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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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El Movimiento de Discipulado en Argentina
Por John Walker & Otros
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Gran parte del contenido de este capítulo fue basado en el libro “Tiempos de Restauración”14 de Orville Swindoll y en entrevistas con Jorge Himitian.


CÓMO COMENZÓ


El Movimiento de Discipulado en Argentina fue fruto de un avivamiento que comenzó en 1967, en Buenos Aires. Albert Darling, hijo argentino de un cristiano irlandés, y ejecutivo del departamento de mercadeo de Coca Cola Export Corporation, fue bautizado en el Espíritu Santo y comenzó una reunión de oración todos los lunes en su casa con un grupo de unos veinte hermanos. A medida que se reunían para orar por un avivamiento en las iglesias de Argentina, hermanos de varias denominaciones comenzaron a ser llenos del Espíritu, y el grupo de oración creció de tal forma que luego se volvió imposible continuar reuniéndose en aquella casa. Arrendaron un salón que también resultó pequeño, y lo mismo aconteció con un gran templo puesto a la disposición de ellos, viéndose obligados a mudar el grupo de oración a un teatro con capacidad para 1.500 personas.


La mayor parte de los hermanos pertenecía a los Hermanos Libres (inclusive el matrimonio Darling), pero había también bautistas, menonitas, miembros de la Alianza Cristiana y Misionera, de la Unión Evangélica de América del Sur y hermanos de grupos independientes. Predominaban en las reuniones la oración, la adoración y el amor de unos por los otros, y había gran expectativa por cosas maravillosas del Señor. Los incrédulos que pasaban por el frente del teatro entraban para ver lo que Dios estaba haciendo. La presencia del Señor los convencía de tal manera que caían con el rostro en tierra. Otros sentían los grilletes y cadenas del pecado que caían de sus vidas, mientras entraban en la presencia del Señor, y otros incluso eran sanados.


Como resultado de este mover, cerca de unos diez pastores, participantes regulares de las reuniones, comenzaron a encontrarse todos los sábados para desarrollar una relación más íntima. Con el tiempo este número llegaría a cerca de 25 líderes, pero entre esos los que más se destacaron fueron: Orville Swindoll, misionero americano en Argentina desde 1959 y establecido en Buenos Aires desde 1967; Keith Bentson. misionero americano en Argentina desde 1958 y establecido en Buenos Aires desde 1965; Iván Baker, argentino de descendencia inglesa y líder en una iglesia de los Hermanos Libres; Jorge Himitian, armenio nacido en Haifa, Palestina, cuya familia se radicó en Argentina cuando él era un niño de 7 años; y Juan Carlos Ortiz, pastor argentino de las Asambleas de Dios. Fueron principalmente esos hombres los que delinearon los principios de este movimiento en Argentina.


EL SEÑORÍO DE CRISTO Y EL EVANGELIO DEL REINO


En 1968, Jorge Himitian comenzó a compartir con sus colegas la revelación que estaba teniendo en la Palabra acerca del señorío de Cristo. En resumen, él comenzó a cuestionar los sermones evangélicos que predicaban la aceptación de Jesucristo como Salvador para obtener perdón de pecados, y dejaban el reconocimiento de Jesús   como Señor para un eventual momento de crisis. Al estudiar las Escrituras percibió que la palabra salvador sólo aparecía unas pocas veces, al paso que la palabra señor aparecía más de trescientas veces. Descubrió que para los primeros cristianos el término “señor” (kurios, en griego) significa dueño, soberano, una persona con gran autoridad, más particularmente en la época del imperio romano. Dirigirse a una persona como señor implicaba compromiso, sujeción y sumisión a esa persona, asumiendo la posición de siervo. Todo esclavo en el primer siglo se enfrentaba al deseo de su señor como una orden, pero la tendencia del Cristianismo actual era razonar y argumentar con el Señor, en vez de obedecer sin reservas. La rendición de los cristianos primitivos al Señor Jesús fue total, a punto de pagar con sus vidas su lealtad a Cristo. Frente a eso, el cristiano hoy debería arrepentirse de su pecado de rebelión e independencia, y reconocer a Jesucristo como Señor, colocándose bajo su gobierno, sometiéndole su vida sin reserva, como siervo obediente. Haciendo esto, nos convertimos en su propiedad, su pueblo, su posesión, y Él nos moldea a su propia imagen para que seamos instrumentos efectivos para cumplir su propósito eterno, por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros.


Así surgió el mensaje del “evangelio del reino de Dios”, que relacionaba el señorío de Cristo con la experiencia de la salvación. En 1968 Himitian expuso este mensaje durante varios domingos, y Juan Carlos Ortiz fue el primero en pedir que la misma serie fuese dada en su congregación. Pronto Himitian estaba predicando en varias ciudades de Argentina el evangelio del gobierno de Dios, que debería ser practicado aquí y ahora. Más tarde este mensaje fue mejor elaborado y fueron distribuidas copias en cintas magnetofónicas. En el año de 1974 la serie completa fue impresa con el título de “Jesucristo es el Señor”. Básicamente el mensaje del evangelio del reino se dividía en tres puntos principales: 1. Jesús como Señor de nuestras vidas; 2. Jesús como Señor de la Iglesia; y 3. Jesús como Señor del universo.


LA IDEA DE DISCIPULADO


Aunque el grupo de pastores que se reunían los sábados por la mañana y dirigían las reuniones de los lunes por la noche obtuviese considerables resultados evangelísticos, comenzaron a buscar una forma descomplicada y no dispendiosa de conseguir los frutos y edificar la Iglesia. De acuerdo con Orville Swindoll, la respuesta “habría de ser simple y práctica, aplicable en cualquier situación: tanto entre pobres como entre ricos, en tiempos de persecución o de libertad, en medio de un avivamiento espiritual o en nuevos campos de trabajo, entre profesionales u obreros”.14


Iván Baker
y Swindoll habían tenido contacto con los “Navegantes”, un movimiento evangélico interdenominacional iniciado en los Estados Unidos entre los marineros durante la Segunda Guerra Mundial, cuyos propósitos eran la evangelización y el entrenamiento de nuevos convertidos. Ellos enfatizaban el estudio y la memorización de textos bíblicos y el trabajo personal en campamentos y discipulado. Fue especialmente Iván Baker quien vio las tremendas posibilidades del plan de los “Navegantes”. Consistía en que un cristiano ganara y entrenara a otra persona en el espacio de un año, y luego los dos repetirían el proceso sucesivamente. Al final de dos años habría cuatro, en tres años ocho, en cuatro años dieciséis, y así sucesivamente. Él vio que el crecimiento numérico sería lento al principio, pero al cabo de diez años, habría más de mil nuevos creyentes, y en veinte años habría un millón. Y, además de eso, el plan podría ser fácilmente enseñado sin exigir equipamientos especiales, dinero o demasiado tiempo libre.


Al estudiar los Evangelios, Baker vio que el método de Jesús para entrenar y enviar a los discípulos era simple y sin sofisticación. He aquí las lecciones esenciales que descubrió en los cuatro Evangelios:


1) Jesús dio de Sí mismo más de lo que dio en sermones.


2) Jesús fue hasta las personas; no pidió que viniesen a Él para que lo escuchasen.


3) Él aceptó las circunstancias tales como eran: junto al mar, en la montaña, en el pozo, en los hogares, etc. Sus mayores pronunciamientos fueron en medio de las circunstancias más simples.


4) Sólo buscó a aquellos que estaban con hambre y sed de justicia.


5) Hizo una selección de sus discípulos. Nunca procuró retener a aquellos que deseaban dejarlo. Más tarde, envió a misiones específicas a aquellos que había seleccionado.


6) Él empleó sólo tres años para formar los doce apóstoles.


7) Los discípulos estaban aparentemente sin preparación cuando Él los envió. Obviamente, Él dependía del Espíritu Santo para completar la obra necesaria en ellos.


Sin embargo, al exponer a su congregación esas condiciones básicas establecidas por Jesús a su discipulado, Iván quedó frustrado y decepcionado. Las personas estaban acomodadas y acostumbradas a tener líderes sobre sí, que hacían el trabajo de evangelismo y edificación. No querían asumir la responsabilidad personal por otros para producir un evangelismo más eficaz. Siendo así, él y su esposa hicieron algo radical. Sin informar a su congregación, comenzaron a evangelizar a los vecinos del barrio usando los principios de discipulado que él había descubierto en los Evangelios. En consecuencia surgió un pequeño grupo para tomar té juntos, para orar por la mañana bien temprano, para estudios bíblicos y para buscar consejo pastoral. Frecuentemente, los domingos por la mañana, ellos se reunían y luego salían a evangelizar. Después de seis a ocho meses tenían un grupo estable de unas doce personas. Durante todo ese tiempo él continuó en vano intentando reorientar a su congregación de acuerdo con el plan arriba mencionado, sino que incluso, los resultados obtenidos con este grupo lo convencieron de que era practicable. Fue entonces cuando resolvió presentar el grupo a la iglesia en la reunión general del domingo por la tarde.


Al ver las nuevas personas que llegaban, los hermanos pensaron que finalmente algunos del contorno estaban mostrando interés en el evangelio. Cuando Iván presentó los nuevos convertidos y cómo él y su esposa los habían ganado, la congregación quedó avergonzada, pues vio que esos “niños en Cristo” estaban bien orientados y espiritualmente crecidos, y que algunos de ellos ya habían llevado sus parientes y amigos a Cristo. Al terminar la reunión, uno de los presbíteros vino a Iván, confesó su dureza de corazón y su vergüenza y dijo: “Díganos cómo hacerlo, Iván. Estamos dispuestos a obedecer”.


Iván percibió que él no podría asumir este plan solo. Vio que tendría que preparar hombres que a su vez prepararían a otros y así sucesivamente. Durante tres meses entrenó a sus presbíteros y después dividió a todos los miembros de la congregación que estaban dispuestos a trabajar en tres grupos bajo la autoridad de los tres presbíteros. También alteró la estructura tradicional de la iglesia, pues vio que el exceso de reuniones no dejaba tiempo para hacer discípulos.


Durante el año de 1968, Iván Baker y Jorge Himitian estuvieron compartiendo con un grupo de pastores sus pensamientos y descubrimientos sobre el señorío de Cristo, el evangelio del reino de Dios, y cómo hacer discípulos. Pero fue a través de Juan Carlos Ortiz que esas verdades se volverían mundialmente conocidas.


LA EXPERIENCIA DE ORTIZ


Alguien afirmó haber tres tipos de personas que se destacan en los movimientos de la historia de la Iglesia: el teórico, el pragmático y el enlazador. Refiriéndose a lo que estaba aconteciendo en Argentina, Orville Swindoll definió a Jorge Himitian como el teórico o teólogo, Iván Baker como el pragmático (práctico) y Juan Carlos Ortiz como el articulador. Con su mente brillante y la capacidad poco común de comunicar las verdades que estaban en su corazón, Ortiz, en la década de los 70, se convirtió en el portavoz del Movimiento de Discipulado en Argentina. Fue uno de los primeros en convencerse de la validez y actualidad de las verdades que estaban siendo descubiertas y colocarlas en práctica en su iglesia.


Incluso siendo pastor de una próspera iglesia pentecostal en Buenos Aires que, debido a su intenso trabajo y de su esposa, creciera de 180 a 600 miembros, él no estaba satisfecho y decidió retirarse de la ciudad por una semana para buscar al Señor. Fue entonces que oyó a Dios hablarle: “Juan, ¿dónde está mi dedo en todo esto?... Ustedes no están creciendo, sólo están engordando. Ustedes sólo tienen más personas del mismo tipo. Había 200 sin amor, después 300, 500 y ahora 600 -todos sin amor. Más del mismo tipo... sin crecer... engordando. Tu iglesia no es una iglesia; es un orfanato. Los domingos llenas una garrafa de leche, y dices: ‘Ahora abran sus bocas’. Y tú piensas que estás alimentando tu pueblo”.


Entonces durante meses él predicó en su iglesia sobre el discipulado, el evangelio del reino y el señorío de Cristo. Un día vio que era hora de transformación. He aquí con sus propias palabras un poco de su experiencia: 13


Un día, leyendo el Evangelio según Mateo, vio que Jesús dijo que todas las multitudes eran como ovejas sin pastor, y él escogió doce discípulos. Dije para mí mismo: “Es tiempo de cambiar”. Yo tenía una congregación parecida a un club. Era como un orfanato y yo era el Reverendo Juan Carlos Ortiz, director del orfanato. Cuando comprendí esto, decidí comenzar una nueva iglesia subterránea en mi casa. Y Juanito robó un grupo de miembros del Reverendo Ortiz y comenzó a discipularlos. Yo era Juanito. En esta nueva estructura no precisaba más ser un “reverendo”. Sólo Juanito. ¿Usted sabe por qué? Los clubes están fundamentados en pretensión y prestigio humanos. La verdadera Iglesia está fundamentada en Jesús. Si a Él lo llamamos por Su primer nombre, ¿por qué no a mí?


Entonces dí mi vida a esos discípulos. Trabajé con ellos. Fuimos al campo juntos. Vivimos juntos. Comimos juntos. Abrí mi casa a ellos. Ellos vinieron a dormir en mi casa... Nos volvimos como una familia. Y después de seis meses, más o menos -no fue de un día para otro- esas personas estaban tan cambiadas, que todo el orfanato notó esto... Las personas iban a ellos para oración y consejo. Y, después de seis meses, les permití sustraer otros miembros de la iglesia del Reverendo Ortiz, a fin de hacer de ellos discípulos. Seis meses más tarde, a esos también se les permitió robar otros miembros. Llevó casi tres años, pero finalmente todos los miembros fueron robados, y el orfanato fue transformado en una familia.


Durante ese tiempo, personas estaban siendo salvas en los pequeños grupos celulares. Cada uno de mis discípulos se reunía con su grupo celular. Nuevas personas venían a las células, pero prohibimos a los líderes de las células traerlas a la iglesia, debido a que presentarlas al viejo club congregacional les causaría daño. Además, estábamos intentando acabar con la vieja estructura, no alargarla.


Cada uno de mis discípulos tenía un grupo en un punto diferente de la ciudad... Estas células podían reunirse en casa, en un parque, en un restaurante, en la playa -en cualquier lugar y a cualquier hora... Al poco tiempo, por tanto, descubrimos lo que realmente es un “miembro de la iglesia”:


Primero, un miembro de la iglesia es dependiente del resto del cuerpo. Ninguno vé más allá de sus narices andando solito por la calle. El cuerpo necesita estar todo integrado, como un solo bloque. Segundo, un miembro es una parte del cuerpo que une otras dos partes. Tercero, un miembro es alguien que nutre. Él recibe nutrición para sí mismo y pasa nutrición a otros miembros sujetos a él. Cuarto, un miembro sostiene a aquellos que están por encima de él. Y, quinto, los miembros trasmiten las órdenes. La cabeza ordena a la mano, pero la orden es trasmitida a través de otros miembros.


Ortiz preparó cursos de estudios para usar en las sesiones de entrenamiento con sus líderes. Poco a poco esos estudios fueron mimeografiados, corregidos e impresos, y los líderes comenzaron a usar el mismo material para enseñar a sus pequeños grupos. La producción casi constante de nuevos materiales, además de las enseñanzas dadas en las reuniones de los lunes por la noche y del sábado con los pastores, produjo harto material que sirvió de base para la publicación de varios libros. Su primer libro en inglés “Call to Discipleship” (Llamado al Discipulado) fue escrito juntamente con Jamie Buckingham (famoso autor y ministro cristiano carismático) a partir de sus enseñanzas en una conferencia en los Estados Unidos. Fue traducido a varios idiomas y tuvo gran impacto para expandir las enseñanzas sobre el señorío de Cristo y el discipulado.


Los años de 1972 y 1973 fueron una época de mucha divulgación de la palabra que los hermanos en Buenos Aires habían recibido. Muchos pastores y líderes latinoamericanos y de los Estados Unidos fueron hasta Argentina a conocer a los hermanos y asistir a los encuentros que comenzaron a promover. Además, los pastores de Buenos Aires comenzaron a viajar a otros países a predicar en encuentros y conferencias.


En enero de 1973, hubo un gran encuentro en Porto Alegre promovido por los bautistas renovados, y Ortiz, Swindoll, Bentson y Baker estuvieron allá como expositores. Tanto en las reuniones generales con asistencia de 6.000 a 7.000 personas (de todas las partes de Brasil), como en las reuniones especiales con pastores, el impacto de la palabra de Ortiz fue determinante. En una de las noches del encuentro, mientras Ortiz dirigía la alabanza, después de enseñar el corito “Al que está sentado en el trono, y al Cordero...”, parecía que el mismo espíritu de adoración que se moviera tan fuertemente en Argentina, se posó por algunos momentos sobre la congregación, dando una muestra a los brasileros de este ambiente celestial.


A partir de este encuentro, muchos pastores tuvieron conocimiento de lo que Dios estaba haciendo en Argentina y comenzaron a viajar hacia allá a fin de asistir a los encuentros y conocer mejor el mensaje. Muchos ministerios fueron transformados y no lograron encajar más en sus iglesias y denominaciones tradicionales, comenzando a intentar poner en práctica los principios del discipulado.


EL ÉNFASIS SOBRE LA UNIDAD DE LA IGLESIA


Desde el principio, el mover del Espíritu iniciado en 1967 en Buenos Aires y que resultó en los énfasis sobre el evangelio del reino, el señorío de Cristo y el discipulado, traspasó las barreras tradicionales y denominacionales. Como ya vimos, pastores de varias denominaciones se reunían los sábados, y sus iglesias los lunes por la noche; y los principales entre ellos viajaron por toda Argentina y por varios países promoviendo un ministerio itinerante en iglesias, campamentos, conferencias, escuelas bíblicas y seminarios para pastores y líderes. Fue en este contexto que surgió el énfasis sobre la unidad de la iglesia.


Fueron Jorge Himitian y Orville Swindoll, que viajaban muy juntos, quienes tuvieron un interés especial por el asunto, pues entendieron que para que aquel despertar que estaba conteciendo en la iglesia de Argentina continuara, no podía ser limitado sólo a un contexto denominacional. Era preciso proclamar con intrepidez la unidad de todo el pueblo de Dios. El Espíritu Santo no tenía interés en edificar estructuras denominacionales, sino la Iglesia, el cuerpo de Cristo. La muerte de Jesús había destruido la enemistad entre Dios y nosotros, y también entre nosotros mismos y nuestros hermanos en Cristo.


Swindoll animó a Himitian a estudiar el asunto de la unidad de la Iglesia en las Escrituras y presentar un mensaje sobre el tema en las reuniones del lunes por la noche. Un factor que los animó a proseguir en esta pesquisa fue la visita en 1969 de Arthur Wallis (un conocido autor y conferencista inglés de gran madurez, que enfatizaba el avivamiento), quien ministró sobre el libro de Nehemías. A través de su mensaje sintieron confirmación sobre las condiciones esenciales para construir los muros y así definir la verdadera característica de la ciudad de Dios. Por encima de todo, debía ser quebrantado el espíritu sectario, pues sólo servía para distraer y atrasar la edificación de los muros.


En abril de 1969, Jorge Himitian dio su primer mensaje sobre la unidad de la Iglesia en una reunión del lunes por la noche. Enfatizó especialmente Efesios 4, subrayando los siguientes conceptos sobre la iglesia: (1) que la verdadera configuración de la iglesia local abarca la totalidad de los redimidos de una ciudad; (2) que en esta misma área Dios dio a la iglesia dones y ministerios, los cuales deben ser reconocidos por todos los cristianos en unidad para la edificación de toda la comunidad.


Para ilustrar estos conceptos, él mostró que en la iglesia de Jerusalén todos los apóstoles ministraban a todos los santos. Debido en parte a la enorme cantidad de cristianos allí, la vida en comunidad encontró su expresión práctica en dos niveles: (1) todos juntos y (2) en las casas, ciertamente en grupos pequeños. Los apóstoles no dividieron a los convertidos en doce grupos diferentes, sino que conservaron la práctica de la unidad del Espíritu. Este fue el inicio del énfasis sobre la unidad del cuerpo de Cristo que se expandió por la iglesia en Argentina, a punto de que más tarde ocurriera la fusión de algunas congregaciones, y que también encontró resonancia en varios países, inclusive Brasil.


NO SÓLO AVIVAMIENTO, SINO FAMILIAS Y NORMALIDAD


Los varios énfasis que hemos visto mostraron que los hermanos de Argentina no estaban interesados sólo en avivamiento, sino en reformar la estructura de la Iglesia. Swindoll insistió en sus conversaciones con los pastores a fin de que la base de las congregaciones fuese concentrada en familias. En lugar de ver a los jóvenes solteros como únicos candidatos promisorios para líderes, debería ser dedicada más atención a los hombres que fuesen cabezas de familias a fin de que hubiese familias estables.


Él comprendió que, si la vida en familia fuese valorada, la formación de los hijos y de los jóvenes y también de los nuevos cristianos sería más viable y coherente. Por eso, el énfasis creciente a través de los años en el núcleo familiar -que es la unidad básica tanto de la iglesia como de la sociedad- hizo que las congregaciones pasasen a ser caracterizadas por su composición basada en familias.


Otra convicción de los hermanos, defendida principalmente por Keith Bentson y Juan Carlos Ortiz, era que su preocupación mayor no fuese buscar un avivamiento, sino buscar la normalidad. El propósito de Dios al redimirnos es para normalizar nuestras vidas. Según Bentson, Dios creó al hombre en la tierra para llevar una vida santa y normal, para trabajar, servir a los demás, y criar una familia. Si esto era el orden y la voluntad de Dios para la creación, entonces la redención debería restaurarnos al mismo nivel de vida.


Por tanto, los hermanos concluyeron que el Espíritu los estaba moviendo a buscar un regreso a la normalidad y no un mero avivamiento. Deberían concentrarse en convertirse en aquellos hombres, mujeres, padres, esposas, maridos, empleados, profesionales y ciudadanos que Dios había destinado a ser por la creación y redención. Si hubiese algo más, algo espectacular, esto sería una prerrogativa de Dios.


El aspecto pragmático de las cosas sería responsabilidad de ellos, y deberían adoptar una actitud de fe y obediencia, caminando cada día en el Espíritu.


Resumiendo, de acuerdo con un mensaje de Ortiz en octubre de 1969, el propósito de Dios no era sólo salvar almas, sino salvar hombres. El evangelio de hoy es deficiente, pues procura sólo la salvación de las almas, pero el evangelio del gobierno de Dios debe reorientar completamente la vida y conducta de los verdaderos discípulos de Cristo, y reunirlos en una comunidad de santos, donde aprendan a vivir y trabajar con integridad, donde manifiesten el
amor, la gracia y la verdad de Dios en la vida diaria.


PROBLEMAS Y CONFLICTOS


Como siempre acontece en un nuevo mover de Dios, los hermanos de Buenos Aires enfrentaron problemas y conflictos exteriores e interiores. En el primer caso, fueron acusados de muchas cosas: de ser excesivamente “pentecostales”, “espiritualistas”, de promulgar “falsas doctrinas”, de “ecumenismo”, “ladrones de ovejas”, etc.


Pero el conflicto más serio que enfrentaron fue entre ellos mismos con uno de los líderes más prominentes del grupo -Juan Carlos Ortiz. Éste estuvo en desacuerdo con la posición tomada por la mayoría del grupo de disciplinar a un pastor que cometiera pecado sexual, prohibiéndole ejercer ministerio público por un determinado tiempo.   Él defendía la posición de que, cuando un pastor comete pecado y sinceramente se arrepiente, por más grave que sea su falta, la sangre de Cristo lo limpia de todo pecado y Dios se olvida totalmente de su falta. Siendo así, no hay más motivo alguno para descalificarlo para el ministerio. A pesar de que estuvieron de acuerdo con el concepto del perdón de Dios, otros hermanos quedaron preocupados con la confusión, liviandad e inmoralidad que se crearía en las iglesias, si los pastores y líderes sorprendidos en fornicación y adulterio pudiesen continuar ministrando sólo por el hecho de que se declarasen arrepentidos.


Otro asunto que causó tensión entre Ortiz y los demás miembros del presbiterio en Buenos Aires encerraba puntos de vista discordantes sobre el nivel de autoridad que el presbítero debería tener sobre su ministerio itinerante. Estos problemas llevaron a la separación de Ortiz del presbiterio, y él acabó mudándose a los Estados Unidos.


El desarrollo de esta crisis ocurrió durante el año de 1974 e inicios de 1975 y, según Swindoll, “en todos los años que hemos estado juntos, nada nos ha causado más preocupación y desasosiego que este asunto” (los problemas con Ortiz).14 En mayo de 1975, Bob Mumford fue a Buenos Aires para ayudar a resolver la situación y acabó aprovechando el viaje para ministrar en otras áreas.


A pesar de esta experiencia ser muy dolorosa, según Swindoll, al final hubo resultado positivo para la iglesia en Buenos Aires. Veamos una vez más lo que él dijo: “El lazo de unidad entre los pastores fue duramente probado, pero se mantuvo firme, con excepción del colega mencionado (Ortiz). A mediados del año 1975, la atmósfera era clara otra vez; las relaciones entre los pastores, como también entre ellos y los hombres responsables en sus congregaciones, eran mucho más precisas; y nuestras metas se habían definido con claridad. La neblina se había levantado y comenzamos a divisar mejor”.14


DIFERENCIAS ENTRE LOS MOVIMIENTOS DE ARGENTINA Y DE LOS ESTADOS UNIDOS


Como ya lo mencionamos, los años de 1972 y 1973 fueron de mucha proclamación y expansión de la visión del discipulado a través de viajes y conferencias. En 1974, sin embargo, comenzaron a surgir problemas tanto en Argentina como en los Estados Unidos. En Argentina surgieron los problemas mencionados arriba. En Estados Unidos el mensaje de discipulado causó una explosión semejante a la que sería producida al arrojarse un fósforo en un depósito de gasolina. Inicialmente parecía ser la respuesta ideal a la carencia que millares de carismáticos sentían de disciplina, alianza y desenvolvimiento en madurez. Debido a varios factores, sin embargo (como el entusiasmo de los americanos en aplicar ideas nuevas a gran escala, personas inmaduras que ocupaban posiciones de autoridad; énfasis exagerado en la cadena de comando dentro del discipulado, “embriaguez” con los fantásticos éxitoss iniciales en términos de expansión numérica del movimiento llevando a la arrogancia, y la tendencia natural de las iglesias atascadas en el “status quo” de atacar cualquier movimiento revolucionario), luego surgió un gran conflicto entre los carismáticos con muchas acusaciones, difamaciones, mentiras y exageraciones.


Dada esta situación en Estados Unidos, los hermanos en Argentina creyeron más sabio dejar de viajar por un tiempo y dedicarse más a la práctica local. Después pudieron constatar que esta lección fue de mucho valor para el desenvolvimiento práctico de la visión. Percibieron que la visión del discipulado aún estaba en una fase experimental cuando fue divulgada en los Estados Unidos y en otros lugares, y que precisaba hacer muchos ajustes. Debido a la naturaleza más desconfiada del pueblo argentino, el sistema de discipulado se expandía más lentamente que en los Estados Unidos; y esto fue bueno porque dio tiempo para evitar extremos y desequilibrios y, consecuentemente, escándalos y polémica.


Otra diferencia entre el movimiento en Argentina y en Estados Unidos fue el énfasis que los pastores en Buenos Aires dieron a la unidad entre todos los pastores en cada ciudad, lo que no era el caso en Estados Unidos, donde había distintas cadenas de autoridad y sumisión en la misma ciudad.



CONCLUSIÓN


Si usted ya leyó nuestro libro “La Historia del Avivamiento en Argentina” u otra literatura sobre el asunto, ciertamente estará de acuerdo que Argentina ha sido visitada por Dios con avivamientos muy expresivos. El Movimiento de Discipulado, sin embargo, que acabamos de describir, representa algo diferente. Es verdad que comenzó como un verdadero avivamiento a partir de las reuniones de los lunes en la casa de Albert Darling, que acabaron produciendo las reuniones de los sábados de los diversos pastores que, más tarde, fueron usados por Dios para conducir el movimiento. Sin embargo, rápidamente traspasó las características de un avivamiento, convirtiéndose en uno de los movimientos de reforma más significativos del siglo XX.


Según un mensaje que Jorge Himitian ministró en un encuentro en Argentina, en 1974, hay tres características de la obra de Dios en el mundo que prueban que no es sólo un avivamiento lo que Dios desea, sino una total restauración de la Iglesia: 1) El Espíritu Santo no está restaurando verdades aisladas, sino recuperando el conjunto completo de la verdad de Dios y de Su propósito; 2) No está ocurriendo movimientos locales o aislados, sino una renovación universal que está ocurriendo en nuestros días; 3) No se trata de una simple recuperación de conceptos o teorías, sino que el Señor se está moviendo para levantar un pueblo para Sí, capaz de encarnar estas verdades. Esto significa que, más que creer o anunciar una verdad, el Señor quiere llevarnos a la necesidad de experimentarla y encarnarla.


Con certeza, los hermanos en Argentina no alcanzaron una restauración plena de la doctrina y práctica apostólicas, y ellos serían los primeros en estar de acuerdo con esto. En el epílogo del libro “Tiempos de Restauración”, Orville Swindoll dice: “Humildemente creemos que tenemos una contribución para hacer al presente proceso de restauración de la Iglesia. Sin embargo, reconocemos que necesitamos de las contribuciones de otras partes de la Iglesia que están experimentando una renovación espiritual.”14


Nos gustaría sugerir aquí, en síntesis, tres deficiencias básicas que impidieron la tentativa de reforma en Argentina de alcanzar dimensiones apostólicas, esenciales para la restauración total de la Iglesia.


1) La falta de revelación de la gracia de Dios.
Jesús no predicó sobre la gracia. ¡Él proclamaba palabras duras! Pero Él era la gracia de Dios. Si quisiéramos obedecer a los mandamientos de Jesús, tendríamos que entender el aceptar Su gracia. No es posible formar discípulos u obedecer la Palabra de Dios en nuestras vidas sin que sea a través de la pura gracia de Dios, sin ninguna mezcla de esfuerzo humado (Romanos 8:2-4; Gálatas 5:4-5).


A pesar de que los evangélicos, de manera general, poseyeron una fe teórica en esta gracia, nadie está demostrando el poder de una  verdadera revelación de ella en la práctica hoy. Los hermanos en Argentina, al reaccionar contra la “gracia barata” tan predominante en el medio evangélico hoy, tocaron en puntos vitales de equilibro al enfatizar el señorío de Cristo y los principios de discipulado. Mas, para que regresemos a la auténtica vida cristiana demostrada en la iglesia primitiva, precisamos de algo más que esto. Necesitamos de la revelación de la gracia de Dios en el mismo nivel que los apóstoles (principalmente Pablo) la recibieron y proclamaron. ¡Sólo la pura gracia llevará a la pura obediencia!


2) La ausencia de un énfasis en la verdadera comunión del Espíritu Santo.
Creemos que la comunión entre el Padre y el Hijo en la Divinidad es el Espíritu Santo, y que esta comunión del Espíritu forma el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13). Si diéramos énfasis a la obediencia a la Palabra por un lado, o a la libertad en el ejercicio de los dones del Espíritu, por otro lado, sin que cultivemos asiduamente la comunión en el Espíritu (que no es algo social o superficial), sólo tendremos otro “movimiento”, con todas las limitaciones humanas, y no el cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo es una persona, y Él precisa tener espacio en cada vida, relación y comunión. No creemos que la obediencia a la Palabra de Dios o la formación de discípulos será eficaz sin este elemento de la verdadera comunión (Hechos 2:42; 2 Corintios 13:14; Filipenses 2:1).


A pesar de que los hermanos en Argentina hubieron alcanzado un admirable entendimiento y práctica del equilibro entre la Palabra escrita y el Espíritu, más de una vez notamos que faltaba algo para alcanzar la verdadera doctrina apostólica. Es posible escapar de la rigidez y muerte de la letra y de los extremos y fanatismos del uso descomedido de los dones del Espíritu y, aun así, no alcanzar la palabra viva (Hebreos 4:12). No es suficiente mezclar a Moisés (la Palabra) y Elías (el Espíritu) para producir el evangelio. Es necesario un tercer elemento, Jesús (el evangelio encarnado -Mateo 17:1-5).


No disponemos de tiempo o espacio para discurrir sobre esto aquí, pero creemos que este tercer elemento hoy tiene que ver con la comunión del Espíritu Santo mencionada arriba. Esta comunión existe, en potencia, en medio de la Iglesia hoy, pero el problema es que por no ser enfatizada, reconocida o esperada, ella queda sin acción o expresión. Estamos tan ocupados en estudiar, interpretar o predicar la Palabra o en buscar el ejercicio de los dones del Espíritu,
que no sobra espacio o tiempo para nutrir y desarrollar esta comunión.


3) Procurar la unidad del cuerpo de Cristo en la base de la unión de los pastores en la localidad. Si por un lado esto puede traer muchos beneficios en el sentido de romper barreras denominacionales, orgullo, sectarismo, etc., por otro lado puede caer en el ecumenismo y en el sacrificio de la verdad en función de la unidad. A pesar de que necesitamos derribar nuestros conceptos y “reinos propios”, también necesitamos tener cuidado para no unir a la Iglesia de una manera humana.


La verdadera unidad del cuerpo de Cristo ha de ser centralizada en la persona de Cristo. A medida que cultivamos la comunión del Espíritu y el espíritu (no la letra) de la Palabra (2 Corintios 3:6), el Cristo vivo se revelará en nuestro medio y Su Iglesia será formada en cada localidad -un cuerpo, un Espíritu, un Señor (Efesios 4:4-5).


Sin embargo, al resaltar estos aspectos que, a nuestro ver, constituyen deficiencias, no queremos de modo alguno despreciar el significado de las contribuciones positivas que el mover de Dios en Argentina tiene para ofrecernos. En primer lugar, precisamos decir que estos aspectos que están faltando en la visión de los hermanos en Argentina también están faltando de manera general en la Iglesia en el mundo. En segundo lugar, es cierto que cualquier proseguimiento   en la obra de restauración de la Iglesia hoy, dependerá de la incorporación de los principios fundamentales proclamados por los hermanos, tales como: El evangelio del reino, el señorío de Cristo, los principios generales de discipulado (no una cadena humana de autoridad, sino los principios que Jesús aplicó al discipular a los doce), la restauración de la normalidad divina para toda la vida del hombre (familia, empleo, etc. -no sólo la vida religiosa) y el objetivo de Dios de unir Su Iglesia en la tierra para que el mundo crea (Juan 17:21-23).


Tomado del La Iglesia del Siglo XX, LA HISTORIA QUE NO FUE CONTADA. John Walker & Otros - 1996.

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Comentarios
Usuario
12:47:49 AM 21/09/2011
jorge martin ledesma dice:
Me parece muy correcto y muy valedero y cierto todo este escrito.Como Iglesia hoy deberiamos rever y aplicar nuevamente todos esos aportes que nuestros hermanos pastores hicieron, fueron referentes y trajeron luz y claridad a la Iglesia.quiero resaltar el gran aporte de nuestro querido hermano Ivan Baker que no solo con su palabra sino con su testimonio hasta su ultimo dia compartio estas verdades, no asi Juan Carlos Ortiz que participo al comienzo pero hoy esta distante de toda esta enseñanza, envuelto en otra clase de doctrina para su redito personal.
Usuario
06:40:01 PM 23/12/2011
Iván Tapia Contardo dice:
Un artículo necesario para la Historia de la Iglesia del siglo XX, en especial del "movimiento de renovación". Hacen falta crónicas como ésta que den cuenta de nuestras raíces y nos informen acerca de los líderes que Dios usó para tan grande avivamiento en América Latina. Sin embargo, creo que no es conveniente aún emitir juicios sobre los siervos y sus actos, ya que es historia reciente. Sólo en la distancia se podrán evaluar con mayor claridad sus aciertos y desaciertos, pero finalmente será Cristo, Cabeza de la Iglesia, Quien pesará sus acciones. Por mi parte, discípulo y pastor chileno ¡Doy gracias al Señor por ese poderoso movimiento de renovación y discipulado!

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