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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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Las Bases de Unión y de División
Por Watchman Nee
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La formación de iglesias locales

En el capítulo anterior observamos que la palabra "iglesia” se menciona solamente dos veces en los Evangelios. Se usa frecuentemente en el libro de los Hechos, pero allí nunca se nos dice de un modo claro cómo se formaba una iglesia. El segundo capítulo habla de la salvación de tres mil hombres aproximadamente, y el cuarto capítulo de otros cinco mil, pero nada se dice de estos creyentes constituyendo una iglesia. Sin una sola palabra de explicación se hace referencia a ellos en el siguiente capítulo como "la Iglesia". “Y vino gran temor sobre toda la iglesia" (6:11). En Hechos 8:11, inmediatamente después de la muerte de Esteban, la palabra se usa otra vez, y la conexión en este caso es más clara que antes. "En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén". De este pasaje se evidencia que los creyentes en Jerusalén son la iglesia en Jerusalén. Así sabemos ya lo que es la iglesia. Se compone de todos los salvos en una localidad dada.


Más tarde, en el curso del primer viaje misionero de apóstoles, mucha gente fue salva en distintos lugares por la predicación del evangelio. Nada se menciona sobre su constitución en iglesias, pero en Hechos 14:23 se dice de Pablo y Bernabé que “constituyeron ancianos en cada iglesia". Los grupos de creyentes en estos lugares diferentes son llamados iglesias, sin ninguna explicación de cómo vinieron a ser iglesias. Ellos eran un grupo de creyentes, por eso eran iglesias. Dondequiera que un número de personas en algún lugar eran salvas, espontáneamente se convertían en la iglesia de ese lugar.


Si en un lugar, alguno cree en el Señor, es una cosa natural que él sea un constituyente de la iglesia en ese lugar. No se requiere de él “ingreso" subsecuente. Si él pertenece al Señor, él ya pertenece a la iglesia en ese lugar, y puesto que él ya pertenece a la iglesia, su pertenencia no puede estar sujeta a ninguna condición. Si, antes de reconocer a un creyente como miembro de la iglesia, insistimos que se nos “incorpore" o que renuncie a su membresía en otro lugar, entonces nuestra iglesia decididamente no es una de las iglesias de Dios. Si imponemos cualquier condición de membresía sobre un creyente en la localidad, adoptamos inmediatamente una posición antiescrituraria, porque su posición de miembro de la iglesia local solamente está condicionada a que resida en el lugar. Una iglesia local es una iglesia que comprende a todos los hijos de Dios en un punto dado.


Notemos bien que la base de nuestra recepción de alguien es el hecho que el Señor ya lo recibió. "Recibid al débil en la fe... porque Dios le ha recibido" (Romanos 14:1,3). “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió" (15: 7). Nuestra admisión de alguno es meramente nuestro reconocimiento de que el Señor le ha recibido ya. Si es del Señor, él está en la iglesia. Si no es del Señor, él no está en la iglesia. Si antes de admitirlo a la comunión, pedimos algo más después de su recepción por el Señor, entonces no somos una iglesia en absoluto sino solamente una secta.


Dentro y fuera del circulo
En los días de los apóstoles, el problema de pertenecer o no pertenecer a una iglesia era sencillo en extremo. Las cosas no son tan sencillas en nuestros días, porque el asunto se ha complicado por muchas de las supuestas iglesias que excluyen a aquellos que debían estar en la iglesia e incluyen a aquellos que deberían estar fuera. ¿Qué clase de persona puede ser considerada correctamente como miembro de la iglesia? ¿Cuál es el requerimiento mínimo sobre el que podemos insistir para la admisión a la comunión de la iglesia?


Antes de proceder a descubrir quién realmente pertenece a una iglesia local y quién no, primeramente averigüemos quién pertenece a la iglesia universal y quién no, puesto que la condición de membresía en una iglesia es esencialmente la misma que en la Iglesia. Cuando sepamos qué clase de personas pertenece a la Iglesia, entonces sabremos también qué clase de personas pertenece a una iglesia.


¿Cómo podemos saber quién es un cristiano y quién no? "Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él" (Romanos 8:9). De acuerdo con la Palabra de Dios, toda persona en cuyo corazón habita Cristo por Su Espíritu es un verdadero cristiano. Los cristianos pueden ser distintos unos de otros en mil maneras, pero en este asunto fundamental no hay diferencia entre ellos; uno y todos tienen el Espíritu de Cristo morando dentro de ellos. Quienquiera que tenga el Espíritu de Cristo está dentro del círculo de la Iglesia, y quienquiera que no tenga el Espíritu de Cristo está fuera del círculo. En la Iglesia universal es así; en la iglesia local también es así. "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?" (2 Corintios 13:5). Hay una línea subjetiva de demarcación entre la Iglesia y el mundo; todos los que están dentro do esa línea son salvos, y todos los que están fuera de ella, están perdidos. Esta línea de demarcación es el Espíritu de Cristo que mora adentro.


La unidad del Espíritu
La Iglesia de Dios incluye un vasto número de creyentes, que han vivido en diferentes épocas y desparramados en diferentes lugares de la tierra. ¿Cómo es que todos han sido unidos en una Iglesia universal? Con semejante disparidad en edad, posición social, educación, origen, perspectivas, y temperamento, ¿cómo pudo toda esta gente convertirse en una iglesia? La unidad cristiana no es producto humano; su origen es puramente divino. Esta poderosa y misteriosa unidad se planta en los corazones de todos los creyentes en el momento que recibimos al Señor. Es “la unidad del Espíritu” (Efesios 4:3).


El Espíritu que mora en el corazón de cada creyente es un solo Espíritu; por tanto, Él hace que todos aquéllos en quien Él habita, sean uno, así como Él mimo es uno. Los cristianos pueden ser distintos unos de otros en formas innumerables, pero todos los cristianos de todas las edades, con sus incontables disimilitudes, tienen esta identidad fundamental: el Espíritu de Dios vive en cada uno de ellos. Este es el secreto de la unidad de los creyentes, y este es el secreto de su separación del mundo.


Es esta unidad inherente la que hace a todos los creyentes uno, y es esta unidad inherente la que explica la imposibilidad de división entre los creyentes, excepto por razones geográficas. Aquéllos que no tienen esto son extraños; quienes lo tienen son nuestros hermanos. Si usted tiene el Espíritu de Cristo y yo tengo el Espíritu de Cristo, entonces ambos pertenecemos a la misma Iglesia. No hay necesidad de estar unidos; estamos unidos por el único Espíritu que reside en ambos. Pablo rogaba a todos los creyentes que se esforzaran “para guardar la unidad del Espíritu" (Efesios 4:3); él no nos exhortaba a tener la unidad, sino simplemente a guardarla.


Nosotros no podemos hacer esta unidad, puesto que somos uno en Cristo y no podemos quebrantarla, porque es un hecho eterno en Cristo; pero podemos destruir los efectos de ella, de manera que su expresión en la Iglesia se pierda.


¿Cómo podemos saber si una persona tiene o no esta unidad del Espíritu? En el versículo que sigue inmediatamente a la exhortación de Pablo de “guardar la unidad del Espíritu", él explica lo que tienen en común quienes poseen esta unidad. No podemos esperar que los creyentes sean iguales en todo, pero hay siete cosas que todos los verdaderos creyentes comparten, y por la existencia o ausencia de éstas, podemos saber si una persona tiene la unidad del Espíritu. Muchas otras cosas son de gran importancia, pero estas siete son vitales. Son indispensables para la comunión espiritual y son al mismo tiempo el mínimo y el máximo de requisitos que pueden exigírsele a cualquier persona que profesa ser un hermano en la fe.


Siete factores en la unidad espiritual
"Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos" (Efesios 4:4-6). Una persona se constituye en miembro de la Iglesia con base en que ya posee la unidad del Espíritu, y que resultará en ser uno con todos los creyentes en los siete puntos mencionados arriba. Ellos son los siete elementos en la unidad del Espíritu, que es la herencia común de todos los hijos de Dios. Al trazar una línea de separación entre aquéllos que pertenecen a la Iglesia y quiénes no, no debemos exigir más que estos siete puntos para no excluir a ninguno que pertenezca a la familia de Dios, y no nos atrevemos a pedir nada menos, para no incluir a ninguno que no pertenezca a la familia divina.


1. Un Cuerpo. El problema de la unidad comienza con el problema de la membresía en el Cuerpo de Cristo. La esfera de nuestra comunión es la esfera del Cuerpo. Aquéllos que están fuera de ese campo, no tienen relación espiritual con nosotros, pero quienes están dentro de esa esfera están todos en comunión con nosotros. No podemos hacer selección de comunión en el Cuerpo, aceptando unos miembros y rechazando otros. Todos somos parte de un solo Cuerpo, y nada puede separarnos en ninguna forma de él, o uno de otro. Cualquiera que ha recibido a Cristo, pertenece al Cuerpo y él y nosotros somos uno.


2. Un Espíritu. Si alguno busca la comunión con nosotros, por más que pueda discrepar de nosotros en experiencia o en visión, siempre que tenga el mismo Espíritu que nosotros, tiene derecho a ser recibido como hermano. Si él ha recibido al Espíritu de Cristo, y nosotros hemos recibido el Espíritu de Cristo, entonces somos uno en el Señor, y nada debe dividirnos.


3. Una esperanza. Esta esperanza que es común a todos los hijos de Dios, no es una esperanza general, sino la esperanza de nuestro llamamiento, que es estar con el Señor por siempre en la gloria. No hay una sola alma que sea verdaderamente del Señor, en cuyo corazón no anide esta esperanza, porque el tener a Cristo en nosotros es tener "la esperanza de gloria" en nosotros (Colosenses l: 27). Todos los que compartimos esta esperanza somos uno, y puesto que tenemos esta esperanza de estar juntos en la gloria por toda la eternidad, ¿cómo podemos ser divididos ahora en el tiempo?


4. Un Señor. Hay solamente un Señor, el Señor Jesús, y todos los que reconocemos que Dios ha hecho a Jesús de Nazaret Señor y Cristo, somos uno en Él. Si alguno confiesa que Jesús es el Señor, entonces su Señor es nuestro Señor, y puesto que servimos al mismo Señor, nada en absoluto puede separamos.


5. Una fe. La fe de la que aquí se habla es la fe, no nuestras creencias en relación con la interpretación de las Escrituras, sino la fe por medio de la cual hemos sido salvados, que es la posesión común de todos los creyentes; es decir, la fe de que Jesús es el Hijo de Dios (quien murió por la salvación de los pecadores y resucitó para dar vida a los muertos). Los hijos de Dios podemos seguir muchas y distintas interpretaciones de la Biblia, pero con relación a esta fe fundamental, somos uno.


6. Un bautismo. ¿Es por inmersión o por rociamiento? ¿Es sencillo o trino? Hay varias formas de bautismo aceptadas por los hijos de Dios; por tanto, si permitimos que la forma del bautismo sea la línea divisoria entre quienes pertenecen a la iglesia y quienes no, excluiremos a muchos verdaderos cristianos de nuestra fraternidad. Hay hijos de Dios incluso, que creen que no es necesario un bautismo material, pero puesto que son hijos de Dios, no nos atrevemos por esa causa a excluirlos de nuestra comunión. ¿Cuál entonces, es el significado del único bautismo mencionado en este pasaje? Pablo esclarece al respecto en su primera carta a los Corintios. “¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuiste bautizados en el nombre de Pablo?” (1:13). El énfasis no recae sobre la forma del bautismo, sino en el nombre en el cual somos bautizados. Si alguien es bautizado en el Nombre del Señor, yo lo recibo como mi hermano, cualquiera que sea el modo de su bautismo. Pero esto no implica que no sea de consecuencia si somos rociados o sumergidos, o si nuestro bautismo es espiritual o literal. La Palabra de Dios enseña que el bautismo es literal, y es por inmersión, pero lo importante aquí es que la forma del bautismo no es la base de nuestra hermandad, sino el Nombre en el cual somos bautizados. Todos los que son bautizados en el Nombre del Señor son uno en Él.


7. Un Dios. ¿Creemos en el mismo Dios personal, y sobrenatural, como nuestro Padre? Si es así, entonces pertenecemos a una familia y no hay razón válida para estar divididos.


Los siete puntos arriba mencionados son los siete factores en esa divina unidad que es la posesión de todos los miembros de la familia divina, y constituyen la única prueba de la profesión de fe cristiana. Si imponemos cualquier condición además de estas siete -que no son sino resultado de la única vida espiritual-, entonces somos culpables de sectarismo, porque estamos haciendo una división entre quienes son hijos de Dios evidentemente. Si aplicamos cualquier prueba fuera de estas siete, estamos imponiendo otras condiciones que las estipuladas en la Palabra de Dios. Todos los que tienen estos siete puntos en común con nosotros son nuestros hermanos, cualesquiera que sean sus experiencias espirituales, sus puntos de vista doctrinales, o su afiliación en "iglesia". Nuestra unidad se basa en el hecho verdadero de nuestra unidad, que se hace real en nuestra experiencia por el Espíritu de Cristo que habita en nosotros.


Iglesias locales

Lo que es verdad de la Iglesia universal es verdad también de una iglesia local. La Iglesia universal comprende todos aquellos que tienen la unidad del Espíritu. La Iglesia local abarca a todos aquéllos que, en un punto dado, tienen la unidad del Espíritu. La Iglesia de Dios y las iglesias de Dios no se diferencian por su naturaleza, sino solamente por su tamaño. Aquélla se forma de todos los que a través el universo son habitados por el Espíritu de Dios; la última consiste de todos los habitados por el Espíritu en su sitio.


La naturaleza de la iglesia es indivisible como Dios mismo es indivisible. Por tanto, la división de la Iglesia en iglesias no es una división en su naturaleza, vida, esencia, sino solamente en gobierno, organización y administración. Porque la iglesia terrena se compone de un vasto número de individuos, una cierta medida de organización es indispensable. Es físicamente imposible para todo el pueblo de Dios, disperso por todo el mundo, vivir y reunirse en un lugar; y es por esa única razón que la Iglesia de Dios se ha dividido en iglesias.


Debemos comprender claramente que la naturaleza de todas las iglesias locales es la misma por todo el mundo entero. No es que los constituyentes locales de una iglesia local sean de una clase y los constituyentes de otra iglesia local sean de otra clase. La única diferencia está en los lugares que determinan sus respectivos límites.


El lugar es la base divinamente señalada para la división de la Iglesia, porque es la única división inevitable. Las distinciones geográficas son naturales, no arbitrarias, y es simplemente porque las limitaciones físicas de los hijos de Dios, hacen las divisiones geográficas inevitables, que Dios ha ordenado que Su Iglesia se divida en iglesias sobre la base del lugar. Cualquier otra división que los hijos de Dios tengan además de la geográfica, implica no simplemente una división de esferas, sino una división en su naturaleza. La división local es la única división que no toca la vida de la Iglesia.


Siete bases de división prohibidas
En el lado positivo acabamos de ver la base sobre la que Dios he ordenado que Su Iglesia se divida. Ahora en el lado negativo, veremos sobre qué bases no debería dividirse.


1. Líderes espirituales. “Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo" (l Corintios l:12). Aquí Pablo señala la carnalidad de los creyentes corintios al intentar dividir la iglesia de Dios en Corinto, la que, por orden divina, era indivisible, siendo ya la más pequeña unidad bíblica sobre la que cualquiera iglesia podía ser establecida. Ellos buscaban dividir la iglesia con el motivo de unos pocos líderes que habían sido usados especialmente por Dios en su medio. Cefas era un ministro celoso del evangelio, Pablo era un hombre que había sufrido mucho por amor de su Señor, y Apolos era uno a quien Dios usaba verdaderamente en Su servicio; pero aunque los tres habían sido indiscutiblemente reconocidos por Dios en Corinto, Dios no podía permitir nunca que la iglesia de allí los hiciera motivo de división.


El culto a los héroes es una tendencia de la naturaleza humana, que se deleita mostrando preferencia por aquéllos que atraen sus gustos. A causa de que muchos de los hijos de Dios conocen poco o nada del poder de la cruz para contender con la carne, esta tendencia de culto al hombre se ha expresado frecuentemente en la Iglesia de Dios, y mucha destrucción se ha efectuado en consecuencia. Es en consonancia con la voluntad de Dios que debemos aprender de los hombres espirituales, y sacar provecho de su dirección, pero es del todo contrario a Su voluntad que dividamos la Iglesia según los hombres que admiramos. La única base escrituraria para la formación de una iglesia es la diferencia de lugar, no diferencia de líderes.


2. Instrumentos de salvación. Los líderes espirituales no son razón válida para dividir la Iglesia, ni los instrumentos usados por Dios en nuestra salvación. Algunos de los creyentes corintios se proclamaron a sí mismos ser “de Cefas", otros "de Pablo”, otros “de Apolos”. Ellos trazaban el principio de su historia espiritual a estos hombres, y así pensaban ellos que les pertenecían. Es natural y común para las personas salvas por medio de la instrumentalidad de un obrero, o de una sociedad, de tenerse a sí mismos como pertenecientes a tal obrero o sociedad. Es asimismo natural y común para un individuo o una misión por cuyos medios la gente ha sido salvada, de considerar a los salvados por mediación suya como pertenecientes a ellos. Es natural, pero no espiritual. Es común, pero, sin embargo, contrario a la voluntad de Dios. Las iglesias se dividen por causa de la geografía, no con motivo de los instrumentos de nuestra salvación.


3. Ausencia de sectarismo. Algunos cristianos piensan que ellos son demasiado sabios como para decir, “yo soy de Cefas", o “yo soy de Pablo", o "yo soy de Apolos". Ellos dicen, "yo soy de Cristo”. Tales cristianos menosprecian a los otros como sectarios, y sobre esa base comienzan otra comunidad. Su actitud es: Usted es sectario. Yo soy no sectario. Ustedes adoran a los héroes, nosotros adoramos sólo al Señor.


Pero la Palabra de Dios condena no solamente a quienes dicen: “Yo soy de Cefas”, “yo soy de Pablo”, o “yo soy de Apolos”. Igualmente, da definida y claramente denuncia a quienes dicen: “Yo soy de Cristo”.  No es un error considerarse uno mismo como perteneciente solamente a Cristo. Es correcto y aun esencial. Ni está errado repudiar todo cisma entre los hijos de Dios; es altamente recomendable. Dios no condena esta clase de cristianos por ninguna de estas dos cosas; los condena por el mismo pecado que ellos condenan en otros, su sectarismo. Como protesta por la división entre los hijos de Dios, muchos creyentes buscan dividir a aquéllos que no dividen, de quines sí dividen; y ¡nunca piensan que ellos mismos están dividiendo! Su motivo de división puede ser más plausible que el de otros que se dividen a causa de las diferencias doctrinales o preferencias personales por ciertos líderes, pero el hecho es que ellos están dividiendo a los hijos de Dios. Usted dice, “yo soy de Cristo”. ¿Da usted a entender que otros no lo son? Es perfectamente legítimo para usted decir, “yo soy de Cristo” si su frase indica simplemente a quién pertenece usted; pero si indica, “yo no soy sectario; yo soy (o me porto) muy diferente a ustedes, sectarios”, entonces está establecida una diferencia entre usted y los otros cristianos. El solo pensamiento de hacer distinción entre los hijos de Dios tiene su origen en la naturaleza carnal del hombre y es sectario.


Entonces, ¿qué es lo correcto? Toda exclusividad es un error. Toda inclusividad (de los verdaderos hijos de Dios) está correcta. Las denominaciones no son escriturarias y no debemos tomar parte en ellas, pero si adoptamos una actitud de crítica y pensamos, ellos son denominacionalistas; yo soy no-denominacional; ellos pertenecen a sectas, yo pertenezco sólo a Cristo, tal diferencia es definitivamente sectaria.


Si, gracias a Dios, yo soy de Cristo, pero mi comunión no es simplemente con aquéllos que dicen, “yo soy de Cristo”, sino con todos los que son de Cristo. No me interesa mucho lo que ellos dicen, pero sí me interesa mucho lo que ellos son. Yo no pregunto si son denominacionalistas o no denominacionalistas, sectarios o no sectarios. Yo sólo pregunto, ¿son ellos de Cristo? Si son de Cristo, entonces son mis hermanos.


Nuestra posición personal debería ser no-denominacionalista, pero las bases de nuestra comunión no es lo no-denominacionalismo. Nosotros mismos deberíamos ser no-sectarios, pero no nos atrevemos a insistir en el no-sectarismo como una condición de fraternidad. Nuestra única base de comunión es Cristo. Nuestra comunión debe ser con todos los creyentes de la localidad, no meramente con todos los creyentes no sectarios en ese lugar. Ellos pueden hacer diferencias denominacionales, pero nosotros no debemos hacer requisitos adenominacionales. Su denominacionalismo o sectarismo querrá decir que hay limitaciones duras impuestas al Señor acerca de Su propósito y pensamiento para ellos, y esto significa que ellos nunca irán más allá de cierto crecimiento y plenitud espirituales. Bendición puede haber, pero plenitud del propósito divino, nunca.


Cuando vamos a un lugar donde no se conoce a Cristo, debemos predicar el Evangelio, ganar almas para el Señor y fundar una iglesia local. Si vamos a un lugar donde ya hay cristianos, pero esos creyentes se separan ellos mismos en “iglesias" denominacionales, nuestra tarea es la misma que en el otro lugar; debemos predicar el Evangelio, guiar almas Cristo, y formar con ellos una iglesia sobre la base escrituraria del sitio. Mientras tanto, debemos mantener una actitud de inclusividad, no exclusividad, hacia los creyentes que están en diferentes sectas, porque ellos, como nosotros, son hijos de Dios, y ellos viven en la misma localidad; por tanto, pertenecen a la misma iglesia a la que nosotros pertenecemos. Por nosotros mismos, no podemos unirnos a ninguna secta o permanecer en una, porque nuestra liga con la iglesia puede ser solamente sobre la base del lugar. Seamos claros en este punto; una iglesia no-denominacional es una iglesia local. Hay una gran diferencia entre las dos. Una iglesia local es no-denominacional y es positiva y es inclusiva; en cambio, una iglesia denominacional no es una iglesia local y es negativa y es exclusivista.


Dejemos aclarada nuestra posición. No tratamos de establecer iglesias no-denominacionales sino iglesias locales. Buscamos hacer un trabajo positivo. Si los creyentes pueden ser llevados a ver lo que es una iglesia local, la expresión del Cuerpo de Cristo en un lugar, ellos ciertamente no permanecerán en ninguna secta. Por otra parte, es posible que ellos vean todos los perjuicios del sectarismo y los abandonen, sin saber lo que es una iglesia local.


No juzgo con ligereza al sectarismo y no creo que debamos pertenecer a ninguna secta, pero no es nuestra misión hacer que las gentes salgan de ellas. Si hacemos nuestro principal objetivo el llevar a las gentes a un conocimiento real del Señor y del poder de Su cruz, entonces ellas se abandonarán contentas a Él, y aprenderán a andar en el Espíritu, repudiando las cosas de la carne. Encontraremos que allí no habrá necesidad de abordar las cuestiones de las denominaciones, porque el mismo Espíritu las alumbrará. Si un creyente no ha aprendido el camino de la cruz y a andar en el Espíritu, ¿qué se ganó por su salida de la secta?


4. Diferencias doctrinales. En el griego la palabra traducida "herejías" en Gálatas 5:20 no necesariamente significa pensamiento erróneo sino división con motivo de la doctrina. El Nuevo Testamento interlineo lo traduce como sectas, mientras Darby en su Nueva Traducción en inglés lo pone como "escuelas de opinión". Todo el pensamiento aquí no es la diferencia entre verdad y error, sino de división basada en la doctrina. Mis enseñanzas pueden ser correctas o estar equivocadas, pero si las hago causa de división, entonces soy culpable de la "herejía" sobre la que aquí se habla.


Dios prohíbe cualquier división con motivo de la doctrina. Algunos creen que el rapto será antes de la gran tribulación, otros que será después de la gran tribulación. Algunos creen que todos los santos entrarán al reino, otros que sólo una porción de ellos entrará. Algunos creen que el bautismo es por inmersión, otros que por rociamiento. Unos creen que las manifestaciones sobrenaturales son un acompañamiento necesario al bautismo del Espíritu Santo, mientras que otros no. Ninguno de esos puntos de vista doctrinales constituye una base escrituraria para separar a los hijos de Dios. Aunque algunos pueden estar en lo cierto y otros equivocados, Dios no autoriza ninguna división por cuenta de diferencias relativas a las creencias o puntos secundarios que no sean las verdades fundamentales de la fe. Si un grupo de creyentes se separa de una iglesia local por su celo por cierta enseñanza de acuerdo con la Palabra Dios, la nueva "iglesia" que ellos establecen podrá tener más enseñanza escrituraria, pero nunca podrá ser una iglesia escrituraria.


Si deseamos mantener una posición escrituraria, entonces debemos ver que las iglesias que encontramos en varios lugares sólo representen lugares, no doctrinas. Si nuestra “iglesia" no está separada de otros hijos de Dios únicamente por causa del lugar, sino que se mantiene para la propagación de cierta doctrina en particular, entonces decididamente somos una secta, no importa cuán verdadera pueda ser nuestra enseñanza de la Palabra de Dios. El propósito de Dios es que una iglesia debe representar a los hijos de Dios en un lugar, y no representar alguna verdad específica allí. Una iglesia de Dios en cualquier sitio comprende a todos los hijos de Dios en ese lugar, no únicamente a quienes tienen los mismos puntos de vista doctrinales.


Si nuestros corazones están firmes para preservar el carácter local de las iglesias de Dios, no podemos dejar de encontrar problemas en nuestro trabajo. A menos que la cruz opere poderosamente, cuántas posibilidades de fricción sin fin habrá si incluimos en una iglesia a todos los creyentes en la localidad con todos sus puntos de vista divergentes. Cómo le gustaría a la carne incluir solamente a quienes tienen los mismos puntos de vista, y excluir a todos los que poseen puntos de vista 1 Referencia a Romano 14:15 que difieren de los nuestros. El tener constante e íntima asociación con la gente cuya interpretación de las Escrituras no se ajusta con la nuestra, es duro para la carne, pero bueno para el espíritu. Dios no usa la división para resolver el problema, Él usa la cruz.


Él nos tendría sujetos a la cruz, para que, por medio de las muchas dificultades de la situación, la dulzura y paciencia y amor de Cristo puedan ser profundamente forjadas en nuestras vidas. En estas circunstancias, si no conocemos la cruz, probablemente discutiremos, perderemos nuestra paciencia, y finalmente nos iremos por nuestro propio camino. Podemos tener puntos de vista correctos, pero Dios nos está dando una oportunidad para patentizar una actitud correcta. Podemos creer acertadamente, pero Dios nos está probando para ver si amamos acertadamente.


Romanos 14 nos enseña cómo tratar con quienes tienen puntos de vista distintos a los nuestros. ¿Qué haríamos si en nuestra iglesia hubiesen vegetarianos y sabáticos? Vaya, lo consideraríamos casi intolerable si en la misma iglesia algunos de los creyentes guardaran el día del Señor y otros el sábado y unos comieran carne libremente, mientras otros fueran vegetarianos estrictos. Esa era exactamente la situación que Pablo estaba afrontando. Fijémonos en sus conclusiones. "Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones" (versículo l). “¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme" (versículo 4). "Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano" (versículo 13). ¡Oh, por la tolerancia cristiana! ¡Oh, por la grandeza de corazón! ¡Ay! que muchos de los hijos de Dios son tan celosos de sus pequeñas doctrinas, que inmediatamente clasifican como herejes, y tratan de acuerdo, a todos aquellos, cuya interpretación de la Escritura difiere de la de ellos. Dios nos haría andar en amor hacia todos los que sostienen puntos de vista contrarios a los que nos son queridos1.


Esto no significa que todos los miembros de una iglesia puedan tener cualquier punto de vista que les agrade, sino que significa que la solución al problema de las diferencias doctrinales, no estriba en formar grupos separados en consonancia con los diferentes puntos de vista que sostienen, sino en andar en amor hacia aquellos cuya visión es distinta de la nuestra. Por una enseñanza paciente podemos, empero, ayudar a todos a "la unidad de la fe” (Efesios 4:13). Mientras esperamos pacientemente en el Señor, Él puede otorgarles gracia a otros para cambiar sus puntos de vista, o Él puede darnos gracia para ver que no somos tan buenos maestros como pensábamos que éramos. Nada prueba tanto la espiritualidad de un maestro como la oposición a sus enseñanzas.


Los maestros deben aprender humildad, pero asimismo todos los otros creyentes. Cuando ellos reconozcan su posición en el Cuerpo, sabrán que no es dado a todos determinar asuntos de doctrina. Deben aprender a sujetarse a aquéllos que han sido provistos de lo necesario por Dios para el ministerio específico de enseñar a Su pueblo. Dones y experiencia espirituales son necesarios para la enseñanza espiritual; consecuentemente, no todos pueden enseñar.


5. Diferencias raciales. "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (l Corintios 12:13). Los judíos han tenido siempre el más fuerte prejuicio racial de todas las gentes. Ellos consideraban a las otras naciones como inmundas, y estaba prohibido aun comer con ellas. Pero Pablo dijo muy claro, en su carta a los Corintios, que en la Iglesia, ambos, judíos y gentiles son uno. Todas las distinciones "en Adán" han sido eliminadas "en Cristo". Una “iglesia” racial no tiene ningún reconocimiento en la Palabra de Dios. La membresía en la iglesia es determinada por el domicilio, no por la raza.


Actualmente, en las grandes ciudades cosmopolitas del mundo, hay iglesias para los blancos e iglesias para los negros, iglesias para los europeos e iglesias para los asiáticos. Estas han surgido por el fracaso de entender que los límites de una iglesia son una ciudad. Dios no permite ninguna división de Sus hijos sobre la base de diferencia de color, costumbres, o manera de vivir. No importa la raza a la que pertenezca; si ellos pertenecen a la misma localidad, ellos pertenecen a la misma iglesia. Dios ha puesto creyentes de diferentes razas en una localidad para que, trascendiendo todas las diferencias externas, ellos, en una iglesia, puedan mostrar la vida única y el Espíritu único de Su Hijo. Todo lo que nos viene a nosotros por naturaleza es vencido por la gracia. Todo lo que era nuestro “en Adán” ha sido desechado "en Cristo". Recordemos que la iglesia en una localidad dada incluye a todos los creyentes habitantes allí, y excluye a quienes viven en otros lados.


6. Diferencias nacionales. Judíos y gentiles representan también distinciones raciales como nacionales, pero en la Iglesia de Dios no hay judío ni griego. Allí no hay distinción racial, ni tampoco distinción nacional. Todos los creyentes residentes en un lugar, no importa cuál sea su nacionalidad, pertenecen a la única iglesia. En el mundo físico hay diferencia entre los chinos, franceses, ingleses y americanos, pero en el reino espiritual no la hay. Si un creyente chino vive en Nanking, pertenece a la iglesia en Nanking. Si un creyente francés vive en Nanking, él también pertenece a la iglesia en Nanking. Lo mismo está en vigor para los británicos, estadounidenses, y los de otras nacionalidades, siempre que hayan nacido de nuevo. La Palabra de Dios reconoce “la iglesia en Roma”, "la iglesia en Efeso", y “la iglesia en Tesalónica", pero no reconoce la iglesia judía, o la iglesia china, o la iglesia anglicana. La razón por la cual los nombres de las ciudades aparecen en la Escritura en conexión con las iglesias de Dios, es porque la diferencia del lugar del domicilio es la única diferencia reconocida por Dios entre Sus hijos.


Dado que las iglesias son locales, si un creyente de cualquier nacionalidad se muda de un lugar a otro, inmediatamente viene a ser miembro de la iglesia en este lugar y no tiene lazos de unión con la iglesia de su anterior residencia. Usted no puede vivir en un lugar y ser miembro de una iglesia en otro lugar. Si un hermano chino se va de Nanking a Hankow, viene a ser miembro de la iglesia en Hankow. En igual manera, un hermano británico que venga de Londres a Hankow, inmediatamente se transforma en miembro de la iglesia en Hankow. Un cambio de residencia necesariamente envuelve un cambio de iglesia, mientras que el origen nacional no tiene importancia en la membresía de la iglesia.


Nuestros compañeros en la obra que se han ido de China a las islas de los Mares del Sur, deben tener cuidado de no formar una "Iglesia China de Ultramar" allá. Es posible tener una "Cámara de Comercio China de Ultramar”, o un "Colegio Chino de Ultramar", o un "Club Chino de Ultramar". Todo lo que usted quiera puede ser "Chino de Ultramar", pero no una iglesia. ¡Una iglesia es siempre local!


El concepto usual de una iglesia autóctona, mientras en algunos aspectos es muy justo, está fundamentalmente equivocado en el punto más esencial. Puesto que el método divino de dividir la Iglesia es conforme al sitio, no a la nacionalidad, entonces la Iglesia de Dios no conoce ni nativo ni extranjero, ni países paganos ni países cristianos. Si estuviéramos en completo acuerdo con la mente de Dios, no deberíamos hacer diferencia alguna entre 1a iglesia china y la extranjera, entre los obreros chinos y los extranjeros, o entre los fondos chinos y los extranjeros.


La idea de la iglesia autóctona es que los nativos de un país debían ser gobernados por ellos mismos, de sostenimiento propio, y de propagación propia, mientras que la idea de Dios es que los creyentes en una ciudad, sean nativos o extranjeros, deberían gobernarse a sí mismo, con sostenimiento propio, y de propagación propia.


Tome, por ejemplo, Pekín. La teoría de la iglesia autóctona distingue entre chinos y extranjeros en Pekín, mientras que la Palabra de Dios distingue entre los creyentes en Pekín, ya chinos o extranjeros, y los creyentes de otras ciudades. Esa es la razón por la cual en la Escritura leemos de las iglesias de los gentiles, pero nunca de la iglesia de los gentiles. No hay tal cosa en el pensamiento de Dios como la iglesia de los chinos, pero si la hay como iglesia de los pekineses.


La Escritura no sabe nada de la iglesia de Francia, pero sí reconoce a la iglesia de los parisienses. Un concepto claro de la base divina de la formación de la iglesia, de acuerdo con la diferencia de ciudades y no de países, nos salvará de una idea errónea acerca de la iglesia nativa.


7. Distinciones sociales. En los días de Pablo, desde un punto de vista social, mediaba un gran abismo entre un hombre libre y un esclavo; sin embargo, ellos adoraban hombro con hombro en la misma iglesia. En nuestros días, si un coolie de rickshaw2 y el Presidente de nuestra República pertenecen ambos a Cristo y viven en el mismo lugar, entonces pertenecen a la misma iglesia. Puede haber una misión para coolies, pero no puede haber jamás una iglesia para coolies. Las distinciones sociales no son base adecuada para formar una iglesia separada. En la iglesia de Dios no hay "ni siervo ni libre”.


En las Escrituras tenemos siete cosas definidas que están prohibidas por Dios como motivos para dividir Su Iglesia. En realidad, estos siete puntos son solamente típicos de todas las otras razones que la mente humana puede concebir para dividir a la Iglesia de Dios. Los dos milenios de la historia de la Iglesia son un triste registro de las invencio- nes humanas para destruir la unidad de la Iglesia.


Vencedores
La esfera de la iglesia es local, y la iglesia local por ningún concepto debe dividirse. El problema surge naturalmente; si la vida espiritual de una iglesia local (no denominacional) es muy baja, ¿puede un puñado de los miembros más espirituales reunirse y formar otra asamblea? La respuesta de la Palabra de Dios es enfática. ¡No! La Palabra de Dios sólo exige el establecimiento de iglesias con el fundamento del lugar. Aun la falta de espiritualidad no es razón adecuada para dividir la iglesia. Pueden estar lejos del ideal los métodos locales, el gobierno y la organización, pero aun eso no constituye razón para la división. Debemos guardar en el corazón que la diferencia de sitios es el único fundamento para dividir la Iglesia de Dios. Ninguna otra base es escrituraria.


En el segundo y tercer capítulos de Apocalipsis, vemos siete distintas iglesias en siete lugares diferentes. Sólo dos no fueron amonestadas sino alabadas por el Señor. Las otras cinco fueron definitivamente censuradas. Espiritualmente esas cinco estaban en un triste estado. Eran iglesias débiles, derrotadas, pero a pesar de todo eso, eran iglesias, no sectas. Espiritualmente estaban equivocadas, pero posicionalmente estaban correctas; por tanto, Dios sólo les mandó a los que estaban allí, a ser vencedores.


El Señor no dijo una sola palabra acerca de dejar la iglesia, pues una iglesia local es una iglesia que no se puede dejar, sino permanecer en ella. Si usted es más espiritual que otros miembros, entonces usted debe usar su influencia espiritual y su autoridad en la oración para revivir esa iglesia. Si la iglesia no responde, usted tiene sólo dos alternativas: o permanecer allí, guardándose usted sin mancha, o cambiar su domicilio. Qué tragedia es cuando un grupito de miembros espirituales dejan una iglesia local y forman otra asamblea, simplemente porque los otros miembros son débiles e inmaduros. Esos, los miembros más fuertes, deben permanecer en esa iglesia como vencedores, buscando ayudar a sus hermanos y hermanas más débiles y reclamando la situación allí para el Señor.


¡Oh, cuánta tendencia tenemos a despreciar a los creyentes que consideramos inferiores a nosotros, y cómo nos gozamos en asociarnos con aquéllos cuyo compañerismo congenia especialmente con nosotros! El orgullo del corazón y un gozo egoísta en cosas espirituales nos hacen pasar por alto el hecho de que una iglesia en un lugar dado debe consistir de todos los hijos de Dios en ese lugar, de manera que angostamos la comunión cristiana y hacemos selección entro los hijos de Dios. Esto es sectarismo, y es una angustia de corazón al Señor.


_____________

1 Referencia a Romano 14:15

2 Nota del traductor: “Rickshaw coolie” significa el peón, casi siervo, que tira de un carrito de dos ruedas para pasajeros (un verdadero “taxi” con fuerza motriz humana).


Tomado del libro La Iglesia Normal. Escrito por Watchman Nee.

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