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"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe ..."
Efesios 4:11−12.
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Hacia la Vida del Cuerpo
Por Gonzalo Sepúlveda
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Una mirada a la epístola a los Romanos como el recorrido de fe que va desde lo individual a lo corporativo.


«Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia» (Ro. 5:17).


Partiendo de esta palabra, esperamos, mediante la gracia del Señor, hacer un breve recorrido por el mensaje del libro de Romanos, el cual, considerado en forma general, podemos tomar como si toda nuestra historia espiritual fuese en él contada.


A causa de la transgresión de Adán, la muerte reinó, con mucha eficacia, sobre todos los hombres. A medida que nuestro cuerpo envejece y enferma, sentimos muy de cerca la presencia de la muerte. Además, todo aquello que nos aplasta, deprime, desalienta y que nos aparta del Señor, no es otra cosa que la muerte, la herencia de la caída de Adán que nos persigue con sus efectos devastadores.


Si nosotros hemos probado la eficacia de la muerte en todo el transcurso de nuestra vida, lo que ahora viene, es decir, el reinar con Cristo en vida, ha de ser muchísimo mas eficaz de lo que la muerte ha sido.


¿Quiénes reinarán en vida? «...los que reciben...». Si un cristiano está siendo derrotado, es porque de alguna forma no ha entrado en esta abundancia del Señor. Por ello, vemos a muchos sucumbir ante la más mínima prueba o que viven en una permanente y vergonzosa debilidad.


Apeles y una iglesia normal


Veamos ahora Romanos 16:10 «Saludad a Apeles, aprobado en Cristo». ¡Qué hermosura, hermanos! Todos anhelamos ser hombres y mujeres aprobados en Cristo. Apeles no está en el cielo, aún no ha comparecido ante el tribunal de Cristo. Él está en la tierra, es un miembro de la iglesia en la ciudad de Roma, y ha llegado a ser un hermano aprobado en Cristo.
¿Será posible, encontrar hombres aprobados? ¿Será posible, además, hallar en las Escrituras una iglesia funcionando normalmente? Nos parece que es en Romanos capítulo 16 donde podemos ver su mejor descripción.


Note usted que en este capítulo a nadie se le nombra por su cargo. Hay hermanas que trabajan y otras que trabajan mucho en el Señor. Cada uno parece tener una función y ser aprobado en esa función. Hay quienes se caracterizan sólo por estar llenos del amor del Señor, y otros que han ayudado a los apóstoles al punto de exponer su vida por ellos. La mayoría de los hermanos abre su hogar: «Saludad a los de la casa de Aristóbulo ... Saludad a los que están con ellos ... a la iglesia que está en su casa». Las familias están convertidas y la casa ha venido a ser un ambiente donde la iglesia se reúne; los santos llegan allí con toda confianza para tener comunión los unos con los otros. ¡Qué preciosa se ve la iglesia, llena de la vida del Señor!


La versión Reina-Valera subtituló este capítulo como «Saludos personales». Nos parece que es muy inadecuado, pues si sólo fuesen simples saludos personales del apóstol, no lo leeríamos con mucho interés. Pero hermanos, aquí tenemos una riqueza inmensa: vemos cómo la doctrina de los capítulos anteriores del libro de Romanos está aquí hecha vida. Es precioso ver a todos los hermanos cumpliendo una valiosa función en el cuerpo. Cada uno parece haber encontrado su lugar y todos trabajan en armonía y coordinación con el resto de los hermanos. Este capítulo está lleno de la vida de Cristo, de la vida práctica que la iglesia en Roma alcanzó a experimentar en aquel tiempo histórico.


Cuán precioso es ver esta iglesia donde cada miembro parece estar contento en su función. No se destacan dirigentes, pastores, apóstoles, o ancianos; no se mencionan por sus cargos. Nos parece más bien una iglesia madura, donde todos los miembros cumplen alegremente su función. Nadie está ocioso, se observa una iglesia vigorosa en espíritu; los hermanos se ayudan, se visitan; hay oraciones por aquí y por allá; unos cantan, otros adoran, todos se aman, etc. Aun ellos han alcanzado tal grado de madurez que pueden identificar rápidamente a quienes causan división y tal malvada intención puede ser fácilmente juzgada.


Una de las cosas que más nos alienta es que a esta iglesia se le hace la promesa de que prontamente Satanás será aplastado bajo sus pies. Fijémonos que esta promesa está en plural: «...bajo vuestros pies» (16:20). No nos atrevamos a atacar solos al enemigo, pues como individuos somos muy vulnerables; la promesa es para el cuerpo en su totalidad. Solo viviendo la vida corporativa, todos los miembros, en armonía con el Espíritu del Señor, podremos avasallar las tinieblas y prevalecer contra ellas. Satanás no puede contra una iglesia que está bien edificada y fortalecida en el Señor. ¡Cómo anhela Dios ver esta clase de iglesia, y cómo anhelamos nosotros ver el cuerpo funcionando de esta manera!


Amados hermanos, el Señor está trabajando en la edificación de su casa. Él dijo: «Sobre esta roca edificaré mi iglesia». También sabemos que él «se presentará a sí mismo una iglesia gloriosa». Nosotros soñamos con esa iglesia gloriosa. En algún momento de nuestras vidas, esa iglesia se nos metió en lo profundo del corazón. En el Antiguo Testamento, en días de Hageo, se nos dice que Dios despertó el espíritu de sus siervos, entonces ellos dejaron de ocuparse sólo en sus propias casas artesonadas y vinieron a edificar la casa de Dios.


Que el Señor encienda nuestros corazones, pues la fe que hoy tenemos no sólo es para la salvación eterna individual, sino que hemos venido a ser piedras vivas para la edificación de la casa de Dios. Porque el Señor quiere llegar a tener una iglesia gloriosa, y nosotros tenemos que trabajar en la misma dirección en que el Señor está obrando. Tenemos que luchar como decía Pablo: «…trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí» (Col. 1:29). Él clamaba, y muchas veces lloraba, hasta que Cristo fuese formado en los creyentes (Gál. 4:19), pues anhelaba que el Señor obtuviese aquella «virgen pura» como dice en 2 Corintios 11:2.


La epístola a los Romanos es uno de los libros más ordenados de la Biblia. Comienza desde lo más básico y se va desarrollando hasta lo más sublime. Cada capítulo es semejante a un peldaño de una escalera. Nosotros, como creyentes, podríamos estar en el tercer peldaño, o en el quinto, permita el Señor que pronto lleguemos a estar en el peldaño (capítulo) dieciséis de nuestra experiencia cristiana.


Vamos a contrastar dos versículos: Romanos 16:10 y Romanos 1:29. Mientras en Romanos 16:10 aparece Apeles «aprobado en Cristo», en Romanos 1:29 aparece el contraste más absoluto: «estando atestados de toda injusticia…». Aquí están los dos extremos de la escalera. En algún momento, Apeles estuvo atestado de pecados y maldad. Fue un pecador como cualquiera de nosotros. ¿Qué ocurrió con Apeles? ¿Qué descubrió este hermano? ¿Cómo llegó a ser aprobado en el Señor?


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Comentarios
Usuario
09:52:49 PM 18/05/2011
ER01 dice:
Me complace mucho tener contacto con ustedes mis amados hermanos y saber q la obra de nuestro Señor Jesucristo se extiende a tantas partes del mundo en este mismo sentir ser uno con Cristo.. En especial me alegra ver en su pagina mensajes de nuestro hermano Gonzalo tuve el honor de conocerlo ya que vino a Venezuela a nuestra congregacion y fue de gran bendicion junto con el Hno Mario Contreras ambos de Chile... Quiera nuestro Dios q podamos compartir tambien con ustedes de lo maravilloso que es pertenecer a la Iglesia de Señor y estar cada dia en su presencia.. Mil bendiciones para todo el equipo que conforma HERMANOS EN COMUNION.. Que el Señor les continue bendiciendo ricamente.. Erlinda Roman - Venezuela...
Usuario
06:16:53 PM 23/05/2011
admin dice:
Muchas gracias hermana!! que el Señor te bendiga rica y abundantemente. Un abrazo desde Colombia.

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