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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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El Movimiento Caristmático Católico
Por John Walker & Otros
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El Movimiento Carismático Católico encaja perfectamente en el principio de Ralph Mahoney de que un nuevo mover de Dios está ligado a algún evento histórico en la nación de Israel. El derramamiento del Espíritu sobre los católicos aconteció en el mismo año de la toma de Jerusalén, 1967. Fue llamado por el Cardenal Suenens como “la sorpresa del Espíritu
Santo”.


En la década del 60, la Iglesia Católica estaba pasando por una fase de quiebra y decadencia. Millares de sacerdotes, monjes y frailes abandonaron sus vocaciones y retornaron a la vida secular. El sistema de escuelas parroquiales católicas romanas, que fue el orgullo de la iglesia americana, comenzó a cerrar sus puertas, llegando a alcanzar un promedio de una escuela cerrada por semana. El número de seminarios alcanzó una decadencia similar.


VATICANO II


Varios factores y contribuciones fueron claves para preparar el escenario del mover del Espíritu Santo en la Iglesia Católica. Uno de ellos aconteció en 1962, cuando el Papa Juan XXIII causó una revolución en el mundo religioso al convocar el primer concilio después de casi un siglo, llamado Vaticano II. Nunca hubo un concilio más íntimamente ligado a los “vientos del Espíritu” que estaban soplando en la iglesia. De acuerdo con el Papa Juan XXIII, el propósito del concilio era “abrir las ventanas para que la iglesia pudiese respirar aire fresco”. Dos mil quinientos obispos de todas las partes del mundo se reunieron en Roma y hablaron abiertamente de una “nueva reforma” dentro de la iglesia -incluyendo hasta la “formulación de doctrinas”. Jamás tal lenguaje fue usado en la iglesia desde los días de Martín Lutero.4


El Papa Juan también habló proféticamente sobre el concilio, refiriéndose al mismo como “un nuevo Pentecostés”, y pidiendo a todo católico del mundo que orase diariamente durante los tres años de duración de las asambleas del concilio a fin de que “Dios renueve Sus maravillas en nuestros días a través de un nuevo Pentecostés”. ¿Podría él imaginar que esa oración sería cumplida después de un año de clausura del concilio?”4


Uno de los cuatro presidentes del concilio fue el Primado de Bélgica, Cardenal Suenens, quien fue conocido como uno de los prelados “liberales” que exigió cambios y renovación en la iglesia. El único líder pentecostal clásico presente fue David du Plessis, quien asistió como “observador” oficial. Tanto él como Suenens estaban destinados a ejercer papeles en la renovación carismática católica.4


A medida que el Vaticano II avanzaba, muchos documentos reflejaban un énfasis al Espíritu Santo y a la naturaleza carismática de la iglesia. Liderando el movimiento que enfatizaba la persona y obra del Espíritu Santo, estaban los obispos de Chile. Esta nación había experimentado un poderoso movimiento pentecostal desde 1909, y esto tal vez había influido en los prelados chilenos. En total el Espíritu Santo fue mencionado 258 veces en los documentos del concilio.4


Cuando la antigua cuestión de la cesación de los dones se puso sobre el tapete, el concilio se inclinó totalmente hacia el lado de la manifestación en los días de hoy de todos los dones del Espíritu. El problema surgió después de la primera lectura de la Constitución sobre la Iglesia, en la cual se afirmaba que el Señor reparte Sus dones “a cada en particular según su voluntad” (1 Co. 12:11), y Él distribuye dones especiales entre los fieles de todo nivel”. Incluso declaraba que los dones carismáticos fueron “largamente difundidos” y son “para ser recibidos con acciones de gracia y consolación, pues ellos son muy apropiados y útiles para las necesidades de la iglesia”.4


Durante las discusiones después de esta lectura, el Cardenal de Italia, Ruffini di Palermo, protestó fuertemente contra la actuación de los dones del Espíritu hoy, diciendo que eran “extremadamente raros y casi excepcionales”. Muchos de los obispos inmediatamente discordaron de esta declaración que representaba la visión tradicional de la iglesia. A favor de esos obispos, el Cardenal Suenens dio la clásica réplica que más tarde se volvió una “Carta Magna” para los carismáticos de la iglesia:4


“Este documento habla muy poco sobre los “carismas” de los fieles; esto puede causar la impresión de que nosotros estamos tratando aquí con un fenómeno meramente periférico y accidental de la vida de la iglesia. Pero ha llegado la hora de exponer más explícita y completamente la importancia vital de esos carismas para la formación del Cuerpo Místico. Debemos a cualquier costo evitar dar la impresión de que la estructura hierárquicai de la Iglesia es un aparato administrativo sin ninguna conexión íntima con los dones carismáticos del Espíritu Santo que están difundidos por toda la iglesia”.4


Para el apóstol Pablo, la iglesia de Cristo no aparece como alguna organización administrativa, sino como un conjunto orgánico y vivo de dones, carismas y servicios. El Espíritu Santo es dado a todos los cristianos, y cada uno en particular; y Él a su vez da a cada uno y a todos “dones según la gracia que nos fue dada” (Ro. 12:6)”.4

La réplica de Suenens prevaleció sobre la visión tradicionalista, y el fundamento estaba lanzado para la aprobación de la renovación carismática que vendría sólo tres años más tarde.4


El Vaticano II terminó en 1965 con un programa revolucionario que llevó años para ser totalmente implantado en las iglesias católicas alrededor del mundo. El cambio más impresionante exigió la realización de la misa en las lenguas de los pueblos en lugar del latín. Se exigió también que los sacerdotes se colocasen de frente a la congregación durante la misa. Los himnos deberían ser cantados por la congregación, en vez de ser cantados sólo por los sacerdotes y coros. Las Escrituras serían leídas tanto por los laicos como por el clero. Los católicos fueron animados a orar con otros cristianos, aunque la participación mutua de la mesa del Señor aún fuese prohibida. Fue permitida la informal “misa popular”. Las monjas tuvieron permiso para abandonar sus hábitos tradicionales y cambiarlos por vestidos convencionales.


Por causa de esos cambios, que en verdad parecieron demasiados revolucionarios para los tradicionalistas, la iglesia se volvió menos “extraña” para los protestantes, especialmente cuando católicos comenzaron a cantar el “himno tema de la Reforma”, “Castillo Fuerte”, de Martín Lutero. Por primera vez, sacerdotes católicos comenzaron a participar de reuniones protestantes y protestantes fueron convidados a hablar en reuniones católicas. Una nueva era ecuménica comenzó en 1960 con el establecimiento de la Secretaría para la Unidad Cristiana en Roma, que inmediatamente inició diálogos con iglesias protestantes. El hecho de que Juan XXIII haya llamado a los protestantes “hermanos separados” abrió camino hacia un respeto y apreciación mutuos, que posibilitaron el diálogo ecuménico. 4


Generalmente el Espíritu se mueve donde Él quiere, y los teólogos han de explicar los hechos después. Esta vez, los teólogos explicaron y aprobaron la renovación carismática antes de que aconteciera. Esta es una de aquellas raras veces en la historia en que los teólogos estuvieron al frente de los profetas. Por tanto, antes que el “nuevo Pentecostés” profetizado por Juan XXIII aconteciese en la Iglesia Católica, en el concilio fueron tomadas medidas para asegurar que tal Pentecostés fuese aceptado cuando ocurriese. 4


EL MOVIMIENTO DE CURSILLOS


El movimiento de cursillos fue otro factor que contribuyó a preparar el terreno para la Renovación Carismática Católica. Fue iniciado en 1949 en España, como una tentativa de renovar la fe de los católicos a través de un retiro de tres días llamado “cursillo” (mini-curso). Fue realizado por primera vez por el obispo Juan Hervas, en España, y se expandió por América Latina en la década de los 50, llegando finalmente a los Estados Unidos a través de los hispanos del Sudeste.4


El cursillo consiste de cinco “meditaciones” y cinco lecciones sobre doctrina cristianaii ministradas por sacerdotes y laicos para miembros de la iglesia que desean profundizar su fe. Las sesiones de discusiones muestran cómo hacer aplicaciones prácticas de las diez conferencias. El número de participantes es en general de aproximadamente 40 personas, lo que contribuye a que las sesiones sean estimuladas con un espíritu de jovialidad, incluyendo música y sainetes.4


El efecto del cursillo fue evangelizar católicos que habían sido “sacramentados”,iii pero que no tenían un entendimiento más profundo de lo que significaba ser un cristiano. Muchos de los
primeros pentecostales católicos no sólo habían frecuentado cursillos, sino que eran líderes en el movimiento.4


UNA SORPRESA DEL ESPÍRITU SANTO


El Movimiento Católico Pentecostal comenzó en Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos, en la Universidad de Duquesne, tan apropiadamente dirigida por la fundación “Padres del Espíritu Santo”. En 1966, Ralph Kiefer y Bill Storey, dos profesores laicos de teología de la Universidad de Duquesne, comenzaron una búsqueda espiritual que los llevó a leer “La Cruz y el Puñal”, de David Wilkerson, y “Ellos Hablaron en Otras Lenguas”, de John Sherrill. Después de leer esos libros, los dos hombres comenzaron a buscar a alguien en la región de Pittsburgh que hubiese recibido el bautismo en el Espíritu Santo con acompañamiento de lenguas. Con el tiempo y con la ayuda de un sacerdote episcopal, en un grupo de oración liderado por presbiterianos, Kiefer y Storey fueron bautizados en el Espíritu y hablaron en lenguas que jamás habían aprendido. 4


Esos dos profesores llenos del Espíritu planearon entonces un retiro de fin de semana para varios amigos, a fin de buscar un derramamiento del Espíritu Santo en la Iglesia Católica. Cerca de veinte profesores, estudiantes formados y sus esposas, se reunieron el fin de semana del 17 al 19 de febrero de 1967, en Pittsburgh, para la primera reunión de oración pentecostal católica en la historia. Los participantes fueron motivados a leer “La Cruz y el
Puñal”. Las reuniones se realizaron en una casa grande de retiros conocida como “El Arca y la Paloma”. Con el paso del tiempo, ese encuentro era nombrado como “el fin de semana en Duquesne”.4


El Espíritu Santo se posó sobre “El Arca y la Paloma” durante aquel fantástico fin de semana. Después de un intensivo estudio del libro de los Hechos y de un día dedicado a la oración y el estudio, muchos de los participantes estaban ansiosos por buscar el bautismo en el Espíritu Santo. Pero una fiesta de aniversario de uno de los sacerdotes estaba programada para el sábado por la noche. A medida que comenzaba la fiesta, un sentido de convicción y expectativa era evidente en el ambiente. Más tarde, un estudiante tras otro se escapaba de la fiesta y subía las escaleras de la capilla a orar.4


Comenzaron a acontecer cosas extrañas en aquellos jóvenes, a medida que comenzaron a buscar del Señor la plenitud pentecostal. Un estudiante llamado David Mangan entró en la sala y de repente fue lanzado a tierra por el Espíritu. Él relató la siguiente experiencia:4


“Grité lo más fuerte de lo que jamás gritara en mi vida. Pero no derramé una lágrima. De repente Jesucristo era tan real y tan presente, que yo podía sentirlo alrededor. Fui dominado por tal sentimiento de amor, que no puedo describirlo”.4


Más tarde todo el grupo abandonó la fiesta allá abajo y se reunió en la capilla para la primera reunión de oración pentecostal totalmente católica. Patricia Gallagher describió la reunión en este nuevo “cenáculo”:4


“En aquella noche el Señor llevó a todo el grupo a la capilla. Emanaban de mí oraciones para que otros viniesen a conocerlo también. Mi antigua timidez para orar en voz alta se fue completamente, a medida que el Espíritu Santo hablaba a través de mí. Entonces los profesores impusieron las manos sobre algunos de los estudiantes, pero la mayoría de nosotros recibió el “Bautismo en el Espíritu” mientras estábamos arrodillados delante del  bendito sacramento en oración. Algunos de nosotros comenzaron a hablar en lenguas, otros recibieron dones de discernimiento, profecía y sabiduría. Pero el don más importante fue el fruto del amor que unió toda la comunidad. En el Espíritu del Señor encontramos una unidad por la cual habíamos intentado alcanzar hacía mucho tiempo, pero por nuestra propia fuerza”.4


A medida que esos buscadores católicos oraban hasta alcanzar el Pentecostés, comenzaron a ocurrir muchas cosas semejantes a los pentecostales clásicos. Algunos reían incontrolablemente “en el Espíritu”, mientras que un joven rodaba por el suelo en éxtasis. Gritar loores al Señor, llorar y hablar en lenguas, caracterizaron este inicio del movimiento en la Iglesia Católica. No es sin reflexionar que fueron tildados de “Católicos Pentecostales” por el público y la prensa, cuando se difundieron las noticias sobre los extraños eventos en Pittsburgh.4


El fuego que fue encendido en la Universidad de Duquesne, luego se derramó por la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana. Este rompimiento vino después de la carta de Ralph Kiefer, quien incitó el interés de varios líderes entre los estudiantes y profesores que también estaban interesados en la renovación espiritual de la iglesia. Después de alguna investigación y escepticismo inicial, más o menos nueve estudiantes se reunieron en  el apartamento de Bert Ghezzi, y fueron bautizados en el Espíritu Santo.4


No obstante, ellos no manifestaron ningún don espiritual evidente. Para solicitar ayuda, contactaron a Ray Bullard, un miembro de las Asambleas de Dios y presidente de la Asociación de Hombres de Negocios del Evangelio Completo en South Bend. Ghezzi describió cómo este grupo de intelectuales católicos recibió el don de lenguas:4


“Fuimos a casa de Ray en la semana siguiente y nos reunimos en su sótano con once ministros pentecostales de toda Indiana, acompañados de sus esposas. Ellos pasaron la noche intentando persuadirnos de que si hubiésemos sido bautizados en el Espíritu, habríamos hablado en lenguas. Nosotros los dejamos con la seguridad de que estábamos abiertos para hablar en lenguas, pero estábamos firmes en nuestra convicción de que ya habíamos sido bautizados en el Espíritu, pues podíamos ver esto en nuestras vidas. El problema quedó resuelto debido a que estábamos deseando hablar en lenguas desde que esto no fuese visto como una necesidad teológica para ser bautizados en el Espíritu. A cierta altura, dijimos que estábamos dispuestos a hacer una experiencia, y un hombre nos explicó las implicaciones de esto. Muy tarde en aquella noche, pasando de la media noche, ahí abajo en aquel sótano, los hermanos nos alinearon a un lado de la pieza, y los ministros se colocaron al otro lado. Entonces comenzaron a hablar en lenguas y a caminar en nuestra dirección con las manos extendidas. Antes que ellos nos alcanzaran, muchos de nosotros comenzaron a hablar y cantar en lenguas”.4


Después de haberse quedado un tiempo orando en lenguas, Ghezzi dice que los amigos pentecostales les preguntaron que cuándo dejarían a la Iglesia Católica y se unirían a una iglesia pentecostal.4


“Realmente la pregunta nos dejó un poco chocados. Nuestra respuesta fue que no dejaríamos la Iglesia Católica, pues el hecho de ser bautizados en el Espíritu era totalmente compatible con nuestra creencia en la Iglesia Católica. Aseguramos a nuestros amigos que teníamos un gran respeto por ellos y que tendríamos comunión con ellos, pero que permaneceríamos en la Iglesia Católica.4


“Pienso que es significativo el hecho de que aquellos entre nosotros que fueron bautizados en el Espíritu Santo en aquella época, jamás pensaron en abandonar la Iglesia Católica.4


“Nuestros amigos pentecostales habían visto católicos que se unieron a iglesias pentecostales cuando fueron bautizados en el Espíritu. Pero debido a que no hicimos esto, se hizo posible la renovación carismática católica”.4


Los eventos de Duquesne fueron ahora repetidos en Notre Dame -la capital intelectual del catolicismo americano-. Los periódicos universitarios entonces comenzaron a publicar las increíbles noticias de lo que estaba aconteciendo allí. A pesar de ser considerados por algunos como “fanáticos” y “extremistas”, los nuevos pentecostales de Notre Dame incluían varios respetables profesores de teología y destacados estudiantes que se convirtieron en líderes nacionales del movimiento. La mayoría de ellos frisaba entre los veinte años. Bajo su hábil e inspirada orientación, el pentecostalismo se difundió como fuego entre católicos en los Estados Unidos y posteriormente alrededor del mundo.4


El crecimiento inicial del movimiento fue espantoso. Nuevos grupos de oración se propagaban diariamente por toda la nación. Una red de comunicaciones reveló una enorme aceptación del movimiento, tanto entre clérigos como entre laicos. En poco tiempo, el movimiento pentecostal católico fue reconocido como el movimiento de mayor crecimiento en la iglesia. Este crecimiento fue dramatizado a través de las conferencias internacionales realizadas anualmente en South Bend después de 1967. La asistencia a las conferencias tendió a triplicarse cada año por varios años.4

Por el año de 1974, el movimiento abandonó el término “pentecostal” por otro más neutro, “carismático”, a fin de no ser confundido con los pentecostales más antiguos. Durante aquel año, se calcula que el número de grupos de oración en América había sido de 1.800, y en todo el mundo de 2.400. El número de participantes alrededor del mundo fue estimado en 350.000. Entre esos se calcula que 2.000 sacerdotes se unieron al movimiento. Dos claves para el rápido desenvolvimiento del pentecostalismo en la Iglesia Católica fueron la cuidadosa atención teológica dedicada al mismo desde el principio, y la positiva pero cautelosa actitud de los obispos. En su “Relación del Comité sobre la Doctrina”, en 1969, los obispos concluyeron que “teológicamente el movimiento tiene razones legítimas para existir. Tiene una fuerte base bíblica”. También observaciones indicaron que los participantes “experimentaron progreso en su vida espiritual”, fueron “atraídos a leer las Escrituras”, y desenvolvieron “un entendimiento más profundo de su fe”. Al final de la relación, los obispos declararon: “Es la conclusión del Comité sobre la Doctrina que el movimiento no debe en este punto ser inhibido, sino que se le permita desenvolverse”.4


¡Y cómo se desenvolvió! Hacia 1975, la “lluvia tardía” alcanzaba la propia Roma. En una conferencia internacional realizada en un campamento sobre las antiguas catacumbas, se reunieron más de 10.000 carismáticos católicos para expresar su testimonio en el propio dominio del papado. En la fiesta de Pentecostés, en 1975, esos fieles llenos del Espíritu, hicieron parte de una multitud de 25.000 personas que llenaron la Catedral de San Pedro para oír al papa Pablo VI. Cerca del final del culto, los pentecostales comenzaron a “cantar en el Espíritu”. Al final, el organista y el coro de la basílica se unieron en el cántico improvisado del “Octeto Aleluya”, la antífona internacional del movimiento.4


El lunes de Pentecostés, fue celebrada la primera misa específicamente carismática en la catedral de San Pedro por el cardenal Suenens. Jóvenes líderes carismáticos americanos de Ann Arbor, Michigan, entregaron profecías desde lo alto del altar de la basílica. Cánticos jubilosos y ungidos llenaron el templo. En su mensaje a los carismáticos al final de la misa, el papa Pablo dijo proféticamente:4

“¿Cómo entonces podría esta ‘renovación espiritual’ no ser una oportunidad para la iglesia y para el mundo? ¿Y cómo, en este caso, podría alguien no usar todos los medios para asegurar que esto permanezca así?... Esto debe rejuvenecer al mundo, devolverle una espiritualidad, un alma, un pensamiento religioso. Esto debe reabrir sus sellados labios para orar y abrir sus bocas para cantar, llenar de júbilo, entonar himnos y testificar. Será muy ventajoso para nuestros tiempos, para nuestros hermanos, que haya una generación, su generación de jóvenes, que proclame al mundo la grandeza del Dios del Pentecostés...”4 ¡Las aguas de la lluvia tardía estaban verdaderamente cayendo en Roma!


LA CONFERENCIA DE KANSAS CITY DE 1977


A mediados de los años setenta las tres corrientes del Movimiento Carismático (los pentecostales clásicos, los protestantes neopentecostales  y los católicos carismáticos) viraron sus atencioneshacia planear un vigoroso encuentro público con el fin de imprimir su mensaje en el alma de la iglesia y en la mente de la nación. Como resultado de una visión compartida por varios líderes pentecostales y carismáticos en 1975, fue publicado en 1976 un llamamiento para una “conferencia general” que reuniría por   primera vez a todos los carismáticos y pentecostales en Kansas City, Missouri, en 1977, para una conferencia  ecuménica internacional con todos los sectores de renovación. El propósito de la conferencia era demostrar la unidad del movimiento y dar un “testimonio común” a la iglesia y al mundo del tema de la conferencia: “Jesús es Señor”.


La conferencia carismática de Kansas City sirvió como el punto culminante de la historia del pueblo de la lluvia tardía. Por primera (y única) vez, todos los grupos importantes de todo el movimiento se reunieron al mismo tiempo y en el mismo lugar. En las mañanas, diferentes grupos denominacionales se reunían en lugares y auditorios separados en la ciudad. Fueron incluidas sesiones matinales para católicos, luteranos, presbiterianos, episcopales, metodistas y judíos mesiánicos. Por las tardes, “workshops” (seminarios) fueron ofrecidos por todos los grupos, y abiertos a todos. Por las noches, todos se reunían en el Estadio Arrowhead para reuniones ecuménicas de adoración y alabanza. El presidente Kevin Ranaghan declaró que la conferencia fue probablemente el mayor encuentro ecuménico de cristianos en 800 años.4


La palabra más poderosa salió a través de un llamado profético a la unidad, que llevó a la enorme asamblea a arrodillarse con lágrimas de arrepentimiento:4


Preséntense delante de mí, con corazones quebrantados y espíritus contritos; pues el cuerpo de mi Hijo está dividido.


Preséntense delante de mí, con lágrimas y lamentos; pues el cuerpo de mi Hijo está fraccionado.


La luz está amortecida, mi pueblo está disperso. El cuerpo de mi Hijo está fraccionado.


Yo di todo lo que tenía en el cuerpo y la sangre de mi Hijo. El cuerpo de mi Hijo está fraccionado.


Abandonen los pecados de sus padres,
Y anden en los caminos de mi Hijo,
Regresen a los designios de su Padre.
Vuelvan al propósito de Su Dios.
El cuerpo de mi Hijo está dividido.
El Señor les dice: Permanezcan en unidad uno al otro,
Y no dejen que nada los separe.
Y, de ningún modo se separen uno del otro,
Por causa de sus desconfianzas y amarguras,
Y de sus preferencias personales,
Sino que estén seguros uno del otro.
Porque estoy por dejar que ustedes pasen por
Un tiempo de prueba y examen severo,
Y ustedes tendrán que estar en unidad uno con el otro.
Mas yo digo también esto: Yo soy Jesús, el Rey victorioso.
Y les he prometido a ustedes la victoria.


Representativa de la unidad exigida en esta profecía fue la presencia de líderes de las más divergentes tradiciones cristianas que compartieron la misma plataforma en Kansas City. En una memorable reunión, el Cardenal Suenens (católico romano), Thomas Zimmerman (Asambleas de Dios), J. O. Patterson (Iglesia de Dios en Cristo) y el arzobispo Bill Burnett (anglicano) permanecieron juntos delante de la vasta multitud en una demostración de unidad nunca vista.4


El momento más inolvidable de la conferencia aconteció cuando Bob Mumford llegó al clímax de su mensaje en una de las sesiones de la noche en el estadio. Levantando su Biblia en el aire, Mumford exclamó: “¡Si usted le da una ojeadita al final del libro, verá que Jesús vence!” Una multitud de cerca de 50.000 personas gritaron su aprobación durante quince minutos de alabanza y aplausos de júbilo.4


Kansas City, en 1977, representó el clímax del movimiento carismático en América. Fue la mayor y más visible señal de unidad en toda la historia del pueblo carismático. Después de Kansas City los diferentes grupos carismáticos denominacionales regresaron a sus conferencias anuales separadas.4


CONCLUSIONES FINALES SOBRE EL MOVIMIENTO CARISMÁTICO


A pesar de que hasta hoy (años 90) notamos por todas partes los efectos del Movimiento Carismático, y de que haya de vez en cuando una nueva irrupción del bautismo en el Espíritu en diversos lugares, es innegable que el movimiento ya pasó de su auge, y en muchos aspectos presenta señales de declinación. Esto no quiere decir que el Espíritu Santo esté actuando menos en el mundo. Por el contrario, a pesar de que el Movimiento Carismático esté demostrando sus flaquezas y limitaciones, los millones de personas renovadas por el Espíritu representan una fuerte promesa y potencial para la “cosa nueva” que el Espíritu desea hacer en estos últimos días.


No podemos menospreciar la gran importancia del Movimiento Carismático, pues ha sido, como dijimos al comienzo del capítulo 5, la más extensa y difundida manifestación del Espíritu en la historia de la iglesia. Por otro lado, no podemos parar en el Movimiento Carismático, pues él ha traído más preguntas que respuestas. El despertamiento y vida que trajo a las personas, están causando una gran inquietud por todas partes, lo que muestra que necesitamos de algo más. “Vino nuevo” es bueno, pero necesitamos “odres nuevos” también.


La presencia del vino nuevo sumada a la ausencia de odres nuevos ha producido varios efectos que queremos mencionar rápidamente:


1. El Movimiento Carismático Protestante. La falta de una base en la Palabra y de una estructura bíblica ha causado una proliferación de herejías y escándalos en tiempos recientes. Las revistas, programas de televisión, conferencias e iglesias de los carismáticos están muchas veces llenas de mundanería, autopromoción, culto a la personalidad, pensamiento positivo, comercialización del evangelio (a tal punto que, en comparación, ¡la práctica de la Iglesia Católica de vender indulgencias en tiempo de Lutero es flaca!), inmoralidad sexual, énfasis exagerado en el bienestar personal (frente al precio de predicar la cruz y la renuncia), búsqueda de éxito en el mundo y el enrolarse en la política. Dios ha derramado el Espíritu sobre toda carne sin exigir santidad como pre-requisito, pero si el Espíritu no nos lleva a la santidad y a una vida de acuerdo con la Palabra, ciertamente el Espíritu Santo se retirará, como aconteció con el rey Saúl, y espíritus malos tomarán su lugar.


2. El Movimiento Carismático Católico. Una característica bien peculiar de la Iglesia Católica es su flexibilidad para asimilar nuevas tendencias sin dividir. Esto aconteció con el Movimiento Carismático Católico que alcanzó su ápice en la década de los 70. Mas, con el tiempo, la jerarquía católica comenzó a dar algunas directrices al movimiento a fin de que se volviese más católico. Entre esas directrices estaba un énfasis mayor en la participación de la misa y eucaristía y en la veneración a María. A pesar de que explícitamente no repudiaron esas cosas, los católicos carismáticos a centralizar la persona de Jesús en detrimento al culto a María y a los santos. Cuando comenzaron a ser presionados sobre esto, muchos que ya tenían contacto con grupos pentecostales o protestantes carismáticos, dejaron a la Iglesia Católica y se vincularon a esos grupos. La mayoría, aceptó dócilmente las posiciones defendidas por el papa y por la jerarquía, y así el movimiento se enfrió y se convirtió en un departamento más dentro de la Iglesia Católica. Debido a la manera liberal y tolerante en que la Iglesia Católica ejerce su gobierno, existen “comunidades” y “redes de grupos de oración” que, a pesar de que no abandonaron la Iglesia Católica, son prácticamente “iglesias dentro de la iglesia” que poseen su propia identidad, posiciones doctrinales y prácticas, y algunas no aceptan al papa o al culto a María.


3. Tentativas de Restauración y Reforma. No entraremos en detalles sobre esto ahora, pues será tratado en otros capítulos. Basta resaltar que la gran necesidad de odres nuevos que contengan el vino nuevo, produjo varios énfasis y movimientos que intentaron aportar una solución, entre los cuales el más importante fue el Movimiento de Discipulado que trataremos en los capítulos 8 y 9. A pesar de que aún nadie ha descubierto la solución correcta, las tentativas han sido importantes al enseñarnos lecciones relevantes y necesarias, a medida que continúa esta búsqueda.


iLo relativo a los sacerdotes. Se refiere a la estructura de la jerarquía clerical del catolicismo romano. Nota del traductor.


iiMás que doctrina cristiana, los cursillos hacen énfasis en las doctrinas y dogmas de corte católico , no necesariamente con fundamento bíblico, que a la postre es una defensa de la jerarquía y sacerdocio católicos y otros temas como la mariología, la sacramentalización, etc. Nota del traductor.


iiiLes habían administrado los “sacramentos”, como el bautismo, la confirmación, el matrimonio. N. del T.

 

Tomado del La Iglesia del Siglo XX, LA HISTORIA QUE NO FUE CONTADA. John Walker & Otros - 1996.

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Comentarios
Usuario
05:18:06 PM 30/05/2014
JUAN CARLOS CEDRON SOLIS dice:
FANTÁSTICO HABER CONOCIDO EL INICIO DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA. GRACIAS

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