hombre”. Entonces, después que terminó la reunión, por los lados de afuera, aquellos que se habían decidido a librarse del movimiento del Espíritu Santo comenzaron a arengar elocuentemente a los parroquianos que llegaban y salían. Un hombre se paró en una silla gritando: “Fuera con
esos malditos habladores de lenguas”.4


Después que algunos miembros reclamaron que “nosotros somos episcopales y no una banda de ignorantes fanáticos”, el tesorero del consejo parroquial invitó a Bennett a resignarse. En vez de causar más desarmonía en la congregación, el afectuoso y amable rector con presteza renunció a su parroquia. Más tarde el obispo envió un sacerdote temporal a San Marcos armado de una carta inflexible para los oficiales de la parroquia, prohibiendo cualquier otra manifestación en lenguas.4


El tumulto en la parroquia San Marcos causó una sensación en la prensa nacional, a medida que la historia iba siendo captada por las principales estaciones de radio y televisión. La revista “Time” publicó que “ahora la glosolalia parece estar de regreso en las iglesias de los Estados Unidos -no sólo en las desinhibidas sectas pentecostales sino hasta en las mismas episcopales, que han sido denominadas ‘God’s frozen people’ (el pueblo helado de Dios) -juego de palabras en inglés por ‘God’s chosen people’ (el pueblo escogido de Dios)”. “Newsweek” publicó que en los conservadores episcopales de la parroquia de San Marcos “hubo perplejidad, ira y hasta una pizca de envidia” aunque algunos sintiesen que “todo esto fue una especie de vergonzosa burla”. Sin embargo, Bennett y aproximadamente setenta de sus parroquianos estaban dispuestos a pagar un precio alto por su nueva experiencia pentecostal -el de ser expulsados de su iglesia.4


Bennett fue entonces invitado a asumir la Iglesia Episcopal de San Lucas, una pequeña parroquia en la ciudad interiorana de Seattle, Washinton. Su nuevo y amable obispo se ofreció a apoyarlo, incluso en sus prácticas pentecostales, teniendo en consideración que de cualquier manera la iglesia estaba pronto a cerrarse. Libre ahora para promover sus experiencias sin ningún impedimento oficial, Bennett entonces convirtió su iglesia en un centro de neo-pentecostalismo para el Noroeste de los Estados Unidos. En lugar de cerrar, el obispo vio a la iglesia de San Lucas crecer y convertirse en la mayor parroquia de la denominación en toda el área. En poco tiempo, Bennett estaba ministrando cerca de 2.000 personas por semana. Por más de veinte años, un promedio de veinte personas fueron bautizadas en el Espíritu cada semana en la iglesia.4


El caso Dennis Bennett fue sólo la parte más visible de un proceso que venía siendo calmadamente desarrollado por años. De hecho, alrededor de 1960, prácticamente toda denominación ya tenía muchos “pentecostales secretos” que habían recibido la experiencia, pero permanecían quietos por miedo a desagradar a los oficiales de la iglesia. El incidente en Van Nuys trajo a la luz la situación. Varios meses después de que Bennett renunciara a la parroquia de San Marcos, la “Iglesia Viva”, un diario episcopal, trajo el siguiente editorial respecto de la glosolalia en la iglesia:4


“Hablar en lenguas no es más un fenómeno de alguna secta rara del otro lado de la calle. Está en nuestro medio y está siendo practicado por clérigos y laicos que tienen estatura y buena reputación en la iglesia. Su aplicación en larga escala estremecería nuestro sentido estético y algunos de nuestros más fuertemente atrincherados pre-conceptos. Pero nosotros sabemos que somos miembros de una iglesia que definitivamente necesita ser estremecida -si Dios escoge esta época para dinamitar lo que el obispo Sterling, de Montana, llamó “respetabilidad episcopal”, no conocemos una explosión más asustadoramente eficaz”.4


Durante la mayor parte de los años 60, el pentecostalismo comenzó a aparecer en los más inesperados lugares y entre las más inesperadas personas. Una irrupción de la glosolalia en la Universidad de Yale en 1963 fue profético con relación a lo que ocurriría en los campus de facultades de toda la nación al final de la década. Los entonces llamados “glosayalíes” (mezcla de glosolalia con yalies, designación dada a los estudiantes de la Universidad) eran muy diferentes de los estereotipos “rodadores por el suelo”. Entre los veinte estudiantes de la Universidad de Yale que causaron una leve sensación en el campus estaban cinco que pertenecían a la sociedad de honor. Phi Beta Kappa (formada por los estudiantes que obtenían las mejores notas), que por coincidencia eran episcopales, luteranos, presbiterianos y metodistas. El profesor que llevó a esos estudiantes a hablar en lenguas no era ningún predicador pentecostal, sino un pastor de la Iglesia Reformada Holandesa de Mt. Vernon, Nueva York, Harald Bredeson.4


La revista “Time” publicó el siguiente reportaje sobre los pentecostales de Yale: “Ellos no caen en ningún ataque o trance místico; en vez de eso, observadores relatan que parecen totalmente sin control, a medida que murmuran o canturrean frases que a veces son como hebreo, a veces como sueco rudo.”4


Entonces, el tumulto causado en torno a la experiencia de Dennis Bennett sirvió para propagar aun más el Movimiento Carismático y romper la vergüenza de todos los tradicionales que ya poseían la experiencia. La reacción de la mayoría de los líderes de las iglesias con relación al movimiento fue de prudencia y paciencia. Fueron pocos los que forzaron a la nueva ola de pentecostales a salir de sus iglesias como había acontecido a comienzos de siglo. Uno de los motivos de que no fueran tan perseguidos fue el hecho de haber sido menos emocionales y más conservadores. Asimismo algunos se declararon fuertemente en contra del movimiento. Por otro lado, millares de personas, tanto clérigos como laicos, sintieron que el avivamiento pentecostal era la mejor esperanza para la iglesia.4


Una década después de la experiencia de Bennett se estima que el 10% de los clérigos y un millón de laicos de las iglesias tradicionales habían recibido el bautismo en el Espíritu Santo y permanecido en sus iglesias. De hecho, es casi imposible que haya habido siquiera una denominación de la Cristiandad que no fuese tocada por el Movimiento Carismático. Comenzando con los episcopales, el fuego se difundió entre luteranos, presbiterianos, bautistas, metodistas, menonitas, etc. y por fin tocó la Iglesia Católica.4


Muchos de los pentecostales clásicos más antiguos fueron desorientados con ese desenvolvimiento y no pudieron entender por qué sus hermanos carismáticos parecían haber escapado del sufrimiento y persecución que sufrieran los pioneros pentecostales del  comienzo. Sin embargo, hubo un sentimiento general de alegría y gratitud porque otros estuviesen finalmente gozando la realidad de la plenitud del Espíritu.4


iLas Nueve de la Mañana.


Tomado del La Iglesia del Siglo XX, LA HISTORIA QUE NO FUE CONTADA. John Walker & Otros - 1996.

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